Blogia
Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

La PRO(se) Actividad y Tú (continuación)

La PRO(se) Actividad y Tú (continuación)

Si tenemos un problema grande en casa que no queremos compartir, o si nos levantamos tarde un día de trabajo, si el coche no arranca (esto me ha inspirado... ¡próximamente! Metro de Madrid: La Conspiración) o nos empapamos con al lluvia es posible que nos pongamos de mal humor [...] puede que tratemos de aparentar que no pasa nada, sin embargo los para demás es evidente que pasa algo [...] No engañamos a nadie con mantener que “no pasa nada” [...] al tener un roce con un cliente o un con un compañero, el problema viene de antes y es nuestra actitud negativa la que nos empuja a un comportamiento poco colaborador con ellos.

 

Así empieza un glorioso epígrafe que continúa con HAY QUE SENTIRSE BIEN CONSIGO MISMO dado que los clientes casi nunca son la causa de nuestros problemas [...] Tenemos que saber dominar nuestro mal humor. Es una curiosa recomendación. Suena a “Por favor, no cosáis a tiros al dueño de la joyería cuando os abronque por llegar tarde. Le damos un objeto faliforme de caucho, con núcleo de arena y cubierto de hermoso y brillante cuero negro... no nos lo devuelva manchado de sangre”.

 

DÉMONOS UNA PALMADITA EN LA ESPALDA POR CADA TRABAJO BIEN HECHO comienza con: ¿Recibes ángeles de tu jefe o tus compañeros? ¿No te sentirías mejor si supieses que se aprecia tu esfuerzo y esmero? Debemos felicitarnos a nosotros mismos, especialmente si nadie más lo reconoce... Sí, Golfo, cuando cosiste a tiros a aquella anciana en el centro comercial hiciste bien ¡Le diste su merecido! ¡Seguro que tramaba algo! De vez en cuando debemos detenernos y disfrutar de nuestros mejores momentos... ¡Claro! ¿Para qué creéis que están las cámaras de vídeo? ¡Ojo a la repetición de los mejores porrazos de la tarde! ¡Mirad cómo estalla la cabeza del hippie cuando trata de escapar del supermercado con ese jamón al hombro!

 

ACEPTA “LOS ÁNGELES” DE BUENA MANERA

Cuando recibimos ángeles de otras personas es importante que los aceptemos de buena manera, si no estamos acostumbrados podemos llegar a sentirnos incómodos [...]

Nota de los Autores del Manual: Por favor, vigilantes, no dudéis de la heterosexualidad de vuestros compañeros del mismo sexo al recibir un “ángel”.

Nota del PROSEdepartamento jurídico: Los tocamientos no consentidos en zonas íntimas, y los gestos obscenos e impúdicos no serán considerados un “ángel” ante un juez.

 

LA APARIENCIA PERSONAL ES IMPORTANTE

[...] es necesario mantener las cosas en su lugar correspondiente [...] los problemas no se van a solucionar por pensar mucho en ellos [...] si algo va mal en casa debemos recordar que nuestros compañeros no tienen nada que ver con ellos y nuestros clientes menos. Y si el problema es del trabajo no nos ayudará llevarlo a casa.

 

Psé, depende: Digamos que llego a casa después de un turno de noche de doce horas y encuentro en mi casa a mi compañero, al cliente, a mi señora y al puto gato ¿Entonces qué, listillos? ¿Puedo entonces coserlos a gomazos y me pondréis un abogado? Porque mi problema en el trabajo se habrá venido él sólo a casa, ¡Y mi problema de casa se ha inmiscuido solito en mi trabajo!... pero no, porque [...] Este enfoque es posible si nos damos “ángeles” a nosotros mismos”: ¡Pelillos a la mar! ¿Puedo participar? Al fin y al cabo son mi esposa y mi gato.

 

Las cosas siguen con la Lección 3 “LAS PERSONAS SON SERES HUMANOS” (que incluye los epígrafes “Los clientes también tienen sentimientos” y “No demuestres aburrimiento”... o la Lección 5 “HACER MÁS QUE LO MÍNIMO” que casan con la recomendación de mi instructor, el Señor F: Por favor, no vayáis diciendo que os pagan por no hacer nada”

 

Un manual increíble. He descubierto mi vocación: Voy a dedicarme a escribir manuales de este tipo. Gurú propone otra cosa: Hacer una comparativa de textos entre este manual y “La estrategia de la comadreja” de Scott Adams.  

