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Me Cago En Mi Vida

¿SEXY O NO?

¿SEXY O NO?

Casi me caigo al suelo de la impresión. El otro día abro el correo y veo el mensaje de una compañera, muy atractiva ella, que trae como asunto “Te invito a Sexy o No”. ¿Te invito a Sexy o No? No será la primera vez que diga que vigilar y proteger la propiedad privada se parece en una cosa a defender la civilización occidental: Pone de un cachondo que no veas.  Encima me deja un enlace para ver su foto... ¿Foto? ¿Sexy? ¡Madre mía!

Indagando descubro que “SEXY o NO” es una página de entretenimientos que permite conocer gente, ver y votar sus fotos.  También prometen que si subes tu foto podrás saber que tan sexy eres a los ojos de los demás, conocer gente de todas partes y blablablabla.

Superada la impresión echo un vistazo a la foto de esa chica tan encantadora. Sí, muy sexy. Poco después, entre risas por lo mal pensado que puedo llegar a ser, vuelvo a hacer ese conjunto enorme de cosas distintas que llamo Vida, cuando... ¿Otro mensaje de Sexy o No? ¿Qué coño pasa con el personal de seguridad? Ah, claro, lo de que es un curro que pone muy... ¡Eh!... Esa fue la segunda sorpresa del día.

Querido Eiro. Eres un cachondo. ¿Esperabas que dijera que eres muy sexy? ¿No crees que alguien ha cometido un pequeño error? De hecho: ¿No crees que ese alguien eres tú? Joder, yo especulando sobre atractivas compañeras de trabajo y resulta que se ha apuntado todo el mundo a este cachondeo. Risas a parte, os voy a regalar la vista con alguien muy sexy empuñando un arma (también muy sexy).  ¡Regalaos la vista con esta bella dama! Hay algo en el L-85/A1 que...

BLACK GAY DOWN (MICAELA -II)

BLACK GAY DOWN (MICAELA -II)

La primera vez que lo vi vestido de tía no caí en al cuenta. Era febrero... Carnaval para ser exactos. Y la cosa había empeorado de lluvia con un par a nevada con mala hostia. Estaba sufriendo una inspección por culpa de la puta caja de la muerte que en este edificio llaman ascensor, y trataba de explicarle a quien me supervisaba que, si le había dejado pasar sin identificarle (coche y carpeta con anagramas de la empresa a parte) era porque creí que le había fallado el motor en plena nevada justo delante de la puerta, y que había salido a rescatarle.  Andaba dando explicaciones a ese buen señor cuando se abrió la puerta del ascensor y...

 De dentro del ascensor empezó a salir una neblina púrpura de la que intentaban escapar los rayos de luz reflejados en una de esas bolas de discoteca que cuelgan del techo. Una voz de tipo a los que obligan a vestir chaquetas rojas con lentejuelas, de esos que no pueden decir un chiste sin que, inmediatamente, suene detrás un redoble de batería, tuvo que decir:” ¡Damas y Caballeros! ¡Con ustedes! ¡La Cianuro de Cangas!”. Allí estaba ella... él... ello. Tratando de contonearse. Debía ser su primera noche y sus compañeras... compañeros... ¡Sus colegas! No le habían enseñado a tratar de parecer una tía buena. De hecho parecía una señora de cincuenta años. Era tan exagerado que pensé que se trataba de un disfraz de carnaval (yo es que soy de Las Palmas... allí es normal que los hombres se disfracen de mujer en los Carnavales). El único detalle que hubiese dejado claro que se trataba de un disfraz lo llevaba el inspector y no Micaela: El bigote.  “Hola guapos, no habéis visto nada ¿eh?”... el bigote del inspector temblaba nerviosamente. Me miraba alarmado y luego volvía a mirar a Micaela. Y así un par de veces más hasta que aceptó que no se trataba de falta de sueño. “¿Pero a ti a dónde coño te han destinado?”, parecía decir cuando Micaela le interrumpió: “¿Cómo voy?”. Esa pregunta dicha mirando a los ojos a un inspector de una empresa de seguridad privada puede dar lugar a funestas consecuencias, por lo que me apresuré a decir “Vas preciosa”. Error. El cuello del inspector crujió por girar tan rápido para mirarme inquisitorialmente. 

