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Me Cago En Mi Vida

Llamadme Rincewind ... ¿Quién se ha inventado que soy un webmaster? (El día de la Mujer Trabajadora)

Llamadme Rincewind ... ¿Quién se ha inventado que soy un webmaster? (El día de la Mujer Trabajadora)

Miércoles de Ceniza... de ceniza de cigarrillo y restos del día de ayer. No hay nada como cobrar las deudas contraídas: Que sableen el tabaco a un becario es un acto de comadr... no. He prometido no usar esa palabra en lo que queda de semana.

Digamos que es el Día de la Mujer Trabajadora. Es cierto, lo es. De hecho entro el la redacción y las felicito a todas en voz alta. La respuesta general fue ¿Por qué nos felicitas?, seguida en el Golforanking por Si es el día de la mujer que nos lo den libre... En un día tan señalado como el de hoy es mejor no hacer chistes... tan sólo decir que fue el día de limpieza del almacén. Mientras los esclavizados poseedores de gónadas bajábamos toneladas y toneladas de papel viejo al contenedor de reciclaje, un creativo (al fin y al cabo es de la sección de diseño gráfico y creatividad) soltó eso de ¡Menos mal que no es el día de la mujer levantadora de pesos!

En un día tan señalado como éste, una de las diseñadoras celebra su regreso oficial de Egipto... me encanta que la gente celebre cosas en la oficina: Generalmente invitan a todo el mundo a dulces, bombones o saladitos que dejan sobre mi mesa (en el centro del universo) para que quien pase vaya picando. Eso me permite acaparar comestibles para especular en tiempos de vacas flacas y montar mi pequeño mercado negro dentro de la redacción, como buena comad... (joder).

Como si de una novela de Terry Pratchett, debo haber entrado en una especie de bucle inter-dimensional de esos del Mundodisco... lo digo porque en un momento de duda me parece lucir una barba desaliñada, una túnica gastada, y un gorro de cucurucho coronado por una estrella dorada: ¡Me han confundido con alguien que sabe de informática! ¡Llamadme Rincewind! ¡No es culpa mía!

Se trata de las compañeras del departamento de publicidad, que han empezado a pedirme que remoce la web. Luego vienen y me piden un botón para publicitar a un cliente (un grupo de residencias o algo así)... debían referirse a uno de esos banners que he aprendido a colgar la semana pasada. Curioso, entre visita y visita de publicista le comento al colega que tengo al lado mi estrategia: No hay nada como soltar cinco o seis tecnicismos estratégicamente colocados a lo largo de una breve conversación, y asentir a las imaginativas propuestas de las publicistas respondiendo con un no hay problema, le pido al creativo que me diseñe uno en un pis, se lo comunico al jefe de sección y lo tienes en la “Jom” (homepage) en un abrir y cerrar de ojos...

Muerto de risa, se lo comunico al jefe por email, más que nada para que sepa la que le espera al llegar... pero las publicistas son más listas de lo que prejuicié (no me he equivocado de palabra, la he colado a drede), y otra de las visitas acaba con un A propósito, yo no me llamo Eugenia... que lo acabo de ver en tu mail. Debería haberme puesto colorado, o por lo menos mi cabeza debía haber tenido la decencia de explotar en ese momento redecorando la redacción con un tono pastel entre gris cerebro y rojo sangre... pero a mí no me seleccionaron para ir a Kosovo (un viaje que el CESEDEN nunca llegó a realizar) por mi decencia, ni por mi dominio del albanés y el serbo-croata (la verdad es que chapurreo algo de búlgaro... tengo el mismo nivel de lenguas eslavas que de Diseño Web), yo creo que mi querido Pepinho me seleccionó por mi conversación y mi cara de poker.

