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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

EL EDIFICIO DE OFICINAS DE HAUNTED HILL

EL EDIFICIO DE OFICINAS DE HAUNTED HILL

El coordinador de servicios, quemado por años y años de asignar trabajos a vigilantes quemados de no tener un destino fijo en mucho tiempo, hastiado por un trabajo desagradecido que exigía demasiadas horas pegado a una pantalla a cambio de menos dinero de lo que parece, me miró desde detrás de sus ojeras, camuflado entre sus rizos canosos y una barba descuidada y afirmo: Chaval, no todo el mundo vale para el turno de noche, sólo necesitamos lo mejor de lo mejor de lo mejor.  

 

Por un momento pensé que me había equivocado. Esto no era una compañía de seguridad privada, más bien parecía una oficina de reclutamiento de los Marines. En realidad la culpa de todo la tiene el cine sonoro. Si el cine continuase siendo mudo nadie trataría de hablar como los héroes de las películas, ni imitaría desastrosamente las voces del doblaje... además habría un montón de curro como pianista.

 

- Amiguito –continuó el coordinador tratando de parecer lo menos profesional posible- te iba a mandar a un IKEA para que cuidaras de la integridad de doncellas disfrazadas de Ilvy la vikinga, pero has cometido la estupidez de decir que querías algo más cerca del centro a donde llegar en metro... (Baraja unos papeles) tendrás que pasar LA PRUEBA.

 - ¿La prueba? -solté- ¿Se refiere a algo parecido a pasar la noche en una casa encantada? 

 

- Casi –me corrigió- pasarás la noche en un edificio de oficinas encantado.

 

I´m Baboon

  

Podría ser real como la vida misma, vigilo un edificio al que deberían ser destinados Iker Jiménez y “las Cuatro Cs”... creo que el Carballal está ocupado, así que se ahorraría el honor de pasar una noche en el edificio de oficinas más jodidamente raro de todo el centro de Madrid (y eso que el Palacio de Linares se convirtió en La Casa de América porque si lo llega a comprar una empresa para hacer oficinas habríamos rizado el rizo una vez más).

 

Se que ahora diréis que esta es la típica ida de pinza de alguien que trabaja demasiado. Siempre se trabaja demasiado, aunque sea demasiado poco, pero no os voy a hablar de ruidos de cadenas ni portazos inexplicables, o de luces que parpadean o de hordas de zombis. Las paredes de este edificio deberían estar acolchadas por otra razón, y se debería establecer un sistema de turnos que evitase que el personal, al menos le de seguridad y las secretarias de buen ver, no estuviesen demasiado expuestos a la influencia del caos que reina aquí dentro.

 

El único listo, el Mauricio, que se ha pirado de vacaciones quince días. Le ha sustituido Paco (le llamo así porque tiene cara de llamarse Paco). Otro vigilante de carrera que ha currado también de mensajero urgente por toda Europa, y que quedó convencido a la primera de que en este edificio hay algo. Sobretodo cuando Mauri le explicó cómo iba el trabajo y le advirtió que evitara a la vieja, el patio interior, las enormes ratas que en él moran, y el cementerio indio sobre el que se edificó esta instalación y cuyos muertos, en ocasiones especiales, salen a la superficie por la caldera en busca de una explicación a tanto ruido.

 

Todo indica que la influencia maligna de una forma de vida consciente, tan maligna como superior, provoca extraños comportamientos en los moradores de esta casucha: Una señora mayor que venía con el edificio y que sólo reacciona cuando te diriges a ella como Mi Gatekeeper. A propósito: Sigue viva. Tuvimos una semanita de tranquilidad, pero ya ha vuelto a las andadas.

Un prometedor abogado y notario al que se le va la pinza y pasa de recoger vasos en discogays a hacerse la milla de oro como travestí... bueno, pase. 

Un viejecillo que apenas sale de su habitación en la pensión y cuya respiración, cuando se te acerca por la espalda, da la impresión de un ataque inminente por parte de Darth Vader... la cosa ya empieza a ser realmente molesta, pero...

 Un vigilante que, voluntariamente, hace una media de cuatrocientas horas al mes. Cualquier hijo de vecina, expuesto demasiado tiempo al cine sonoro, pensaría que es el fantasma de un vigilante que murió trabajando hace años en esta instalación, al que habría que ayudar soltándole billetazos a una abuela enana y virgen que se las da de medium y que se limitará a decirle: Ve hacia la luuuuz, si vas a la luz podrás librar un fin de semaaaaanaaaaa... Nuestra gloriosa empresa le preguntó al cliente por qué insistían en que se enviara siempre al mismo vigilante, pero la respuesta de "¡Almas! ¡Necesitamos nuevas almas para alimentar a nuestro señor!" no parecía demasiado lógica. Así que, reglamentariamente, se procedió a dar al cliente lo que quería: Un alma, siempre la misma, que hiciese mogollón de horas al mes.  

Gente que viene a trabajar un domingo por la mañana, ingenieras que hacen horas extras, jefazos que entran a currar a diario a las seis de la mañana... pero si algo me ha convencido del todo de que en esta casa hay algo... y que no es humano... y que vamos a morir todos (y mil perdones porque se me ha escapado) ha sido la reciente actuación del Buen Doctor (lo de Mondongo me sonaba ya demasiado a película de Pajares y Esteso).

Resulta que, tras tomarse una semana de respiro facturando a la encantadora dama senior (las reminiscencias de mi etapa en Júbilo aun perviven) a un hospital durante una semana (si para estar en observación pasa cinco horas lo de la semana pasada debió ser una observación realmente minuciosa), el Buen Doctor, un tipo realmente majo, procedió a devolver a la señora, para su mayor bienestar, a una casa pequeña, sin cuarto de baño y plagada de ratas. No sé quién tendrá más miedo del otro, si las ratas o la señora. Al menos a la señora se la ve deambular tranquila... son las ratas quienes se esconden.

 

I am Weasel

  

Este último fin de semana, el Doctor Buenazo decidió que visitaría a tan encantadora dama senior el viernes, el sábado y el domingo... y lo siguiente le habrá pasado –seguro- por hablar. Viernes, sobre las nueve y media. Termino mi ronda y me siento a tratar de no volverme loco cuando, pasados unos quince minutos de cordura, una fantasmal puerta se abre a mis espaldas. ¡Sorpresa! ¡La vieja sigue viva! Vivita, coleando y gritando como una endemoniada por qué no le abro la puerta al médico que lleva esperando media hora fuera. Miro a la puerta y no hay nadie. ¿Ha oído ese ruido señora? Deben ser los muros de la realidad que se vienen abajo, pero ella no se baja del burro (ni decide bajar el volumen de sus alaridos) y agrega que le acaba e llamar por teléfono.

 

Miro a la puerta, la miro a ella, vuelvo a mirar a la puerta... la vuelvo a mirar a ella. El paisaje no ha cambiado: Tengo una puerta vacía a las doce y una vieja de los nervios a las seis... así que decido acercarme a la puerta por precaución (sobretodo contra el mal olor que despide... ¡Y yo que creía que la muerte olería a pescado podrido!) ante la insistencia de la señora en que abra (algo que va contra el juramento que, en una película americana –desgraciadamente sonora- habría realizado, pillo el rascador de espaldas, y abro la GRAN PUERTA PROHIBIDA. La vieja va y se asoma conmigo, y veo a alguien, apoyado en un coche y hablando por teléfono, que mira hacia otro portal. Le pregunto si es su médico, y va la cabrona y me dice que cree que sí. ¿Para esto abro yo los portones del castillo?