 

Claro que hay gente con problemas mentales que puede llevar a cabo una vida normal tomando una medicación. El problema viene cuando la medicación les hace creer que ya están curados y dejan de tomarla.  Micaela acabó por vestir sólo de mujer (excepto cuando bajaba a ver a la señora). Se podía saber cuándo se estaba preparando para una noche de exótica diversión por el escándalo en el patio interior... joder, escuchar a Manolo Tena no puede traer nada bueno. El hecho es que un día dejó de tomar sus pastillas y la cosa empezó a torcerse. Se empezó a torcer tanto que la gente se empezó a asustar: Perdió la llave del portal, se dejó una estufa encendida bajo un mogollón de ropa y casi quema la pensión, bajaba a la calle descalzo... y dejaba la puta puerta abierta, lo que no paraba de darme sustos cada vez que volvía de hacer la ronda (imaginad que tienes que volver a comprobar todo el jodido edificio con extrema atención después de haberlo hace cinco minutos...).

 

Todo eso tenía un pase, pero un día le perdió el miedo a Mauricio. ¿No he dicho que le tenía miedo al Mauri? Pues como para habérselo vuelto a coger, porque cuando le dices a un vigilante de cincuenta y tantos, a uno de esos que hacen entre trescientas y cuatrocientas horas al mes , que no le hablas porque parece un hombre muy serio... con su cara de perro y todo eso (literal), es cuestión de tiempo que te acabes llevando una leche. Mauricio es, ante todo, un profesional. Un profesional y un caballero: No pega a las mujeres. Y aquello –dijo- le pareció una mujer... o casi. Claro, que si todos los días montas una distinta... en mitad de un día laborable no se puede bajar a la parte de oficinas del edificio y preguntarle al de seguridad que dónde está el grupo de personas que buscaba el ascensor... sobretodo porque él está ahí sentado, en su garita, junto a la puerta. Y si, desde la calle, miras hacia dentro del edificio lo primero que ves es esa jodida caja de la muerte. Ahí, con esa luz que parece expresar que se ríe de ti.

 

De noche era peor. De noche, la puerta está cerrada y la premisa del control de accesos en instalaciones cerradas es “Ten la llave o dame una buena excusa”. Pues ni lo uno ni lo otro. Y lo peor es que le daban ataques: Empezaba a mirar en los buzones, a llamar a la vieja (a gritos y de madrugada... ya le vale), y luego trataba de convencerme de que le abriese. ¿Es que no le puede pedir al encargado de la pensión que le abra la puta puerta? Dos veces seguidas me montó un pollo de narices, entre tirones de la puerta y rebuscar en los buzones. Cuando no pude más –las voces de mi cabeza no eran turistas japoneses como en la suya... lo mío era Anestesia pidiendo sangre- cogí el teléfono y le acojoné... decía que no era necesario que llamase a la policía, aunque el gesto que estaba haciendo, teléfono en mano, no era precisamente el de marcar un número. Más bien armaba el brazo para un lanzamiento de media distancia. Digo que la cosa no pasó de dos incidentes porque esto luego se reflejaba en el informe de incidencias, y... bueno, el responsable de seguridad del cliente no se andaba con rodeos: Pepón, o el o todos vosotros. Así que la pobrecilla Micaela estaba nominada para abandonar La Casa de lo Locos. De hecho tenía todos lo votos.  

   

Fue horrible verle sacar sus cosas... para empezar hay que ver la cantidad de mierda que mierda que guardaba en su habitación. Al menos se llevó la ropa de mujer de vuelta a su casa (creo que volvía con su madre). Lo peor fue verle sacar marcos, cuadros, un enorme crucifijo, de esos que te inspiran a gritar: ¡Tío! ¡Desclava a tu hermano pequeño y que camine sólo! Y la gente, como buitres, yendo a rapiñar lo que podía. No es coña, se supone que es una zona pija, incluso me parece que la hija de algún ex-presidente vive cerca, pero una marabunta de gente fue al contenedor a ver qué podía pillar. Se supone que era el centro de Madrid... aquello parecía el mercado de Bakkara. Me quedo con un gitano que olía las toallas y las metía en una bolsa de la compra que llevaba... tío, si supieras lo que han llegado a secar esas toallas a lo mejor te lo pensabas.