 

La PROACTIVIDAD y tú: PROSEmanual de Relaciones Humanas

La PROACTIVIDAD y tú: PROSEmanual de Relaciones Humanas

Los manuales de formación en seguridad son oro puro en manos de una mente enferma como la mía. La única explicación de que se incluya un capítulo (fuera de temario) sobre Relaciones Humanas es que alguien allá arriba (me refiero al Departamento de Formación) tiene un retorcido sentido del humor... ¡Claro! Son psicólogos y tienen que justificar su presupuesto.

La definición de ángel como serie de cumplidos y piropos pro activos (de esos que no detectan los acososexualómetros ni los tepartolacarapormariconómetros) es algo desternillante: un comentario positivo, una mirada sincera... prestar el cinturón a un compañero si lo ha olvidado. Dedica un ángel cada día a tus compañeras y compañeros. La recomendación no busca otra cosa que dar más trabajo aun a los psicólogos de la empresa. Puede que los Vigilantes tengamos mala fama, pero con esto no hacen más que echar gasolina al fuego.

Un elogio
Una sonrisa verdadera
Un “gracias” sincero

Los capítulos tienen nombres creados por gente que, en el fondo, está peor que yo: Contar las baldosas del suelo en un edificio de oficinas y poner a cada una un nombre que la diferencie del resto es una cosa. Empezar un temario de Relaciones humanas con capítulos como: Todos somos seres humanos, Los Seres Humanos tienen sentimientos y Los clientes también tienen sentimientos, no se le habría ocurrido a ningún experto en guerra psicológica ni en un millón de campañas como la de Iraq. 

La comunicación negativa nos hace sentir enfadados o resentidos

¿Cómo te sientes al llamar por teléfono a una empresa y ser transferido de una persona a otra sin recibir ninguna ayuda? Es una frase real de este capítulo... ¡Como coño me voy a sentir! ¡Como cuando llamo a PROSEGUR! Para conseguir librar el día de mi cumpleaños tuve que ir personalmente a la Central a pedirlo... pero los coordinadores han leído también el manual y ya no te desvían las llamadas. Sencillamente no cogen el teléfono y dejan que salte de una extensión a otra hasta que quien llama se cansa (yo he logrado aguantar casi una hora) o algún pringado lo coge.

La gente necesita “ángeles”, cuantos más ángeles recibimos mejor nos sentimos...


 ¡Oh, Mauricio! ¡Qué bien te queda ese corte de pelo tradicional! ¡Cómo luces el uniforme! ¡Al verte se me saltan las lágrimas: Eres lo más parecido a un Vigilante que ha entrado en esta instalación! Frases así las recomiendan estos tíos, que a propósito: Están a cubierto y a kilómetros de distancia cuando un idiota las suelta. Cuando me sienta decaído y no pueda tomar cerveza se las soltaré a mi compañero:  Cerveza no, que estoy de servicio, pero... ¿Y un buen puñetazo? ¡Derecha Clyde!

(continuaré poniéndoles verdes más adelante... me voy a currar)

El amor verdadero

El amor verdadero

Otro día otro dólar... puede que en el otro curro, en el de becario, y más bien serían 7,5 euros, al cambio... otros 8,625 dólares (digo yo). Puede, porque aquí gano mucho, pero que mucho más. Pero es más poético lo de otro día otro dólar, y como creo que aun estoy bien de la cabeza, supongo que no es nada malo que mi motivación para trabar sea económica.

Cuando me encuentro con Mauricio acordamos que el próximo Viernes llegaré antes de la hora... necesita un favor, y para eso están los compañeros. También me encuentro con una reunión en la cumbre. En el edificio están (o parecen estar) el presidente de la empresa, el director financiero y jefe de seguridad... toda la plana mayor. ¡Genial! Encima logro encadenar cuatro estornudos seguidos, lo que nunca logro en casa: ¡Salud!  ¡Dinero!  ¡Amor!...  ¡Felación!... por eso siempre que veo a alguien conocido estornudar rezo para que no llegue al cuarto.

La noche siguiente logro, contra todo pronóstico, cargarme la cremallera de la Parca. Iba a mear, y como voy vestido por capas, tengo que quitarme tela de encima para sacar a la luz a Miniyo, y que lance su dorada carga. Claro, que ese jodido anorak parecía más difícil de abrir que un sujetador. Eso, y que la puerta de mi garita se esté cayendo a trozos (el pomo ya cuelga en un ángulo de más de cuarenta y cinco grados), hacen que mi moral suba como la espuma del champán. Lleva un mes con los tornillos dados de sí, pero a nadie le importa.