 

Cinco minutos haciéndole señas, hasta que el Buen Doctor decide darse cuenta, y cuando se acerca me dice que estaba llamando a la policía para que le abriesen. Habría sido glorioso, esa noche no me llevé donuts. Finalmente, fiel al PROSEmanual de cómo conservar tu trabajo pero no tu autoestima, le pido disculpas por no haber estado atento a la puerta, excusándome en que mi operativa de servicio me obliga a hacer rondas periódicas por toda la instalación... podría haberles mandado a los dos a la mierda diciendo que en mi placa pone vigilante de seguridad, no portero, pero qué demonios... discutir engorda. El galeno acepta las disculpas de buen grado y se dirige a toda prisa a la casa de la señora, donde pasa cosa de una hora (lo normal son de diez a quince minutos... más que servicios de emergencia deberían llamarles sanidad express). A todo esto: SIN GAFAS. Este detalle, a priori de menor importancia, es otra prueba vital de que en este edificio hay algo... y no es humano... y todos... bueno ya sabéis.

 

¡Mandril vencer Comadreja[1]!

  Una hora después el doctor sale a toda pastilla de la casa. Cuando le preguntó cómo ha encontrado a la señora me responde que cree haberse dejado las gafas (¡je!) dentro de la casa, pero va a ir al coche a comprobar que no están allí. Sale, va al coche, y pasa rebuscando otros quince minutos ante los sonoros gritos de la mujer que le acompaña (y estoy seguro de que no era su madre... aunque por la edad tampoco sería su esposa) Tras poner el coche patas arriba, cruza la calle y empieza a llamar al timbre del portal de al lado con gritos como ¡Joder! ¡Abre de una vez! ¿Dónde coño estará ese tipo? Tomé la precaución de quedarme mirando desde la GRAN PUERTA ABIERTA, y tras observar –entre la carcajada y el asombro- cómo el Buen Doctor se colgaba y columpiaba en las rejas del portal donde vive cierta pareja de ases (menos mal que no estaban sus escoltas... y si estaban menos mal que no le dispararon) hasta que, desde el coche, la señora mayor que acompañaba al bueno del médico me señaló y le gritó ¡EEEEEEH! ¡Ahí hay una persooonaaaaaa!  

 

Dos enormes lagrimones se abrieron paso desde mis lagrimales hasta mis mejillas. Estando de uniforme me han llamado de todo, de imbécil para arriba, pero nunca, nunca, me habían llamado persona. El Buen Doctor se acercó sonriendo para ver qué quería yo, como si no me hubiese visto quince minutos antes, y le pregunto ¿Es usted el Doctor Mondongo? ¿Ha venido a ver a una señora mayor? A ambas preguntas respondió con un sí, afirmaciones cada vez más apasionadas. Entonces le inquirí: ¿Ha perdido usted sus gafas? SÍ –gritó él- ¿Las tiene usted? ¡DÍGAME QUE LAS TIENE USTED!

 

No doctor, pero pensé que se había vuelto a equivocar de portal. Además, creo que no traía las gafas puestas cuando entró.

 

Una vez más, el bueno del médico entra en la jungla ponzoñosa del patio interior dirigiéndose hacia la casa de la vieja, pero no antes de insistir en que llevaba puestas sus putas gafas.  Pasa otros quince minutos dentro de la casa de la señora y sale de los nervios. Resulta que el bueno del doctor es cirujano en esa clínica donde nacen los infantes e infantas de nuestra Casa Real, y encima añade: Necesito esas gafas... ¡Esta noche tengo que operar! Me queda ir a casa a ducharme y...

 

 Le deseé suerte, y encima se partió de risa. Espero que la falta de vista no complique una intervención quirúrgica, pero al menos estoy seguro de que la víctima no será un pobre. Tan sólo añadir que, mientras su coche avanzaba, me miraba desolado, quizá por haber perdido sus preciadas gafas, o quizá por haberse percatado de que en el edificio hay algo... y no es humano... y se ha llevado sus gafas. Como para que ahora me eche la culpa a mí.

Nota a posteriori: Frase de Baby al respecto: "Sabiendo qué clase de ingeniero soy me da miedo ir al médico".



[1] Nada de racismo, esta es una alusión a los conocidos dibujos animados

LA NOCHE DE LOS EMPLEADOS VIVIENTES

LA NOCHE DE LOS EMPLEADOS VIVIENTES

Era una noche como otra cualquiera. Ruidos de portazos, gente de la pensión que volvía a las tantas, un montón de Borjamaris pateándose la calle sin decidirse en dónde cenar, a qué discoteca ir o en qué puticlub echar un kiki...  Pocas cosas, excepto una manifestación de la horda de ratas del patio interior reivindicando comida (es que la vieja lleva un tiempo fuera) podría molestarme.

 

Una rata vestida con chaleco y con unas diminutas gafas se pondría a dos patas ante mí, se aclararía la garganta y me leería un comunicado: Como portavoz de la Asociación de Ratas del Patio Interior le exijo que nos provea de comestibles, de lo contrario tendremos que salir de este infecto patio interior y empezar a roer su porra.

 

Pero no, las ratas no estaban como para hablar. Probablemente habían evolucionado siguiendo el modelo de aquella película sobre viajes en el tiempo: En tiempos de escasez, los roles sociales de una horda de ratas se dividen. A partir de entonces habría ratas Eloi, que serían alimentadas sin esfuerzo y llevarían una vida plácida hasta que las ratas Morlock hiciesen sonar la sirena que indica la hora de comer... a las ratas Eloi.

 

Sin embargo no son las ratas lo que llama mi atención, sino una serie de portazos, de pisadas torpes y una especie de sonido gutural continuado que parece decir eeeeeeeeehggghgcereeeeeeebrooooooo”. Así que, para no aburrirme, me doy una ronda extra. Craso error.

 

La instalación seguía normal... quiero decir vacía (es normal a las tantas de la madrugada), sin embargo, al pasear por las dependencias me siento observado... es como si oyese babear a una multitud. Todo parece seguir tranquilo, así que voy hacia la máquina de café cuando un millar de manos (no las conté, pero debían ser tantas como baldosas tiene el suelo) trataban de agarrarme. Eché a correr olvidando el café que acababa de pagar (alguien me debería una explicación... y 20 céntimos), pero de las paredes y el falso techo surgían más manos, incluso a veces se rompían y un montón de cuerpos torpes y ausentes de vida (como en un concierto de reaggeton) caían dentro de esa planta llena de despachos. Cuerpos sin vida ni inteligencia muy elegantemente vestidos, añadiría... más que un concierto parecía la Pasarela Cibeles.

 

Corrí y corrí por ese laberinto de escritorios, ordenadores y aparatos de aire acondicionado, mientras un tsunami de zombis, una jodida marea negra de putrefacción y gorgoteos, me seguía constante, impasible, ignorante de que estaba chocando con las mesas y haciendo caer los monitores.