En fin, que me eché sobre el octograma rúnico que es Web, y mediante las pertinentes súplicas al Dios Máquina aprendidas en la escuela de tecnomagos, le mandé un último mensaje al jefe diciéndole que al llegar se encontraría un banner diseñado para colgarlo... alguien ha cometido un error ¿Quién diablos os ha dicho que yo sé lo que estoy haciendo?


 

 

Martes de Carnaval (dva)

Martes de Carnaval (dva)

  Al terminar el acto tenemos un cocktail... la principal razón para asistir: Comida gratis ¡Y paga el Ministerio! (o el jefe... la verdad es que me da igual quién pague yo he venido a comer gratis). Me hace gracia el origen de la palabra cocktail, si el planeta de origen de los gatos alienígenas de Wingcommander era Kilrath (Kill+Rat), entonces lo de cóctel (lo pongo así por decoro... Cock + Tail...) Es aquí donde mi labrada experiencia en el CESEDEN y en actos vinculados a embajadas y Ministerios brilla como el Sol en pleno mes de Agosto (pero fuera de Las Palmas porque allí con la Panza de Burro no brilla nada...): Cómo comer a dos manos, a carrillos llenos, y pillar toda cerveza que pasa por mi perímetro de proximidad sin parecer un huno saqueador de ciudades es todo un arte. Hacerlo mientras mantienes una sesuda conversación con desconocidos trajeados y explicas a los compañeros que no vas a salir a fumar porque estás ocupado (en pocas palabras: ¡Calla! ¡Estoy comiendo!) lo eleva a la categoría de arte.
Los redactores de verdad tienen que ir a pillar declaraciones (y no sé para qué... quizá para pillar a los peces gordos hablando con la boca llena... ¡Hay que comer por ellos! Es lo que me decían los curas en el comedor del cole: Hay niños en el Tercer Mundo que mueren de hambre... tienes que comértelo todo (sí, no sea que vengan aquí a por mi papeo) ¿Ves para lo que sirvió mandarme a estudiar con curas, Mamá? ¡Para dejar a esa panda de estirados sin nada que llevarse a la boca! ¡Todos al Burger que aquí hemos acabado con el jamón y la empanada!
Mientras me nutría a base de bien, mi jefe directo iba haciendo contactos, presentándome gente... yo guardaba tarjetas de desconocidos con los que, al parecer ya había hablado por teléfono... esto es como el ligoteo pero con más sorpresas. ¿Te has dado a conocer? Me pregunta. En ese momento, un significado rebuscado de la expresión acude a mi mente: Lo vi en la serie Friends: Darse a conocer = Enseñar accidentalmente los testículos en público. Respondo con la boca llena. Algo he hecho.
Tan sólo quedaba la foto de grupo y recoger los bártulos. Ahí se notó que mi jefe de sección había hecho la mili... qué manera de doblar la bandera del patrocinador del acto (CEPSA)... sentí ganas de hacer como que tocaba la corneta... mi parodia del Silencio (creo que es el homenaje a los caídos) está muy lograda... algo parecido a lo que aparece en Jarhead. Como habréis visto ya en las imágenes, a la hora de la foto de grupo dejo de lado comadrejilmente a los compañeros y me cuelo entre las macizas... más que nada para tener un recuerdo entrañable del momento.
A la salida, el jefe invita a comer... más que nada porque algunas comadrejas figurantes (entre las que me incluyo) no han dejado nada para los que tenían que tomar declaraciones y a quienes se daban a conocer. Así, que me veo lleno hasta los topes camino de un restaurante cercano a la redacción mientras el jefe de mi sección nos cuenta su mili. La excusa fue que le pidiese un día para hacer el examen de habilitación para Vigilante de Seguridad... el título de su disertación: Típica paranoia del control de accesos en una Prisión Militar.
Durante el almuerzo (algunos nos limitamos a una caña) me sablean el tabaco, y alguien hace un chiste Golfo, tú entre polvo y polvo fumas cartones... respondo con una improvisada ráfaga de comentarios en los que debí intercalar la palabra comadreja unas seiscientas veces... tanto fue así que uno de los compañeros me preguntó si ese noble animal era mi mascota preferida y amenazó con aplicarme un latiguillo(es decir, apuntar mi nombre en una lista pública y añadir una X cada vez que me oyese decir “comadreja”... de poco sirvió dar explicaciones sobre mi admiración por Scott Adams, he prometido no usar esa palabra en un par de días). La cosa acaba ahí: A la hora de los postres aprovechamos para poner verdes a los profesionales más famosos del sector, y un servidor cuela un par de anécdotas del CESEDEN: Las historias de Generales atraen mucho la atención de los profesionales de la comunicación de masas. Eso sí: Prohibido quitarse la chaqueta. Mi camisa (planchada la noche anterior) se ha revelado contra el gesto hipócrita de fingir juventud y luce sus arrugas al abrigo del traje. ¡Tengo que comprarme una tabla de planchar antes del próximo acto!

