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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

EL CASTILLO DE MAURICIO

-¡Ah del castillo!

- ¡Por Ventura! ¿Quién es el misterioso caballero que osa perturbar la paz de esta morada del Señor?

- ¡Golfus de Carabanchel Bajo! ¡Vuestro relevo y compañero, oh Mauricius Prosegurius!

- ¡Pasad! ¡Enseguida bajo el puente levadizo! 

Existe cierto síndrome en el noble sector de la seguridad privada cuando un mismo profesional lleva mucho tiempo en el mismo destino. A los nuevos nos da por contar las baldosas y los escalones, a los esporádicos por rondar por al instalación para ver qué se puede chorrar aquí y allá... y a los instalacionalizados se les crea un cierto sentimiento de pertenencia, mejor diría propiedad, sobre un lugar que acaba siendo su segundo hogar... a veces incluso el principal. ¿Familia? ¡Pues claro que la tengo! Está el ordenanza, el chofer del jefazo, las secretarias, las de la limpieza...

 

Nota para susceptibles: La imagen la he sacado de aquí

 

Pasad, pasad y dejad el corcel aquí, en el patio interior, donde ningún saltinbanqui podrá montarla... estará protegida por hordas de ratas del tamaño de vuestro gato y por la Bestia del Patio Interior de los Condenados: Una señora mayor falta de conversación que fue la hija de los porteros allá en tiempos (más o menos cuando Franco era Cabo Primero).

 

El Síndrome del Castellano (no confundir con la procedencia de nadie) tiene por particular el ser una evolución aberrante y sublimada del sentimiento de pertenencia e identificación con la empresa del cliente. Empieza un buen día, cuando el responsable de seguridad de la empresa contratante, te dice que eres uno más en la plantilla, que acudas a ellos si tu empresa o compañeros te dan problemas, y al final, a base de no librar y pasar de las vacaciones, acabas creyendo que tienes una especie de feudo con fueros propios...

 -         ¡Maese Mauricius! ¿Qué hace vuesencia?

-         Cuelgo mi blasón en el portón de mi castillo... a propósito: El relevo ha de hacerse media hora antes de lo que estipula la compañía... comprenda vuestra merced que se trata de mi fuero... 

Existen circunstancias que pueden agravar esta desviación del comportamiento, como la responsabilidad de abrir y cerrar la instalación (Síndrome del Portador de La Llave) o el hecho de que el personal ávido de ascensos y horas extras llegue a extremos como el de ir a trabajar un domingo a las siete de la mañana... ¡O de la tarde! ¡Y que encima entre sin avisar! (Síndrome de la Ley de Murphy[1]).

 ¡Voto a bríos! ¡Parece mentira del demonio que este tonto de la polla fuere capaz de venir a trabajar en el día del Señor y que pasare al interior de la instalación sin notificarlo al castellano! ¡Por mi honor de caballero juro que la próxima vez que me levantare a mear, asegurare la segunda puerta, de la que no tiene llave, con mis grilletes si fuere preciso! ¡E diérele jarabe de caucho con mi fiel Atizona si fuere menester! ¡O llamare a la Santa Hermandad denunciando una incursión de herejes apóstatas y poco temerosos de Nuestro Señor! 

 

En realidad hay mejores formas de conseguir una evaluación psicológica por parte de los psicólogos de la empresa. Imaginadme atado a un poste que se eleva sobre un montón de leña seca, con el bueno del Señor F, tea ardiente en mano, preguntándome:

 -¿Renunciah a Satánn, con tó lo que´ello conlleva, y a percibí tu dejtino como un cajtillo de tu propiedá? 

-  Vale, tío, que era coña... apaga ese mechero, que aunque seas instructor de prácticas contra incendios las hogueras purificadoras las carga el diablo. 

 

Mauri, colega, píllate unas vacaciones que te las mereces... y si el Pequeño Windsor arde hasta los cimientos, pelillos a la mar... nada dura para siempre. Ah, gracias por el libro que me has regalado por mi santo (fue el pasado Lunes), cosas así no se olvidan.



[1] Léase, en mi caso: Si te levantas para subir al cuarto de baño en uno de los pisos superiores, y tardas dos minutos en volver a tu puesto, al regresar encontrarás la puerta de la instalación abierta y una UVI Móvil aparcada justo enfrente. Sólo existe una ley no científica en la que creo, máxime desde que trabajo en esto de la seguridad privada, y es La Ley de Murphy.

