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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

OPERACIÓN LETRINA

OPERACIÓN LETRINA

 

La seguridad privada no es un trabajo, es una aventura. Algo así debe decir el anuncio de “busco pringados que trabajen para nosotros” que tiene puesto mi maravillosa compañía. ¡Únete al número uno en seguridad! (en realidad son el número tres del mundo... pero eso vende menos que decir que son el número uno) ¡Vivirás experiencias que nunca imaginarías!

 

Sólo recordaros una de las quejas de un compañero:

¡Vengo de la residencia de un diplomático y ahora, al hacer la ronda, tengo que fichar en los cuartos de baño! ¡Toda la puta noche oliendo mierda... ¡Qué somos! ¿La Brigada del water?”

Cuando creas que tu humillación ya ha llegado al límite, abre los ojos: El señor cliente siempre puede inventarse algo nuevo.

OPERACIÓN LETRINA

 

No hace mucho el personal de la empresa propietaria de Las Dos Torres decidió hacer un inventario de tooooodo el material contenido en las zonas comunes. No sé si ésta será una función de conserjería o de mantenimiento. Sólo sé que lo tuvo que hacer seguridad. Tras diez años en el sector, Cara Cortada se encargó de contar las puertas y clasificarlas por tipo, función (supongo que abrirse y cerrarse) y material del que estaban hechas.

¿Sabéis qué nos tocó a los del turno de noche? ¡INVENTARIAR EL MATERIAL DE LOS CUARTOS DE BAÑO!

Sí, amigas y amigos, como buen operativo de seguridad no tuve otra que contar cuántos urinarios e inodoros había (meódromos y cagaderos a partir de la cuarta planta), cuántas escobillas y espejos, cuántos lavabos, bidés, dispensadores de gel y de toallitas. Cuántos contenedores azules para utensilios de higiene íntima femenina (a partir de la sexta planta pasaron a ser llamados "cubos azules para putas compresas). Cuántas papeleras, cuántos soportes para rollos de papel higiénico...

Y luego un instructor me dice que no cree en la seguridad privada.

¡Joder! ¡Ni en la pública!

Ojo a lo que dice la Ley de Seguridad Privada (Ley 23/1992, de 30 de julio, de Seguridad Privada) Es para morirse de risa:


1. Los vigilantes, dentro de la entidad o empresa donde presten sus servicios, se dedicarán exclusivamente a la función de seguridad propia de su cargo, no pudiendo simultanear la misma con otras misiones (artículo 12.2 de la LSP).

Me pregunto para qué coño utilizan el papel en el que escribieron esta gloriosa ley.

 

A todo esto, ni la empresa, ni los jefes de equipo ni los sindicatos han movido un dedo. Eso sí, cuando un inspector me pilló con el ordenador portátil porque estaba escribiendo mi tesina, quiso meterme un parte disciplinario (de estos de 300 euros de sueldo y cien latigazos)

Así que acabé como el protagonista de Golden Boy, rindiendo culto a la taza de WC donde miles de esforzados trabajadores dejan a diario sus deposiciones.

Y lo llaman seguridad

 

Lo mejor vino cuando me fui a quejar a la señora jefa del edificio. Me dijo (por señas) que era cosa de su jefe, el Señor Caradeperrez) y que si no lo hacíamos nosotros le iba a tocar a ella. Ante esto, preguntándome para qué coño me han enseñado a disparar, y con Caradeperrez saliendo de su despacho alertado por mi pregunta sólo pude contestar:

¡Disfruté con ello! ¡Los inodoros son mi vida! ¡La piedra angular de nuestra civilización!

¡Ochenta y siete! ¡Ochenta y siete inodoros sólo en este edificio y Ochenta y dos en el otro!

¡JAJAJAJAJAJA! ¡QUE FELIZ SOY TRABAJANDO AQUÍ!

Ya lo dice el slogan publicitario: La Seguridad Inteligente

EL GÉNERO SINDICAL-EPISTOLAR

EL GÉNERO SINDICAL-EPISTOLAR

Las cartas que recibe un afiliado de su sindicato deberían estar reconocidas como un género literario a parte. Me imagino como un montón de adolescentes inseguros, salidorros y llenos de granos (como yo lo fui) estudian en su aula de instituto el género sindical-epistolar, mientras planean botellones a gran escala (como yo hice cuando estaba en edad de merecer) Una profesora desmotivada, mal pagada y siempre al borde de la depresión, explicaría la estructura de una carta clásica:

Tras un encabezamiento con el nombre del sindicato y sin ninguna identificación clara, se procede a saludar al afiliado recordándole lo duro que sería vivir sin estar afiliado, comparándolo con ser un esclavo en las minas de coltan del norte del Congo, debido a la maldad y vagancia innatas de cualquier forma de vida basada en el carbono que estuviese empleada por la empresa en labores administrativas o directivas...