 

 

Martes de Carnaval (eno)

Martes de Carnaval (eno)

En el maravilloso mundo de la seguridad privada, al acto de cambiarse de ropa para ponerse el uniforme o para "maquearse" de calle se le denomina disfrazarse. Recuerdo que con el motivo del Martes de Carnaval, me preguntaron en la redacción de qué me había disfrazado... era evidente: de PROSEGURata. Este pasado Martes sí que ha sido de Carnaval... de traje de raya diplomática. ¡Menudo disfraz! Y de hecho menudo carnaval que hemos montado en el Ministerio de Industria con motivo de la entrega de los premios TecNet 2006.
Podría haber ido a la hora que entraba el público, ¡Podría haberme ahorrado un montón de tiempo de espera! Pero no, alguna comadreja de la empresa me dijo que había que ir primero a la redacción para (supongo que como quien no quiere la cosa) cargar algo. No sólo no me tocó cargar nada, sino que además el jefazo pagaba los taxis... hmmm la cosa pintaba bien. Era como esa secuencia de American Psycho, en la que varios ejecutivos empiezan a picarse en un despacho para ver quién tiene la mejor tarjeta de visita. Tarjetas... ninguna, pero todos bien trajeados... comparándose y tal.
¡Por Dios! ¿Era el único que tenía la impresión de estar currando en el Corte Inglés? Estaba en mi puesto de todos los días vestido de Neo, deseando que Tambor o Tanque o Bamby Bliss (o como coño se llamase mi operador) me teletransportase fuera de Matrix para sentarme delante de la tele en chandall con una lata de cerveza en la mano, cuando alguien interrumpió mi sesión de tocamiento ruidoso del teclado para fingir que trabajo para señalar que teníamos que irnos... abajo a fumar, porque había que esperar aun más.
Tras largos minutos de hablar de moda masculina como si hubiésemos secuestrado a toda la plantilla de una corporación japonesa en un rascacielos de Los Ángeles, y de mostrar orgulloso el objeto del día (mi pitillera con el emblema de la KGB... comprada en un mercadillo de Sofia), la fase dos de la OPERACIÓN TECNET se puso en marcha: Taxi al Ministerio, entrada y nuevas sorpresas. Nuevas sorpresas como el equipo de vigilantes con uniforme clavado al de PROSEGUR (deben ser legión las pequeñas empresas que han plagiado el diseño del uniforme).

¡Oh Sorpresa! Los miembros de la plantilla obligados a asistir al acto pese a no tener función alguna (vamos los figurantes) no estábamos en la lista... era el momento de las coñas a la hora de recibir el carnetito de VISITANTE. Llévelo bien visible a la altura del pecho en el lado izquierdo de la prenda más exterior... Pocos creían que fuese el tipo de la foto que hay en mi DNI (la guerra cambia a un hombre ¡Sobretodo de aspecto!), peor ese leve retraso hube de justificarlo ante compañeras y compañeros con una frase del jefe de Dilbert: Siempre hay tiempo para la seguridad.


