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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

DONDE NO HAY JERARQUÍA HAY VETERANÍA (I)

DONDE NO HAY JERARQUÍA HAY VETERANÍA (I)

Hay una cosa en el mundo militar (también en el policial... y por extensión tanto en el paramilitar como el parapolicial) llamado Espíritu de Cuerpo. No es más que una forma muy chula de denominar al corporativismo típico de tantas profesiones (nunca os metáis con un limpiador cerca de otro... ¡Harán piña!) y la razón por la que los soldaditos desfilan tan juntos, en formaciones cerradas, se dejan la piel por rescatar el cuerpo sin vida de un compañero u ocultan faltas al reglamento (y a veces cosas más graves) sólo por el tipo que está a su lado vistiendo el mismo uniforme.

Hace poco he dado una lección de Espíritu de Cuerpo a un chaval, un joven vigilante venido a más, que se ha pasado de listo después de haber hecho un par de turnos para mayores, esto es: Cualquier turno excepto el turno de día de los fines de semana. ¡Oh! ¡Miradme! ¡Ya podría ser el jefe de tooodo esto! parecía decir el jodío crío. Jodío Crío (acaba de nacer un mote cojonudo) me había hecho una grave afrenta... casi afrenta y media. Y como todos los inmaduros, fue incapaz de ver que era responsable de un daño antes de recibir el castigo. Os pongo en antecedentes.

Yo, Veterano

La primera vez que alguien me llamó eso de veterano fue Murci. Y la experiencia me ha enseñado que no hay que hacer caso de Murci. Ni siquiera cuando lleva razón (podía creérselo) El hecho es que desde el traslado de Rotenmeyer soy el cuarto vigilante con más experiencia. Lo cual no es decir mucho, pero sí dice más que los cuatro que vienen detrás de mí. Si alguien cree que eso me da derecho a tener un auxiliar-esclavo de grandes tetas a mi disposición está terriblemente equivocado. No hay suficientes para todos y se los llevan los que tienen más mili que yo. A lo que sí tengo derecho es a no aguantar que me diga cómo se hacen las cosas un bakala veinteañero con un cenicero por cabeza y más acné que sentido común. Jodío Crío es así, lo creáis o no. Una persona dulce y sensible atrapada e el cuerpo de un imbécil. Quizá algún día los Prosepsicólogos logren extraer a la persona normal que lleva dentro pero, probablemente, para entonces ya habrá cumplido los treinta.

La Afrenta

El devenir del destino ha provocado que nuestro glorioso jefe, Caracortada, se haya tomado unas vacaciones (lo cual es una forma de decir que se ha ido a trabajar en plan skeletor durante un par de meses a otros muchos lugares que no son Las Dos Torres). Esto ha dejado tres cosas: Un conflicto empresa-cliente de los que hacen temblar el suelo, un conflicto interno entre jefes intermedios, y más de cuatrocientas horas de vigilancia a cubrir entre los demás a lo largo de un par de meses. Sí, bueno, es en verano ¡Pero es un pedazo de marrón!

El caso es que, en el mes de julio, un servidor estaba haciendo un glorioso curso de verano en la Complutense que, a priori, me impedía trabajar entre semana. Y quedaba un día por cubrir. Todo apuntaba a que Jodío Crío podría hacer un turno de noche y mantener así la paz y la estabilidad en la Galaxia (a Anakin Skywalker le pedían muchísimo más) entonces yo podría terminar esa semana de curso y empezar a trabajar el viernes, sábado y domingo de noche.

Sin embargo, Jodío Crío guardaba un secreto inconfesable. ¡MIEDO A LA OSCURIDAD! Y no me refiero al reverso tenebroso de la fuerza. No sólo no quiso hacer ese turno de noche, sino que proponía que el siguiente fin de semana (que gracias al Dioni yo tenía en turno de día) cambiásemos para que trabajase yo de noche. Lo mejor fue su excusa: Tengo que ir a cenar con mi novia.

En tres años que llevo de segurata, Baby ha estado a punto de mandarme a la mierda en numerosas ocasiones por culpa de este estúpido trabajo absorbente. Llevo miles de cenas canceladas. Pero un parcial de cuarenta y ocho horas con miedo a la oscuridad no quería perderse los Gnoquis a la Gorgonzola de no sé cuál ristorante de la zona. ¡Y una mierda! ¡Este le tiene miedo al Vigilante sin cabeza! ¡O al Fantasma Cagón! ¡O a cualquier otro terrible monstruo imaginario surgido del sector de la seguridad privada!

Así que hice de tripas corazón. Llegado el fin de semana negro (porque lo que vi a lo largo de todo el fin de semana fue precisamente eso... el color negro de la semiinconsciencia) un fin de semana que empezaba el jueves, fui a clase mis cinco horas. Volví a casa, me fui a trabajar doce horas, salí por la mañana a las ocho, pasé una hora a lo Forrest Gump pero con bostezos en la facultad, tuve otras cinco horas de clase. Dos profesores llegaron a parar la clase para que saliese a tomarme un Red Bull. Después me fui a casa, dormí tres horas y me fui a trabajar otras doce.

Con un par.

Con un par de neuronas quiero decir...

Para más INRI, cuando acabé mi turno Jodío Crío había relevado a mi compañero. Llegaron unos obreros (los de la ñapa de Lampresa... seguro que el lector los recuerda) y, cuando le pedí por favor que los acompañase él, me plantó las llaves de la oficina delante y se sentó al otro lado del mostrador de recepción. Por eso digo que fue una afrenta y media.