El género epistolar-sindical, hace especial hincapié en dos puntos:

  • 1) El resto de sindicatos son una banda de mercenarios vendidos al sistema. Se dirige a ellos con toda una suerte de originalísimos motes al mejor estilo de Jiménez Losantos.

¡Y otra vez la jodía OGT! ¿Qué han hecho ellos sino firmar todo lo que la empresa les ponía sobre la mesa? ¡Sin leerlo! ¡Vendidos! ¡Que son unos vendidos! ¿Y las Comisiones Perreras? ¡A esos los llamamos los ¡Yonohesido"! Yo no he hecho esto, yo no he firmado aquello, yo no he sido...

(ojo al agudo juego de palabras: OGT = Ojeté)

  • 2) Sólo el sindicato representado por el firmante de la carta es portador de la Palabra (la de Dios claro) y la Verdad Suprema (sólo que esta vez sin ántrax ni gas sarín) A ser posible, con gloriosas citas bíblicas...

Nosotros somos el grano en el culo de la patronal. Somos una idea que va de boca en boca. Somos GOLIAT CONTRA DAVID...

(Esto último es real. Un sindicato llegó a meter esta gloriosa frase en una carta de propaganda electoral el año pasado)

El enseñante, haría especial hincapié en el estilo que utilizan los autores de estas cartas al dirigirse al lector. Un estilo en primera persona, como de discurso de agitación... de putsch de cervecería. Un clásico que, con sus particulares licencias ortográficas, los conocedores del género sindical-epistolar denominarían hacer el bávaro:

¡Decirme quién más hace esto por nosotros! Yo doy seguridad a los medios de transporte, a los medios de comunicación, a los lugares de trabajo y de ocio... ¿Por qué me lo pagan llamándome segurata?

(100% textual ¡Lo juro!)

Cuando vendí mi alma al diablo uniéndome a un sindicato amarillo (y yo sabía que era amarillo... por eso pedía algo a cambio) creí que la cosa cambiaría... que gente que trata de parecer seria utilizaría fórmulas de comunicación internas más sofisticadas o, cuando menos, más adecuadas a su condición e imagen corporativa...

Hëil, camarrrada. Nuestrrro glorrrioso sindicato, siemprrre pensando en lo mejorrr parrra nuestrrra glorrriosa emprrresa, que es quien mejorrrr puede cuidarrr de tu bienestarrr, necesita tu ayuda en las prrroximas elecciones sindicales. Porrr eso esperrramos que vayas voluntarrriamente a votarrr al gimnasio de la emprrresa el prrróximo miércoles, y no nos obligues a irrrte a buscarrr a tu, esperrramos, gerrrmánica casa.

Te enviamos nuestrrro más calurrroso saludo con el brrrazo estirrrado.

¡Hëil Gütt!

Sin embargo, el camuflaje de este sindicato ha resultado ser tan logrado que parece que sus misivas a los afiliados las escriba el propio Ivá. Logran, y de sobra, parecerse a un sindicato normal en sus cartas. Mi eterna compañera de viaje se llama decepción:

¡Cómo coñio satreven a firmá sa'mieeeelda de convenio colectiu! ¡Cagon San Peo Bendito! ¡Cagon tó! Menúa panda de vendíos!

SUMA Y SIGUE

SUMA Y SIGUE La lista de caídos aumenta, y ni en un millón de años me habría imaginado que iba a ser ella. Creo que ha sido algo relacionado con la reducción de jornada para la conciliación de la vida profesional con la familiar, pero el hecho es que se ha cumplido el estilo Chicho a la perfección: Vigilante que avisa de su salida, vigilante que llega a trabajar y se encuentra a su sustituto de servicio. De un día para otro. Nuestro querido coordinador resulta muy eficiente cuando quiere, aunque sobreentiendo que sólo cuando quiere putear a alguien.

Ella venía de hacer prácticas en otro servicio. Todo muy leal. Incluso avisó con antelación... Incluso a mí me ha parecido mal que la hayan sacado de esta manera. Ahora que me volvía a tocar trabajar con ella, y le va tocar aguantarla al pobre Gurú, en el retén. 