 

¡CEREEEEEEEEBROOOOOOOOOO!

 

La Fundación para el Estudio y Conservación de los Zombis, La Federación de Amigos de los No Muertos por el Reconocimiento de la Igualdad, y Granjeros Sin Escrúpulos, Límites ni Fronteras, coinciden al recomendar que, en estos casos, los individuos que no hayan sido reanimados postmortem deben alejarse rápidamente de la masa de reanimados devoradores de cerebros, aislarles cerrando puertas y ventanas, y avisar a Mila  Jovovich, sólo que, por alguna razón, no me había sido suministrado el número de teléfono de la actriz y modelo... (algo que no es de extrañar), y que en estos casos, si tratas de poner el coche en marcha no arranca. El equivalente para los vigilantes en turno de noche (los suertudos del turno de día no han tenido un incidente con muertos vivientes desde el último macro-concierto de Operación Truño) es que la llave que tiene que abrir la puerta se atasca... luego la puerta no se abre... luego un millar de manos en descomposición abrazan bruscamente mi cabeza, y veo un millar de bocas llenas de dientes grises abiertas y acercándose, y todo se vuelve oscuro y...

 -         ¿Y qué? ¿Por qué no me coméis?

-         No sé,-dijo uno de los zombis- tienes algo raro...

-         ¡Lo sabía! ¡Sabía que hacía demasiados turnos de noche! Debí parar a tiempo, cuando uno de los vecinos me dijo eso de “Te veo muy pálido y ojeroso ¿Dónde has pasado el verano? ¿En la cárcel o en un centro de desintoxicación?”

-         No chico, tú trabajas por la noche. Nosotros somos zombis... ¿Notas la diferencia? Los latidos del corazón y todo eso...

-         Entonces ¿A qué diablos esperáis para devorar mi cerebro? 

No responde nada, entre las risas del resto de muertos vivientes me golpea el cráneo con el puño, como quien prueba la madurez de un melón

 -         ¡Esto es indignante! ¡Exijo ser devorado zombis de mierda!

-         Sí, claro, otra vez segurata, un menú variado y nutritivo... rico en azúcar glaseada y cafeína...

-         ¿Y qué tengo de malo?

 -         ¿Has comido alguna vez soufle lleno de aire?

-         ¡Oiga! ¡Que tengo estudios! ¡Me licencié en la universidad! 

(Se acerca, me mira, me huele la cabeza...)

 -         Sí, pero en la Complutense... mire joven, ¿Ve a Beatriz? En el momento de finar estaba embarazada de gemelos, ahora tiene que comer para tres zombis

-         Esto es indignante

-         Te lo dejaré claro: Antes trabajábamos aquí, pero un día, de repente, caímos todos inconscientes y despertamos en estado de putrefacción y con un hambre que te cagas...

-         (le interrumpe un zombi) ¡Fue la puta cena de la empresa! ¡Ya os dije que nada de ir a un chino!

-         ¿Pasa algo con el chino? (otra voz surge desde el interior de la masa de seres desorientados y tambaleantes) Yo creo que fueron las emanaciones de aquella bombona que algún idiota abandonó junto a la instalación ¿Pero en qué manos estamos? 

(El zombi con el que hablaba se me acerca)

-         En confianza, chico, no hagas caso a Ramírez... era aficionado a escuchar la COPE y...

-         ¡Ahora me vendrá el señor Gutiérrez con lo de la teoría de la conspiración! ¡La culpa de todo esto la tiene Zapatero!

-         Cierra el pico

-         ¿O qué? ¿Vas a despedirme?  

Estos son los momentos dorados, los minutos de confusión en los que la presencia de un vigilante de seguridad profesional se hace con las riendas de la situación y logra restablecer la calma en los presentes... ¡Eh gente! ¿Y si pido unas pizzas? 

-         Olvídalo, chico, comer pizzero es como comer segurata...

-         Bueno, muchos están estudiando en la universidad... Ingenieros, gente de Bellas Artes, algún futuro Periodista

-         Olvídalo, la última vez vino uno que con sólo olerle nos provocó gastroenteritis... un chico alto y flaco, con gafas y un olor corporal de los que advierten que está adiestrado para evitar ser devorado por zombis, fieras y alimañas...

  Les hice una seña como para que esperaran, la típica seña de controlo la situación, en media hora su comida estará aquí... ¿Qué iba a hacer? Sólo me quedaba dar el paso más lógico. Coger el teléfono: ¿Hola? Necesito un inspector en mi instalación... que venga con un bote de salsa barbacoa.

UNA "Senior" DESAPARECIDA

UNA "Senior" DESAPARECIDA

Un puente no siempre significa buenas noticias, sobretodo cuando trabajas los fines de semanas y los festivo... ¡Máxime con lo que tenemos aquí! Pero en ocasiones los problemas se eliminan a sí mismos sin querer... atentos a la jugada:

 

Me tocó trabajar del día 11 al 13, más el puente (14 y 15) y luego el fin de semana (18 al 20). Eso significa (vistos los precedentes de otros puentes) que mi queridísima dama senior (perdón... quise decir jodida vieja) tendría cerrados durante ocho de los siguientes diez días todos los lugares que suele frecuentar: Bares y restaurantes para consultar listas de precios y quejarse a posteriori, supermercados y... y nada más, porque a parte de caminar entre los cuatro bancos de la acera aledaña y sentarse en ellos no hace otra cosa. Bueno, eso y alimentar a las hordas de ratas que habitan en su casa y en el patio interior.

 

Ya el primer fin de semana lo vimos caer con un par de visitas de su médico (tengo vagos recuerdos del Dr. Mondongo) y ya nos preparábamos para lo peor. Mantuve una ligera conversación con el tipo de Teleasistencia Municipal, y me habló de la carga de soledad, del deterioro cognitivo... joder, parecía que volviese a estar elaborando el boletín de Júbilo. Le advertí que ella era muy dada a avisar a los servicios de emergencia cuando se aburría, y me dijo que eso ya se lo pasaban a su médico de cabecera. Entonces le comenté que también solía pasar por allí, pero mi lucha interior contra esa vocecilla que nos dicta el buen camino y mi pésima memoria me jugaron una mala pasada:

 -         Sí, es un hombre negro, distinguido, el doctor...

-         No digas Mondongo[1]

-         ...Lo tengo en la punta de la lengua, empieza por “eme”...

-         ¡No digas Mondongo! ¡No digas Mondongo!

-          ... doctor Ma... Mo... es un apellido como africano...

-         ¡Golfo! ¡Por tu padre! ¡No se te ocurra decir MON-DON-GO!

-         ¡Mengele! ¡El doctor Mengele!

-         Genial, maldito babuino, has pasado de ponerle un nombre despectivamente africano a ponerle el nombre de un nazi. 

Bueno, pasó un día, y el buen doctor había recibido ya cuatro llamadas de la encantadora señora. Llegó de visita, e incluso se ofreció (vista la dieta que seguía la señora) a pagar de su bolsillo tres comidas al día para ella en un bar cercano. Mauricio, visto lo visto, informó al galeno de que la señora utilizaba a las chicas de los servicios sociales para hacer la compra, evitando con ello el aseo y promoviendo la cría, engorde y reproducción de grandes moscas en la instalación[2].