Rondar varias horas por un Ministerio sin hacer nada puede llegar a ser tremendamente divertido: Aprovechas las excursiones de localización del cuarto de baño y la cafetería para reclutar al ordenanza de la empresa... ¡La seguridad privada es un chollo! ¡Ganas un pastón! (100 euros de gratificación por reclutar amiguetes son 100 euritos en el fondo). Me quedo de piedra me cuenta su vida laboral: Había intentado meterse en PROSEGUR... le habían tirado en la prueba que te hacen al principio... la de los ordenadores (es decir que no había pasado el psicotécnico y la evaluación psicológica). Después, logro un acuerdo (previo saludo secreto de la hermandad) para poder salir a fumar a la puerta de la instalación sin tener que pasar de nuevo por todo el protocolo del control de accesos.

Empezamos a babear con las azafatas contratadas para el acto, bellas féminas con el discurso bien aprendido (por la paz mundial... por la alfabetiación... ¿que le diga tres planetas? ¡La Luna, el Cometa Halley y el Voyager2!...) cuando nos avisan de que tenemos que entrar al salón de actos. Protesto porque dentro no hay azafatas, pero me calman diciéndome que mandarán a un par de ellas dentro en unos minutos (vamos que me dicen que cierre el pico y me siente). A lo tonto, mientras la sala se llena, comienza una conversación freak sobre cómo hacer que la sala parezca llena con cuatro o cinco figurantes... y sobre la forma que tiene la escultura que se da como premio TecNet, algo caprichoso, entre una imagen de las Torres Gemelas ardiendo y el candelabro que usó el ama de llaves del Cluedo para descalabrar a la señora de la casa.


La ceremonia pasa sin más, el director de elmundo.es aprovecha para pedir un IVA reducido para las conexiones a internet, y el Secretario de Estado hace como que lo apunta, para luego presumir de haber llevado la red a 1700000 hogares. Todo muy bonito, cuando me percato de que una de las personas que entregan los premios me suena. ¡Pili! ¡Mi querida Pilar “encerronas comadrejiles” Socorro!, a la que le caen mal los canarios que no hablan con acento hasta que ella tiene que comunicarse en godo... todas y todos en la sala visten colores sobrios, como negro y azul oscuro, y ella nos deslumbra con un conjuntito de chaqueta y pantalón color rojo quiero f..... cómo ha engordado mi querida Pili. Esta se la tengo que contar a su, también amigo, Al (mi carissimo editore).

 

Una pizza para La Moncloa

Una pizza para La Moncloa

Cuesta un poco sacarle esta historia a Murci. Más o menos cuesta unas seis cervezas (unas cuatro si se trata de Voll-Damm), pero es una de esas narraciones extraordinarias tipo Madre de Makinavaja, que decía haberse trabajado a gente de la realeza y a generales de la Guerra Civil.

 

No. Su Majestad no ha degustado ninguna pizza entregada por nuestro encantador niño de verdad. Su Majestad no, pero puede que en un paseo, ZP viese una triangular porción de cartón frío y aceitoso con queso y anchoas encima y... ne! Este gobierno puede tener tantos trapos sucios como cualquiera de los anteriores pero ese acto de mal gusto es impensable. Sin embargo un día...

 

Un día era Murci el único motopizzero libre cuando su central recibió una llamada. Una familiar para el Palacio de la Moncloa... ¿ein? diría el Murciamigo, ¿Eso no está fuera de zona? ... Y probablemente con razón. Creo que no hay telepizzas cerca de la residencia oficial del Presidente del Gobierno, así que supongo que les cargaron el marrón por estar en un distrito de Madrid que se llama igual. ¿Y a quién si no le iba a tocar resolver esta paradoja? Pues al único repartidor que logra ponerse las gafas sin quitarse el casco de la moto.

 

Sólo de moto (no de batería sino de moto algo cascada): güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg ...