No me extenderé demasiado en hablar sobre este personaje, dado que ya lo he hecho varias veces a lo largo de este último año y pico. Sólo desearle suerte en su próximo destino. Si es que le dan un destino.

SKELETORS: DEFENSA PERSONAL (II)

SKELETORS: DEFENSA PERSONAL (II)  

Si lo del punky fue un despropósito, lo del día siguiente fue mejor aun. Dispuesto a resarcirme y a pasarlo bien (HD... te veo venir) preferí, en esta ocasión, elegir un compañero de mi tamaño... de mi peso... y de los que dicen tener cincuenta años, aunque probablemente hizo la mili con lanza.

"Golpeando a un abuelo"

El Güelo (Cangrejo se hacía llamar) es un gallego afincado por razones de trabajo en Mallorca que, por alguna razón, ha preferido seguratear a dar de comer a las palomas en un parque. Mil perdones si me paso (de hecho nunca vi a un bizco disparar tan bien) pero lo de este veterano de la Guerra de Cuba sí que fue una experiencia inolvidable. Para empezar, lo de llevar kilo y medio de acero colgando de la cintura cuando se hace ejercicio es todo un reto. Sobretodo si caes con el costado equivocado. Pero tener que correr cargando a un señor cuyas cañerías debían ser de plomo sobre la chepa (nunca creí que un tipo tan pequeño pesase tanto... debe ser por fumar Ducados Negro) Encima, cuando por falta de pareja se nos une un tercer compañero ciclópeamente grande (apodado este como Papi... supongo que por sus más de cien kilos) y hay que cargar con él, no puedo más que escuchar cómo cruje mi espalda al ritmo de el triunfo de la voluntad.

El Güelo había practicado Judo (y supongo que lo practicó con Jigoro Kano) y cada dos por tres estaba intentando tirar a la gente al suelo con la misma proyección (O Goshi diría...) Cuando no podía, se ponía a jugar al palmas calientes... decía ser un genio.

"Sólo Julio César sabe cuánto duele"

Creo que hubo quien se tomó a mal mi abuso. Una práctica de protección contra cuchillos y amenazas punzantes es una cosa muy seria, y cuando te mandan que traigas una camiseta vieja porque la práctica es con marcadores y vas a acabar manchado, lo peor que te puede ocurrir es salir limpio de la sesión. Para colmo de males, mi anciano compañero acabó como si tuviese varicela. Lleno de puntos rojos. No solo en el frontal de su camiseta, también por la espalda, los costados, la cara, el cuello, cortes en los brazos y manos... (Sí... puede que dispare mal pero apuñalando ancianos soy un hacha) En ese momento, cuando se hace el silencio, es cuando sólo se me ocurre gritar ¡QUÉ VERGÜENZA! ¡SI LO LLEGO A SABER ME TRAIGO LA ROPA DE LOS DOMINGOS! En ese momento todo se oscureció.

Es una horrible experiencia eso de ser apuñalado por diecisiete tipos enormes y una señorita inspectora. ¡Mas el Instructor! ¡Ese hijoputa se apuntó a la fiesta por duplicado! ¡Apuñalaba a dos manos! Ante tan dantesco espectáculo Sólo faltaba que se nos uniesen las dos recepcionistas rodillo en mano... ¡Y los mensajeros que por allí transitaban! ¡No vaya a llevar un paquete a Prosegur sin su brocha gorda y su cubo de pintura roja! ¡PINTEMOS A GOLFO DE ROJOOOOOOO!

"Si quien te quiere te hará daño, quien te protege..."

Se podría decir que el señor Cangrejo pertenece a la vieja escuela. Es más, diría que tiene la misma edad que la vieja escuela. Es de esos Skeletors convencidos de que la frase, "en ocasiones hay que hacer daño al protegido para salvarle" (poniendo por caso darle una patada en la corva para que se agache), significa "el protegido está ahí para que le hagas daño. Por eso paga. ¡Que se joda!"

Los sucesos de la práctica de evacuación de personas merecen por tanto entrar en los anales (y tan anales) de la Historia de los servicios de protección.

De hecho la práctica de evacuación de protegidos fue tremenda. Mil moretones me llevé en la frente cuando el señor me giraba, me inclinaba y luego me empujaba fuera del tatami (no... nada que ver con el sexo... aunque...) Luego me vengué.

