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Me Cago En Mi Vida

COMERCIALES Y SEGURIDAD

COMERCIALES Y SEGURIDAD

Origen de la Imagen


Estoy convencido de que hay una extraña conspiración contra mí: Oscuras fuerzas se conjuran para quitarme la razón. ¡En lo que sea! Podría limitarme a decir que las vacas no vuelan para que, acto seguido, apareciesen al menos diez expertos en ganado vacuno, amparados por sesudos estudios científicos de máximo rigor que asegurasen que existe, al menos, una especie de vaca que vuela. De manera natural. Sin ser catapultada por una banda de bárbaros.


Lo mismo ocurre cuando hablo de las dos máximas que más he repetido en los últimos dos años y medio: Nadie sabe nada del sector de la seguridad privada y los comerciales son seleccionados por su estupidez.


Puede que cualquier día nos encontremos, no sé, tomando unas cervezas (y no se preocupe por la cuenta... pagará Murci) yo le diga que el problema del sector de la seguridad privada es que crece demasiado rápido.


La demanda de seguridad se ha disparado desde 2000 debido a las altas cifras de criminalidad, y la presente tasa de desempleo (lo que significa más criminalidad y más seguratas) Al tratarse de un trabajo duro, y con una legislación buena, pero no aplicada, la preparación de los vigilantes de seguridad es cada día inferior, aunque esto no tiene gran impacto debido a que la carrera media de un operativo de seguridad se mide en meses. No obstante, se sigue demandando más y más seguridad, y no parece que el número de operativos habilitados crezca al mismo ritmo.


Además, un compañero de master, que había supervisado a los vigilantes jurados de un banco en el que trabajó, definió la seguridad privada como una subcultura. Un mundo extraño que pocos comprenden pese a su gran visibilidad. Otro, llegó a afirmar respaldado por textos de especialistas (este aprendió con los de las vacas) que dadas las presentes cifras de criminalidad e inseguridad subjetivas, España sería un estado fallido de no ser por la seguridad privada (¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡MUUUUUUU!)


Puede parecer que pierdo el hilo, pero no es así. Sigo manteniendo que nadie parece saber nada de seguridad privada. Por ejemplo, ayer estaba tomando unas cañas vespertinas con Murci en el bar de Miguel cuando entró una chica joven y atractiva preguntando por el cuarto de baño. Demasiado arreglada para ser una yonqui, demasiado atractiva para que Micky le obligase a consumir algo. En cuanto salió del excusado, se encontró como por casualidad con otra amiga y un tercer amigo justo dentro del bar. Blanco y en botella: La típica táctica de “Entrar al servicio y de paso vender algo”. Al fin y al cabo, también venía a hablar de comerciales ¿No?


Los tres amigos, que se habían encontrado casualmente se acercaron a la barra y le preguntaron a un Miguel que parece sabérselas todas, sobre su sistema de alarma. El les contestó un tajante: “Con Securitas Direct ¿Es que no ves que está conectada?” Sobra decir que los tres jóvenes comerciales salieron con las orejas gachas y el rabo entre las piernas.


Ya le vale a Miguel: El núcleo duro de su clientela son Proseguratas y él contrata con Securitas.


Y decía al principio que nadie parece tener puñetera idea de seguridad privada, y que a los comerciales se les selecciona por su estupidez.


¡MIGUEL LES HABÍA SEÑALADO EL CONTROL DEL AIRE ACONDICIONADO!

CHOQUE EN EL CÁUCASO

CHOQUE EN EL CÁUCASO

 

Se veía venir. Algunos esperábamos un conflicto armado en el extranjero próximo ruso, el espacio de la antigua Unión Soviética, y durante meses, se dieron indicios de que podía haber una acción militar rusa (en este caso defensiva) en el Cáucaso.