 

Todos habremos visto “Perdidos en el espacio”. Pues Murci estaba Perdido en Ciudad Universitaria, justo al lado del Palacio... se mete por al Carretera de Galicia, y casi que se cae al mar. Logra ver el Palacio, pero lo que no ve es el camino de entrada...

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg

 

Una y mil vueltas y la entrada que no aparece. Nuestro pequeño Dani Pedrosa (en realidad Pedrosa s suficientemente pequeño... y Murci ronda el 1,90 de estatura... 1,90 de motociclista vestido de rojo con un casco tipo hormiga atómica y unas enormes gafas justo debajo de la visera de plástico) empieza a impacientarse: Le han mandado fuera de zona, tarda demasiado, tendrá que volver con la pizza fría porque el cliente no la querrá (ha pasado cosa de media hora) y encima la tirarán a la basura, porque hay encargados que no piensan en los niños que mueren de hambre en el tercer mundo. Tampoco piensan en que a los empleados puede entrarles hambre.

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg  ... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...

 

¡Milagro! Como una especie de bache en el camino, como algún tipo de error de programación en Matrix, aparece un pequeño pasadizo que caracolea hasta la verja de entrada del Palacio.  Murci le echa valor y acelera la moto, que ruge furiosa y desafiante contra el viento: ¡Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg! ¡ güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg!

Un par de guardias civiles le miran pasmados. Uno de ellos niega con la cabeza. En un día normal montarían sus armas (nunca se sabe qué tiene un repartidor de pizzas contra el actual gobierno), pero la imagen de un motero sobre un esqueleto de moto de color rojo, con dos ruedas más flacas que el perro de Don Quijote y un enorme cajón porta-pizzas debe ser una de esas cosas que te sacan de la monotonía del control de accesos. Un tipo con enorme anorak rojo y un casco tipo Hormiga Atómica a juego, tras cuya visera sobresalen un par de enormes lentes es una de esas visiones que no te esperas en un turno de vigilancia. El objeto no identificado (bueno... identificado como repartidor de Telepizza pero...) se acerca decelerando a la garita de control...

 

-         ¿...?

 

Al pobre guardia no le salen las palabras. Algo evita que el abonado tópico ¿Usted a dónde va? O ¿A dónde coño crees que vas? O ¿Ha llegado el Carnaval?  No florezca de su boca... es más, duda si dejarle entrar, pero el desconocido (desconocido si no lee este blog) se levanta la visera como si eso permitiese que le escuchasen mejor...

 

-         Perdón, ¿saben dónde está...?
-         Ah, joder qué susto. Está en Ciudad Universitaria, justo a la altura del desvío que te ha traído hasta aquí. Da la vuelta por donde has venido, coge el desvío y llegas de nuevo a la Avenida de la Complutense, en la Ciudad Universitaria... no tiene pérdida.

 

La moto rugía cabreada. Probablemente tan cabreada como Murci. Lo cierto es que podrían haber especificado mejor la dirección... el cliente, o la compañera que cogió el recado... o su cerebro. Todos en su contra. Incluso el viento.

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...

 

Finalmente llega a su destino. Algún tipo de oficina que forma parte de la institución Palacio de La Moncloa pero que, por alguna razón, NO ESTÁ EN el Palacio de la Moncloa. Más de cuarenta y cinco minutos tarde... la pizza ya era cartón piedra con plástico amarillo (anteriormente conocido como queso) por encima, y restos de aceite y caja que forman una curiosa mezcla de lubricante nutritivo y envoltorio protector contra las inclemencias del tiempo. Para su sorpresa (casi se le caen las gafas) los funcionarios aceptan el pedido y pagan gustosamente...  a la empresa, porque a él le dejan quince sustanciosos céntimos de propina tras casi una hora de búsqueda, extravío y colaboración con la Benemérita. Y encima le quedaban un par de horas de turno antes de poder volver a casa, así que se resignó y la moto volvió a rugir indignada camino del Telepi.