LA NUEVA Y JOVEN IMAGEN DEL VIGILANTE GUAY

LA NUEVA Y JOVEN IMAGEN DEL VIGILANTE GUAY

Creo que tengo una nueva obsesión. Un reto: Entrar en el Departamento de Comunicación de PROSEGUR. A ellos les permitiría demostrar que es posible la promoción interna, algo parecido a lo de empezó como vigilante y ahora es del Departamento Jurídico, o del Departamento de Formación... pero dentro del mundo de la comunicación de masas. Además, esto de trabajar como pito del sereno no acaba de realizarme... incluso el dueño del bar que hay junto a la instalación que vigilo ha decidido rebautizarme como PROSEnecki (en honor a ese futbolista croata a quien no pueden olvidar en lugares como Madrid, Barcelona y Sevilla)...y luego, comparando mi tamaño con el de Mauricio y tras ver cierto anuncio por la tele, el mote evolucionó a PROSEkito[1]

 

Sé que lo tengo crudo porque en estos departamentos abundan más los de Publicidad o los de Relaciones Públicas, pero por soñar despierto[2] no se pierde nada.   Por lo pronto creo que mandaré mi currículum con una foto distinta: Para el TIP me saqué una foto con cara de Vigilante, aquí he de mostrar una imagen más comunicativa, más de licenciado en comunicación... sí: Más de imbécil (ver imagen superior... a la derecha).

 

Ninguna demanda de empleo es tomada en cuenta si no se prueba cierto talento para el puesto deseado, así que he pensado en dar una imagen más abierta del noble mundo de la seguridad privada (ya de por sí suficientemente denostado). Hará unos meses que me hizo gracia la imagen del Vigilante Mod, ligado a cierta tribu urbana de origen británico y adoradora del ska... pero no creo que cuele.

  

Mis disculpas por la calidad de la imagen... ya la arreglaré un día de estos 

Sin embargo, la respuesta la encuentro una vez más en el cine: Viendo de nuevo “Dogma” (una desternillante comedia del Kevin Smith) me encuentro con una operación de cambio de imagen de la Iglesia católica que incluye ni más ni menos que al JESUCRISTO GUAY ...

  

 

A partir de ahí, y en pro de mantener la mente ocupada durante las largas horas de vigilancia nocturna, he ideado: LA NUEVA Y JOVEN IMAGEN DEL VIGILANTE GUAY: Es joven, es agresivo, y va a la moda... JUSTO LO QUE NECESITA ESTE PAÍS.

 

 

[1] Personalmente me quedo con el de Sparring. Me lo puso Diego, un compañero de promoción, tras la clase de Defensa Personal Policial... ¿A que no imagináis a quién le dio una tunda de Padre y muy señor mío el renombrado instructor conocido como “Señor P”?

[2] Os preguntaréis si también sueño cuando estoy dormido. Así es, pero por alguna razón al dormir sólo sueño sobre sexo y disparates.

JUSTICIA PAR A LAS VÍCTIMAS DE MÁTRIX

JUSTICIA PAR A LAS VÍCTIMAS DE MÁTRIX

Durante mi instrucción (me gusta llamarla así) en el centro de formación de PROSEGUR, un dato me llamó la atención: Nueve de cada diez profesionales dedicados a la formación de futuros vigilantes de seguridad odiaban las películas de Torrente. Ignoro la razón (es más... preferiría seguir ignorándola), pero es evidente que la cosa va más allá del cabreo por perder las elecciones de un respetable (y temeroso de Dios) sector de nuestra sociedad, que partió de los desafortunados comentarios de Almodóvar para boicotear el cine español... todo el cine español, incluso el no catalán... incluso el no de izquierdas, con la vana esperanza de encarrilar a esta gente para lograr que representaran los mismos valores que los jóvenes de Operación Triunfo... o para lograr que no se metiesen en política... o para lograr que El Pequeño Ruiseñor volviese a vender kleenex en los semáforos para conseguir su dosis diaria.

 

Como vigilante, he de decir que me parto de risa viendo a Torrente, incluso en la última (algo más flojilla), donde ofrece imágenes de lo que nunca puede hacer un escolta, pese a que siempre lo ha deseado: Esconderse tras la persona protegida durante un tiroteo o, caso de que sea una atractiva europarlamentaria, sujetarla por las tetas.