 

Los planes de expansión de la Alianza Atlántica sobre un territorio que Moscú considera dentro de su área de influencia, chocan de frente con la recuperación rusa en un entorno plagado de intereses estratégicos para las potencias occidentales. Empezando por las rutas del petróleo y el gas de Asia Central y pasando por las posibilidades de los estados de la región en lo tocante al control de la expansión de la influencia iraní, otra potencia emergente en los cercanos escenarios de Asia Central, Oriente Próximo y el Golfo Pérsico.

 

Además, en este conflicto que aun colea, hemos podido ver claramente la evolución de los asuntos militares en cuestiones de control de la información y guerra en la Red.

 

Preparo una serie de artículos sobre este reciente conflicto armado entre Georgia, sus territorios secesionsitas (Abjazia y Osetia del Sur) y la Federación Rusa, que irán siendo publicados este mes y el siguiente. Podréis seguirlos en Análisis e Interpretación

 

 

MOMENTOS GLORIOSOS

Estoy harto de que tantos momentos maravillosos, momentos que deberían volcarse de cabeza en este blog, se pierdan como lágrimas en la lluvia. Me ha ocurrido hace un par de horas, cuando tomábamos unas cervezas en el bar de Miguel, Baby,Murci, Moni (una amiga) y yo.

A todo esto, entra una pedazo de piba con un modelito que quita el hipo: Un top de tirantes escotadísimo y de los que permiten que el ombligo respire con unos shorts que deberían calificarse más como lencería que como pantalones. Pregunta por la máquina de tabaco. Todo el bar enmudece. Y justo cuando reina el mayor silencio, cuando resuena el eco de los crijudos de cuellos (cuellos femeninos incluidos) por girar la cabeza para ver lo más parecido que hay en este mundo al culo de Dios, va Moni y dice:

 

 

"... Y si se pone tonta me la tiro hasta yo..."

 



 

LUDOPATÍA Y SEGURIDAD PRIVADA

LUDOPATÍA Y SEGURIDAD PRIVADA

 


Entre todos los vicios achacables al gremio de la seguridad privada, me da en la nariz que las tragaperras ocupan un lugar destacado. Sé que es un topicazo, que la mayoría somos personas más o menos normales con un trabajo que no es de persona normal. Gente sensible atrapada en un mundo de malas bestias. Pero lo que en un principio parecía un caso aislado parece de lo más generalizado. El Máquina estuvo enganchado a estas máquinas infernales en su proceso de transición laboral hacia el mismo sector (he querido decir cuando se comió dos añitos de paro por inhabilitación) y era capaz de dejarse 100 pavos al día en una de esas cajas con lucecitas.

 

Cuando ganaba invitaba a todo el mundo a una ronda.

 

Cuando ganaba.

Indudablemente la culpa de tanta desgracia humana comienza por el que juega. Quizá luego siga por el dueño del bar que pone allí la máquina (si la desenchufa cuando ve entrar a un chino tenemos veredicto) Pero la oportunidad de negocio va más allá de lo imaginable cuando nos inmiscuimos los gloriosos miembros del sector de la seguridad. Recuerdo a un compañero, auxiliar a tiempo parcial para más señas, que llegó a crear una red de ludópatas para ganar pasta. No se dedicaba al negocio de las tragaperras, ni mucho menos, sino a la construcción (y me pregunto ahora cuál es el impacto de estas máquinas en los obreros del ladrillo) y un día nos llegó con una noticia gloriosa:

 

¡En la última media hora he ganado 300€!

El cacho cabrón había creado su red con los siguientes pasos:

- Buscó a cuatro ludópatas

- Les dio 100 euros a cada uno

- Les dijo que buscaran buenas máquinas (¡!)

- El acuerdo era, devolverle los 100, y el 50% del resto

Qué cabrón más listo ¿Recordáis el anuncio de Pon tu dinero a trabajar? Pues el colega Servimaximus lo hizo sin pasar por la Bolsa de Madrid. Fue directamente a la bolsa de los barecillos de la capital. Lo mejor es cómo hizo la selección de personal:

"Son muy buenos. Ninguno tiene ya familia, y uno de ellos perdió su negocio, su casa, su familia y su coche por culpa de las máquinas".