El amor verdadero

El amor verdadero

Otro día otro dólar... puede que en el otro curro, en el de becario, y más bien serían 7,5 euros, al cambio... otros 8,625 dólares (digo yo). Puede, porque aquí gano mucho, pero que mucho más. Pero es más poético lo de otro día otro dólar, y como creo que aun estoy bien de la cabeza, supongo que no es nada malo que mi motivación para trabar sea económica.

Cuando me encuentro con Mauricio acordamos que el próximo Viernes llegaré antes de la hora... necesita un favor, y para eso están los compañeros. También me encuentro con una reunión en la cumbre. En el edificio están (o parecen estar) el presidente de la empresa, el director financiero y jefe de seguridad... toda la plana mayor. ¡Genial! Encima logro encadenar cuatro estornudos seguidos, lo que nunca logro en casa: ¡Salud!  ¡Dinero!  ¡Amor!...  ¡Felación!... por eso siempre que veo a alguien conocido estornudar rezo para que no llegue al cuarto.

La noche siguiente logro, contra todo pronóstico, cargarme la cremallera de la Parca. Iba a mear, y como voy vestido por capas, tengo que quitarme tela de encima para sacar a la luz a Miniyo, y que lance su dorada carga. Claro, que ese jodido anorak parecía más difícil de abrir que un sujetador. Eso, y que la puerta de mi garita se esté cayendo a trozos (el pomo ya cuelga en un ángulo de más de cuarenta y cinco grados), hacen que mi moral suba como la espuma del champán. Lleva un mes con los tornillos dados de sí, pero a nadie le importa.

Sólo falta que llueva como la semana pasada para que me acompañe un sonido como el de las secuencias del Hotel Bradbury, de Blade Runner. Un replicante con muy mala leche podría perseguirme por la instalación al grito de ¡Uno! ¡Dos! ¿Estás contento hombrecillo? ¡Tres! ¡Cuatro! ¡Ir al cielo! ¡Ir al Infierno! Y es que el cansancio acumulado rivaliza con el aburrimiento a la hora de provocar idas de pinza. Sólo faltaría que las baldosas de la planta baja empezasen a darme conversación... a interesarse por mi salud y mi vida personal. Ya lo decía Terry Pratchet en El Rechicero: Si me dieran cincuenta años haría del aburrimiento un arte.

Sobre las once y media me llama Félix: Ha sido padre de nuevo. La niña, Paula, se parece a Montse, su santa esposa... ¡Gracias a Dios! Bromeo con él ¡Disfruta de la baja por paternidad! Finalmente la lluvia no me honra con su compañía, aunque una ventolera épica me hace sentir como en casa... esos aullidos de viento rebotando por los pasillos, esa tensión que no me deja pegar ojo: LA PUTA PUERTA DEL PUTO PATIO INTERIOR QUE ME VA A PROVOCAR UN PUTO INFARTO.

El domingo, por fin, todo vuelve a la normalidad. En realidad sólo era domingo para Mauricio... para mí la hora del relevo, y la cháchara con Jose, y la conversación en la cama con Baby antes de dormirme siguen siendo sábado... o cualquier día anterior al presente. ¡Pero puedo presumir de haber descubierto el amor verdadero! Después de haber hecho vomitar incluso a Heidi con una frase tan ñoña como la anterior, me permito contar el gesto de amor que me ha llevado a esta conclusión: Ya me había disfrazado de persona (es decir que me había cambiado tras el relevo) cuando Mauricio me llama la atención sobre una pareja sentada en u banco justo en frente de nuestro edificio. Después de mucho magreo, la feliz pareja empieza a echar un kiki... casquete, caliqueño, mete-y-saca, polvo, cuajo... un jodido butragueño matinal, a las siete de la mañana, con el cielo clareando y un frío para cagarse y hacerse cortes con las raspas.