 

Sólo los necios no tienen memoria

Hace apenas dos semanas, Jodío Crío se ganó una tercera calaverita junto a su nombre en mi lista negra. Estábamos juntos de noche (otra vez tuvo que tragarse este turno) Acabando el turno, le pedí que me recordase un detalle por si me olvidaba. Él aprovechó el momento para volver a pavonearse diciéndome lo que tenía que hacer para que no me cogiese le toro como si fuese un maldito novato. Sigo preguntándome qué parte de “Oye, recuérdame a las cinco que tengo que abrir estas dos puertas, no sea que se me olvide” no entendió. Sólo sé que le pregunté si había hecho muchos turnos de noche y me respondió “Unos cuantos”. En realidad los cuantos no llegan a diez... si algo me ha irritado de esto es que llevo tres años de turnos de noche y, en ese momento, me acordé de que por culpa del señor Unos cuantos, por culpa de ese jodío crío, yo había dormido tres horas en dos días hacía un mes escaso.

Fue ahí, señor psicólogo criminalista, donde nació la decisión de dar un correctivo a Jodío Crío. La historia que viene a continuación es una muestra de que, en tres años de segurata, me he convertido en un enano flaco, medio calvo y lleno de odio.

COMERCIALES Y SEGURIDAD

COMERCIALES Y SEGURIDAD

Origen de la Imagen


Estoy convencido de que hay una extraña conspiración contra mí: Oscuras fuerzas se conjuran para quitarme la razón. ¡En lo que sea! Podría limitarme a decir que las vacas no vuelan para que, acto seguido, apareciesen al menos diez expertos en ganado vacuno, amparados por sesudos estudios científicos de máximo rigor que asegurasen que existe, al menos, una especie de vaca que vuela. De manera natural. Sin ser catapultada por una banda de bárbaros.


Lo mismo ocurre cuando hablo de las dos máximas que más he repetido en los últimos dos años y medio: Nadie sabe nada del sector de la seguridad privada y los comerciales son seleccionados por su estupidez.


Puede que cualquier día nos encontremos, no sé, tomando unas cervezas (y no se preocupe por la cuenta... pagará Murci) yo le diga que el problema del sector de la seguridad privada es que crece demasiado rápido.


La demanda de seguridad se ha disparado desde 2000 debido a las altas cifras de criminalidad, y la presente tasa de desempleo (lo que significa más criminalidad y más seguratas) Al tratarse de un trabajo duro, y con una legislación buena, pero no aplicada, la preparación de los vigilantes de seguridad es cada día inferior, aunque esto no tiene gran impacto debido a que la carrera media de un operativo de seguridad se mide en meses. No obstante, se sigue demandando más y más seguridad, y no parece que el número de operativos habilitados crezca al mismo ritmo.


Además, un compañero de master, que había supervisado a los vigilantes jurados de un banco en el que trabajó, definió la seguridad privada como una subcultura. Un mundo extraño que pocos comprenden pese a su gran visibilidad. Otro, llegó a afirmar respaldado por textos de especialistas (este aprendió con los de las vacas) que dadas las presentes cifras de criminalidad e inseguridad subjetivas, España sería un estado fallido de no ser por la seguridad privada (¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡MUUUUUUU!)


Puede parecer que pierdo el hilo, pero no es así. Sigo manteniendo que nadie parece saber nada de seguridad privada. Por ejemplo, ayer estaba tomando unas cañas vespertinas con Murci en el bar de Miguel cuando entró una chica joven y atractiva preguntando por el cuarto de baño. Demasiado arreglada para ser una yonqui, demasiado atractiva para que Micky le obligase a consumir algo. En cuanto salió del excusado, se encontró como por casualidad con otra amiga y un tercer amigo justo dentro del bar. Blanco y en botella: La típica táctica de “Entrar al servicio y de paso vender algo”. Al fin y al cabo, también venía a hablar de comerciales ¿No?


Los tres amigos, que se habían encontrado casualmente se acercaron a la barra y le preguntaron a un Miguel que parece sabérselas todas, sobre su sistema de alarma. El les contestó un tajante: “Con Securitas Direct ¿Es que no ves que está conectada?” Sobra decir que los tres jóvenes comerciales salieron con las orejas gachas y el rabo entre las piernas.


Ya le vale a Miguel: El núcleo duro de su clientela son Proseguratas y él contrata con Securitas.


Y decía al principio que nadie parece tener puñetera idea de seguridad privada, y que a los comerciales se les selecciona por su estupidez.


¡MIGUEL LES HABÍA SEÑALADO EL CONTROL DEL AIRE ACONDICIONADO!

LUDOPATÍA Y SEGURIDAD PRIVADA

LUDOPATÍA Y SEGURIDAD PRIVADA

 


Entre todos los vicios achacables al gremio de la seguridad privada, me da en la nariz que las tragaperras ocupan un lugar destacado. Sé que es un topicazo, que la mayoría somos personas más o menos normales con un trabajo que no es de persona normal. Gente sensible atrapada en un mundo de malas bestias. Pero lo que en un principio parecía un caso aislado parece de lo más generalizado. El Máquina estuvo enganchado a estas máquinas infernales en su proceso de transición laboral hacia el mismo sector (he querido decir cuando se comió dos añitos de paro por inhabilitación) y era capaz de dejarse 100 pavos al día en una de esas cajas con lucecitas.

 

Cuando ganaba invitaba a todo el mundo a una ronda.

 

Cuando ganaba.

Indudablemente la culpa de tanta desgracia humana comienza por el que juega. Quizá luego siga por el dueño del bar que pone allí la máquina (si la desenchufa cuando ve entrar a un chino tenemos veredicto) Pero la oportunidad de negocio va más allá de lo imaginable cuando nos inmiscuimos los gloriosos miembros del sector de la seguridad. Recuerdo a un compañero, auxiliar a tiempo parcial para más señas, que llegó a crear una red de ludópatas para ganar pasta. No se dedicaba al negocio de las tragaperras, ni mucho menos, sino a la construcción (y me pregunto ahora cuál es el impacto de estas máquinas en los obreros del ladrillo) y un día nos llegó con una noticia gloriosa:

 

¡En la última media hora he ganado 300€!