Dicho así, esta tragedia humana parece describir el perfil de un soldado del futuro en la película Terminator, pero no deja de llamarme la atención el principio de calidad del ludópata especializado en tragaperras:


"Cuanta más pasta ha perdido más sabe"

 

Trágico ¿Verdad? Pues hace poco revivimos esta experiencia por culpa de una máquina de vending (de esas con chocolatinas y snacks salados)

Me entró hambre a las tantasde la madriugada y, pese a que la nueva firma de vending y catering que sirve al edificio donde trabajo ha impuesto unos precios que compiten con el Opencor -y digo compiten porque tratan de zanjar quién es capaz de poner los precios más altos-, inserté una cantidad desproporcionada de monedas en esa Gargantúa expendedora de comida y cayó al cajón un Twix. Cuál sería mi sorpresa cuando el marcador de dinero insertado seguía marcando la misma cantidad. Como no podemos aceptar sobornos (dinero) le di otra vez... y otra... y otra... Un trabajador delgado es un trabajador sano. Un segurata delgado es una vergüenza para la profesión.

Entonces mis ojos se encendieron, un hilillo de baba cayó por la comisura de mis labios. Agarré la emisora y dije: “¡V2! ¿Tienes hambre?” Y ante la respuesta afirmativa de mi compañero le añadí: “Pues déjame monedas, que la máquina quiere”.

V DE VICTORIA

Recuerdo una clase del Máster en la que un analista nos hablaba de Líbano y Afganistán. Decía que la clave para la solución estaba en marcar el ritmo del conflicto, en imponer la propia estrategia al enemigo. Que por eso íbamos perdiendo. Porque ellos partían de haber perdido y tenían la paciencia de seguir "erre que erre" durante décadas. Hombre blanco no tener tanto tiempo.

La paciencia es la madre de toda victoria. Al menos la de toda victoria por desgaste. Ayer, El corrupto ha claudicado: Después de cinco años tendremos sillas nuevas.

La historia empezó como quien no quiere la cosa, con la típica obra molesta de todos los veranos. La típica obra del tipo os jodéis porque hay que cambiar todas las cañerías del edificio. El típico convertiremos las zonas comunes de tu edificio en Beirut. Hace un mes petó un pozo bajo el edificio. ¿Cortes de agua en Julio? Bueno, en enero me dejaron sin agua caliente. Ajo y agua es lo que recomiendan en estos casos: A JOderse Y AGUAntarse. Al fin y al cabo, vivo en una zona que está permanentemente en obras. Así son los sufridos propietarios de viviendas en alquiler. Claro que ahora la coyuntura ha cambiado:

Ahora el precio de tu vivienda está por los suelos. La subida del alquiler que nos calzó no cubre la subida de su hipoteca (trágate esta cerdo) y, si nos vamos, pierde incluso más. Ahora es cuando mi casero tiene la lengua marrón de tanto lamerme el culo. Y no ha hecho falta denunciarle por ser un poli corrupto, ni ir a Hacienda a comentarles cuántas casas tiene en Madrid, ni soplarle a su mujer lo de sus amantes. No. Ha sido la crisis.

¡Y que viva la crisis! ¡Y que no se acabe nunca!

Cada vez que hay una crisis alimentaria baja el precio de un alimento básico: Que si la carne de vaca, que si el pollo, que si el pescado. Las crisis actúan como reguladores de la economía, y me parece que debería haber una cada cierto tiempo para controlar los precios. No sé quién es el responsable de lo que le está pasando a la economía. Ignoro si es culpa de Zapatero, de Solbes o de . Si son los chinos consumiendo petróleo como si se tratase de cerveza, los moros o los especuladores del petróleo. Sólo sé lo que les quiero decir:

¡A trabajar! ¡Que no se acabe la crisis!