 

Sin embargo, todos podemos hacer lo mismo: Cierto anuncio de Fanta fue retirado por la presión de asociaciones de gays y lesbianas, y otro de bocatas pasó por lo mismo cuando protestaron los agricultores... ¿Algo que ve por la tele le indigna en su corazoncito lleno de orgullo corporativo? ¡Tome las riendas de su vida y proteste hasta que sea retirado! ¿Nos creéis incapaces de meternos en líos? ¡Pues me voy a meter a saco con la saga de Matrix! ¡Ahí va eso!.

 

La saga de Matrix cuenta el enfrentamiento entre lo que queda de la humanidad y una realidad nacional formada por máquinas (con su sede social en Iraq según Animatrix[1]), encarnados en la red por Programas y Agentes –las máquinas- y por unos rebeldes muy fashion –los humanos-. Eso indica que la población civil (las pilas de las máquinas que tratan de liberar los rebeldes) no tiene, a priori, nada que ver con el conflicto. Sencillamente están en medio.  Dato objetivo: Nueve de cada diez bajas colaterales en las tres películas de Mátrix son civiles. De hecho, se trata de gente que trabaja en el sector de la seguridad (tanto policías como vigilantes). Vais pillando por dónde va la cosa?

 

Una de las secuencias más jaleadas de la primera película se da cuando Neo y Trinity van a rescatar a Morfeo, retenido en las oficinas centrales de “comquieraquesellame” la organización de los agentes. La llamaría Checa, en honor a la policía secreta de los tiempos de Lenin, pero me confundiríais con César Vidal, y tampoco es plan[2]. El caso es que, lo que en un principio parece un control de accesos la mar de tranquilo, incluso bien pagado por la presencia de un escáner de rayos X (el plus de radioscopia nunca viene mal a fin de mes) acaba convertido en un infierno a la vietnamita por culpa de dos mamones que desconocen el concepto “incursión sin ser detectados”.

 

Neo y Trinity. Tanto presumir de agilidad y habilidades más allá de la realidad, para luego ser incapaces de colarse por las alcantarillas o los conductos de ventilación. Es más, podrían haber ido más ligeritos: Podrían haberse limitado a llevar dos armas cortas o una larga y mogollón de munición, o quizá eso más una al cinto, pero nooooo, no serían felices si no llevasen un par de skorpions, un par de miniuzis y de  MP5Ks, un par de esto, un par de lo otro... ¡Y luego le quitan las armas a los honestos trabajadores que están haciendo su turno de doce horas para seguir repartiendo plomo y acero por todo el jodido vestíbulo (que quedó hecho unos zorros) antes de volar el ascensor... ¡Como para tener que subir luego por la escalera!

 

Seguro que esos pobres vigilantes masacrados por un par de pijos armados hasta los dientes tenían familia, estudios... ¡Lo hacían por dinero! Se sacaron una licencia de armas para cobrar un plus de peligrosidad más cuantioso... ¡Cumplían las putas normas! ¿A que nadie vio una defensa extensible o unos guantes anti-corte en esa secuencia? ¡Pero si ni siquiera le habían puesto una pegatina a la defensa o a la culata del revólver! ¡Hermanos! ¡Estabais listos para una inspección cuando llegaron esos dos hijos de puta con guardapolvos de cuero y pantalones de látex! ¡Seguro que no llevabais chaleco anti-balas porque la empresa se negaba a aumentaros el plus de vestuario!.

 

¿Y qué decir de los Agentes? ¡Inspectores con mala leche es lo que son! ¿Qué digo? Los inspectores son santos varones a su lado. Honrados ciudadanos que sufren horarios de vigilante y estrés de oficina al mismo tiempo para combatir el absentismo laboral y mediar en caso de que intervengan las fuerzas de seguridad del estado. ¡Esos no se te meten dentro en plan posesión demoníaca para arriesgar tu vida y no la suya! Claro, porque al señorito Smith y a sus colegas no les matan de un tiro. Cuando les dan, el que cae con un agujero en la frente es el piloto del helicóptero, o el vigilante de la puerta o un policía en turno de noche... posesión hasta que haga falta: Yo utilizo tu cuerpo y tu cargas con los dolores por la sesión de Choy Lee Fut y con la sobredosis de plomo ígneo en tu cuerpecito... tanto hacer dominadas para esto.