Las frases del doctor lo decían todo: Me llama cuatro veces al día, a veces estoy en un quirófano... ¡O follando coño!...

También le contó el Mauri que la señora era muy dada a las ofertas de las distintas sucursales bancarias (eso de ingrese 3000€ en una cuenta y le regalamos una batería de cocina), lo que empujaba a sospechar que la señora tenía una considerable cuenta corriente en algún banco o una suma mareante bajo el colchón... pese a vivir como vivía. Por lo tanto, el doctor decidió tomarse unas vacaciones...

 

Al día siguiente vino una ambulancia a recoger a la vieja lo que, al menos, nos daría las típicas cinco horas de descanso (léase periodo de observación en urgencias tras el que la dama senior volvía al edificio quejándose de que no le habían dado de comer... según Mauricio esta mujer ha interpretado que el hospital es un restaurante y las ambulancias taxis). No regresó en toda la noche... volví al día siguiente y nada... que no aparecía. ¡Menuda eficiencia la del Menge...! joder, a lo mejor la vieja, la que creía que era la portera, ahora está dentro de una caja de cartón convertida en galletas verdes...

 

Salí de dudas el último día de mi mega-turno. Se abre la GRAN PUERTA y entra un jubilado. Se pone muy chulo (probablemente al comprobar que no soy Mauricio), e incluso me dice su nombre, no antes de indicarme que no sabía con quién estaba hablando, pero seguido de un no quiero que apunte usted nada ahí[3]. Resultó ser el hermano de la señora, que venía a recoger el correo y a ver cómo estaba la casa. Luego me dio algo de cháchara sobre lo que fue para él ser portero de ese edificio en tiempos del Tiranosaurio, y que ella estaba ingresada en el hospital desde hacía una semana (cosas del médico... supongo que conoce gente). La razón del cambio de actitud de este tipo fue que en lugar de mandarle a tomar por donde cargan los camiones, decidí mostrar mi lado más humano e interesarme por la anciana. Supongo que PROSEGUR, además de un manual, nos expone a mensajes subliminales sobre las relaciones humanas y tal, porque a posteriori no lo comprendo.

 En fin, que todo tranquilo los últimos diez días... me pregunto cuánto durará. Y sobretodo me pregunto ¿Por qué demonios no se hizo esto antes?


[1] NOTA: El doctor no se llama Mondongo, su Apellido es otro, y como leerá más adelante resulta un auténtico santo varón.

[2] No es coña, incluso resistían el insecticida. Llegué a utilizar la defensa reglamentaria para tratar de derribarlas... y visto el destrozo pasé a amagar golpes con la misma para comprobar si las moscas conocían el miedo. Después se me ocurrió solicitar a la empresa una batería antiaérea para mi mayor seguridad... con moscas tan grandes nunca se sabe. 

[3] Claro, como para decirle eso al Mauri... existiría un 100% de posibilidades de ser mandado a tomar por el culo...

OPERACIÓN BOMBONA

OPERACIÓN BOMBONA

El trabajo de vigilante en turno de noche está lleno de sorpresas. No sé si será por este destino en particular o si en otros lugares (seguro que sí) pasan todo tipo de cosas. En particular, en este castillo de quietud y armonía, por el día no paran de ocurrir cosas divertidas... y por la noche lo que no dejan de pasar son cosas realmente extrañas.

 

Por ejemplo: El otro día, durante el relevo, se acercó a la puerta un coche color pistacho brillante con dos borjamaris dentro. Uno de ellos abrió la portezuela, y tanto sus dos ojos saltones como él (indicio de que iba hasta las cejas) nos preguntaron a Mauricio y a mí si ya habíamos abierto. Yo a cuadros, y el Mauri tratando de no partirse de risa, hasta que Borja-farlopa-Mari añadió ¿Pero esto no es un bar?, tras lo que decidió volver al bakala-móvil en busca de un lugar donde echarse un cafecito.

 

No era la primera vez que ocurría. Según Mauricio, hace poco se acercaron dos chicas le dijeron que querían reservar mesas para una cena de empresa. El Mauri, no tuvo otra idea que preguntarles cuántas iban a ser, si serían todas mujeres y si querían espectáculo. Las chicas tardaron unos minutos en darse cuenta de que el bueno de mi compañero no estaba tomando nota. Cuando le fueron a preguntar por qué repararon en el uniforme (a Mauricio se le ve de lejos, y vestido de marrón más) y se fueron sin más. 

 

Si lo de la Operación Cafetera os hizo gracia, esto os va a encantar. Portazos, y ruido de ratas aparte, lo más raro (pero jodidamente raro) que he llegado a vivir me pasó hace relativamente poco. Seis menos cuarto de la mañana, la rutina del repartidor de periódicos se ve alterada por un deseo irrefrenable de llamar a la puerta. ¿Qué coño querrá éste ahora? Nueve meses limitándose a dejar el periódico ahí tirado sin esperarse a que lo recoja (lo que me da cierto complejo de perro doméstico) y ahora aporrea la GRAN PUERTA PROHIBIDA como si Nerón hubiese sido elegido Alcalde de Madrid, y lo que es peor: Cometiendo un 13-79 (despertar a un vigilante de seguridad). Cuando salgo a recoger la prensa va y me dice ¿Has visto lo que tienes ahí?

 

Obvié lo de explicarle que desde mi puesto no se ve una mierda, y que había coches aparcados delante, pero en algo tenía razón: Alguien había dejado una bombona de gas en la acera de enfrente. Justo delante de la instalación... bueno y de una pizzería. Lo primero que me vino a la cabeza es si me había perdido algún vídeo de Al Qaeda en las noticias, es posible que Al Zawahiri hubiese decretado algún tipo de fatwa contra las pizzerías (¡Sirven pizzas con jamón! ¡Y el jamón lleva cerdo! ¡Muerte a los herejes comedores de cerdo!).

 

La bombona era rara. Me recordó a las que traían a casa de mi madre cuando tenía la cocina de butano, pero aquellas eran de color gris metalizado, y esta era más pequeña... blanca... y con una especie de rombo de color verde con una palabra ilegible debido al desgaste. Por lo tanto, mi PROSEsentido y yo decidimos coger el teléfono y...

 -         Hola les llamo desde... soy el vigilante de seguridad. Tengo una bombona de gas abandonada frente a mi instalación (¿Complejo del Castellano?) ... la bombona es de color blanco con un rombo verde, no sé qué contiene ...-         Le  paso con los bomberos...-         Buenas noches les llamo desde... soy el vigilante de seguridad. Tengo una bombona de gas abandonada frente a mi instalación. La bombona es de color blanco con un rombo verde y...-         ¿Sabe que contiene o si tiene alguna fuga? -         No y no pienso acercarme a esa cosa

A los cinco minutos ya estaba oyendo las sirenas y viendo las luces amarillas reflejadas en las paredes de los edificios colindantes. Vinieron como cinco en un camión... con casco y todo. La cara del que parecía el jefe no se puede describir con palabras... pero sí su primera frase al ver el objeto: ¿Y esto qué coño es?