El cacho cabrón había creado su red con los siguientes pasos:

- Buscó a cuatro ludópatas

- Les dio 100 euros a cada uno

- Les dijo que buscaran buenas máquinas (¡!)

- El acuerdo era, devolverle los 100, y el 50% del resto

Qué cabrón más listo ¿Recordáis el anuncio de Pon tu dinero a trabajar? Pues el colega Servimaximus lo hizo sin pasar por la Bolsa de Madrid. Fue directamente a la bolsa de los barecillos de la capital. Lo mejor es cómo hizo la selección de personal:

"Son muy buenos. Ninguno tiene ya familia, y uno de ellos perdió su negocio, su casa, su familia y su coche por culpa de las máquinas".

Dicho así, esta tragedia humana parece describir el perfil de un soldado del futuro en la película Terminator, pero no deja de llamarme la atención el principio de calidad del ludópata especializado en tragaperras:


"Cuanta más pasta ha perdido más sabe"

 

Trágico ¿Verdad? Pues hace poco revivimos esta experiencia por culpa de una máquina de vending (de esas con chocolatinas y snacks salados)

Me entró hambre a las tantasde la madriugada y, pese a que la nueva firma de vending y catering que sirve al edificio donde trabajo ha impuesto unos precios que compiten con el Opencor -y digo compiten porque tratan de zanjar quién es capaz de poner los precios más altos-, inserté una cantidad desproporcionada de monedas en esa Gargantúa expendedora de comida y cayó al cajón un Twix. Cuál sería mi sorpresa cuando el marcador de dinero insertado seguía marcando la misma cantidad. Como no podemos aceptar sobornos (dinero) le di otra vez... y otra... y otra... Un trabajador delgado es un trabajador sano. Un segurata delgado es una vergüenza para la profesión.

Entonces mis ojos se encendieron, un hilillo de baba cayó por la comisura de mis labios. Agarré la emisora y dije: “¡V2! ¿Tienes hambre?” Y ante la respuesta afirmativa de mi compañero le añadí: “Pues déjame monedas, que la máquina quiere”.

EL FANTASMA CAGÓN

EL FANTASMA CAGÓN

 

Hará cosa de un año, me tocó un plantón de 30 horas (no os asustéis... en tres días) custodiando un súper-prototipo. Así me lo vendieron. Luego resultó que tenía que vigilar un KIA Picanto último modelo. Una auténtica albóndiga con ruedas. En el transcurso de esos tres días, el jefe de edificio me contó que en aquel lugar aparecían fantasmas. Me contó historias de esas que deberían dar muchísimo canguelo, peor a las que me vi obligado a responder que uno de mis mayores deseos en esos momentos era ver un fantasma. Principalmente porque estoy hasta las pelotas de ver borrachos.

Hoy han aparecido. Ya están aquí.

La historia será comprensible si empiezo desde un poquito más allá. Cuando la gloriosa empresa decidió, por fin, quitar de en medio a La Innombrable (y no me refiero a la SGAE) la sustituyó por un señor pequeñito y religioso. Más o menos como la primera edición española del show Gran Hermano, en el que resultó que casi todas las concursantes habían ejercido alguna vez la prostitución y la productora decidió sustituir a la última de ellas por una ex-monja con varios hijos. Esto es lo mismo pero en el mundo de la seguridad privada.

Imaginad cómo es el tipo: La estúpida diferencia en seguridad privada entre una ronda y una patrulla es el número de integrantes. Un tipo, ronda; más de un tipo, patrulla. Él siempre va de patrulla, porque dice (sin coñas) que Jesús y sus ángeles le acompañan en todo momento.

El hombrecillo que sustituyó a ese Hitler con tetas, al que soporté durante casi un año, resultó ser cristiano evangélico (lo que a priori no tiene nada de malo) medio ecuatoriano (eso tampoco) y, a la larga, terriblemente cobarde. Pero no es el tema de esta entrada. Es el tema de ¡Guardias! ¿Guardias? Un señor pequeño y gracioso que no paraba de contar historias muy raras sobre muertes en acto de servicio, perturbados que logran la licencia de armas y gente que viene de paseo desde el más allá. Sencillamente pasé de trabajar de noche con una tarada a trabajar de noche con un tarado religioso.

Todo parecía normal hasta LA NOCHE.

Debía ser Halloween o el equivalente de otra cultura de distinto huso horario. O por lo menos debía haber luna llena. El caso es que el señor pequeñito vio cosas. Cosas que nunca imaginaríais. Perdió la linterna en mitad de una ronda y dijo encontrarla dos plantas más abajo. Se negó a pasar por zonas sin luz y supongo que a cada paso iluminado lanzaba sal al suelo y rezaba sus oraciones. Lo gracioso vino cuando pasó por la fantasmagórica Planta Cero.

Sólo el nombre acojona. Seguro que allí es donde murieron todos aquellos inocentes cuyos espectros vagan hoy por el lugar pidiendo venganza. Seguro que fue el lugar de una agónica muerte.

Seguro que mi pequeño compañero pensaba eso.

La clave del asunto es que, en la planta baja del edificio donde trabajo hay discotecas que abren hasta altas horas de la noche. Sé que parece raro, pero hace tiempo que dejé de hacerme preguntas. Los cuartos de baño de una de esa discoteca están pared con pared junto a un pasillo por el que tenemos que pasar durante nuestras rondas. Y ahí vino lo divertido. El señor pequeñito pasó al lado de los cuartos de baño de esa planta y oyó un ruido (todo esto después de la Operación Linterna narrada unos párrafos más arriba) Entró (dice) no vio a nadie, y volvió a oír como si tiraran de la cadena, activaran un secador de manos y dieran vueltas a un rollo de papel higiénico. El resto fue gritos de terror y aleteos gallináceos. Le vi volver a la recepción pálido. Sudoroso. Temblando. O como dicen en mi barrio: Con los huevos de corbata.