EL FANTASMA CAGÓN

EL FANTASMA CAGÓN

 

Hará cosa de un año, me tocó un plantón de 30 horas (no os asustéis... en tres días) custodiando un súper-prototipo. Así me lo vendieron. Luego resultó que tenía que vigilar un KIA Picanto último modelo. Una auténtica albóndiga con ruedas. En el transcurso de esos tres días, el jefe de edificio me contó que en aquel lugar aparecían fantasmas. Me contó historias de esas que deberían dar muchísimo canguelo, peor a las que me vi obligado a responder que uno de mis mayores deseos en esos momentos era ver un fantasma. Principalmente porque estoy hasta las pelotas de ver borrachos.

Hoy han aparecido. Ya están aquí.

La historia será comprensible si empiezo desde un poquito más allá. Cuando la gloriosa empresa decidió, por fin, quitar de en medio a La Innombrable (y no me refiero a la SGAE) la sustituyó por un señor pequeñito y religioso. Más o menos como la primera edición española del show Gran Hermano, en el que resultó que casi todas las concursantes habían ejercido alguna vez la prostitución y la productora decidió sustituir a la última de ellas por una ex-monja con varios hijos. Esto es lo mismo pero en el mundo de la seguridad privada.

Imaginad cómo es el tipo: La estúpida diferencia en seguridad privada entre una ronda y una patrulla es el número de integrantes. Un tipo, ronda; más de un tipo, patrulla. Él siempre va de patrulla, porque dice (sin coñas) que Jesús y sus ángeles le acompañan en todo momento.

El hombrecillo que sustituyó a ese Hitler con tetas, al que soporté durante casi un año, resultó ser cristiano evangélico (lo que a priori no tiene nada de malo) medio ecuatoriano (eso tampoco) y, a la larga, terriblemente cobarde. Pero no es el tema de esta entrada. Es el tema de ¡Guardias! ¿Guardias? Un señor pequeño y gracioso que no paraba de contar historias muy raras sobre muertes en acto de servicio, perturbados que logran la licencia de armas y gente que viene de paseo desde el más allá. Sencillamente pasé de trabajar de noche con una tarada a trabajar de noche con un tarado religioso.

Todo parecía normal hasta LA NOCHE.

Debía ser Halloween o el equivalente de otra cultura de distinto huso horario. O por lo menos debía haber luna llena. El caso es que el señor pequeñito vio cosas. Cosas que nunca imaginaríais. Perdió la linterna en mitad de una ronda y dijo encontrarla dos plantas más abajo. Se negó a pasar por zonas sin luz y supongo que a cada paso iluminado lanzaba sal al suelo y rezaba sus oraciones. Lo gracioso vino cuando pasó por la fantasmagórica Planta Cero.

Sólo el nombre acojona. Seguro que allí es donde murieron todos aquellos inocentes cuyos espectros vagan hoy por el lugar pidiendo venganza. Seguro que fue el lugar de una agónica muerte.

Seguro que mi pequeño compañero pensaba eso.

La clave del asunto es que, en la planta baja del edificio donde trabajo hay discotecas que abren hasta altas horas de la noche. Sé que parece raro, pero hace tiempo que dejé de hacerme preguntas. Los cuartos de baño de una de esa discoteca están pared con pared junto a un pasillo por el que tenemos que pasar durante nuestras rondas. Y ahí vino lo divertido. El señor pequeñito pasó al lado de los cuartos de baño de esa planta y oyó un ruido (todo esto después de la Operación Linterna narrada unos párrafos más arriba) Entró (dice) no vio a nadie, y volvió a oír como si tiraran de la cadena, activaran un secador de manos y dieran vueltas a un rollo de papel higiénico. El resto fue gritos de terror y aleteos gallináceos. Le vi volver a la recepción pálido. Sudoroso. Temblando. O como dicen en mi barrio: Con los huevos de corbata.

Según me dijo, su miedo no era ver un fantasma, sino que alguien se colase en el edificio y le hiciese daño.