Me sentí muy mal por Micaela. Sobretodo porque creo que fueron mis informes de incidencia los que provocaron que le echaran, y claro: Era el único que se ocupaba de la vieja. Además, el Pepón no paraba de hacer chistes sobre él... y joder es que estaba delante. Menuda bronca le metí. Al final la frase del compañero más veterano lo deja todo claro: Olvídate, chico, todo el mundo tiene problemas y tú no tienes por qué aguantarlos.

MICAELA

MICAELA

Estoy destinado en un edificio muy particular. No por su forma o distribución: Seis pisos, ciento ocho escalones... y dos mil ochocientas cincuenta y seis putas baldosas que en su momento conté una a una. No. La particularidad del edificio es la gente que lo habita, y no me refiero a los no muertos de la quinta planta, ni a los fantasmas de anteriores vigilantes que aúllan cada noche en la segunda. No, esta vez ni siquiera hablaré de la vieja más de lo debido.

 

Esta vez toca hablar de la sexta planta: Pensión Pepón.  Un elenco de actores idóneo para una farsa surrealista: Un comercial, un bibliotecario, un viejo con la respiración tan jodida como sus prejuicios, un borracho al que expulsaron, el administrador... y Micaela. Qué contar de Micaela, el gay evolucionado a travestí que aderezaba las noches... (bueno también los días). Y que una noche me dio un susto de muerte.

 

En realidad no era mal tipo. Al parecer se le había ido la pinza después de licenciarse en Derecho y sacar una oposición para notario (o algo por el estilo). Entre algún tipo de problema mental (ahí hemos barajado desde la esquizofrenia a la paranoia... e incluso la esquizofrenia paranoide... aunque no nos hagáis caso: Seguratas, sólo rima con psiquiatra porque termina casi igual) y cierto drama familiar (al parecer el chico era del norte y a su padre no le sentó demasiado bien que se convirtiese en una loca aventurera) acabó trabajando de camarero o algo parecido en locales nocturnos... y luego ni eso.

 

No, en serio, si no era mala gente. Es más, me parece que era el único que se encargaba de la portera (por llamarla de alguna manera). Le llevaba comida, la atendía cuando se encontraba mal (léase cuando cerraban el Supermercado)... aun estoy por ver a un caballero conservador, heterosexual y temeroso de Dios bajar a ver a una señora con la que no tiene vínculo familiar alguno a las seis de la mañana. ¡Y lo hacía vestido de tío!

 Al parecer la primera vez que lo vieron vestirse de mujer la cosa tuvo su gracia. El bibliotecario, un chico callado, extremadamente educado y algo tímido, rompió a reírse repentinamente. La carcajada la oí yo desde la puerta del edificio. Le había visto salir de sopetón de su cuarto y... bueno, es un chico joven, su corazón aguanta impresiones fuertes. ¡Pues a mí me gusta así! – se defendía Micaela- La cosa quedó zanjada con una frase lapidaria, de esas que el Pepón utiliza para demostrar los años y años de filosofía de calle que ha chupado a base de currar de mensajero: Chico, mientras no toques a los niños ni a las especies protegidas me va a dar igual... eso sí, procura que la gente de esta empresa no te vea. Cargado de razón. Imaginad que una mañana se pasa de visita... no sé, Álvarez Cascos, y se cruza en el ascensor con La Cianuro... incluso podría nacer el amor verdadero entre un travelo y un dobermann.  

¡HOUSTON! ¡TENGO UNA INCIDENCIA!

¡HOUSTON! ¡TENGO UNA INCIDENCIA!