Al grito de Go! Go! Go! Empujaba al pobrecillo senior por todo el Prosegimnasio ante las risas de instructores y compañeros. Al girarle, evidentemente, la Star de 9mm impactaba contra su cráneo regalándonos sonidos inimaginables para quienes no hayan visto nunca en vivo el impacto del frío acero contra material orgánico. Evidentemente, me coreaban cuando le empujaba, el pobrecillo doblado sobre sí mismo, con gritos de ¡Tíratelo! ¡Tiene la altura perfecta! ¡La araña ha atrapado a otra mosca!

"Tiro al mensajero"

Las prácticas para el desenfundado rápido son cosa aparte. Media hora apuntando y probando posiciones de tiro en formación (cuando tocaba apuntar al enorme cristal que permite ver la recepción del Prosebúnker no logro pensar en otra cosa que en jugar al tiro al mensajero... más que nada porque me daba muy mal rollo apuntar a la nuca del compi que tenía delante) Apartando la chaqueta con rápidos movimientos de pulgar, y retrasando un pie para lograr mayor estabilidad.

La cosa iba de apuntar a donde te gritaba de repente el instructor... ¡Arma a las doce! Hacia delante... ¡Arma a las tres! A la derecha. Se suponía que había que recoger el brazo del arma antes de cambiar de posición y, claro... no podemos estar en todo. El resultado fue como lo de apuntar hacia el ascensor en ese episodio de Dilbert en el que se convierte en Vigilante de Seguridad por un día.

¡Arma a las doce!

¡Arma a las seis!

¡Clock! ¡Clock! ¡Clock! ¡Clock! Clock! ¡Clock! ¡Clock! ¡Clock! Clock!

 ¡Clock! ¡Clock! Clock! ¡Clock! ¡Clock! ¡Clock! Clock! ¡Clock!

Tuvimos que dar un descanso al señor Instructor hasta que paró de reírse. Y es que hay pocas situaciones tan cómicas como la de ver, en una formación en línea de dieciocho tipos armados, cómo diecisiete armas impactan contra diecisiete cabezas.

Sobra decir que ni me libré ni libré a nadie.

SKELETORS: DEFENSA PERSONAL (I)

SKELETORS: DEFENSA PERSONAL (I) Si la prueba de tiro fue traumática, mayor (y más craneoencefálico) fue el que me causó la lección de defensa personal policial aplicada a la protección de personas. Tremendo. Imaginad que en una pelea no podéis esquivar los golpes... principalmente porque la persona que está a vuestra espalda no debe llegar a su destino con la cara hecha un mapa. Todo ello con una Star inutilizada y descargada colgando del cinturón.

La primera sesión fue fundamentalmente física. Muchísimo ejercicio. Algunas técnicas del tipo ¡Ouch! ¡Qué daño! Y básicamente la clave sobre cómo matar a un agresor utilizando el pulgar. Todo aderezado con la personalidad arrolladora de mi querido Señor P. Aun especulo si la P significa Punisher, Puño o algo parecido. Aun, tres meses después de ese curso, resuenan en mis oídos frases como

Chavá, eso de demmontá una pittola tirando del armazón hacia tí no lo hace ni en un millón de añoh...

Juro que algún día veré cómo otro lo hace. ¡En vivo! ¡No en la tele! Sólo que, probablemente quien le apunte seré yo.

Mi primer compañero de jarana fue un punk que trabajaba casi 20 horas al día. Un animal laboral que no tenía tiempo ni de ducharse. Se le olía venir. Traumatizado por su experiencia en operaciones especiales en Bosnia, aun oía los tiros y los bombazos a su alrededor. Para mejorar la situación, yo llevaba puesta una camiseta con la bandera de Bulgaria. ¿Por qué especificar que los búlgaros jamás le dispararon cuando andaba vestido de Rambo por Mostar si sencillamente puede confundirse y tomarla conmigo?

Este Wardog se movía más que un garbanzo en la boca de un viejo desdentado. Quizá no lo hiciera perfecto. Probablemente no lo hiciera ni bien. Pero moverse, el cabrón se movía. Demasiado. Toda una apología del gas nervioso el tipo. Como para un anuncio de BZ.

Lo pasé fatal. Las técnicas apenas salían porque el tipo no se dejaba. Había que pegarle de verdad para que se estuviera quieto. Venía pertrechado con una sudadera skatalítica (de esas negras con cuadritos blancos en una franja) lo que me dio una idea para ganar su colaboración.