 

Durante quince largos minutos examinaron la bombona. Descubrieron que estaba vacía... descubrieron que en el rombito verde ponía algo... Non inflamable o algo de eso, pero la frase con la que me lo comunicó uno de los bomberos sí que fue cojonuda: No te preocupes, no va a estallar: Pone No inflamable, pero la hijaputa de la etiqueta está desgastada. En seguida le interrumpió otro de sus compañeros ¿Pero qué coño es lo que contiene? Pentacloroflorato de... ¿Qué demonios es eso? Joder, chico, nunca te tomes una caña aquí...

 

Traté de recordar mi formación como vigilante... supongo que habría una lección del tipo Protección contra objetos contenedores de sustancias gaseosas desconocidas que están vacíos y que han sido abandonados cerca... pero o no la recordaba debido a llevar nueve meses haciendo turnos de noche o sencillamente nunca existió tal lección. Luego les pregunté si por el color de la bombona no se podía saber si el contenido era peligroso... sus caras reflejaron una expresión híbrida, entre el y yo qué coño sé y un evidente tengo cosas mejores que hacer. La reflexión sesuda sobre esta cuestión me llevó a una conclusión: Una bombona de color rojo o naranja con el rombito rojo, amarillo o también naranja indicaría peligro, aunque eso no explica por qué hay bombonas de butano de color azul o gris metalizado... ¿Y una bombona de color blanco con el rombito verde qué coño indica? ¿Frío y respeto al medio ambiente?

 

Debí pensar esto último en voz alta, porque uno de los bomberos, el que no estaba mirando por las ventanas del restaurante en búsqueda del personal de limpieza, sentenció: Es una de esas bombonas que usan los grifos de cerveza para dar presión...

 

Sintiéndose idiota (FASE 1): Al parecer existen detalles del mundo de la fría, espumosa y refrescante bebida que desconozco. Decía la letra de una canción de Steelcap “La cerveza es mi pasión, es mi puta perdición”. Yo suscribo esta gloriosa frase, pero le añadiría: “...Pero cuando se trata de cerveza de barril reconozco que no lo sé todo sobre ella... ¡Y eso que curré en un Burger King, pero me limité a fregar el puñetero suelo!”

  

Finalmente, me tomaron los datos, y el que parecía el jefe me aclaró que no se la llevarían porque no iba a arder ni a explotar. A mi pregunta de qué coño hago ahora me sugirió llamar a los municipales... ignoro si ahora la Policía Local se dedica a recoger la basura, pero les avisé obedientemente. El policía que habló conmigo me preguntó si estaban allí los bomberos, cuando le dije que sí me respondió que daría el aviso...

 

Llega Mauricio, le informo y me pregunta si soy tonto del culo o qué. ¿La bombona estaba dentro de la instalación? ¡Pues por qué coño haces nada! ¡Es como si una pareja discute frente a la puerta y él la cose a navajazos! Subes a otro piso y si preguntan dices que estabas de ronda! ¡Tú y tu puta costumbre de meterte en líos! Ahora vendrá una factura de los bomberos y la pagarás tú... que sepas que ronda las 80.000 pelas. ¡Y haz un informe! ¡Y avisa a Inspección! El inspector me contestó que vale, gracias.  El informe lo detalló todo, y el precio de los bomberos me parecía excesivo, así que consulté el PROSEmanual...

 

Sintiéndose idiota (Fase 2): El PROSEmanual dice que no se debe llamar a los bomberos en caso de no haber fuego porque la empresa deberá pagar por su salida, y (ojo al dato) el coste ascendía en 1996 a 35000 pesetas en el centro de Madrid...  ¿Para qué coño me sirve el precio de 1996? ¡Yo hice el curso a finales 2005! Me sentí tentado de llamar al centro de formación y preguntar cuántos maravedíes costaba en 1621. Aun así, la cifra que dijo el Mauri suponía un incremento del 15% anual en los últimos 10 años...

 

En fin que llego a casa, se lo comento a Baby y se echa a reír. ¿Y qué esperaban? ¿Que no hicieras nada? Imagínate que explota o algo. Luego eché un vistazo en Internet... lo único que encontré era un artículo de la edición digital de 20 Minutos en el que decían que los bomberos sólo cobraban por despistes del tipo he salido de casa sin las llaves ¿Podrían reducir a astillas mi puerta blindada con sus hachas? O mi gato se ha subido a un árbol ¿Podrían bajarlo sin lanzarle piedras?

 

Respecto a que cobrasen por venir a ver (no a retirar) una bombona de gas abandonada de contenido desconocido... bueno, como comunicador el mensaje que me mandarían sería algo así como:

 

A)    Opción comadreja: La próxima vez espera a la hora del relevo y échale el marrón encima a tu compañero.

B)     Opción Windsor: En caso de fuego espera a que arda medio edificio para que quede claro que es un incendio, no sea que te cobren por venir.

C)    Opción “Estaba de ronda”: ¿Bombona? ¿Qué bombona?

 El caso es que al día siguiente volví y la puta bombona no estaba. Le pregunté a Carlos y se echó a reír: Niño, puedo asegurarte que la policía no ha venido, se la han llevado pero no sé quién... Cuando le pregunté quién cojones se había llevado MI bombona me respondió, evidentemente, No lo sé, yo estaba por arriba... de ronda.  

DEPARTAMENTO DE MOTIVACIÓN DE PERSONAL

DEPARTAMENTO DE MOTIVACIÓN DE PERSONAL

Queda poco para que cumpla un año en la compañía y, revisada la propuesta de “Haz carrera en PROSEGUR” no veo del todo claro el camino de promociones. ¿Inspector? Sin carnet de conducir no creo... ¿Jefe de Cámara? Si no se refieren a “jefe de camarilla” tampoco está demasiado claro... en Júbilo jamás pasé de de ser “Ayudante del Cámara” (guiño), y lo del Departamento de Comunicación suena muy raro... parece más enfocado a las RRPP y a la publicidad que al periodismo (deberíais leer la revista interna que nos mandan a casa).

 

Pero no me rendiré, si no hay un Departamento en el que entrar a modo de promoción, inventaré el mío propio... ¡Con casino! ¡Y con furcias si es necesario! De modo que, en un momento de iluminación, se me acaba de ocurrir crear el Departamento de Motivación de Personal que, básicamente, hará lo mismo que tratan de hacer los de personal y los de formación, pero de un modo más absurdo y divertido.

 

La motivación del personal operativo tiene una solución fácil: ¿Qué motiva a alguien a ser vigilante de seguridad? Pues una de dos cosas, el dinero o lo de parecer un policía. Por lo tanto la solución vendría de la mano de conseguir aumentos de sueldo en el personal (algo que los de administración tratan de evitar para no mandar la empresa a la ruina) para unos, y repartir estrellas de sheriff, gafas de espejo y tabaco de mascar para otros (algo que el departamento jurídico y los psicólogos de la empresa quieren evitar por el bien de la población civil).

 

Y el avezado lector dirá ¿Cómo piensas motivar a la gente sin darles más pasta o disfrazarles de Redneck? ¿Eh listillo?