Según me dijo, su miedo no era ver un fantasma, sino que alguien se colase en el edificio y le hiciese daño.

Como somos unos cabrones, empezamos a contarle historias de gente que había muerto en ese edificio. Auxiliares atropellados, ingenieros a los que les dio un derrame cerebral mientras cagaban... como soy particularmente cabrón, abría todas las puertas de los WC que él cerraba previamente con llave para que se las encontrase fantasmagóricamente abiertas en su siguiente ronda. La siguiente noche que le vi, llevaba una ristra de ajos al cuello.

Esta historia del Fantasma Cagón ha recorrido el edificio planta por planta. Nada comparable al impacto marginal de la del Vigilante sin Cabeza (esa sólo recorrió las plantas del parking en busca de venganza... o de su cabeza) Conforma un clásico de las historias de seguratas, más allá de cualquier batallita sobre grandes peleas o desastres naturales que pillaron a alguien vestido de marrón de por medio.

Y luego dirán que es un trabajo aburrido.

EL PROCEDIMIENTO OPERATIVO DEL PROTOCOLO DE SEGURIDAD

EL PROCEDIMIENTO OPERATIVO DEL PROTOCOLO DE SEGURIDAD

 

Cuando se trabaja como vigilante de seguridad en edificios de oficinas hay dos objetivos fundamentales a cumplir en cada jornada laboral. Bueno, en realidad hay tres (siempre es importante que el edificio no arda y todo eso) pero en la rutina diaria, la clave fundamental para ser un feliz segurata se resume en:

 

a)      No aburrirse

b)      Que no te jodan el día

 

Creo haber desarrollado un procedimiento para que ambos objetivos se cumplan en una sola frase. Mil gracias a Scott Adams por inspirarme para crear este proceso a través de sus libros de Dilbert.

 

La clave es la comunicación interpersonal, la expresión oral... básicamente abrir la boca y emitir sonidos coherentes en un idioma parecido al que entiende el interlocutor. Para construir una única frase que nos permita reírnos y, al tiempo, conseguir que el interlocutor deje de jorobarnos (digamos un empleado sin autorización para acceder o un electricista o albañil de los que se ponen chulos) es utilizar cuatro palabras de impacto comunicacional, desde la perspectiva de que somos operativos de seguridad, uniformados, tomados por vagos sin remedio y todas las coñas sobre que somos policías frustrados; cuatro ideas fuerza que, sólo en apariencia, llenarán de contenido nuestra emisión sonora. Las cuatro palabras son:

 

PROCEDIMIENTO, PROTOCOLO, OPERATIVO y SEGURIDAD.

 

Pongo un ejemplo: Señora, nosotros nos limitamos a ejecutar un procedimiento operativo de nuestros protocolos de seguridad”.

 

Suena importante ¿No? En realidad estamos diciendo que “Sólo estamos haciendo nuestro puto trabajo, maruja de mierda” pero de una manera fría, eficiente y muy-muy empresarial. Lo he probado este fin de semana pasado, y puedo presumir de que ha sido todo un éxito. La primera cobaya era una chica que tenía que acceder a su oficina para finalizar y enviar un trabajo importantísimo para su empresa. Por alguna razón su empresa no había caído en que se trataba de un día festivo y, por ello, ella –dado su acceso restringido- necesitaba una autorización especial, por escrito y por adelantado. De nada le sirvió llamar a su jefe y pasarme el teléfono. Yo estaba dispuesto a ser un hijo de puta muy fino.

 

Se quedó congelada. Probablemente porque lo que le decía el segurata que tenía en frente le sonaba a los disclaimer que se adjuntan automáticamente a todos los correos electrónicos que se envían desde las cuentas de correo de su empresa.

 

Lo más divertido es que trabajo en una instalación donde la operativa (las órdenes y procedimientos de actuación para el personal de seguridad) es... digamos... consuetudinaria. Vamos que está basada en la costumbre. Es decir, que mis jefes son tan vagos que han sido incapaces de poner por escrito nuestras funciones. Por lo tanto, estaría aplicando los procedimientos operativos inexistentes de unos protocolos de seguridad ficticios.

 

Eso sí (espero) Ella nunca lo sabrá.

 

La segunda prueba fue con un grupo de electricistas con la cara muy dura. Querían que desconectásemos el aire acondicionado del edificio para no sé qué empates de no sé cuanto, y evitar así el retorno. No hablo la lengua electricista, pero me di cuenta en seguida de que ese cabrón con FP estaba utilizando conmigo mi técnica pendiente de patente. Además, me informó un operario de mantenimiento, cortar el aire fresquito supondría algo más que calor. Tendríamos que entrar una por una a todas las oficinas para reconectar los sistemas de refrigeración de los servidores. Un curro tremendo. Sobretodo por tener que localizar al contacto de cada empresa para pedirle permiso para entrar por una obra que ellos no habían encargado.

 

Este caso era más difícil. Sobretodo porque cuando solté que “Tengo que cumplir con los procedimientos operativos que se desprenden de mi protocolo de seguridad” esa panda de Johnny Chispas no sabían de qué coño hablaba. Casi tanto como cuando ellos me hablaban de retornos y empalmes. Este diálogo de besugos casi acaba en empate hasta que el Johnny Chispas principal decidió ponerse chulo:

 

-         Pueeee... Ví a tené que hablá con er señó de Lampresa, poque va ha habé que alargá la obra.