Sólo falta que llueva como la semana pasada para que me acompañe un sonido como el de las secuencias del Hotel Bradbury, de Blade Runner. Un replicante con muy mala leche podría perseguirme por la instalación al grito de ¡Uno! ¡Dos! ¿Estás contento hombrecillo? ¡Tres! ¡Cuatro! ¡Ir al cielo! ¡Ir al Infierno! Y es que el cansancio acumulado rivaliza con el aburrimiento a la hora de provocar idas de pinza. Sólo faltaría que las baldosas de la planta baja empezasen a darme conversación... a interesarse por mi salud y mi vida personal. Ya lo decía Terry Pratchet en El Rechicero: Si me dieran cincuenta años haría del aburrimiento un arte.

Sobre las once y media me llama Félix: Ha sido padre de nuevo. La niña, Paula, se parece a Montse, su santa esposa... ¡Gracias a Dios! Bromeo con él ¡Disfruta de la baja por paternidad! Finalmente la lluvia no me honra con su compañía, aunque una ventolera épica me hace sentir como en casa... esos aullidos de viento rebotando por los pasillos, esa tensión que no me deja pegar ojo: LA PUTA PUERTA DEL PUTO PATIO INTERIOR QUE ME VA A PROVOCAR UN PUTO INFARTO.

El domingo, por fin, todo vuelve a la normalidad. En realidad sólo era domingo para Mauricio... para mí la hora del relevo, y la cháchara con Jose, y la conversación en la cama con Baby antes de dormirme siguen siendo sábado... o cualquier día anterior al presente. ¡Pero puedo presumir de haber descubierto el amor verdadero! Después de haber hecho vomitar incluso a Heidi con una frase tan ñoña como la anterior, me permito contar el gesto de amor que me ha llevado a esta conclusión: Ya me había disfrazado de persona (es decir que me había cambiado tras el relevo) cuando Mauricio me llama la atención sobre una pareja sentada en u banco justo en frente de nuestro edificio. Después de mucho magreo, la feliz pareja empieza a echar un kiki... casquete, caliqueño, mete-y-saca, polvo, cuajo... un jodido butragueño matinal, a las siete de la mañana, con el cielo clareando y un frío para cagarse y hacerse cortes con las raspas.

Lo gracioso es que, al acabar, el amoroso dúo decide llevarse un recuerdo de esa experiencia que les mantendrá unidos en sus recuerdos las próximas horas: ¡El puto banco en el que estaban sentados! ¡Incluso lograron desatornillarlo y moverlo unos metros! Le comento a Mauricio si no deberíamos hacer algo... su respuesta es todo un lema del sector de la seguridad privada: ¿A caso nos pagan para custodiar los asientos de las aceras?

N.B: El amiguete Damián se interesó por el PROSEmerchandaising que nos da la empresa... de hecho un compañero de la redacción me ha encargado un pin... si observáis la imagen podréis ver lo que son un PROSEbolígrafo, una PROSEcarpeta... y eso que parecen preservativos e incluyen en el envoltorio el anagrama y la URL de la magna corporación de seguridad son PROSEcaramelos... unos caramelos cojonudos.

Cannon Fodder... ¡Fodder Qué Frío!

Cannon Fodder... ¡Fodder Qué Frío!

¡Madre del Amor Hermoso! ¡Vaya nochecita me ha tocado!.

Y es que se venía venir, cuando, a la hora de hacer el relevo, te encuentras a miles de personas venidas de toda España (o eran miles o dieron vueltas una y otra vez al rededor de la puerta de mi instalación para convencerme de que eran un huevo) gritando consignas contra Zapa, las cosas sólo pueden ir a peor. Al menos Mauricio aparcó lejos, porque los alrededores estaban cortados por la Policía. ¡Y es que hacen trampa! Cuando yo iba a manifestaciones, siendo estudiante, se manifestaba en cada ciudad la gente de esa ciudad... éstos se trasladan todos a Madrid en autobuses para darse la impresión de que son un montón: Si todos los Vigilantes de España hiciésemos una manifestación en La Puerta del Sol pidiendo más pasta y menos horas, el televidente medio diría eso de ¡Joder! ¿Cómo es posible que la gente robe en supermercados con la de seguratas que hay?

Caminaba del metro a mi destino observando la cantidad de gente que se me cruzaba camino de la Plaza de Colón... todo banderas constitucionales, excepto un bakala, que iba dando bocinazos en su coche enarbolando por la ventanilla la insignia del toro de Osborne... lo mejor las pegatinas: Todos somos la COPE, decía una... sí, y Jiménez Losantos vive en una pirámide a orillas del Nilo.  Habrá que mirar en El Manifestómetro, a ver cuántos eran.