 

Aquí es donde entran el juego el talento y la creatividad de un comunicador... (Vale necesitaré ayuda) a la hora de poner en circulación mensajes motivantes. Por ejemplo, de cara al reclutamient... el fomento de la contratación:

-         Las chicas los prefieren de uniforme. Un clásico, pero vete a demostrarle a alguien con dos dedos de frente que convertirse en un browny wear hará que las damas caigan rendidas a sus pies...

 

 ¿Y en cuanto a ellas? ¿Es que los tíos las preferimos de uniforme? En la plantilla hay más de una leona, pero... no sé, para mi gusto basta con que lleven unos grilletes y les vaya la marcha.

-         Trabaja con el líder del sector en un proyecto competitivo y... Descartado. 9 de cada 10 economistas prefieren trabajar en algo relacionado con la economía, y el décimo no acabó la carrera, pero el Telepizza le permite compaginar un sueldo de subsistencia con la vida personal y familiar.

-         Podrás coser a leches a quien te venga en gana. Hmmm... una mentirijilla bien colada puede funcionar, pero esto no es la Unidad de Intervención Policial, y ni siquiera ellos tienen licencia para dar cariño arbitrariamente.

 

Así que, revisada la famosa Pirámide de las Necesidades Básicas de Maslow, iré directamente a los instintos básicos:

-         Si tú trabajar en PROSEGUR, tú comer... no, me parece excesivo. Otros empleos permiten la ingesta diaria de alimentos, pero...

-         SI TÚ TRABAJAR CON NOSOTROS, ASEGURAR QUE TU PENE CRECER UN MÍNIMO DE 15 cm. ¡Eureka! Ya lo tengo: No hay nada que más desee un hombre que tener una enorme p.... claro que también hay que incorporar mujeres a la plantilla, ya lo dijo uno de los jefazos cuando hice el curso: “A veces el cliente pide sexo[1]...” y es probable            que la posibilidad de tener una enorme y bulbosa tranca llena de venas palpitantes no sea el deseo máximo de cualquier chica que se acerque al centro de formación a pedir empleo... ¡LAS TETAS! ¡Trabajar con nosotros hace crecer las tetas! Y si alguno de los varones quiere tener tetas que tenga la decencia de hincharse a beber cerveza, que no puedo estar en todo[2].


[1] NOTA ACLARATORIA: Se refiere a que, en ocasiones, los clientes piden que el vigilante sea hombre o que sea mujer.

[2] Joder, no he empezado aun a trabajar en un escritorio y ya he pillado la actitud.

CHEWE

CHEWE

 

Muchos manuales de auto-ayuda[1] hablan de la importancia de las relaciones personales en el ambiente de trabajo, y generalmente llevan razón... lo que probablemente explique por qué voy de culo y sin freno.

 

¡OH!, ¡Sí!, ¡Intégrate en un equipo ganador! Haz de tus compañeras de trabajo tus amigos y... ¡Qué coño! ¡Haz de ellos tu familia[2]! ¡Invierte parte de tu tiempo libre[3] en conocerlos mejor! En interactuar con ellos, en... y bueno, yo es que lo intento pero, una vez más, la única ley no científica en la que creo a pies juntillas (la del maldito Murphy) me lo impide.

 

Primer chasco:Ayudando a los demás a pasar las pruebas físicas”

 

No soy le más indicado para hacer de monitor... ni siquiera para hacer de monito, pero una vez logré ponerme en forma, y eliminar los diez kilos de grasa cervecera que protegían mis abdominales, logré superar lo de las dos putas dominadas... a lo que, solidario de mí, me ofrecí a echar un cable a los compañeros que aun quedaban atrás... a priori, un híbrido de Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta habría resultado un auténtico hijo de siete padres comparado con mi acto desinteresado de bondad, claro que... bueno, cuando machos y hembras se entrenan juntos el roce hace el cariño... no tengo idea de cuándo, ni cómo... y dependiendo de la hora del turno de noche en que me  encuentre es probable que no recuerde ni quiénes, pero en un entorno, como el seguratil, donde el exceso del mal denominado tiempo libre (se supone que estamos trabajando) nos convierte a todos en una horda de cotorras chismosas, es normal que la expresión “quedar para entrenar en el gimnasio de la empresa” signifique algo relacionado con túneles ferroviarios, coches con un capó larguísimo, perritos calientes y banderas de Japón. Añada a eso un tipo que no sabe ni qué viento le da por estar de perenne en el turno de noche, y acabará comprendiendo por qué la mitad de mi promoción debe pensar que soy una especie de locaza... podría ser peor, podría serlo de verdad, y aunque la imagen me importa una mierda, reconozco que hay formas mejores de integrarse en un equipo ganador.

 

Segundo Chasco: “Preséntale tu novia a tus compañeros de trabajo”.

 

Sí, el glorioso día que nos examinaron para la habilitación celebramos nuestra victoriosa presentación al examen teórico yéndonos de cañas... Dado que estaba cerca de mi barrio me dio por ejercer de buen anfitrión y guiar a las compañeras y compañeros presentes por el nobilísimo Oporto y... ¿Qué diablos? En un acto de temeridad de cara al comadrejeo sexual, avisaré a mi señora para que se venga... claro que Baby no estaba por la labor... ¡Y el Gurú permanecía en silencio, agazapado en algún lugar! Así que hube de solucionar esa rareza (bueno... también me equivoqué de piso al llamar al portero automático... en mi propia casa... demasiados turnos de noche) enseñando fotos que guardaba en mi móvil de mi dominante y del gato...

 

Claro que cualquiera puede pensar que fotos tan originales como las mías pueden haber sido sacadas de Internet... ¡Seguro que el Golfo vive sólo! ¡En un piso sin muebles! ¡Con la única compañía de un montón de latas de cerveza vacías a las que llama amigos!

Ya dijo Andrew Dent (el de “La Guía del Autoestopista Galáctico”) eso de no soy raro... sólo me pasan cosas  raras. Un compañero se obsesiona con una chica de nuestra promoción y a mí no se me ocurre otra cosa que decir que “Para mí  el mayor morbo que tiene es el de desafiarla a un combate cuerpo a cuerpo y que me de una paliza”, y se ve claro que lo de integrarse en un equipo ganador queda más lejos que mi otro deseo oculto: Coronarme Rey de Zimbabwe.

 

Conclusión: “Si vas a cagarla, cágala bien”

 Ante tal situación límite, me he decidido por la mayor: Si vamos a quedar como el culo ¡Que sea un culo enorme! Por la presente, procedo a inventarme a un compañero que me de conversación en las noches largas y solitarias en las que se supone que trabajo. Me debería haber pedido a una ella... con un enorme par de ellas, pero como soy tan raro, rizaré el rizo con lo último en auxiliares de servicios: ÉL es enorme (como dos metros y medio), ÉL es muy peludo... y no es que no le permitan ser Vigilante por no ser español o comunitario... no le dejan porque no es humano, sino un wookie. ¡Saluda Chewbacca!

 ¡¡¡GRROOAAARGHHH!!!  