Colega, olvida la jungla. Los Charlis ya han perdido. Imagínate que estamos en la Excalibur (una disco de heavys en Vallecas) y que soy un "pelao" de los malos.

El chico me preguntó si me refería a los del pollo o a los otros... le dejé elegir sus preferidos.

Lo peor vino al final. A la hora de la relajación, cada compañero debía dar un masaje a su pareja... evidentemente al señor instructor le tocó LA ÚNICA MUJER DEL GRUPO. Y a mí el punk me juró poco menos que pleitesía... al fin y al cabo hacía días que no tomaba una ducha.

Tremendo elemento. No hay nada como darte de palos con alguien para hacerte su amigo para siempre. ¡Incluso le defendía de los chistes del resto de compañeros! ¡Eh Punk! ¿Qué llevas en los calcetines? ¿Un muerto?

Fue el momento de soltar una gloriosa frase del tipo controlo un huevo de filosofía oriental:

"¿Y tú? ¿Sabes por qué nunca debes reírte de la moto de un gitano?

¡PORQUE PODRÍA SER LA TUYA!"

(Y los calcetines apestosos también podrían ser los tuyos)

Gloria al Punk y a la paciencia del Güelo, mi siguiente compañero en la sesión de Kung-Fu.

KELLY

 

Cuando me dijeron que la seguridad privada tenía una alta movilidad de plantillas no me imaginé lo presente. Creí que el Don Pascual, malvado Prosedirector de Recursos Humanos, exageraba con lo de que se iba un 15% del personal cada mes... la siguiente historia es la baja voluntaria más normal que he visto en dos años (encontró un trabajo mejor), aunque, por alguna razón, la peor de todas. Una quinta razón para ir a trabajar se acabó convirtiendo en una razón más para dejarlo.

Puede parecer muy emotivo, en particular a todo lector que desconozca que estoy más salido que un ciervo con cuernos de doce puntas, pero pocas cosas pueden motivarte más a hacer turnos de doce horas en el imperio del mamoneo que una cara bonita con culo a juego. Un culo tan bonito que quisiera ser su inodoro.

Fue la primera cara que vi en Las Dos Torres (si obviamos la del gigantesco Micky y su comentario de ¿Vienes de Parque Vacaciones? Allí creo que usan las mismas máquinas de vending que nosotros. Ella se limitó a darme la mano y me ocurrió lo que a Kintaro en Golden Boy. Mi mano se transformó imaginariamente en un pene.

La pobre chica llevaba dos años traumatizada por un empleo en seguridad privada (pese a su licenciatura) y por un entorno que parecía no comprenderla. Que si tenía voz de teleoperadora de línea erótica, que si era una chica un pelín ardiente (tiene que ver con que estuvo destinada en el Windsor ... ¡Imaginad cuál era el nudo de corbata que más le gustaba!) que si se tiraba a los auxiliares... recuerdo que cuando me contó esto último me añadió un espero que no empiecen a hablar de ti y de mi porque... ¡Ni porque ni nada! ¡Hablad bastardos! ¡A mí mientras no me líen con un tío me da igual! ¡Viva la rumorología! ¡Vivan los cotillas! ¡Un beso a la frente a todos y cada uno de ellos! Sobretodo si termina por ser cierto lo de que la mentira que se repite mil veces se acaba convirtiendo en verdad.

Lo mejor es que resultaba ser bastante friqui en el trato personal. Recuerdo un par de frases gloriosas que ocupan un puesto más que merecido en el ranking de 2007 (próxima publicación en este blog) Uno de los clientes más tocanarices de esta instalación es una empresa dedicada a la comercialización de lotes y regalos de navidad (cestas y toda esa movida) una empresa que limita su actividad a los meses de noviembre y diciembre. En su última campaña, la encargada se traía a su hijo adolescente, un pimpollo de unos 16 ó 18. En cuanto la niña le vio sentenció:

¡Hmmmm! ¡Un pollito muy apetecible!