Los gritos de Zapatero Dimisión, dieron paso a una serie de consignas gloriosas del tipo es un orgullo ser español, Ser español es un orgullo (que tiene un matiz diferencial respecto a la anterior: Cambia el orden del Sujeto respecto al Predicado), ¡11-M Queremos saber! (a veces pienso que es mejor que no lo sepan... los muros de su realidad se vendrían abajo), ¡Vascongadas es España! (sólo dos colectivos denominan así a la Comunidad Autónoma Vasca: Uno es la extrema derecha –que no cree en las autonomías- y otro el Movimiento Vasco de Liberación Naciona –como burla hacia dicho sistema-); ¡España!-¡España! (llegué a creer que iban al fútbol... casi salgo a gritar ¡Arbitro! ¡Cabrón!), y mi preferida: ¡Para qué vamos a ir a Colón si ya está lleno de gente!... porque a una manifestación se va a hacer bulto para las imágenes de Telemadrid... al fin y al cabo la izquierda se lo hizo a Aznar, así que ellos lo mismo pero al revés... y si hacen mal, pues la izquierda lo hizo primero.

Sobre las diez, considerando colarme en la sala de reuniones para ejecutivos a ver Los Simpsons, me decido por ser un buen Vigilante y hacer un uso correcto de la instalación, es decir, limitarme a subir por un café... vuelvo con mi vasito de plástico lleno de un líquido humeante color caca (y de sabor a juego con su color),   cuando ¡Oh Mierda! Compruebo que ya la tenemos liada...

Alguna productora de televisión debería considerar la idea de hacer un programa tipo Cops, pero con Vigilantes de Seguridad... el nombre de Justo lo que necesitaba este país podría ser mi pequeña contribución a ese exitoso reality show... con casos reales del tipo: El otro día entra uno en mi instalación, le pregunto dónde va y me dice “Al Tercero”, y le respondo “Pues bueno, pos ná... en mi caso el episodio podría titularse La Caja de la muerte y yo. Era la primera vez desde mediados de diciembre que utilizaba el ascensor. Más que nada por miedo a quedarme atrapado dentro... imagino el titular: Estúpido vigilante de seguridad queda atrapado en ascensor de alta tecnología y es rescatado quince horas después por amplio dispositivo de emergencia.  El caso es que, entré en el piso donde está la máquina de café, conseguí mi humeante objetivo cafeinómano, y al salir noté algo raro... ¿Porqué este cajón letal no ha vuelto solito a la planta baja? Lo llamé desde todas las jodidas plantas del edificio, incluso mi mente desequilibrada podía oír las risas de los 108 escalones y las 2856 baldosas, lo revisé, lo examiné por dentro y por fuera... ¡Nada! ¡No parece ocurrirle ninguna maldita cosa! ¡Sencillamente es un ascensor parlante de alta tecnología! ¡Elevator E-1800 debe haber tomado conciencia de sí mismo, aprendido en progresión geométrica y decidido, medio nanosegundo después, gastar la primera broma consciente de su vida al primer segurata que vio con un vaso de café en la mano... con tanto estrés he pensado escribir al sindicato para que nos abastezcan de donuts.

Tras dos horas de sesuda investigación (y haced el favor de no reíros). Tomo la decisión menos estúpida de toda la noche: Pedir ayuda a la central. Imagino la cara de pasmo del telefonista al otro lado de la línea, una imagen mental formada a través de las ondas sonoras de su perplejo ¿Cómo? ¡Y qué quieres que haga macho! ¡Llama al servicio técnico o a un empleado de mantenimiento! Cierro con un gracias, todo lo demás sin novedad... estaba a punto de colgar pensando que dan igual mis años de carrera universitaria: Soy demasiado estúpido para este trabajo, cuando oigo una voz semi-varonil, algo emplumada... con más plumas que el disfraz que la reina del Carnaval Latino de Las Palmas (tenía que colarlo... ¡Tenía que colarlo!) ¡No me cierreees! ¡Que vuelvo enseguidaaaa!

En mi mente, una frase acaparaba toda la memoria virtual disponible: Éramos pocos y parió la abuela!, pero me quedo de piedra al comprobar que una luz llama mi atención por el rabillo del ojo izquierdo: Es la luz del ascensor, que se ha arreglado justo después de que hiciese constar la avería en mi parte diario y lo hubiese comunicado a la central... esa luz brillante que, a su manera, simboliza una sonora carcajada del ascensor. Cuando el moderno regresa le pregunto cómo coño ha arreglado el ascensor, supongo que, en el fondo, los modernos tienen poderes mentales, una especie de fuerza psíquica anti-Murphy que les permite salvar los pequeños y estúpidos problemas que tenemos los varones blancos heterosexuales de más de 25 años... o eso o tiene problemas más graves que un estúpido ascensor inteligente (sé que parece contradictorio, pero lo que trato de decir es que el jodido elevador ha desarrollado ese tipo de inteligencia artificial que le convierte en un bastardo electrónico).