 

Me parece indignante que un sector con tanta falta de personal, tenga que sufrir este trato. Sólo les faltaba llevar una manzana sobre la cabeza, aunque, claro, encima les obligaban a usar gorra de plato. Me parece escuchar a los coordinadores de servicios de estos pobres diablos: “No te puedes negar, viene en tu contrato”. Por supuesto, cláusula 61.02-B:

 

“El firmante está obligado a llevar gorra de plato, a ser huésped de un Agente Smith mediante posesión demoníaca y a servir de blanco humano en las prácticas de tiro de un par de hijos de perra que, eso sí, visten de puta madre.”

 ¡Ya basta! ¡A la puta cárcel con Keanu Reeves! ¡A la trena con todos sus amigos de Sion! ¡Que el juez Grande Marlaska intervenga su red de apoyo del Zara! ¡Os vengaremos hermanos vigilantes! ¡Esto no puede quedar impune! ¡Justicia para los compañeros que estaban de guardia en la fortaleza de los Agentes de Mátrix! Y si no, que los Agentes Simth descubran qué significa en realidad el título de aquella novela de Terry Pratchett: "¡Guardias! ... ¿Guardias?"

 



[1] Esta teoría de la conspiración se me escapó en un anterior post. Mis disculpas. Si no recuerdo mal el corto de animación, me parece que su ciudad la construían sobre Basora... aunque no me hagáis demasiado caso)

[2] Sí, significaría que publicaría dos libros a la semana, pero me gusta llevar algo parecido a la vida familiar, y me disgustaría que me odiase media España mientras la otra mitad rinde un culto sin sentido a mi imagen pública.

GUÍA GATERO

GUÍA GATERO

Mirad qué cosita tan encantadora. Parece mentira que quiera dominar el mundo y convertir en friskies de color verde a la humanidad, pero ahí está, echado a la bartola en mi bolsa de deporte. Listo para ir a currar.

 

Quien más quien menos sabe que, haciendo un curso preparatorio, un vigilante de seguridad puede convertirse en lo que denominamos un guía canero (¿No era guía canino?). Esta imagen me a inspirado para proponer la especialidad de guía gatero, un vigilante acompañado de un felino mediano (podría ser un gran felino... pero también podría entrarle hambre y no pagan lo suficiente...), que llega a lugares que no puede alcanzar un perro y encima goza de mayor autonomía (son bichos más independientes y además no hay que ir recogiendo plastas por toda la zona controlada).

 

El minino se siente sólo. Baby se va a currar, yo me voy a currar, el Gurú no le da toda la sangre y vísceras que necesita... así que se ha decidido a acompañarme al curro. Informado Gurú, no a podido evitar hacer su mordaz comentario de la hora del aperitivo: “Zería mejod uzad chimpanzez... elloz zaben cómo hazed una donda”. ¡Claro! ¡Y les ponemos uniforme! Después podemos irnos a dormir a casa porque nadie notará la diferencia.

 

¡Oh, Gurú, sólo tú sabes como darle un toque de dignidad a nuestro trabajo!

 

  Como veis, Verdi está perfectamente capacitado para labores de seguridad por la noche.

¿SEXY O NO?

¿SEXY O NO?

Casi me caigo al suelo de la impresión. El otro día abro el correo y veo el mensaje de una compañera, muy atractiva ella, que trae como asunto “Te invito a Sexy o No”. ¿Te invito a Sexy o No? No será la primera vez que diga que vigilar y proteger la propiedad privada se parece en una cosa a defender la civilización occidental: Pone de un cachondo que no veas.  Encima me deja un enlace para ver su foto... ¿Foto? ¿Sexy? ¡Madre mía!

Indagando descubro que “SEXY o NO” es una página de entretenimientos que permite conocer gente, ver y votar sus fotos.  También prometen que si subes tu foto podrás saber que tan sexy eres a los ojos de los demás, conocer gente de todas partes y blablablabla.

Superada la impresión echo un vistazo a la foto de esa chica tan encantadora. Sí, muy sexy. Poco después, entre risas por lo mal pensado que puedo llegar a ser, vuelvo a hacer ese conjunto enorme de cosas distintas que llamo Vida, cuando... ¿Otro mensaje de Sexy o No? ¿Qué coño pasa con el personal de seguridad? Ah, claro, lo de que es un curro que pone muy... ¡Eh!... Esa fue la segunda sorpresa del día.