 

Nunca os pongáis chulos con un segurata. Nos pagan por ser aun más chulos.

 

Le respondí a mr. Chispas que, si era necesario, le explicaría al señor (nombre omitido) responsable de subcontratas de “Lampresa”, cuál era el problema. Que “Lampresa” es muy importante para nosotros. Pero que lo es tanto como “el resto de lampresas presentes en este edificio”. Y que si hacía falta, se lo explicaría también al señor (nombre aun más importante también omitido) que resultaba ser el jefe del señor (nombre omitido).

Esa es la ventaja del segurata veterano frente al electricista subcontratado: El segurata veterano tiene una lista de empleados de cada “lampresa” y puede aprenderse los nombres (omitidos) de los jefazos de dichas “lampresas” para situaciones de emergencia como ésta.

 

- Esto ha sido un homenaje a los e-mails que Scott Adams incluye en sus libros de Dilbert. Correos que recibe de empleados que cuentan sus vivencias en el estúpido mundo de las corporaciones.-

 

Cuando los electricistas acabaron de digerir lo que les había dicho (y digerir no significa entender) empezaron a cagarse en lo más sagrado de la civilización occidental, en particular, y del sector de la seguridad privada, en particular, ante lo que me ví obligado a activar EL PLAN OMEGA.

 

El PLAN OMEGA (también conocido como Plan Patxi fuera de la Comunidad Autónoma Vasca) consiste en aprovechar todos los tópicos que estos electricistas (y también vale para los trabajadores de cuello blanco) pudieran  haber visto (o percibido de manera subliminal) en los informativos de televisión que ponen después de Los Simpson. Digo lo de subliminal porque, supongo, los perciben después de una copiosa comida casera (de esas que ya quisiera catar yo a diario) entre el chupito de orujo de hierbas y la siesta.

 

(Sí. Les tengo envidia)

 

Para ejecutar el PLAN OMEGA, por ejemplo cuando una cuadrilla como la descrita se está cagando en todo, hay que apoyarse en el mostrador, mirar hacia abajo con aire cansado (mejor cansado y perdiendo la paciencia) y decir, ni muy alto ni demasiado bajo:

 

-         Joder, esto en Euskadi no pasa.

 

Funcionó. Lo juro. Esa cuadrilla de electricistas subió a trabajar (con el aire puesto) antes de que mi ficticio estrés de combate hiciese volver a mi memoria las imágenes de lucha en los arrozales de Eibar (¿?).

 

Espero que mi loado lector sepa disculpar los topicazos (que tenemos que utilizar demasiadas veces) y esta entrada del tipo “Qué grande soy”.

LA HABITACIÓN DE LAS MUÑECAS

LA HABITACIÓN DE LAS MUÑECAS

Tiene un enorme impacto decir que el trabajo operativo en seguridad privada a veces exige mirar hacia el otro lado. No por la cosa moral, hace años que no juramos ningún cargo, no traicionamos ningún juramento y, por ello, no tememos ir al infierno por hacer la vista gorda. A la cárcel quizá, pero ¿Al infierno? ¡Naaah!

 

Pero sí que deja al ciudadano medio pasmado lo de decir que, día sí, día también, miramos hacia otro lado con los desmanes de los clientes de las empresas que nos contratan. Al respecto, ahora podría dejar pasmado al lector con eso de “he visto cosas que nunca imaginarías”, los seguratas desarrollamos una especie de cinismo que nos permite sobrevivir, cobrar nuestra nómina, y pensar que llevamos una vida normal pese a ser personas sensibles inmersas en un mundo de malas bestias.

 

Del cinismo a la corrupción sólo hay un paso. Recuerdo una anécdota: Una auxiliar se presentó borracha a una operativa. Tuvimos que cerrar todo un edificio para sustituirla por un vigilante, avisar a Operaciones para que trajesen a otro auxiliar, darle café con sal para que se le pasase el pedo venía mente de un afterhours? El caso es que, después de ser relevados, los vigilantes de turno (el compañero tuvo que ejercer funciones de auxiliar... y no quiero volver a incidir en el artículo 12.2) tuvimos que quedarnos un par de horas más para, después del súper-interrogatorio al que un inspector y nuestro coordinador sometieron a esa auxiliar (un bombón de tía a lo tonto... y encima borracha) saber qué le poníamos al señor cliente en el informe. Ya podéis imaginar el resto: El señor cliente no tiene por qué enterarse de esto. Lo mejor fue la frase del señor inspector: Es imposible demostrar que esta chica (que se tambalea al caminar, se le traba la lengua y huele a alcohol) haya bebido. Luego, te pillan con un DVD portátil o con un ordenador y te aplican el tercer grado.

 

 

Otro caso gracioso se dio en un servicio de parking, en el que hubo que dejar salir sin pagar a unos clientes que se percataron de que el ticket que habían pagado en efectivo a un auxiliar en la puerta del aparcamiento tenía mal la fecha. Se trataba de boletos reciclados... y poco después el jefe de equipo me decía en confianza de que la recaudación se ingresaba de manera diferente (y generalmente el personal del cliente no ingresaba la misma cantidad que se recaudaba en la operativa). Dinero negro. Negro como el sobaco de un grillo. La experiencia condiciona nuestra actitud, así que permitiré al astuto lector adivinar cuál fue mi reacción de fiel garante de la ley y auxiliar de las fuerzas de seguridad tras año y medio trabajando con este cliente:

 

a) ¡Eso es intolerable! ¡Tenemos el deber legal y moral de poner esta irregularidad en conocimiento de las autoridades!

b) Hmmm... ¿Y a cuánto dices que tocamos por barba? (y que viva Méjico cabrones)

 

 

Puede que esa sea la razón por la que nunca llegaré a ser jefe de equipo. Los corruptos necesitan gente moralista y recta como jefes intermedios para que sus oscuros negocios no se les vayan de las manos. Marco Antonio necesitaba a Lucio Voreno en la serie Roma. Y yo nunca me he cortado al decir que sería un jefe tiránico y corrupto. Entre un comisario del norte de Méjico y el calvo gordo, velludo y sudoroso que toca los tambores en las galeras para que los condenados remen al mismo ritmo.