A las tres de la mañana, una especie de colleja del destino me lleva a mirar fuera de mi garita de vigilante y... no me extraña que el ascensor volviese a funcionar voluntariamente... había previsto, con su electrónica clarividencia., que esa noche iba a pasar algo incluso más divertido (para él... para mí no tenía puta gracia). Mirad las imágenes: Nevaba con mala hostia. Es como si los dioses del panteón grecolatino lanzaran bolas de nieve contra la calle... con toda la mala leche que llevan reservándose desde que cayó Troya. Me quedo de piedra en la puerta, observando cómo el cielo se desploma sobre nuestras cabezas cuando vuelvo a escuchar esa voz cubierta de brea y plumas de faisán: Cierra los ojos y la boca, y tú no has visto nada... antes de volverme, sólo pienso en un va a ser que no, y como note algo caliente cerca de mi cara te voy a anestesiar... llevaba razón Trancaman: ASDC... Acabará sobresaliendo de tu culo. En ese momento tengo demasiado frío como para despollarme de la risa, pero ahí estaba el moderno, que venía de hablar sólo en el ascensor (o con el ascensor) vestido de señora de 50 años... menos mal que los de la mani pepera ya se han ido, si no todo degeneraría en un linchamiento, guadañas, antorchas, fajines y boinas  incluidos. Me pregunta cómo va y le respondo: vas preciosa, Manolo, espero que te hayas abrigado. La imagen mental que creé a partir de su respuesta tranquilo, llevo leotardos bajo la falda sustituirá a la Araña Gigante en mis peores pesadillas.

Creía que no podía pasar nada más surrealista esa noche, pero llegaron las cuatro menos cuarto de la mañana, y un tipo con chaqueta y bigote aparcó justo frente a mi puerta... y no paraba de mirarme mientras aparcaba... Tenía que ocurrir ¡Me cago en Murphy!

Cuando le abría me dijo: Soy de Inspección, pero a mí me sonó a Hola, soy tu menstruación... justo lo que me faltaba. Bonita noche para una inspección: Una mani corta el tráfico, se jode el ascensor, acaba de irse un travesti pidiéndome que le guarde el secreto... ¡Cada noche de guardia es una noche de fiesta! ¡Cada Formación un desfile! ¡Cada paga una fortuna! ¡Cada galleta que me como a escondidas un banquete! ¡ME ENCANTA ESTE PUTO TRABAJO!

Sin embargo, Mr.Murphy, temeroso por que mi turno acaba en dos o tres horas y podía salir a buscarle para darle de leches, decidió que mejor que el inspector estuviese hasta las narices de tener que recorrer la ciudad durante una nevada apocalíptica... ese señor se interesó más por cómo me encontraba y cuántas horas hacíamos que por el estado de mi instalación. Incluso ignoró el libro de Terry Pratchet hábilmente escondido o el receptor de radio (eso sí... apagado) que estaban delante de sus narices... de hecho frente a su bigote tipo Partido Baaz. Estuvo cosa de diez minutos es conmigo...Cuando llegó Mauricio y se enteró, me preguntó cómo fue la inspección. Le comuniqué al inspector que necesitábamos una linterna (estoy usando una mía) y partes para los informes diarios de servicio... me dijo que todos los inspectores llevan material en el coche, y que él ya los había pedido hacia Octubre. No saben ni dónde estamos ni cómo, ni nada.

En fin, que para cuando llegué a casa ya se había derretido toda la nieve... y sólo podía pensar en una cosa: Somos carne de cañón... Cannon Fodder, como el videojuego de Sensible Software... ¡Fodder qué frío!

 

Compañeros

Compañeros No, no tiene nada que ver con aquella estúpida serie de televisión de Antena 3. Voy a hablar de mi compañero, y hablaré de él porque, pese a ser generalmente un tío estupendo a veces llega a cabrearme. Sólo he tenido a un compañero, porque a los dos tíos que me sustituyeron cuando mi cumpleaños no los he visto nunca, y los otros dos que llegaron en mi primera semana a hacer mi trabajo (como que nadie sabía que estaba allí o nadie apostaba a que duraría tanto) estuvieron sólo unos minutos en la instalación.

 

Yo trabajo de segurata los Viernes, Sábados y Domingos. Dado lo complicado de su horario (sólo hago más horas que él los Viernes y los Lunes por ir a currar a Júbilo) y al ser un hombre casado y con dos niños, sólo puede ir a hacer compras y demás encargos familiares los Viernes, por lo que hemos llegado a un acuerdo: Yo llego media hora antes por las tardes y él me releva media hora antes por las mañanas, lo que me evita trabajar de cara al público con el edificio abierto.