Querido Eiro. Eres un cachondo. ¿Esperabas que dijera que eres muy sexy? ¿No crees que alguien ha cometido un pequeño error? De hecho: ¿No crees que ese alguien eres tú? Joder, yo especulando sobre atractivas compañeras de trabajo y resulta que se ha apuntado todo el mundo a este cachondeo. Risas a parte, os voy a regalar la vista con alguien muy sexy empuñando un arma (también muy sexy).  ¡Regalaos la vista con esta bella dama! Hay algo en el L-85/A1 que...

BLACK GAY DOWN (MICAELA -II)

BLACK GAY DOWN (MICAELA -II)

La primera vez que lo vi vestido de tía no caí en al cuenta. Era febrero... Carnaval para ser exactos. Y la cosa había empeorado de lluvia con un par a nevada con mala hostia. Estaba sufriendo una inspección por culpa de la puta caja de la muerte que en este edificio llaman ascensor, y trataba de explicarle a quien me supervisaba que, si le había dejado pasar sin identificarle (coche y carpeta con anagramas de la empresa a parte) era porque creí que le había fallado el motor en plena nevada justo delante de la puerta, y que había salido a rescatarle.  Andaba dando explicaciones a ese buen señor cuando se abrió la puerta del ascensor y...

 De dentro del ascensor empezó a salir una neblina púrpura de la que intentaban escapar los rayos de luz reflejados en una de esas bolas de discoteca que cuelgan del techo. Una voz de tipo a los que obligan a vestir chaquetas rojas con lentejuelas, de esos que no pueden decir un chiste sin que, inmediatamente, suene detrás un redoble de batería, tuvo que decir:” ¡Damas y Caballeros! ¡Con ustedes! ¡La Cianuro de Cangas!”. Allí estaba ella... él... ello. Tratando de contonearse. Debía ser su primera noche y sus compañeras... compañeros... ¡Sus colegas! No le habían enseñado a tratar de parecer una tía buena. De hecho parecía una señora de cincuenta años. Era tan exagerado que pensé que se trataba de un disfraz de carnaval (yo es que soy de Las Palmas... allí es normal que los hombres se disfracen de mujer en los Carnavales). El único detalle que hubiese dejado claro que se trataba de un disfraz lo llevaba el inspector y no Micaela: El bigote.  “Hola guapos, no habéis visto nada ¿eh?”... el bigote del inspector temblaba nerviosamente. Me miraba alarmado y luego volvía a mirar a Micaela. Y así un par de veces más hasta que aceptó que no se trataba de falta de sueño. “¿Pero a ti a dónde coño te han destinado?”, parecía decir cuando Micaela le interrumpió: “¿Cómo voy?”. Esa pregunta dicha mirando a los ojos a un inspector de una empresa de seguridad privada puede dar lugar a funestas consecuencias, por lo que me apresuré a decir “Vas preciosa”. Error. El cuello del inspector crujió por girar tan rápido para mirarme inquisitorialmente. 

 

Claro que hay gente con problemas mentales que puede llevar a cabo una vida normal tomando una medicación. El problema viene cuando la medicación les hace creer que ya están curados y dejan de tomarla.  Micaela acabó por vestir sólo de mujer (excepto cuando bajaba a ver a la señora). Se podía saber cuándo se estaba preparando para una noche de exótica diversión por el escándalo en el patio interior... joder, escuchar a Manolo Tena no puede traer nada bueno. El hecho es que un día dejó de tomar sus pastillas y la cosa empezó a torcerse. Se empezó a torcer tanto que la gente se empezó a asustar: Perdió la llave del portal, se dejó una estufa encendida bajo un mogollón de ropa y casi quema la pensión, bajaba a la calle descalzo... y dejaba la puta puerta abierta, lo que no paraba de darme sustos cada vez que volvía de hacer la ronda (imaginad que tienes que volver a comprobar todo el jodido edificio con extrema atención después de haberlo hace cinco minutos...).

 

Todo eso tenía un pase, pero un día le perdió el miedo a Mauricio. ¿No he dicho que le tenía miedo al Mauri? Pues como para habérselo vuelto a coger, porque cuando le dices a un vigilante de cincuenta y tantos, a uno de esos que hacen entre trescientas y cuatrocientas horas al mes , que no le hablas porque parece un hombre muy serio... con su cara de perro y todo eso (literal), es cuestión de tiempo que te acabes llevando una leche. Mauricio es, ante todo, un profesional. Un profesional y un caballero: No pega a las mujeres. Y aquello –dijo- le pareció una mujer... o casi. Claro, que si todos los días montas una distinta... en mitad de un día laborable no se puede bajar a la parte de oficinas del edificio y preguntarle al de seguridad que dónde está el grupo de personas que buscaba el ascensor... sobretodo porque él está ahí sentado, en su garita, junto a la puerta. Y si, desde la calle, miras hacia dentro del edificio lo primero que ves es esa jodida caja de la muerte. Ahí, con esa luz que parece expresar que se ríe de ti.