Tremenda experiencia la de sentarse junto a una mujer que pronuncia hombreísmos (es decir: Comentarios típicos de un peón de la construcción pero en el sentido contrario... el de una mujer heterosexual) De hecho, aunque rebajase su nivel para parecer más graciosa, sus belenestebanismos resultaban cómicos (probablemente porque está muy-muy buena) como cuando me contó su experiencia en el Prosecurso de Defensa Personal Policial:

El Señor P me hizo una llave muy rara. Me tiró al suelo tan fuerte que el tanga me llegó a los sobacos

Sé lo que piensas, agudo lector. Y además está buena

Sólo cerrar con el culmen de nuestra relación (por llamarlo de alguna manera) resultó que al poco de conocerla me había inspirado en uno de los pocos sentidos no sucios en los que una tía buena puede inspirar a un salido obsesionado con el sexo como yo. El poético. Sufría una de esas noches de pesadilla acompañado por La Rotenmeyer cuando, por no oírla más, me salí a la puerta principal a fumar. En ese momento esos labios carnosos aparecieron en mi pensamiento. Miré a la luna llena, alcé mi arpa y empecé a componer una oda a la compi que está güena.

¡Y sin haber bebido una gota de alcohol!

Los versos surgían de mi mente como bandadas de moscas que huelen mierda, me veía como Asurancetúrix, el bardo, mientras me quedaba plantado fumando en la calle, con el mástil en alto y punteando un sólo de guitarra cuando apareció ella. Así me cogió. Inspirado, poético... y con la polla en la mano (metafóricamente claro).

Mi cerebro reaccionó como Moe Szyslak ante tamaña pillada. ¡QUEEEEEEEEEEÉ! Resultó que había dejado su coche aparcado allí el día anterior, y al ir a recogerlo interrumpió mi masturbación mental (¡Quede claro que he dicho mental! ¡MENTAAAAAAAAAL!)

Y así nos ha dejado. Tristes. Solos. Fijándonos en las empleadas de las oficinas que custodiamos. Imaginad a qué niveles de erotismo llegaban las idas de pinza que, cuando ella asistía a las cenas de navidad que organiza el personal de la instalación, el comentario más recurrido solía ser "Kelly se trajo a una amiga..."

Mucha suerte para esta niña. Y a ver si el gran marrón nos la sustituye por otra de igual belleza y conversación.

EL SUPERINSPECTOR (2)

 ...

Hablar con este tipo sobre el sector de la seguridad privada era uno de esos ejercicios que te levantan la moral. ¡Tío! ¡Esta empresa es Primera División! ¡Aquí trabaja gente normal! (...dijo eso después de trabajar una semana con Rotenmeyer... ¡Lo que debe haber por ahí suelto!) ¡Me han llamado por teléfono ayer! ¡Y era mi tutor en la empresa! ¡Un tutor!

(Aquí me dio algo de envidia... yo llevo dos años en esto y no sé quién coño es mi tutor en la empresa ni qué demonios ha estado haciendo estos dos años. Bueno sí sé qué ha estado haciendo: ¡No llamarme!)

Esta empresa te ofrece cursos de formación... ¡Te pone un gimnasio!

Si, bueno. También te invitan a comer... pero sólo te comerás un marrón detrás de otro

Aquí se vio por entero la veteranía de Scarface. Le comenté lo de este nuevo supertipo y me respondió: En menos de tres meses querrá largarse. Si no al tiempo.

¡Cierto! No sé cómo lo hace Caracortada, pero siempre acierta. Una tarde, me conecté a Internet con mi portátil, y nos pusimos a jugar con el minijuego de la sección de formación de Bolsamanía, un ejercicio de interpretación de gráficos (de ondas Elliot) basado en datos históricos, en la que el usuario tiene que interpretar si debe comprar o vender acciones. ¡El cabronazo no falló ni una! Sólo pude preguntarle qué coño hacía él trabajando cuando debería estar en un jakuzzi con dos jamonas, una copa de champán y un teléfono por satélite en contacto directo con su broker. Al fin y al cabo, el capitalismo es el único sistema que te permite ganar pasta sin trabajar.

Efectivamente, el Señor Inspector, tardó exactamente dos días en darse cuenta que el servicio no tenía ni pies ni cabeza, en quemarse y en pedir otro lugar donde trabajar. Al par de días estaba enseñando a otro más nuevo aún cómo era la operativa del lugar... y se quejaba amargamente: ¡Vengo de un destino que era un paraíso! ¡Aquí no sé ni cómo va la central de incendios! ¡Me niego a aprender a controlar los ascensores! ¡El parking público es una ratonera letal! ¡Incluso he visto los nombres de vigilantes y auxiliares caídos en el cumplimiento del deber! ¡Estaban escritos con sangre en una pared perdida de un subterráneo! ¡Al entrar en el aljibe me ha atacado una horda de zombis! ¡Y cuando fui a espantar a una rata de unos diez kilos ésta se irguió sobre sus patas traseras y empezó a amenazarme utilizando la jerga de las maras salvadoreñas! ¡Vengo de la residencia de un diplomático y ahora, al hacer la ronda, tengo que fichar en los cuartos de baño! ¡Toda la puta noche oliendo mierda y monóxido de carbono!