 

Que llegue a veces a menos veinte y no a y media, y él me eche una bronce porque llego tarde dos de cada tres días (que tampoco es así... quizá uno de cada tres) tiene un pase. Que un día llegue a menos cuarto o menos diez y me diga que ha estado a punto de llamar a la central y no lo ha hecho para evitar que me abran expediente es tener unos cojonazos como sandías de La Garita (que son enormes): Mi turno empieza a en punto... no media hora antes. Incluso una vez, él se retrasaba por haberse dormido. Me avisó por teléfono y llegó al final a tiempo. Cuando me contó que había venido a toda pastilla en el coche la bronca se la eché yo: Porque parece olvidar que es el padre de dos criaturas, porque si fuese necesario llamaría a la central para decir que se efectúa el relevo aunque no hubiese llegado... ¡Y (en plan egoísta) porque si se mata con el coche el relevo tardaría aun más!

 

A mi compañero le voy a bautizar con el pseudónimo de Mauricio en honor al personaje de Maurice Minnifield (Barry Corbin)... son como dos gotas de agua. ¿Qué es lo que más puede acojonarte de un compañero? Pues tres cosas:

 

-         Corporativismo exacerbado: Ha habido, desde que empecé a currar en seguridad privada, dos casos de asesinato cometidos por vigilantes en Madrid. El primero fue uno que robó, al parecer un arma, y cosió a tiros al novio de su ex-mujer. El otro es el de Correos, un ex-vigilante que volvió, tras darse de baja, al último lugar donde prestó servicio, mató a dos de sus ex-compañeros e hirió gravemente a una tercera. En ambos casos Mauricio (por H o por B) ha defendido al vigilante acusado de asesinato.
-         Descubrir que guarda, no en su taquilla sino en la garita del edificio, un manual sobre el empleo de explosivos, preguntarle si es que se está preparando para promocionar a Vigilante de Explosivos (una especialidad superior) y que te responda que no, que hizo la mili en 1975 en Infantería de Marina y el tema le gusta.
-         Hablar de que Alí Agca no le hizo tanto daño al Papa, porque le disparó sólo con un calibre 22, y que él te cuente que a Kennedy y a Miguel Ángel Blanco los mataron con un arma de ese calibre tiene un pase... que a continuación te cuente que él tiene dos fusiles semiautomáticos del 22, uno checo de cerrojo, y el otro un M-16 que le regaló su mujer te llevan a tres conclusiones: 1) ¡Gracias a Dios llevo un uniforme marrón! Porque si no se notaría que me acabo de cagar encima! 2) Su mujer es estupenda y 3) ¡Eso es un regalo!

 

En fin, que menos mal que es buena persona, aunque algo corporativista y con acceso a armas de asalto y conocimientos sobre explosivos, y que pese a que es algo maniático con la puntualidad se puede hablar con él ¡Menos mal! ¡Porque me suelo dejar el chaleco antibalas en casa!

 

¡Aupa Mauricio!

Nunca serás un Vigilante si no te han denunciado

Nunca serás un Vigilante si no te han denunciado Cuando empecé en esto, un día le tuve que echar una bronca a un habitante de la pensión por fumar en el ascensor... cuando le comenté a mi casero que l e tuve que echar una bronca al gay, me respondió que nunca me considerarían un Vigilante si mi expresión para un caso así no era le di su merecido a ese marica de mierda.

¡Menudos sustos nos da la señora portera! Y lo digo en plan cariñoso porque de portera no tiene nada, lo único que tiene son unos ochenta años, más que suficientes como para dejarse de vivir en un cuchitril, apuntarse al IMSERSO y disfrutar de las playas de Cuba con algún primo hermano del Dinio.

La señora ha estado mala, tan mala que creíamos que finaba. En cama, trasladada por un hermano que tiene al médico de madrugada, y con el vecino gay yéndola a ver a las 6 de la mañana y a las 11 de la noche... vamos, como para el desguace. Una noche agonizando y a la siguiente haciendo como que ejerce de portera (fregando la escalera de los ascensores... ¡A las diez de la noche!).

A propósito, que dice Mauricio que no debo dejarle... no sé si espera que le dé un gomazo en el coco o qué ¡Porque tiene ochenta años! ¡Si estornudo cerca se me muere! y que lo que hace es aprovechar que no está él para limpiar y reivindicar así un piso como portera.

El caso es que tiene un chisme en una pulsera o en un collar para pedir ayuda a un servicio de Teleasistencia, y ahí empezó el lío. Entro (a y media para no mosquear a Mauricio) y me dice que la vieja está en las últimas, que a lo mejor viene algún médico o los del SAMUR o SUMMA... Siete menos veinte, ando de ronda técnica y oigo la puerta principal. Ocho menos cuarto (edificio cerrado) veo a un tipo que no conozco salir como una exhalación diciendo buenas noches, y portando una bolsa de plástico.