Este fin de semana pasado la vieja ha tenido un detalle para con nosotros. Aprovechando sus quehaceres para entretenerse (léase robar periódicos gratuitos para luego sentarse en un banco a repartirlos, saquear las vajillas de los bares y restaurantes cercanos, y carroñear –ojo a la palabreja- contenedores de basuras cercanos), sorprendió a Mauricio ofreciéndole una camisa de pijama color vainilla (al parecer nueva) que debía hacer juego con el uniforme pero, eso sí, permitiría al compañero estar más cómodo en su turno. No me la ofreció a mí. No sé si se trataba de un problema de descompensación entre la talla de la camisa y mi tamaño, o sencillamente ya había previsto que yo venía al curro preparado... cualquier día aparece ofreciéndome una almohada o una manta a cuadros.

 

Amablemente rechazada por ese gigante de buen corazón que es el Mauri, la señora contraatacó ofreciendo una jarra para café que permitiría que el del bar de al lado le sirviese más cantidad y que, de paso, incluía un tapón hermético para conservar el calor. Tal y como se observa en la imagen, el lector puede apreciar que se trata de una jarra de cerveza (pringada de cualquier bar de la zona) con el tapón de un bote de Nocilla incrustado al uso... cosas así te hacen pensar... pensar en algo que no viene a cuento, como la incidencia que tuve hace unas semanas.

 
 

Como las doce de la noche. Oigo un coche que aparca justo en la puerta, del que veo salir a dos jóvenes latinoamericanos (posiblemente colombianos... pero sólo posiblemente ¿eh?) con una botella de whisky... o de Baileys... o similar. A continuación, los dos cierran el coche, y veo que van de portal en portal. Entran en los restaurantes... pasan cerca de la discoteca y de un par de puticlubs... sí, parece que vayan a recibir el cariñoso saludo de un portero de discoteca. Vuelvo a lo mío, cuando, pasados unos minutos oigo que llaman a la puerta. Es entonces cuando me acerco y veo que son ellos...

 

¿Qué funciona aquí?- me pregunta el más delgado de los dos (el que no lleva la botella encima) sin parar de sonreír. Estoy a punto de contarles que aquí no funciona ni la jodida máquina de café, pero me decido por algo más profesional... algo del tipo ¿Qué quieren?... me miran como si les hubiese hablado en klingon.  No sé en qué me he metamorfoseado. Quizá en un PROsegurator, quizá en un PROSEzombi... o quizá en uno de esos sheriff de pueblecito de la Norteamérica profunda, los que llevan sombrero y gafas de espejo, los que mascan tabaco y meten unos salivazos que acaban con la capa de ozono. Se me escapa la pregunta más estúpida de mi vida: ¿A quién vienen a ver? ¿A quién coño van a venir a ver dos tipos con una botella de licor flojucho a las doce de la noche en un edificio de oficinas vacío?. Entonces Wilson “Sonrisa de Escayola” Ramiress me dice Hemos quedado para una fiesta en el segundo piso... Sí, seguro que sí. En el mismo segundo piso que lleva vacío diez años hasta que una empresa decidió llenarlo de escritorios y material informático. Y Yo, Palurdo fruto de la endogamia te voy a abrir la puerta y a desearte que te diviertas ¿no?, así que me inclino hacia el cristal de la puerta con los ojos en blanco, tan en blanco como un Cyberagente de Syndicate, apoyo mi mano derecha en el estuche de los grilletes (un estuche de cuero negro que sólo pueden ver parcialmente) y digo NO.

 Ojo a la imagen. Sí, lo sé, en un inocente intento de dar algo de perspectiva me he puesto un pelín más cachas de lo que estoy... ya oigo los reproches del Gurú: ¡Midadle! ¡Haze doz dominadaz y ya cdee que habla alemán! Znell, kapullen, znell! 

 

No sé cómo no me partí de risa. Nada más abrir la boca, probablemente porque no veían qué era lo que cogía con la mano derecha, el Johnny de la botella agarró a su compañero con urgencia y echaron a correr. ¿Qué coño creían que iba a hacer? ¿Dispararles a través de la puerta? ¡Joder! ¡Seguro que luego me harían pagar el cristal!. El caso es que los dos tardan un rato en volver a por el coche (que han dejado abierto frente a la puerta de la instalación). Podría haber sido peor... imaginad que logran atravesar la puerta. ¿Qué hacer entonces? Se me pasa por la cabeza hacer caso a la vocecilla de Anestesia y repartir algo de “Amor de hombre” (lo digo por la forma marcadamente fálica de ese rascador de espalda que llamamos defensa reglamentaria). Pero siempre puede haber un Plan B:

 

1)      Quitarme los zapatos... decir que estoy de servicio armado con dos Magnum suena muy bien, al menos suena cojonudamente bien hasta que el incursor se da cuenta de que Magnum es la marca de los zapatos... pero hay algo más: Magnum abastece de calzado al ejército de los EEUU y, se dice, que también le vendió botas durante algún tiempo al ejército iraquí. Eso da una explicación -habida cuenta de la estructura y materiales de que están hechos, así como de la temperatura que llegan a sufrir los pies en su interior... y del efecto odorífero colateral que ello produce- de la obsesión de algunos líderes occidentales con las armas de destrucción masiva que, decían, poseía dicho estado.

2)      Sacarme un calcetín (por lo anteriormente explicado se prevé necesario el uso de unas pinzas para la nariz o, en su defecto, aguantar la respiración durante un buen rato)

3)      Meter los grilletes en el calcetín sudado asqueroso del que emanan vapores que harían vomitar a una cabra endurecida por años de bombardeos.

4)      Agarrar el arma improvisada por un extremo y hacerla girar sobre la cabeza al grito de Mi cara de perro y yo os vamos a... (¿Tirar esto a la cabeza?) ... ¡Puedo arrojarlo con cierta fuerza! 

 

Finalmente no fue necesario. Cuando se le pasó el susto a este par de panchitos, regresaron a su coche, llamaron por teléfono, y cayeron en la cuenta de que se habían equivocado de calle. Apunté su matrícula, pero no sabía qué coño poner en el informe... entonces consulté el tríptico de “Qué hacer en caso de...” que la Policía me dio cuando me saqué la placa de segurata. Reviso los casos de posibles urgencias... filmación... coche sospechoso... alguien pregunta qué hay en el lugar donde estás destinado... bien, lo explica con letras enormes en tres páginas: Página uno LLAME, página dos A LA, y página tres: POLICÍA. Viendo este tipo de instrucciones que nos da la poli de verdad es muy difícil no sentirse idiota.

 

Finalmente encaro mi sagrado deber de dar constancia por escrito de la incidencia:

 

Incidencia (0´15 horas): Apretón de tripas difícil de contener. Subo al cuarto de baño destinado para el personal de seguridad. Resultado: Truño marrón oscuro de consistencia media. Observación: Se ha acabado el papel higiénico. Procedo a sustituirlo por otro del almacén y dejo constancia por escrito al cliente.  

VS xxxxxx

LA VIEJA Y LOS SERVICIOS DE EMERGENCIA

LA VIEJA Y LOS SERVICIOS DE EMERGENCIA

Corría la Semana Santa, y todo ese conjunto de puentes entrelazados que llamamos Abril y Mayo, cuando la Vieja (¡ya no tengo que decir senior) descubrió lo divertido que puede llegar a ser llamar a los servicios de emergencias fingiendo estar enferma.

 

Se veía venir. El primer aviso fue el Wilson que casi me denuncia (o eso dijo). ¡Llego a contar por ahí que le había obligado a volver a su casa a por el NIE... menudo pájaro. Detalles de gritos y flexiones a parte, obviando los electrodos conectados a la betería del coche, y, por supuesto, los latigazos y el curare, quedaba claro que algo olía mal en el Littlewindsorland.

La señora era capaz de subir tres o cuatro pisos para llamar al timbre, interrumpir mi ronda, y decir tengo un dolor agudo. No es tonta: Así nos obliga a Mauricio y a mí a llamar a los servicios de emergencia en lugar de hacerlo ella. Claro que la cosa duró poco: En cuanto al operador del 112 le daba por preguntar la identidad de la señora mayor que se encontraba mal, ya sabían de lo que iba. Respecto a cómo sabía en qué lugar del edificio se encontraba el vigilante en ese momento, es otro de los misterios sin resolver del mundo del mayor. Algo que ni el equipo de investigación de Júbilo ha podido averiguar... yo lo llamo EL GERONTOSENTIDO. 