 

De noche era peor. De noche, la puerta está cerrada y la premisa del control de accesos en instalaciones cerradas es “Ten la llave o dame una buena excusa”. Pues ni lo uno ni lo otro. Y lo peor es que le daban ataques: Empezaba a mirar en los buzones, a llamar a la vieja (a gritos y de madrugada... ya le vale), y luego trataba de convencerme de que le abriese. ¿Es que no le puede pedir al encargado de la pensión que le abra la puta puerta? Dos veces seguidas me montó un pollo de narices, entre tirones de la puerta y rebuscar en los buzones. Cuando no pude más –las voces de mi cabeza no eran turistas japoneses como en la suya... lo mío era Anestesia pidiendo sangre- cogí el teléfono y le acojoné... decía que no era necesario que llamase a la policía, aunque el gesto que estaba haciendo, teléfono en mano, no era precisamente el de marcar un número. Más bien armaba el brazo para un lanzamiento de media distancia. Digo que la cosa no pasó de dos incidentes porque esto luego se reflejaba en el informe de incidencias, y... bueno, el responsable de seguridad del cliente no se andaba con rodeos: Pepón, o el o todos vosotros. Así que la pobrecilla Micaela estaba nominada para abandonar La Casa de lo Locos. De hecho tenía todos lo votos.  

   

Fue horrible verle sacar sus cosas... para empezar hay que ver la cantidad de mierda que mierda que guardaba en su habitación. Al menos se llevó la ropa de mujer de vuelta a su casa (creo que volvía con su madre). Lo peor fue verle sacar marcos, cuadros, un enorme crucifijo, de esos que te inspiran a gritar: ¡Tío! ¡Desclava a tu hermano pequeño y que camine sólo! Y la gente, como buitres, yendo a rapiñar lo que podía. No es coña, se supone que es una zona pija, incluso me parece que la hija de algún ex-presidente vive cerca, pero una marabunta de gente fue al contenedor a ver qué podía pillar. Se supone que era el centro de Madrid... aquello parecía el mercado de Bakkara. Me quedo con un gitano que olía las toallas y las metía en una bolsa de la compra que llevaba... tío, si supieras lo que han llegado a secar esas toallas a lo mejor te lo pensabas.

Me sentí muy mal por Micaela. Sobretodo porque creo que fueron mis informes de incidencia los que provocaron que le echaran, y claro: Era el único que se ocupaba de la vieja. Además, el Pepón no paraba de hacer chistes sobre él... y joder es que estaba delante. Menuda bronca le metí. Al final la frase del compañero más veterano lo deja todo claro: Olvídate, chico, todo el mundo tiene problemas y tú no tienes por qué aguantarlos.

MICAELA

MICAELA

Estoy destinado en un edificio muy particular. No por su forma o distribución: Seis pisos, ciento ocho escalones... y dos mil ochocientas cincuenta y seis putas baldosas que en su momento conté una a una. No. La particularidad del edificio es la gente que lo habita, y no me refiero a los no muertos de la quinta planta, ni a los fantasmas de anteriores vigilantes que aúllan cada noche en la segunda. No, esta vez ni siquiera hablaré de la vieja más de lo debido.

 

Esta vez toca hablar de la sexta planta: Pensión Pepón.  Un elenco de actores idóneo para una farsa surrealista: Un comercial, un bibliotecario, un viejo con la respiración tan jodida como sus prejuicios, un borracho al que expulsaron, el administrador... y Micaela. Qué contar de Micaela, el gay evolucionado a travestí que aderezaba las noches... (bueno también los días). Y que una noche me dio un susto de muerte.

 

En realidad no era mal tipo. Al parecer se le había ido la pinza después de licenciarse en Derecho y sacar una oposición para notario (o algo por el estilo). Entre algún tipo de problema mental (ahí hemos barajado desde la esquizofrenia a la paranoia... e incluso la esquizofrenia paranoide... aunque no nos hagáis caso: Seguratas, sólo rima con psiquiatra porque termina casi igual) y cierto drama familiar (al parecer el chico era del norte y a su padre no le sentó demasiado bien que se convirtiese en una loca aventurera) acabó trabajando de camarero o algo parecido en locales nocturnos... y luego ni eso.