¡Qué somos! ¿La Brigada del water? (una definición perfecta)

Sólo pude contarle mi última experiencia friqui en ese edificio de oficinas olvidado de la mano de Dios: Mira tío, hace una semana vine a sustituir a un compañero porque su hermano estaba en el hospital. Al poco de ponerme en posición de "fingir que trabajo" (de pie, en la posición que -por alguna razón- los militares llaman de "descanso" y girando la cabeza como si mirara en todas direcciones para controlar la zona) me encontré a mi derecha al Jefe de Edificio con Chicho (ambos de traje), a mi izquierda al Jefe de los Jefes de Edificio... ¡Y al mirar al frente me encontré al Presidente de la empresa con su señor padre (dueño de la misma)... En ese momento pensé qué pasaría si sonaban una alarma de incendios o de intrusión...

¡Pero tú llevas aquí un año! -me dijo

¿Y a ti quién coño te ha dicho que yo sé hacer este trabajo? ¡Los señores jefazos sólo me verían temblar con la cara pálida y apretar un botón tras otro de la centralita hasta que acertase! ¿Por qué crees que quitaron el botón de autodestrucción del edificio?

Rompió a llorar. De la risa. Fue algo balsámico, me dijo. Ese comentario le ayudó, al parecer, a aguantar un mes y medio más.

Para variar, la salida de las dos torres del Superinspector, fue una de esas historias que es mejor no recordar. Otra compañera (parcial como yo) acababa de dejarlo también, por esas fechas, y había llegado un auxiliar recién promocionado a vigilante para sustituirla. Pero resultó que el chico nuevo no tenía un contrato a tiempo parcial. Tenía una jornada completa... ¡Y venía a sustituir al Señor Inspector! Sobra decir que el bueno de Chicho no le dijo nada en un mes.

Entonces se cumplió la profecía que solté después de que se fuese el Señor Lobo: El que trabaja conmigo en Nochebuena tiene los días contados. Creo que este supercompañero del que os acabo de hablar está destinado ahora en un banco. Un lugar, por alguna razón, más tranquilo que este edificio de oficinas que algún día acabará conmigo, aunque, lo que nos llega de la gente que se va son sólo rumores.

¡Suerte tío!

EL SUPERINSPECTOR

EL SUPERINSPECTOR  

Joder, si es que no doy a basto. Con la excepción de Rotenmeyer no he escrito nada sobre ningún compañero o compañera que no lo haya dejado, y es que he escuchado hace poco una frase muy clarificadora al respecto, cuando comentaba que nadie parecía saber cuál era el número exacto de vigilantes y auxiliares en nuestro país: Depende de qué quincena de qué mes te refieras. Desde que Scarface echó al Señor Lobo, hace exactamente un año, han venido a sustituirle seis compañeros nuevos. Cinco en un año. Y se supone que el señor cliente quiere siempre a los mismos.

Tras esta introducción, sólo añadir el pensamiento natural y paranoico de los más veteranos: El que llega nuevo seguro que es una especie de topo o chivato de alguien. ¡Genial! ¡Viva la integración! El verano pasado, llegó un compañero pequeñito (su apenas 1,60 de estatura le daba un nuevo significado al término parcial... ¡Y además sólo trabajaba los viernes! Él mismo acabó confesando que sí, que alguien de la empresa le había pedido que echase un vistazo y le contase cómo iba ese servicio tan problemático, un servicio que, por su descripción debería ser tranquilo y estable. Sin embargo, a éste (por lo que contaba) lo habían mandado desde inspección... y no iba a espiar precisamente a los vigilantes. 

Es tremendo cómo se puede llegar a complicar tanto un trabajo tan sencillo. Finalmente le dieron la patada (pobrecillo... compaginaba esto con otro trabajo conduciendo un camión de la limpieza municipal) y hace poco me lo he encontrado en mi barrio, en el metro.