El siguiente paso fue el Doctor Mondongo. No es su apellido, en realidad tiene uno francés de lo más común, pero su origen congoleño, su título de médico, su nacionalidad española y un mogollón de tópicos sobre el personal de seguridad privada llevaron a este impresionante diálogo:

 -         Por favor ¿Me puede decir su nombre? Tengo que apuntarlo en el informe...

-         No puede

-         ¿Que no puedo preguntarle su nombre?

-         No, no puede escribirlo

-         Déjeme probar: La M con la O... M-O-N-D-O-N-G-O 

¿Y por qué identificas a la gente? Preguntaba Mauricio, pues porque no la conozco y la instalación está cerrada, pues no puedes ir pidiéndole el DNI a la gente, además no entró por la puerta... ¡Excelente! ¡Al cliente le encantará saber que la gente entra en su instalación por la salida de emergencia del bar de al lado... De hecho, tenerme aquí por la noche es tirar el dinero, voy a pedirle al Departamento de Comunicación uno de esos maniquíes con el uniforme para sentarlo en la garita... prometo pintarle una cara sonriente en aras de la pro actividad... ¿Mi profesión? ¡Pito del sereno!

El buen doctor sólo fue el segundo paso. La tomó conmigo, más que nada porque tenía que ir a las once de la noche a ver a una señora a la que no le pasa nada... en mitad de un ataque de diarreas. Encima la señora le regaló (como a todo el mundo) un calendario. El suyo de las misiones salesianas... ¿Es usted negro? ¡Pues tengo un calendario que le vendrá como anillo al dedo! Parecía decir la señora con su gesto animoso... claro que a mí me regaló uno con osos panda... será por las desconexiones oníricas.

En cuanto a los servicios de emergencias, acabé tomando confianza con los del SUMMA-061. Ya tenía calculados los días que les tocaba trabajar a cada uno: El tipo de cabeza rapada con cara de mala hostia, el clavo de gafas que estaba quemado de ir a ver a la vieja, la chica delgada y agradable (en su primer día... el resto de veces andaba hasta los ovarios de la señora), el joven con barba al que le daba pena (se le notaba nuevo en esto) y uno con bigote que incluso aceptaba los calendarios...  supongo que ese sólo hizo una sustitución, porque no volví a verle. Finalmente, cada vez que nos veíamos, estallábamos de júbilo: ¡Hola otra vez! ¿Café? ¿Té? ¿Caramelos? ¡Coged uno, son Werthers sin azúcar!

 

Llegó el turno (un par de veces) del SAMUR SOCIAL. Una furgoneta transporta a un equipo de tres, a saber: Un tipo con barba y pelo largo y dos tías buenas... (lo llamo el Efecto Vietnam: De un tiempo a esta arte me parece que todas las enfermeras y auxiliares de clínica están buenas... debe ser todo ese fango y Agente Naranja que hay en los arrozales). Su procedimiento es: Llamar a la puerta. Preguntar por la señora. Pasar a verla. Salir diciendo que se automedica. Decir “A ver si podemos hacer algo”. Pasar unos diez minutos dentro de la furgoneta haciendo que hablan por su emisora. Irse con viento fresco hasta que les vuelvan a llamar (EFECTO “QUE CARGUE OTRO CON EL MARRÓN”).

 

En cuanto a los servicios municipales de Teleasistencia... nada como mandar a verla a una auxiliar, y que la señora se niegue a firmar su parte...

-         Oiga, agente, ¿Podría entrar en la casa de esta señora y darle al botón de llamada cuando lleguen los del SUMMA?

-         ¡Je! ¿Qué parte de la expresión “El allanamiento de morada es ilegal” no ha pillado?  

 

Desesperada ante la actitud de los servicios de emergencia (eso de llamar a las siete de la tarde y que apareciesen a las doce de la noche... lo que denomino EL EFECTO DEL PASTORCILLO Y EL LOBO) pasó a llamar a las ambulancias del SER-MAS  para pedir que la ingresasen... ¡que se mejore señora! Le solía decir mientras la veía salir tan contenta del brazo del enfermero... ¡Aquí estoy! De paseo con mi novio, que acaba de regresar de la Guerra de África.