 

No, en serio, si no era mala gente. Es más, me parece que era el único que se encargaba de la portera (por llamarla de alguna manera). Le llevaba comida, la atendía cuando se encontraba mal (léase cuando cerraban el Supermercado)... aun estoy por ver a un caballero conservador, heterosexual y temeroso de Dios bajar a ver a una señora con la que no tiene vínculo familiar alguno a las seis de la mañana. ¡Y lo hacía vestido de tío!

 Al parecer la primera vez que lo vieron vestirse de mujer la cosa tuvo su gracia. El bibliotecario, un chico callado, extremadamente educado y algo tímido, rompió a reírse repentinamente. La carcajada la oí yo desde la puerta del edificio. Le había visto salir de sopetón de su cuarto y... bueno, es un chico joven, su corazón aguanta impresiones fuertes. ¡Pues a mí me gusta así! – se defendía Micaela- La cosa quedó zanjada con una frase lapidaria, de esas que el Pepón utiliza para demostrar los años y años de filosofía de calle que ha chupado a base de currar de mensajero: Chico, mientras no toques a los niños ni a las especies protegidas me va a dar igual... eso sí, procura que la gente de esta empresa no te vea. Cargado de razón. Imaginad que una mañana se pasa de visita... no sé, Álvarez Cascos, y se cruza en el ascensor con La Cianuro... incluso podría nacer el amor verdadero entre un travelo y un dobermann.  

¡HOUSTON! ¡TENGO UNA INCIDENCIA!

¡HOUSTON! ¡TENGO UNA INCIDENCIA!

Este fin de semana pasado la vieja ha tenido un detalle para con nosotros. Aprovechando sus quehaceres para entretenerse (léase robar periódicos gratuitos para luego sentarse en un banco a repartirlos, saquear las vajillas de los bares y restaurantes cercanos, y carroñear –ojo a la palabreja- contenedores de basuras cercanos), sorprendió a Mauricio ofreciéndole una camisa de pijama color vainilla (al parecer nueva) que debía hacer juego con el uniforme pero, eso sí, permitiría al compañero estar más cómodo en su turno. No me la ofreció a mí. No sé si se trataba de un problema de descompensación entre la talla de la camisa y mi tamaño, o sencillamente ya había previsto que yo venía al curro preparado... cualquier día aparece ofreciéndome una almohada o una manta a cuadros.

 

Amablemente rechazada por ese gigante de buen corazón que es el Mauri, la señora contraatacó ofreciendo una jarra para café que permitiría que el del bar de al lado le sirviese más cantidad y que, de paso, incluía un tapón hermético para conservar el calor. Tal y como se observa en la imagen, el lector puede apreciar que se trata de una jarra de cerveza (pringada de cualquier bar de la zona) con el tapón de un bote de Nocilla incrustado al uso... cosas así te hacen pensar... pensar en algo que no viene a cuento, como la incidencia que tuve hace unas semanas.

 
 

Como las doce de la noche. Oigo un coche que aparca justo en la puerta, del que veo salir a dos jóvenes latinoamericanos (posiblemente colombianos... pero sólo posiblemente ¿eh?) con una botella de whisky... o de Baileys... o similar. A continuación, los dos cierran el coche, y veo que van de portal en portal. Entran en los restaurantes... pasan cerca de la discoteca y de un par de puticlubs... sí, parece que vayan a recibir el cariñoso saludo de un portero de discoteca. Vuelvo a lo mío, cuando, pasados unos minutos oigo que llaman a la puerta. Es entonces cuando me acerco y veo que son ellos...

 