 

 

Somos muy duros con nuestro personal, pero cuando se trata del cliente... cuando se trata del cliente somos putas dispuestas a todo.

 

A lo que voy, eso sí... dando tumbos, haciendo “eses” y borrando mi rastro con la cola, es que me llama mucho la atención que un cliente que exige que en cada ronda pasemos por las oficinas no ocupadas, y por las que están en obras, por miedo a ser el siguiente Windsor, no quiera que, en las plantas de aparcamiento que tiene la instalación, pasemos por todas las habitaciones. ¡Pobrecitos! ¡No queremos cansaros! Nos dicen los mismos que, luego, nos ponen a contar inodoros. La verdad, seguro que es más tremenda.

 

Probablemente, un día me pique la curiosidad, abra una puerta prohibida y me encuentre con un montón de chinos en calzoncillos que fabrican calzado deportivo pirata en un entorno insanamente húmedo y caluroso. O a unos científicos americanos diseccionando el cadáver de un alienígena... o todo un bosque de plantas de marihuana regadas por aspersión e iluminadas por lámparas especiales. O un montón de moros barbudos y con turbante, armados con Kalashnikovs que me coserán a tiros antes de que pueda decir eso de ¿Eres tú Osama?

 

 

La coña, hablando con un compañero a otra noche, llevó a algo incluso más retorcido. Ya nos habíamos conjurado para atizar el miedo de uno de los nuevos, extremadamente religioso y supersticioso, contándole historias ficticias de trabajadores y personal de seguridad que habían perdido la vida en nuestra gloriosa instalación. Algunos temen ver fantasmas. Yo los prefiero a los borrachos. Cuando le pregunté si sería posible cultivar marihuana a gran escala en esos sótanos se partió de risa y me preguntó si estaba pensando en sacarme un sobresueldo. Lo de los chinos también le hizo gracia. Pero todo eso le llevó a hablarme de la habitación de las muñecas. Y esta sí que es buena:

 

Chico ¿No has oído hablar de la habitación de las muñecas?

 

 

Una historia tremenda. Resulta que en la misteriosa planta cero de uno de los edificios de la instalación, hay una puerta condenada. Se nota que había una puerta en esa pared por la diferencia de tonalidades entre los materiales que ocupan el lugar que en su día fue la puerta y los del resto de la pared. Un poquito más claros que el resto. Nada para Sherlock Holmes.

 

¿Cuánto llevas aquí chico? ¿Nunca llegaste a entrar en la habitación de las muñecas?

 

 

Al parecer, este compañero entró una vez, antes de que se clausurase el acceso, pero cuando el local ya estaba desalojado. La típica imagen fantasmagórica de un espacio que antes estuvo ocupado con una actividad comercial y que ahora sólo contiene polvo, mobiliario abandonado y recuerdos. El caso es que el compañero vio, por casualidad, y sin que le ordenasen entrar durante su ronda –pero sin que se lo prohibiesen de manera taxativa- que las paredes estaban cubiertas con papel rojo, que las luces estaban atenuadas, y que, pese a lo pequeño del local, éste comunicaba la siniestra sensación de haber estado dedicado a algo inmoral. Como las habitaciones llenas de pálidas muñecas que siempre nos encontramos en las grandes casonas victorianas.

 

No sé que demonios hacían allí, pero me dio una impresión muy chunga.

 

 

Sí, bueno, el jefe nos dijo que había una bodeguilla muy pequeña en ese local, un barecillo donde los jefes que querían fingir tener estilo iban a tomarse unos vinos. Demasiado aburrido para que cuele como historia verídica en la corrupta y tiránica mente del segurata del siglo XXI. ¿Cómo coño iban estos tíos a permitir algo legal en un local tan pequeño? Lo de la habitación de las muñecas, nombre atribuido a una compañera con más imaginación que mala leche, venía como agua de mayo para quienes siempre pensamos lo peor: Un edificio de oficinas que quiere diferenciarse del resto, se trata de lograr que un empresario pague 10.000 en lugar de 6.000 al mes por una oficina del mismo tamaño, tiene que ofrecer de todo a sus potenciales clientes para que éstos se traguen el anzuelo comercial. Club de pádel, discotecas, restaurantes, y pubs irlandeses en la planta baja y alrededores, parking privado y público con servicio de limpieza de coches, seguridad (mucha seguridad pero flexible cuando hace falta) salas de reuniones con servicio de catering... es evidente qué actividad le atribuimos a este local vacío.

 

Sí señor, lo que pida el señor... ¡Siempre a la disposición del señor!

 

¿Qué más se puede ofrecer a un cliente para que pague casi el doble de lo normal por lo mismo? ¡Pues un puti! ¡La habitación de las muñecas tenía que ser un puti a la fuerza! ¡Había demasiada decoración para que fuese un estudio donde se rodaban películas snuff con inmigrantes de origen filipino secuestradas en otras ciudades! La habitación de las muñecas, por narices, tenía que complementar la amplia oferta para directivos de empresas, que ya formaban la cerveza Guinnes, las pistas de pádel, los pastelitos y café de gourmet, y las delicatessen ingeridas en lugar de donuts durante las reuniones de 600 pavos a la hora en salas acondicionadas. ¡Como un casino de Las Vegas pero sin ludópatas dejándose la pasta en tragaperras con lucecitas de colores!