Lo gracioso es que, al acabar, el amoroso dúo decide llevarse un recuerdo de esa experiencia que les mantendrá unidos en sus recuerdos las próximas horas: ¡El puto banco en el que estaban sentados! ¡Incluso lograron desatornillarlo y moverlo unos metros! Le comento a Mauricio si no deberíamos hacer algo... su respuesta es todo un lema del sector de la seguridad privada: ¿A caso nos pagan para custodiar los asientos de las aceras?

N.B: El amiguete Damián se interesó por el PROSEmerchandaising que nos da la empresa... de hecho un compañero de la redacción me ha encargado un pin... si observáis la imagen podréis ver lo que son un PROSEbolígrafo, una PROSEcarpeta... y eso que parecen preservativos e incluyen en el envoltorio el anagrama y la URL de la magna corporación de seguridad son PROSEcaramelos... unos caramelos cojonudos.

Allí estaba yo otro lunes por la mañana

Allí estaba yo otro lunes por la mañana

Allí estaba yo, es decir: Golfo. Con mis siete drugas y drugos de “redacción” y de “creatividad + diseño”, pimplando moloko velocet y preparados para una mañana de ultraviolencia...

 

No. En realidad sólo era lunes. Otro lunes por la mañana, para muchos de malestar por lo poco que dura el fin de semana, para mí otra prolongación del mismo... y no me refiero a salir de marcha.

Allí andaba yo otro lunes por la mañana de empalmada. Se notaba en pequeños detalles, como que todos bebían café, té o chocolate... y yo bebidas energéticas (absolutamente legales)... y en que era el único que luchaba para no desplomarse sobre el teclado del jovencísimo Web en mitad de un charco de babas. Creo que empiezo a notar algo de cansancio acumulado. Sobretodo cuando me quedo quieto.

Descubro cosas divertidas: Cuando el encargado de redactar el horóscopo pasa por una de esas crisis de pareja, su mala leche aumenta. Tanto es así, que va repasando su lista negra de nombres (y signos del zodíaco) para escribir pronósticos negativos mientras unos bultos de estrés psicosomático aparecen en su cogote. Muy Simpson... real como la vida misma. Al par de horas de bostezos me llama Mauricio, porque al fotocopiar un cuadrante de horarios me lo he llevado sin querer. También descubro que, por razones desconocidas, los informáticos (¡Ni un día sin ponerlos verdes!) van al baño con su agenda (¿?)...

Un amiguete diseñador aparece a las tantas. Le llaman y resulta que se ha dormido. Me planteo preguntarle si ha mojado o, de no ser así, cuántos puntos de habilidad ha ganado: Así es el destino, los freaks nos juntamos como por arte de magia. Cuando llega, nuestras caras de lunes por la mañana (excepto la mía, que es de viernes+ sábado+ domingo+lunes por la mañana) contrasta con la suya de LUNES POR LA TARDE... en horario británico ya es por la tarde cuado llega, lo que da pie al agudo chiste. Finalmente, decido hacer como que trabajo, y más allá de poner cara de interés mirando la pantalla y tocar las teclas como si escribiese, decido aplicar la táctica del plagio comadreja (intertextualización comadreja para los profesionales) y redactar nueve noticias que mi jefe directo modificará a su antojo.

Como las noticias buenas vienen de tres en tres, me entero de que tenemos chica nueva en la oficina. Resulta que la llevaban por toda la instalación presentándole gente y, al llegar a mi puesto, la frase este es Golfo, debió quedar en algo parecido a Ese zombi devorador de cerebros que hace como que teclea algo con cara de estar trabajando (y cuyas babas salpican los equipos electrónicos) se encarga de la Página Web, el Boletín electrónico y la Agencia de Noticias. No fue así, pero habría quedado gracioso.