Como somos unos cabrones, empezamos a contarle historias de gente que había muerto en ese edificio. Auxiliares atropellados, ingenieros a los que les dio un derrame cerebral mientras cagaban... como soy particularmente cabrón, abría todas las puertas de los WC que él cerraba previamente con llave para que se las encontrase fantasmagóricamente abiertas en su siguiente ronda. La siguiente noche que le vi, llevaba una ristra de ajos al cuello.

Esta historia del Fantasma Cagón ha recorrido el edificio planta por planta. Nada comparable al impacto marginal de la del Vigilante sin Cabeza (esa sólo recorrió las plantas del parking en busca de venganza... o de su cabeza) Conforma un clásico de las historias de seguratas, más allá de cualquier batallita sobre grandes peleas o desastres naturales que pillaron a alguien vestido de marrón de por medio.

Y luego dirán que es un trabajo aburrido.

Wrong Turn (Km.666)

Wrong Turn (Km.666)

 

Tuve en el pasado una pésima experiencia cinematográfica. Me invitaron al cine. Eso, a priori no es tan malo, el problema es que un compañero de facultad había ganado tres entradas para una película de escaso éxito en taquilla. Decidido a invitarnos, nos ofreció al Gurú y a mí asistir a la proyección (ojo a mi lenguaje aséptico) y fuimos tan tontos como para aceptar.

 

En realidad el tonto fui yo por pagar la entrada cuando Baby se apuntó.

 

Tonto porque la película era Km.666 (Wrong Turn) un truño descomunal que supuso semanas de cachondeo por el hecho de que hubiese dado dinero a cambio de entrar a verla.

 

Sinopsis “oficial”: ( http://www.labutaca.net/films/21/km666.htm )

 

Chris (Desmond Harrington) tiene una entrevis-ta de trabajo en Raleigh al cabo de tres horas y parece que va a llegar a tiempo gracias a su Mustang convertible clásico remodelado… hasta que un accidente producido en la autopista le corta el paso, por lo que decide aventurarse por una pequeña carretera de tierra que parece ser un atajo. A poca distancia, Jessie (Eliza Dushku), sus amiga Carly (Emmanuelle Chriqui) el novio de ésta, Scott (Jeremy Sisto), Evan (Kevin Zegers), y su novia Francine (Lindy Booth), están parados en medio de la carretera, tratando de encontrar una forma de proseguir su viaje después de que un pinchazo les dejara tirados en lo más profundo del bosque. Chris avanza por la polvorienta y tortuosa carretera secundaria cuando al tomar una curva pierde el control del coche y embiste por detrás el coche de éstos. Por suerte, nadie resulta gravemente herido por el choque. En cualquier caso, el orgullo de los afectados es el que se ha llevado la peor parte, y el ambiente se caldea. Chris se disculpa y Jessie actúa de apaciguadora al descubrir un alambre de púas interceptando la carretera. Por lo visto, los pincha-zos se deben a algún tipo de broma. Los jóvenes deciden organi-zarse para ir en busca de un teléfono. Evan y Francine se quedan con los coches mientras los otros cuatro siguen carretera adelante. La teoría del bromista pierde fuerza cuando el cuarteto se adentra en el bosque y descubre una cabaña llena de turbadoras armas de caza y horribles trofeos. Ahora ya no les cabe ninguna duda de que aquél, o aquello, que habita en la cabaña es quien ha tendido la trampa con el alambre de púas. Lo que no saben es que Evan y Francine ya han sido asesinados y despedazados sin piedad. Amenazados por un destino incierto y posiblemente espantoso, hay algo de lo que los cuatro jóvenes están seguros: nunca más volverán a salir de excursión.

 

Sinopsis real: Por alguna razón un montón de norteamericanitos coincide en un cruce tras pinchárseles a todos las ruedas. Pese a que en los títulos de crédito se sugiere que están en Virginia Occidental, en realidad están en Iowa, porque se equivocan de camino y van a dar a la granja donde viven los Slipknot que, como no podía ser de otra manera, son todos hermanos (igual que sus padres -y los padres de sus padres-)

La cosa acaba en matanza.