Le paro educadamente y le pregunto quién es y qué hace en el edificio. Me responde Soy de Teleasistenssia... en ese momento la tenemos.

Ni me levanto de la silla, sólo le pregunto para qué empresa u ONG dedicada a la Teleasistencia trabaja él, con toda la proactividad y educación del mundo le pregunto su nombre y su DNI... me dice un nombre y me da un número de NIE, pero cuando le pregunto si podría verlo dice que no lo lleva encima (en Júbilo me han dicho que deben ir acreditados e identificados ¡Y éste no me lleva ni el NIE!). Empieza a temblar pese a que le digo que se calme, que comprendo que está en el edificio por motivos humanitarios, pero le advierto que si no trae llave ningún vigilante tiene por qué abrirle, dado que es una visita, no un habitante del edificio, ni un miembro de la plantila de las empresas con sede allí, ni un miembro de los Servicios de emergencia.

Este señor (latinoamericano para más señas) insiste varias veces que es de teleasistencia hasta que acaba confesando que cuida de otra señora de edad, que vive en esa misma calle (por mí como si vive en el Palacio de La Zarzuela) y que le han dado las llaves. Me da, además de nombre y número de NIE, su número de móvil, su dirección y me enseña el contenido de la bolsa: Un osito de peluche que nuestra señora enferma le acaba de regalar... todo sin que yo le haya pedido otra cosa que su nombre y una explicación de qué hace allí.

Dos días después relevo a Mauricio y me grita que rece para que ese señor latinoamericano no me denuncie, porque al parecer le ha dicho a todo el barrio que yo le he interrogado... le respondo que yo sólo le he preguntado ¿Quién es usted y qué hace aquí? y que no puedo imaginar qué clase de dictadura debe haber sufrido en su país para echarse a temblar y cantar hasta ópera cada vez que un tipo de uniforme le pregunta algo. ¡Menudo rostro tiene el tío! ¡Y ha resultado ser el portero del edificio de al lado!

Finalmente le digo a Mauricio que denuncie lo que quiera, que yo he cumplido las normas: Ni le he interrogado (los electrodos y el curare los suelo dejar en casa junto al chaleco antibalas y el lanzacohetes anticarro... ¿No te jode?)  ni le he limitado su derecho a la libre circulación, sólo le he hecho dos preguntas y él me ha contado su vida, obra y milagros... ¡A quejarse al maestro armero!

Feliz Aniversario

Feliz Aniversario

Bueno, feliz aniversario. Ocurrió hace un año: Una colilla mal apagada, la típica alarma de incendios que se apaga sin motivo… y ¡hala! En palabras de Weregamba, un excelente pebetero para Madrid 2012… lástima de Olimpíada.

Sería una excelente leyenda urbana: Cada noche, se llama periódicamente para dar novedades a la central. En noches como ésta, además del típico S/N (Sin Novedad) añadimos un ¡Feliz Aniversario! ¡Nos seguimos sintiendo orgullosos!

Hace cosa de un año mi casero llegó de hacer su turno de noche (creo que fue de los primeros en llegar allí). Me contó que se había encontrado a dos vigilantes muy tranquilos diciendo que había saltado una alarma de incendios y que el compañero que faltaba había subido a comprobarlo. Tras unos minutos de incómodas miradas, salió con su compañero a mirar desde el exterior y vio unas luces anaranjadas por una ventana. Minutos después estaba evacuando a los reponedores del Corte Inglés, mientras el hijoputa del encargado les ordenaba salvar una colección de zapatos y abrigos mientras se colgaba medallitas hablando por su móvil con un superior ¡Don Pedro! ¡Don Pedro! ¡Aquí estoy! ¡Al pie del cañón!... al pie del cañón pero sin coger una puta caja de zapatos… visto y no visto, una cúpula de cristal y mogollón de escombros mandaba los abrigos a tomar por culo… me contó que nunca se le olvidará el nombre de un bombero que saltó hacia el lado contrario que el resto… uno que no aparecía. Después se internó en una jungla peor: Una junta de vecinos.

En fin, que esta mañana llegó mi compañero, nos saludamos reglamentariamente, y a mi buenos días añadí el oficioso feliz aniversario¿Qué cómo ha ido? Pues una vez más no ha ardido nada.

¡Y que siga así!

Mañana empiezo en el otro lado, así que a ver si en breve estrenamos sección.

¿Me has visto cara de Cupido o qué?

¿Me has visto cara de Cupido o qué?