 

Cuando tienes por auxiliar de servicios a un gigantesco wookie de las profundidades del planeta Kashyyyk, todo son ventajas: Si alguien olvida cerrar la puerta le mando a explicárselo a Chewe, si mi relevo se retrasa, le rendirá cuentas a Chewe, las ratas que acompañan a la vieja a la hora de repartir la comida que compra tampoco se acercan a la garita del vigilante, no  sea que me de por imitar a Han Solo, corriendo a toda velocidad por los pasillos al grito de ¡Ayúdame Cheweeeeee! No sólo se trata del alimento natural de un gigantesco y forzudo homínido extraterrestre, sino que, además, sus rugidos acojonan un huevo... aunque yo seré el único que los comprenda porque, a fin de cuentas, quien aprende euskera puede aprender wookie. ¿Que un inspector nos va a meter un puro tras preguntarnos eso de ¿Doo-da Too-ta, Solo? Pues sólo hay que recordarle que no conviene soliviantar a un wookie.

 Tras esta ida de pinza imagino mi siguiente visita a las oficinas de la empresa: Un señor con traje gris me enseñará una cartulina blanca con un borrón de tinta en el centro y me preguntará “¿Y tú qué veh aquín?”


[1] Aunque se titulen “Cómo lograr el éxito en el mundo empresarial post-moderno” o “Intégrate en un equipo ganador” siguen siendo manuales de auto-ayuda.
[2] Esto también quiere decir que nada de sexo.
[3] ... y repito nada de sexo... a lo que añado: Aquí se viene a currar, no a hacer amigos... los amigos en tu tiempo libre que una cosa es un equipo ganador y otra una panda de vagos que no da ni chapa. 

DESPEDIDA DE SOLTERA: ME SUSTITUYO A MÍ MISMO

DESPEDIDA DE SOLTERA: ME SUSTITUYO A MÍ MISMO

Trabajar para una gran multinacional (dice ser la cuarta del mundo), está lleno de ventajas. Por ejemplo, al tener 7000 empleados sólo en esta ciudad, abre todo un abanico de posibilidades a la hora de librar. Sí, es maravilloso. Veréis qué me pasó:

 

Llevo nueve meses haciendo turnos de noche. Lo merezco, yo lo pedí así, pero en esos nueve meses he podido librar exactamente tres fines de semana, de los que sólo uno ha sido completo (es decir que incluye el viernes el sábado y el domingo). Tampoco me quejo tanto, al fin y al cabo sólo trabajo fines de semana y festivos, y tengo cuatro días libres a la semana en lugar dos, pero la cosa no va por ahí.

 

Última semana en Júbilo, antes de irme, y me pido un fin de semana libre porque una compañera me ha invitado a su despedida de soltera. El coordinador de servicios tiene el despiste, o las narices, de preguntarme la razón por la que libro y digo que una boda... si no a ver quién es el guapo que le dice al señor coordinador eso de "una compañera de mi otro trabajo me ha invitado gentilmente a su despedida de soltera. No sé si me tocará llevar pajarita y bandeja o un tanga embadurnado en nata montada, pero me ha invitado... y es la hija del jefazo... y me hace mucha ilusión ser lamido por un grupo de mujeres desbocadas por el abuso de alcohol y la desinhibición propias de este tipo de fiestas."

 

El caso es que no fue para tanto. Una fiesta con barra libre en al que Baby se aburrió tanto que empezó a atiborrarse de croquetas, en la que Milhouse no apareció hasta una hora después de que nos fuésemos. Recuerdo una corta conversación con el jefazo: Se me acercó y me dijo ¿Tú te has ido de la empresa no?... luego entrecerró los ojos a lo Clint Eastwood y me miró como diciendo "Maldito hijo de siete padres, me has dejado tirado en este pueblucho de la frontera mejicana con una soga al cuello y un predicador hablando en latín..." pero al final la cosa no llegó a más. Prueba de ello es que tres meses después Vincent Vega no ha venido a mi casa a acribillarme con una Mk-10 silenciada.

 

El caso es que estaba disfrutando de mi primer fin de semana (completo) libre cuando sonó el teléfono. Debí haberlo desconectado, pero cometí el error de cogerlo... y era un inspector... y había un problema. "Chico, nos ha fallado la chica que te iba a sustituir y tu compañero se ha quedado tirado en el servicio" (léase en el destino... no creo que Mauricio se pueda quedar jamás atrapado en un WC) Contesté por defecto que cogería mis cosas e iría para allá. Supongo que en el fondo soy algo idiota, o a los inspectores les dan lecciones sobre cómo hacer chantaje emocional... o lo aprenden por experiencia... o todos vemos demasiadas películas de policías y ladrones.

 

El caso es que llegué a mi servicio, relevé al bueno del Mauri, y mientras me cambiaba me miré al espejo. Y hablé con mi reflejo: Así que tú eres quien me sustituye... me suena mucho tu cara... ¡JODER! ¡¡¡PORQUE SOY YO!!!

 

 En ocasiones (contadas) me pregunto dónde coño están los otros 6999.

Actualizo (11:50):

Bueno. Justo lo que necesita este país: PROSEGUR Acaba de llamar a Baby para hacerle una entrevista de trabajo. Empecé yendo yo a probar, no tenía un duro el pasado mes de noviembre y creí que era una buena manera de pasar un mes entretenido sin gastarme un duro y...

 

Luego llegó el Gurú. Quería volver a Madrid a acabar al carrera y... y ahora Baby. Podríamos cambiar la plaquita del buzón y poner Familia Vigilantez, algo parecido a la familia Manson pero con placa y porra.

 

No me quiero ni imaginar cuáles serán sus impresiones acerca del PROSEcurso, o qué le parecerá la panda de freaks que habita en el departamento de vestuario.

 

Nos prosegurizamos, y ahora en casa no va a pasar ni un sólo cartero comercial. ¡Se van a enterar éstos de quiénes son los reyes del control de accesos!

Requeteactualizo: (11/09/06 3:20) Va a ser que no. La empresa ha decidido que Baby no se ajusta al perfil que buscan... probablemente es que su test de inteligencia (al contrario que el mío) dio positivo, porque lo mío es evidente, y el Gurú... bueno, el chico duerme poco. Vamos que queda claro quién piensa en casa.

EVALUACIONES PSICOLÓGICAS

EVALUACIONES PSICOLÓGICAS

La imagen la saqué de aquí 

EL duro camino de las evaluaciones psicológicas empieza (digo yo) cuando el buen vigilante empieza a tomarse su trabajo demasiado en serio. Hay miles de formas de evitarlas, para empezar está lo de recordar al psicólogo de la empresa que ha de hacer más trabajo de lo normal, lo que impedirá que se tumbe en el sofá armado de patatas fritas y cerveza, para ver la tele y bostezar rítmicamente.

 

La cosa va más allá de los pintorescos usos y costumbres de los veteranos que, interpretando aberrantemente que la instalación que vigilan y protegen es un castillo de su propiedad, acaban por sustituir el vistoso uniforme color conguito que les proporciona la empresa, por una cota de malla (en verano) y una armadura de hierro colado fabricada en los talleres herreros de Toledo. Basándome en mi experiencia personal, trataré de exponer cómo hacer demasiados turnos de noche acaba afectando a la vida personal y familiar, al ocio, a la dieta y, finalmente, a la fisonomía del vigilante.