 

Coincidió con la época en la que un montón de contratistas extranjeros eran secuestrados y asesinados en Iraq, por lo que los chistecillos previos a la muerte de un personaje eran inevitables: “Ahora veréis cómo muere un italiano” ¡SNATCH!

 

Lo peor es que hubo segunda parte. Alguien supuso que, si un pedazo de primo como yo fue capaz de dar dinero de curso legal por ver aquello, sería capaz de volver a hacerlo. Pero me queda claro que mis pesadillas no están originadas por las terribles imágenes de violencia de la película, sino por el precio de la entrada y el choteo posterior.

 

 

EL PROCEDIMIENTO OPERATIVO DEL PROTOCOLO DE SEGURIDAD

EL PROCEDIMIENTO OPERATIVO DEL PROTOCOLO DE SEGURIDAD

 

Cuando se trabaja como vigilante de seguridad en edificios de oficinas hay dos objetivos fundamentales a cumplir en cada jornada laboral. Bueno, en realidad hay tres (siempre es importante que el edificio no arda y todo eso) pero en la rutina diaria, la clave fundamental para ser un feliz segurata se resume en:

 

a)      No aburrirse

b)      Que no te jodan el día

 

Creo haber desarrollado un procedimiento para que ambos objetivos se cumplan en una sola frase. Mil gracias a Scott Adams por inspirarme para crear este proceso a través de sus libros de Dilbert.

 

La clave es la comunicación interpersonal, la expresión oral... básicamente abrir la boca y emitir sonidos coherentes en un idioma parecido al que entiende el interlocutor. Para construir una única frase que nos permita reírnos y, al tiempo, conseguir que el interlocutor deje de jorobarnos (digamos un empleado sin autorización para acceder o un electricista o albañil de los que se ponen chulos) es utilizar cuatro palabras de impacto comunicacional, desde la perspectiva de que somos operativos de seguridad, uniformados, tomados por vagos sin remedio y todas las coñas sobre que somos policías frustrados; cuatro ideas fuerza que, sólo en apariencia, llenarán de contenido nuestra emisión sonora. Las cuatro palabras son:

 

PROCEDIMIENTO, PROTOCOLO, OPERATIVO y SEGURIDAD.

 

Pongo un ejemplo: Señora, nosotros nos limitamos a ejecutar un procedimiento operativo de nuestros protocolos de seguridad”.

 

Suena importante ¿No? En realidad estamos diciendo que “Sólo estamos haciendo nuestro puto trabajo, maruja de mierda” pero de una manera fría, eficiente y muy-muy empresarial. Lo he probado este fin de semana pasado, y puedo presumir de que ha sido todo un éxito. La primera cobaya era una chica que tenía que acceder a su oficina para finalizar y enviar un trabajo importantísimo para su empresa. Por alguna razón su empresa no había caído en que se trataba de un día festivo y, por ello, ella –dado su acceso restringido- necesitaba una autorización especial, por escrito y por adelantado. De nada le sirvió llamar a su jefe y pasarme el teléfono. Yo estaba dispuesto a ser un hijo de puta muy fino.

 

Se quedó congelada. Probablemente porque lo que le decía el segurata que tenía en frente le sonaba a los disclaimer que se adjuntan automáticamente a todos los correos electrónicos que se envían desde las cuentas de correo de su empresa.

 

Lo más divertido es que trabajo en una instalación donde la operativa (las órdenes y procedimientos de actuación para el personal de seguridad) es... digamos... consuetudinaria. Vamos que está basada en la costumbre. Es decir, que mis jefes son tan vagos que han sido incapaces de poner por escrito nuestras funciones. Por lo tanto, estaría aplicando los procedimientos operativos inexistentes de unos protocolos de seguridad ficticios.