Cuando ella me preguntó algo sobre unas fotos que se veían mal (en realidad supongo que no se verían pero trataba de ser educada) actué de modo profesional por primera vez en mucho tiempo: Le dije que volviese por la tarde, que mi jefe estaría encantado de tragarse ese marrón. En seguida noté cómo me crecían la barriga y una coleta, unas gafas aparecían ante mis ojos y una camiseta de Star Wars sustituía a mi funcional atuendo de becario que trata de parecer profesional. Un horrible pensamiento llena mi mente ¿No me estaré convirtiendo en informático?

De la conversación con Lunes por la tarde, saqué algo en claro: El próximo lunes me traigo una almohada de esas del IKEA para dormir de pie (esas que van sobre los hombros) y unas gafas de las que tienen ojos abiertos pintados en los cristales.

N.B. Me estoy forjando una desproporcionada fama de freak entre el personal de la redacción. De ahí la imagen: Mis soldaditos de la Guardia Republicana Iraquí, con una imagen de Sadam en el cartón luciendo un pañuelo palestino y un mapa de Iraq con las centrales nucleares marcadas (¿?). Para más señas los pillé en una tienda de chinos de barrio.

Quiero ser informático

Quiero ser informático

Hoy en día todo el mundo es informático... todo el mundo menos yo. Hoy, 4 de Marzo de 2006, (un día después de la Fiesta Nacional de Bulgaria para más señas) he instalado contadores de visitas en mis blogs de Blogia, más que nada porque mi Director General de Estimulación del Ego y ex-editor, el Primo, dice que cada vez que mete en el Google los títulos de diversas publicaciones de ACADAP, le que aparece es este santo lugar. El hecho es que, casi un año después de su inauguración, este pozo de mi desahogo tiene su propio contador de visitas, y no uno de esos de coña que no paran de contar, sino uno de verdad... vamos uno gratuito.

Los informáticos de mi Jubicurro viven como quieren... sobretodo cuando te cuentan eso de No te lo pierdas, no sé nada de Nivel Usuario, sólo Ofimática y cosas en plan técnico... yo estudié derecho y ahora me ocupo de las cuentas. ¡Joder! ¡Y esta gente es imprescindible! Más que nada porque a todos nos piden cierto nivel de informática, cierto nivel que no adquirimos a lo largo de nuestra formación. Yo tengo excusa, estudié en un bunker antinuclear llamado Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, pero aquí hay gente (mucha) de universidades privadas... deberían poner una denuncia por estafa, como la que planteé ponerle yo a la UCM tras meses y meses de no encontrar curro.

Además, estos hechiceros, tecnomagos del Dios-Máquina (y me refiero a los PCs y Machintosh -y espero que lo del Mac se escriba así- ... jamás a mi vecino del barrio que currela para EULEN) pueden disfrutar de cierta inmunidad respecto a los detectores “Acososexualómetros”... joder, que mientras que arreglaban mi puesto, pasó varias veces culoestupendo y eran todo guiños y señales pastoriles. Mi antena del “Seguratasiemprealertacuandosetratadetiasbuenómetro” captó la siguiente conversación, que fue plenamente analizada por el programa Carnivore de la NSA:

-         ¿Y esa?

-         Mi esclava

-         ¿Sensuarrl?

-         Jejeje


Hay algo más allá de la erótica del poder, ¡La Erótica del conocimiento necesario para que tu ordenador funcione! ¿Por qué creíais que quiero ser informático? ¿Para dominar el XTML?

Jose se ha dado un piñazo con el coche...

Jose se ha dado un piñazo con el coche...

Joder, casi me quedo sin quiosquero. Jose se dio una leche con el coche, y el aparato ha quedado para el arrastre. Por suerte él está bien, un par de magulladuras y los dedos algo chungos... pero entero. Encima es tan suyo que ha vuelto a abrir la tienda de prensa nada más volver del hospital.

¡Mejórate Quiosquero! ¡Necesito gente con la que discutir!