 

Hace poco, El Gurú me contó el caso de un compañero que no hace turnos de noche gracias a una sentencia judicial... no se atrevió a contarme más (de hecho creo que no se atrevió a preguntarle más sobre el tema), pero la cosa podría ser algo así como... Cualquier noche podría haber luna llena, mis músculos crecen, mis dientes sobresalen de mi boca, me cubro de pelo, mis sentidos se agudizan... y los del Departamento de Vestuario no ganan para uniformes ¡Menudo coñazo es tener que ir una vez al mes a por un uniforme nuevo, trataron de trasladarme a la unidad canina, pero el juez concluyó que obligarme a llevar bozal era un trato humillante... ¡Y ningún compañero accedía a limpiar mis cacas!

 

En algún lugar de Madrid (la ubicación es un secreto profesional), en algún momento entre las seis de la tarde y las siete y media de la mañana (la hora también es un secreto profesional). Un doble golpe seco y rápido hace vibrar el cristal de la primera de las siete puertas (con siete sellos) de la instalación, y una vocecilla aclara las dudas: Inspeccioooón. Comprobada la identidad del sujeto, se le deja pasar y comienza una evaluación aparentemente superficial[1], empieza a evaluarme aparentando una conversación vacía de contenido... Perdón por haberte despertado cuando estabas de guardia ¿Tienes algo de beber que tenga alcohol? ¿Has oído lo que han dicho en la radio? ... ¿Cómo ha acabado el partido del Madrid? Creo que lo televisaban en Cuatro...

 

La cosa pinta bien, incluso le describo (se queda atónito) la instalación como “Un pequeño edificio camuflado bajo la apariencia de una comunidad de vecinos que consta de 6 pisos, 108 escalones… 2856 baldosas” hasta que llega la pregunta clave ¿Tienes hambre? ¿Has cenado? Lo digo por ir al chino de aquí al lado... ¡Paga la empresa!.

 

Mi PROSEsador de Segurator (PROSEGUR Systems 1.01) da Error 404, ¡Pregunta no prevista! Entonces la cosa se lía, el inhibidor pavloviano de conducta ordena segregar jugos gástricos como si hubiese oído una campanilla, los ojos se me quedan en blanco, la piel empieza a caérseme y una sustancia viscosa y gris, posiblemente mi cerebro, empieza a derramárseme por los múltiples orificios (no sabía que fuesen tantos) de la cabeza. Logro abrir la boca para pedirle ayuda, pero algo en mi mente cambia el contenido de la frase:

-         ¿Es cerebro fresco eso que huelo?

 

Imaginad la cara de un Alien (Xenoforma Acheronensis) cuando abre esa boca llena de dientes en las pelis, chorreando babas y emitiendo un sonido sordo, algo como ¡JJJJJJRGHJRGHJRGHJJJJHHHHHHHHHH!

 

Lo siguiente ocurre casi a cámara lenta. Mi cuerpo, sin control, se abalanza sobre el señor inspector tratando de morder su cráneo, pero años de experiencia jugando al póquer por la noche le han enseñado a no cambiar la cara cuando un vigilante novato, zombificado por hacer demasiados turnos de noche, se abalanza sobre él tratando de devorar su cerebro con estudios superiores. La cosa acaba con un casi imperceptible movimiento de hombro (y prolongado en todo el brazo) del evaluador y un fundido a negro.

 KNOCK OUT! 

 

Despertar después de recibir una hostia de campeonato es una experiencia traumática: Te duele la cabeza, te duele (aun más) la mandíbula, y por alguna razón estoy atado a una silla en un despacho lleno de diplomas[2]. Una cara (curiosamente también de póquer) me mira con una mezcla de indiferencia y de falta de cualquier clase de aprecio por mi vida. Y eso que le conozco.

 -         A vé, ¿Zabeh poqué ehtáh aquín?

-         Creo que, en un acto de irresponsabilidad indigno de un vigilante, intenté devorar crudo el cerebro de un inspector.

-         E güeno que lo reconohcah, acabemo rápido: ¿Qué veh aquín?  

(me muestra una cartulina blanca con un borrón de tinta cuya forma me recuerda a mi madre metamorfoseada en una araña gigante que devora una ballena blanca mientras grita ¡Viva Hitler!)

 -         Diría que es una mancha de tinta 

(El psicólogo de la empresa baja su mirada hacia sus cuartillas y anota: El Vigilante evaluado mantiene su curioso sentido del humor... o en su servicio pasan las noches jugando al Trivial Pursuit.)

 -         Anteh de preguntá por tu madre, recuerda que yo tambié he visto Blade Runner y que tengo licencia de armah...

-         Mi relación con mi madre empezó un día que salí de una extraña cueva, muy húmeda. Lo primero que me sorprendió de este mundo era lo cegadoras que resultaban las luces, el frío que hacía fuera del útero y la cara de idiota del médico que asistió el parto... encima el muy cabrón me dio una nalgada y nunca pude devolverle el golpe que tanto merecía... sé que se llamaba Don José y que decía que los niños comen cuando tienen hambre... puede que un día  me entere de su dirección y le haga una visita de cortesía (nalgada incluida)... 

Pregunta, respondo; pregunta, respondo... pasan cinco largos minutos que le permiten aparentar que ha prestado toda su atención a mi caso y, como en Los Simpsons me aplasta contra la frente un sello de caucho empapado en tinta roja:

 -         ¡Niño! ¡Recuerda que saleh daquín con la palabra CUERDO estampá en la frente... lúcela con orgullo y, en el futuro, intenta no mordé el cráneo de nadie a menos que se lo merezca.

-         ¿Ya está? Oye, que he llegado a creer que era un muerto viviente... ¿No debería tomar algún tipo de píldoras de colores?

-         Sí, claro, (se ríe) ¡Y disfrutá de un par de meses de baja por estré! Mira chico, cierta empresa tiene destinao en cierto zupermercao a un tío que tié esquizofrenia... oye voces... pero en un sitio lleno de gente con la megafonía a toda leche no se va a notá, siempre pué decí que el encargao del Super le ordenó incendiar el edificio... arremá, loh clienteh pagan hatta 20 kilo po uno de vuzotro, y entre ayudah de la UE y del Miintterio, noh costái doh céntimoh... ¡Hala! ¡A diffrutá de tu zalú mentá! 

 

Allí estaba yo. Saliendo del centro de formación de la empresa con la cabeza bien alta y restos de un sello de caucho artesanal en la frente, un manchurrón rojo que denota, para el ojo adiestrado, que el señor psicólogo confeccionó su propio sello: Ponía “Zano” y no “Cuerdo”. La próxima vez no me lanzaré a ciegas a tratar de devorar el cerebro del primero que pase... me lo pensaré mejor: Quizá unas estacas punji vietnamitas, o un lazo corredizo.



[1] Es posible que el lector no iniciado llegue a pensar que el trabajo en los diferentes puestos operativos de una empresa de seguridad es algo sencillo, rutinario... algo muy fácil. Tan sólo recordar la frase de Dogbert (el personaje canino que inventase Scott Adams): ”Su trabajo (el de los vigilantes de Seguridad) no es fácil, ellos hacen que lo parezca”.

[2] Para ser exactos son cuarenta y seis... uno es de Licenciado en Psicología y cuarenta y cinco son de los diversos cursos de la empresa.