Expuesto el ambiente de locura en el que me veo inmerso cada fin de semana, cuando se supone que la gente normal descansa y se divierte, resulta un nuevo compi. Más o menos en noviembre, cuando más quemado estaba. Yo, segurata a tiempo parcial, con contrato para fines de semana y festivos por la noche, haciendo los turnos de mi buen amigo Fauno (recientemente apartado del servicio de la manera más canalla) y me encuentro con que llega un nuevo compañero a jornada completa ¡Que sólo puede venir los fines de semana por la noche! Oiga... ¿Por qué no miramos los contratos de todos y cada uno de los componentes de la plantilla de seguridad? ¿Y se hacemos especial hincapié en el apartado de D-I-S-P-O-N-I-B-I-L-I-D-A-D? La respuesta de Chicho fue una sonrisa... bueno, yo creo que es de los que se ríen por hacer algo cuando no entienden lo que se les dice. Por hacer algo, y tal.

Tras cagarme en todo, tras decir que no volvía a trabajar con la tarada de las narices y tras amenazar con vaciar mi taquilla y pirarme cagándome en cada una de las tres siglas que componen el nombre de la empresa cliente, me tocó dar prácticas al nuevo. ¡Con un par! Lo más gracioso, es que él tuvo que enseñar a otro nuevo compañero un par de días después, cuando apenas llevaba una semana en este glorioso servicio.

Resulto que el colega, un tipo de unos cuarenta y tantos, era uno de esos supervigilantes... y no me refiero a un fantasmón de pelo al cepillo, cabeza cuadrada y cara pintada con los colores del infierno que ve en cada edificio de oficinas una jungla. No, el tipo traía un número de placa más bajo que el de ninguno que conociese, diecinueve años de experiencia, una licenciatura en derecho, y un expediente con otra empresa menor que ya lo quisieran muchos. ¡Inspector! ¡El tipo había sido inspector! ¡Venía de proteger la residencia de un embajador! ¡Estaba haciendo un curso de skeletor por una academia y sacándose la licencia de armas! ¡Y cuando se quitó las gafas al hablar conmigo tenía una cara de jefazo que tiraba para atrás! ¿Y qué pasó cuando miré los anuncios de la empresa en la que trabajaba antes?

¡QUE EL SEGURATA QUE APARECÍA EN LAS FOTOS ERA ÉL!

Los vigilantes de seguridad con licencia de armas tienen que renovarla cada seis meses con una prueba de tiro. Los skeletors cada tres... es en esos apacibles días de campo cuando un segurata novato se queda boquiabierto al ver a los inspectores y parte de los coordinadores de su empresa con el uniforme puesto, pegando tiros y luciendo sus placas en el pecho, símbolo de veteranía. Sólo deciros que yo llevo dos años y mi número de vigilante tiene seis cifras. El más bajo que he visto nunca era un 6.000 y el tipo levaba desde el principio de los tiempos, una especie de anciano sabio en esta profesión. Si es que alguien puede llegar a anciano sin dejar esta profesión... y si es así, habrá que ver si se le puede llamar sabio.

Cuando el Señor Inspector se volvió a poner las gafas y me dejé de temblar seguí indagando sobre el tipo. Un hombre muy culto, muy conservador, que renegaba del Derecho y la abogacía, que le habían defraudado, y que tampoco tenía muy buena imagen del periodismo (aunque... ¿Quién la tiene? No tenía conexión a Internet, no tenía ordenador, no tenía teléfono móvil... tenía pareja pero cualquier día la dejaba... ¡Joder qué tío! Cuando le pregunté qué le apasionaba me dijo que la lectura, que todo caballero debía tener deudas con su librero. ¡Joder! ¡Este tipo se había escapado de una novela caballeresca! ¡Quitadle la goma y dadle un sable!

Y resultó que, por aspiración a la perfección, la cosa no paraba ahí: Le ofrecías un café y te respondía que no, que la fabricante de viudas (como llamamos a la máquina decafé) siempre te pone un poco de azúcar aunque lo pidas amargo como la derrota, y que el azúcar era un veneno para le cuerpo. ¡No tomaba azúcar! ¡Para eso estaba la fruta! ¡Jamás le vi comer carne! ¡Y decía que matar a un mamífero para comérselo debería ser delito! ¡Encima el hijoputa estaba cachas y decía haber practicado remo y halterofilia! ¿Pero de dónde sacan a esta gente? Y si los vigilantes de seguridad tienen que ser así ¿Cómo coño me han cogido a mí? Tras recopilar toda la información sobre el Supercompañero, sólo pude hacerle una pregunta:

¿Qué pecado has cometido para acabar en este maldito tugurio?