 

Eso sí (espero) Ella nunca lo sabrá.

 

La segunda prueba fue con un grupo de electricistas con la cara muy dura. Querían que desconectásemos el aire acondicionado del edificio para no sé qué empates de no sé cuanto, y evitar así el retorno. No hablo la lengua electricista, pero me di cuenta en seguida de que ese cabrón con FP estaba utilizando conmigo mi técnica pendiente de patente. Además, me informó un operario de mantenimiento, cortar el aire fresquito supondría algo más que calor. Tendríamos que entrar una por una a todas las oficinas para reconectar los sistemas de refrigeración de los servidores. Un curro tremendo. Sobretodo por tener que localizar al contacto de cada empresa para pedirle permiso para entrar por una obra que ellos no habían encargado.

 

Este caso era más difícil. Sobretodo porque cuando solté que “Tengo que cumplir con los procedimientos operativos que se desprenden de mi protocolo de seguridad” esa panda de Johnny Chispas no sabían de qué coño hablaba. Casi tanto como cuando ellos me hablaban de retornos y empalmes. Este diálogo de besugos casi acaba en empate hasta que el Johnny Chispas principal decidió ponerse chulo:

 

-         Pueeee... Ví a tené que hablá con er señó de Lampresa, poque va ha habé que alargá la obra.

 

Nunca os pongáis chulos con un segurata. Nos pagan por ser aun más chulos.

 

Le respondí a mr. Chispas que, si era necesario, le explicaría al señor (nombre omitido) responsable de subcontratas de “Lampresa”, cuál era el problema. Que “Lampresa” es muy importante para nosotros. Pero que lo es tanto como “el resto de lampresas presentes en este edificio”. Y que si hacía falta, se lo explicaría también al señor (nombre aun más importante también omitido) que resultaba ser el jefe del señor (nombre omitido).

Esa es la ventaja del segurata veterano frente al electricista subcontratado: El segurata veterano tiene una lista de empleados de cada “lampresa” y puede aprenderse los nombres (omitidos) de los jefazos de dichas “lampresas” para situaciones de emergencia como ésta.

 

- Esto ha sido un homenaje a los e-mails que Scott Adams incluye en sus libros de Dilbert. Correos que recibe de empleados que cuentan sus vivencias en el estúpido mundo de las corporaciones.-

 

Cuando los electricistas acabaron de digerir lo que les había dicho (y digerir no significa entender) empezaron a cagarse en lo más sagrado de la civilización occidental, en particular, y del sector de la seguridad privada, en particular, ante lo que me ví obligado a activar EL PLAN OMEGA.

 

El PLAN OMEGA (también conocido como Plan Patxi fuera de la Comunidad Autónoma Vasca) consiste en aprovechar todos los tópicos que estos electricistas (y también vale para los trabajadores de cuello blanco) pudieran  haber visto (o percibido de manera subliminal) en los informativos de televisión que ponen después de Los Simpson. Digo lo de subliminal porque, supongo, los perciben después de una copiosa comida casera (de esas que ya quisiera catar yo a diario) entre el chupito de orujo de hierbas y la siesta.

 

(Sí. Les tengo envidia)

 

Para ejecutar el PLAN OMEGA, por ejemplo cuando una cuadrilla como la descrita se está cagando en todo, hay que apoyarse en el mostrador, mirar hacia abajo con aire cansado (mejor cansado y perdiendo la paciencia) y decir, ni muy alto ni demasiado bajo:

 

-         Joder, esto en Euskadi no pasa.

 

Funcionó. Lo juro. Esa cuadrilla de electricistas subió a trabajar (con el aire puesto) antes de que mi ficticio estrés de combate hiciese volver a mi memoria las imágenes de lucha en los arrozales de Eibar (¿?).

 

Espero que mi loado lector sepa disculpar los topicazos (que tenemos que utilizar demasiadas veces) y esta entrada del tipo “Qué grande soy”.