 

 

¡Somos el doble de caros que la competencia!

¡Pero aquí puede usted emborracharse y echar un polvete después de subyugar a sus empleados!

¡Y todo en pleno centro de Madrid!

¡Bien comunicado!

 

 

Puede que sea sólo cosa de nuestra corrupta imaginación. Eso o que nos escama mucho que un cliente sea especialmente tiránico con el personal de seguridad y, luego, tenga una manga especialmente ancha con el resto de personal de servicios, léase limpieza, mantenimiento, recepción... Eso y que una empresa capaz de externalizarlo todo, insista en mantener el control de la conserjería y el parking. Algo huele a podrido en estos edificios de oficinas.

(Y por una vez no soy yo)

PERLAS DE INSPECTOR

PERLAS DE INSPECTOR

 

Cuando oí hablar de este blog creí que iba de coña. Cuando lo leí, casi me convencí de que, efectivamente, esto era la madre de todas las malas bromas. O eso o al mayor gilipollas de todo el sector de la seguridad privada le había dado por publicar un blog. Una bitácora que contendría sus más íntimos pensamientos sobre el sector (básicamente una obsesión) Más que un blog de inspectores de seguridad privada, debería llamarse “El blog de los accionistas de empresas de seguridad privada”. Si no, ojo a la perla número uno:

 

"Seamos profesionales y demostremos a la sociedad que podemos extender la profesion,

propongo una especie de huelga a la japonesa, con las mismas horas de trabajo y ganando

lo mismo ( congelación -1%) que se consolide la seguridad porque al ser mas barata podran  requerirla mas ciudadanos ya habra mas trabajo para todos y mas seguridad en España."

 

Sí. Le estoy señalando las faltas de ortografía a esta lumbrera. Todo empezó como un juego en mi servicio habitual, cuando me dio por corregir las faltas que cometía mijefe... aunque él me se limitó a agradecérmelo, con lo cual la cosa perdió su gracia.

 

 

"La formación es crucial, soy partidario de que los vigilantes se formen y reciclen a tope.

Pero esa formacion debe ir fuera de horas de trabajo para que la empresa pueda construir

puestos de trabajo gracias a el fortalecimiento economico de las empresas de seguridad que seran mas competitivas y baratas y podran dar seguridad barata a todos los ciudadanos.

No todo es el dinero, tambien esta la vocacion de servicio publico que es mas grande y

importante que la mismisima busqueda de dinero fácil."

 

Uno. El “breaking-dance”: ¿Por qué coño iba alguien que trabaja más de doscientas horas al mes en turnos de doce horas a sacrificar el tiempo que puede dedicar a su familia o amigos en hacer cursos de reciclaje de la empresa si no le pagan esas horas?

 

Dos. El “crusaíto”: Teniendo en cuenta que el precio al que la empresa cobra cada hora de vigilancia llega a ser el doble de lo que se lleva el vigilante, ¿Es tan importante que no nos paguen las horas que dedicamos cada año a la formación?

 

 

"Un inspector es y debe ser para los vigilantes como un padre y al mismo tiempo como el maestro que enseña a los niños como deben comportarse.

 Se trata de un sector dificil, muchos vigilantes provienen de hogares problematicos y

 marginales, de hogares desestructurados, van dando tumbos, a veces algunos se meten en

lios con drogas y alcohol.

Los inspectores de seguridad cogen a esta gentuzilla y las convierten en hombres de provecho."

"Los vigilantes tienen tendencia natural a la pereza, a leer libvros y revistas, yo en mis

 servicios no les dejo, tampoco me gusta quye se sienten en sillas salvo que sea un control

 de accesos en garita, y aun asi que se sienten poco ppues da mala imagen."

 

¿Por dónde empiezo? Por decir que hay inspectores que resultan maravillosas personas. Generalmente porque hay que ser vigilante antes de promocionar a inspector.  También los hay gilipollas. Muy gilipollas. Suelen serlo cuando acompañan a un inspector en prácticas (que generalmente no sabe dónde meterse) Pero, para empezar, señor inspector, usted no es mi padre. Mi señor padre tenía sus virtudes y sus defectos, y usted, por lo que leo en su blog, está a años luz de él.

 

Ah, gentucilla es la que se cree superior a los demás sólo por tener un cargo intermedio.

 

Tampoco creo que pueda ser maestro en nada salvo, quizá, maestro de la estupidez.  Y me ha encantado ese comentario en el que le deseaban un encuentro con uno de esos vigilantes que provienen de hogares problemáticos y desestructurados.  De los que tienen líos con el alcohol y las drogas. Yo también le deseo que ese vigilante le parta la cara.

 

Y en cuanto a la prohibición de leer. ¿De qué tiene miedo? ¿De que el vigilante se vuelva inteligente y le mande a tomar por el saco?

 

"El negativismo, la queja continua, el insulto fácil y una obsesión enfermiza por el dinero,

 dinero y dinero, hacen del sector a veces algo que muchos critican y ven como un nido de mercenarios."

 "El dinero no debe ser el eje de las pretensiones de los vigilantes, debe de tratarse de

potenciar el trabajo bien hecho, las ganas de hacer mejor las cosas, de formarse, de

prepararse de tratar de dar un servicio de mayor calidad, no todo en esta vida es dinero y protestar.

Yo cuando veo a vigilantes que se quejan y critican trato de verles lo euivocada de su actitud, no haciendome valer de mi categoria profesional superior sino enseñandoles que el trabajo bien hecho es la mejor de las recompensas."

 

Creo que, por fin, acabo de conocer a la primera persona que trabaja por cuenta ajena y no lo hace por dinero. ¿Mercenarios? Seguro. Y a mucha honra. Si no hubiese dinero no haríamos lo que hacemos. Si no me cree, trabaje usted gratis. Seguro que le encantará enfrentarse al pago de su hipoteca o su alquiler. Al coste de la vida y a los gastos que genera la familia. ¡Vivirá debajo de un puente! Pero... ¿Y la satisfacción del deber cumplido qué?