Otro de esos casos ficticios que no nos pasan a los seguratas. Me pasó el sábado por la noche. A las 5 de la mañana, mientras salía a tomar el aire se me acercó un tipo. Un tío grandote, de pelo corto con una bolsa de deportes… con moquillos en la nariz y los ojos llorosos. Dos horas más tarde habría pensado que era mi relevo, pero no. Nadie llega dos horas antes (yo lo hice una vez por error y mi compañero creyó que me habían echado de casa). Se me acercó y me pidió un bolígrafo. Entré y se lo di, así que se acercó a uno de los portales cercanos a mi instalación. Escribió algo en una tarjeta y luego la rompió y la tiró… intentó repetir la operación un par de veces sin éxito, así que se volvió a acercar a mí (la curiosidad me pudo… debí meterme dentro, pero soy como un gatito: Estúpidamente curioso).

Volvió a mi posición, me ofreció una tarjeta y un móvil (era una tarjeta de comercial del Corte Inglés) y me pidió que escribiera algo: Es para una novia que tuve… para que no reconozca mi letra. Accedo y me dicta:

                                                                                                           “Merce, te querré la vida
                                                                                                                 19 de Mayo de 2005”

Se la devuelvo escrita y va y la coloca en el portal, no sin antes decir Ahora vuelvo a por la bolsa. No sé cuánto tardó en encajar la tarjetita en el buzón o en los botones del portero automático, sólo se que le miraba, y luego miraba a la bolsa… le volvía a mirar y luego a la bolsa…

Y en mi cabeza empezó a sonar tic-tac, tic-tac…

¿Cuánto coño se tarda en encajar una puta tarjeta de comercial del Corte inglés en la maldita ranura de un portero automático?

Tic-tac, tic-tac…

La paranoia es algo natural en los Vigilantes, sobretodo en el turno de noche. Mi cerebro ya funcionaba a toda hostia, y mi conciencia me llamaba imbécil por custodiar la bolsa de deportes de un desconocido que no atinaba a encajar una jodida tarjeta de visita en una puta ranura…

Tic-tac, tic-tac…

Como ocho horas antes, un imbécil había dejado una pegatina en la puerta de la instalación con un mensaje reivindicativo, algo sobre Zapatero, Rajoy y no sé qué jueces de Castilla y León. Moira que tenía pared ese pedazo de imbécil para pegarla, ¡Pero nooooooo! ¡Es necesario para la causa pegarla en la puta puerta del puto edificio donde estoy de turno de noooooche!... para más INRI firmaba con un número de DNI (probablemente ficticio… hay gente que cree haber descubierto al televisión) y un ¡Arriba España! … Ahora, tenía a Joe Tarjeta emulando a Pepe Viyuela en sus mejores tiempos, siendo incapaz de encajar una puta tarjeta en una ranura… sólo le faltaba gritar jodeeeeer y hacer como que sollozaba.

Tic-tac, tic-tac...

Hasta las narices del tic-tac imaginario, pensé ¿Y si se la ha cargado qué? A las cinco de la mañana no hay que pedir ni la hora, y este tipo (al que no conozco) me pide que escriba una tarjeta para su ex-novia…) Así, que interpuse los medios de protección del inmueble entre la bolsa y yo (vamos, que cerré la puerta) y me fui a agarrar a Anestesia… más que nada por la estúpida creencia que se puede batear la bola de fuego que origina el explosivo plástico. El tipo me miraba descorazonado al otro lado de la puerta, pero parecía contento: Al menos no se le habían llevado su bolsa.

¡Malvado Golfo! ¡Te has interpuesto entre dos personas que se aman! ¡O al menos entre una que sigue queriendo a otra! ¡O entre un zumbado y su mano derecha en una noche larga y solitaria!... Clar, soy malísimo ¿Y a Romeo no se le ocurrió firmar él su jodida carta de amor? ¿Y no se le pasó por la cabeza comprar una de esas tarjetas de San Valentín? ¿Qué clase de comercial no lleva un puto bolígrafo encima? ¿Y a qué clase de persona se le ocurre pedir esa clase de favor a un Vigilante a las 5 de la mañana? ¡Es que tengo cara de Cupido o qué! ¡Llevo un uniforme color caca y un enorme objeto faliforme de 50 centímetros  colgado de la cintura! De eso a unos pañales, un arco dorado y flechas con punta de corazón va un pequeño paso ¿No? ¡Una maldita diferencia! Y todavía se quejará… ¡Ya no se puede confiar en nadie…!

En fín, que feliz día de los enamorados. Echaos unas risas con lo que me ha mandado mi amiga Lau… Son varias páginas y no tienen desperdicio.