¿Qué funciona aquí?- me pregunta el más delgado de los dos (el que no lleva la botella encima) sin parar de sonreír. Estoy a punto de contarles que aquí no funciona ni la jodida máquina de café, pero me decido por algo más profesional... algo del tipo ¿Qué quieren?... me miran como si les hubiese hablado en klingon.  No sé en qué me he metamorfoseado. Quizá en un PROsegurator, quizá en un PROSEzombi... o quizá en uno de esos sheriff de pueblecito de la Norteamérica profunda, los que llevan sombrero y gafas de espejo, los que mascan tabaco y meten unos salivazos que acaban con la capa de ozono. Se me escapa la pregunta más estúpida de mi vida: ¿A quién vienen a ver? ¿A quién coño van a venir a ver dos tipos con una botella de licor flojucho a las doce de la noche en un edificio de oficinas vacío?. Entonces Wilson “Sonrisa de Escayola” Ramiress me dice Hemos quedado para una fiesta en el segundo piso... Sí, seguro que sí. En el mismo segundo piso que lleva vacío diez años hasta que una empresa decidió llenarlo de escritorios y material informático. Y Yo, Palurdo fruto de la endogamia te voy a abrir la puerta y a desearte que te diviertas ¿no?, así que me inclino hacia el cristal de la puerta con los ojos en blanco, tan en blanco como un Cyberagente de Syndicate, apoyo mi mano derecha en el estuche de los grilletes (un estuche de cuero negro que sólo pueden ver parcialmente) y digo NO.

 Ojo a la imagen. Sí, lo sé, en un inocente intento de dar algo de perspectiva me he puesto un pelín más cachas de lo que estoy... ya oigo los reproches del Gurú: ¡Midadle! ¡Haze doz dominadaz y ya cdee que habla alemán! Znell, kapullen, znell! 

 

No sé cómo no me partí de risa. Nada más abrir la boca, probablemente porque no veían qué era lo que cogía con la mano derecha, el Johnny de la botella agarró a su compañero con urgencia y echaron a correr. ¿Qué coño creían que iba a hacer? ¿Dispararles a través de la puerta? ¡Joder! ¡Seguro que luego me harían pagar el cristal!. El caso es que los dos tardan un rato en volver a por el coche (que han dejado abierto frente a la puerta de la instalación). Podría haber sido peor... imaginad que logran atravesar la puerta. ¿Qué hacer entonces? Se me pasa por la cabeza hacer caso a la vocecilla de Anestesia y repartir algo de “Amor de hombre” (lo digo por la forma marcadamente fálica de ese rascador de espalda que llamamos defensa reglamentaria). Pero siempre puede haber un Plan B:

 

1)      Quitarme los zapatos... decir que estoy de servicio armado con dos Magnum suena muy bien, al menos suena cojonudamente bien hasta que el incursor se da cuenta de que Magnum es la marca de los zapatos... pero hay algo más: Magnum abastece de calzado al ejército de los EEUU y, se dice, que también le vendió botas durante algún tiempo al ejército iraquí. Eso da una explicación -habida cuenta de la estructura y materiales de que están hechos, así como de la temperatura que llegan a sufrir los pies en su interior... y del efecto odorífero colateral que ello produce- de la obsesión de algunos líderes occidentales con las armas de destrucción masiva que, decían, poseía dicho estado.

2)      Sacarme un calcetín (por lo anteriormente explicado se prevé necesario el uso de unas pinzas para la nariz o, en su defecto, aguantar la respiración durante un buen rato)

3)      Meter los grilletes en el calcetín sudado asqueroso del que emanan vapores que harían vomitar a una cabra endurecida por años de bombardeos.

4)      Agarrar el arma improvisada por un extremo y hacerla girar sobre la cabeza al grito de Mi cara de perro y yo os vamos a... (¿Tirar esto a la cabeza?) ... ¡Puedo arrojarlo con cierta fuerza! 

 

Finalmente no fue necesario. Cuando se le pasó el susto a este par de panchitos, regresaron a su coche, llamaron por teléfono, y cayeron en la cuenta de que se habían equivocado de calle. Apunté su matrícula, pero no sabía qué coño poner en el informe... entonces consulté el tríptico de “Qué hacer en caso de...” que la Policía me dio cuando me saqué la placa de segurata. Reviso los casos de posibles urgencias... filmación... coche sospechoso... alguien pregunta qué hay en el lugar donde estás destinado... bien, lo explica con letras enormes en tres páginas: Página uno LLAME, página dos A LA, y página tres: POLICÍA. Viendo este tipo de instrucciones que nos da la poli de verdad es muy difícil no sentirse idiota.

 

Finalmente encaro mi sagrado deber de dar constancia por escrito de la incidencia:

 

Incidencia (0´15 horas): Apretón de tripas difícil de contener. Subo al cuarto de baño destinado para el personal de seguridad. Resultado: Truño marrón oscuro de consistencia media. Observación: Se ha acabado el papel higiénico. Procedo a sustituirlo por otro del almacén y dejo constancia por escrito al cliente.  

VS xxxxxx