 

"Si a alguien alguna vez se le despierta o se le llama para cubrir un servicio, no quiero malas caras o excusas, solo que me digan "voy ahora mismo" porque si ellos cumplen la empresa cumplira con ellos. Solo desde el mutuo respeto el vigilante y sus aliados los jefes de servicios y inspectores podran llevar a buen puerto la empresa de seguridad que es la que les alimenta y les paga el jornal."

 

Esta parte me encanta. Y se la dedico a todas y todos los que hemos sido despertados al par de horas de volver de un servicio de doce o más horas, a todos a los que les han molestado en su día libre. A todos nosotros (porque tarde o temprano nos pasa a todos) un truco: Que el teléfono lo coja vuestra pareja, no vosotros. Vuestra madre, vuestro padre. Que lo coja otro para evitar represalias del bastardo que suele hacer esto a personas que sacrifican su salud con turnos de doce horas por un sueldo de risa. Que lo cojan otros ¡Y que les insulten! ¡Señor familiar de vigilante de seguridad! ¡Cáguese en la puta madre de quien está al otro lado de la línea telefónica y no cuelgue entes de decirle “que sea la última vez que llama usted a estas horas”! Os lo aseguro. Funciona. Y si persisten, se cansarán ellos antes que nosotros.

 

"Los inspectores somos como los escultores o los alfareros que tomando un barro tosco lo convertímos en fina porcelana.

Muchos que venían de paso, pensando en dinero fácil se han sentido atraídos por una profesión que "engancha" un trabajo serio y responsable, por tener en sus manos el patrimonio de cientos de millones, maquinarias, vehículos o incluso si se es escolta la responsabilidad sobre la vida de politicos, empresarios, personalidades."

 "Este es un trabajo de hombre y para dar ejemplo y enseñar hacen falta superhombres; los inspectores que somos ( perdonen mi poca modestia pero he de ser franco) la primera línea de la seguridad privada o el control de calidad, un elelmento imprescindible en las empresas y el verdadero baluarte de los principios de la seguridad privada.

 Al servicio de los clientes, los vigilantes y los empresarios, al servicio de toda la sociedad."

 

Para una vez que el señor inspector pone una tilde y la pone mal. Con un par. Ha pasado de ser una comadreja sólo ve lo que hacen sus compañeros (sí he dicho compañeros... no subordinados) a encarnar al Coronel Trumant. ¿Haría el favor mi Coronel de contar los inodoros por mí? ¡A esto lo llamo yo seguridad!

 

"Si hay un trabajo en la empresa de seguridad que es IMPRESCINDIBLE y que es arduo y duro ese es el de INSPECTOR.

El inspector es aquel que debe bregar con los vigilantes díscolos, incosntantes y que no estan a la altura a fin de aconsejarles y de llevarles por el buen camino profesional, en raras ocasiones deben expedientarles y sancionarles, algo que duele sobremanera a los inspectores pero que muchas veces es necesario y ante lo cual no debe temblar el brazo."

 

Totalmente de acuerdo. Los inspectores hacen kilómetros y kilómetros cada noche visitando distintos servicios. Conociendo a decenas de vigilantes. Salvando a la empresa de sus propios errores. Sólo que, por alguna razón, la mayoría no se convierten en gilipollas, como le ha pasado al autor de esa bitácora. Si ve alguna vez a un vigilante díscolo, inconstante y que no está a la altura, cumpla con su deber: Póngase el uniforme y sustitúyalo hasta que otro inspector lleve a un nuevo vigilante a ese servicio. Seguro que entonces tampoco le tiembla el brazo.

 

"Un inspector es un amigo y un colaborador, el vigilante debe consultarles e informarles de todo aquello que puede mejorar el servicio o corregir las deficiencias para que la empresa se supere y gane cuota de mercado.

 Un inspector deberá estar siempre disponible y vivir la seguridad privada como algo muy suyo, como su alimento."

 "... el inspector es el paso intermedio recomendable para seguri escalando en la empresa y creando riqueza y bienestar para todos, es un trabajo maravilloso y apasdionante pero lleno de baches y de problemas, es un trabajo para personas inquietas y trabajadoras, que debe contar con el apoyo de la base ( los vigilantes) que son los grandes beneficiados cuando tienen ante si a un inspector al que debn respetar y venerar por ser su amigo y aliado."

 

Un vigilante de seguridad debe consultar e informar a un inspector sobre un servicio del que éste no tiene ni idea (y en el caso de las sustituciones el vigilante tampoco suele conocer el servicio al dedillo) ¿Sería el señor inspector tan amable de colocar la prensa del día por mí? Ya sabe, lo del famoso artículo 12.2 de la Ley de Seguridad Privada... Sí el que dice que yo no debo hacer eso. Ya puestos, acompáñeme en la ronda y apunte usted las incidencias para el personal de mantenimiento. Todo eso de las bombillas fundidas y los inodoros atascados. Sólo así podremos seguir creando riqueza y bienestar para los propietarios de la empresa. Principalmente porque usted yo seguiremos cobrando más o menos lo mismo.

 

Seguiría, pero hoy me juré que no me iría a la cama cabreado. Ya sabéis... estoy de vacaciones.

¡Y NO SE LE OCURRA LLAMARME!

 

SEGURATA GOLDEN BOY

SEGURATA GOLDEN BOY

Después de ilustrar la anterior entrada, he decidido que estoy muy orgulloso de esta imagen manipulada.

 

Y que después de prestar servicio en Las Dos Torres necesitaré varios años de terapia.