Las de las ambulancias también están un rato buenas... recuerdo una vez que la vieja se empeñó en esperarles fuera del edificio, en un banco. No pude más: Señora, apártese, voy a sacarle una silla. La vieja esperó sentada a su ambulancia durante diez minutos murmurando entre dientes una especie de mantra demoníaco... parecía que fuese a estallar de un momento a otro para que, de sus restos, surgiese un demonio alado con un hacha, dispuesto a convertirme en su sacrificio de sangre a los dioses del Caos. Por alguna razón, el equipo de la ambulancia no paraba de darme las gracias... no sé por qué, si ella iba a volver de todos modos.

 

Una de las últimas veces, cuando ya nadie le hacía caso, decidió contarme sus dolores a mí... es que Mauricio ya había estallado y, como la gente del SUMMA, del SAMUR Social, del SER-MAS, y como el mismísimo Doctor Mondongo, sencillamente, no acudían a su llamada... o se pasaban la pelota entre ellos (EFECTO “¡QUE VAYA A VERLA SU P... MADRE!”). Allí estaba ella, con ropa para pasar la noche de excursión en el hospital... el sonido de la bolsa producido por el tembleque de su mano recuerda al cascabel que se le pone a los gatos para saber dónde están. La secuencia es digna de un clip de Oscar: 

-         Estoy que no me aguanto

-         ¿Se encuentra bien?

-         No me aguanto (mastica en seco)

-         ¿Pero se encuentra bien o no? Porque llevamos un mes con visitas diarias de los servicios de urgencia

-         .... chumchumchumchum (mastica en seco)... no me aguanto

-         Yo tampoco la aguanto, ¿Quiere que llame a Emergencias?

-         ... chumhcumchumchum... gracias

-         ¿Y por qué no llama usted? Señora ha recorrido cincuenta metros para veinr a decirme que no aguanta en pie...

-         chumchumchumchum... no me aguanto

-         ¡ME CAGO EN MI VIDA! 

Y es que son ganas de hacernos perder el tiempo (aunque... ¡bueno! para lo que íbamos a hacer) ¿Habéis oído la expresión más vago que la chaqueta de un guardia? Pues el guardia soy yo... la chaqueta se ha negado a salir del vestuario debido al calor.

 

La única persona que se ocupaba de la señora era el gay, peor esa es otra historia... tampoco duró demasiado. Eso sí, digamos que Micaela tenía la decencia de cambiarse para ir a verla vestido de hombre... ¡claro! La señora ya tiene unos años, y hay moderneces que un corazón cansado no puede resistir.

 

 

¿Qué acabó por hacer el entonces becario de Júbilo con esto? Pues dos noticias:

 -         “Ocho de cada diez llamadas a Teleasistencia se deben a la soledad”

-         “Las llamadas de mayores a emergencias debidas a la soledad tienen un coste para las arcas públicas de entre 4000 y 5000 euros por mayor al año” (dedicado a todos los que no hemos tenido beca para estudiar) 

Finalmente la crisis pasó. Se acabaron los días de fiesta, volvió a abrir el Supermercado, y la señora se reencontró con sus pasatiempos de siempre. Claro que, lo de ésta mujer con las tiendas de la zona es cosa de otro post.      

¡RAJOY! ¡QUÉ HUEVOS TIENES!

¡RAJOY! ¡QUÉ HUEVOS TIENES!

Cabe reconocer que Rajoy tiene un par de huevos. ¡Qué huevos tiene Rajoy!. Y eso que lo de bloquear las reformas de todos los estatutos de autonomía que se pretenden reformar le va a costar un huevo. Y de hecho, hacía un huevo que no pasaba por Granollers... Ah, y creo que el bueno de Jorge Moragas ha descubierto que la clara de huevo es mejor fijador que la gomina, pero eso son huevos a parte...

Queda claro que, entre cacerolas y huevos, deberían jubilar a Piqué y presentar a Ferrán Adriá, pero, a este paso, van a sustituir la gaviota por Humpty Dumpty.

FELIZ CUMPLEAÑO

FELIZ CUMPLEAÑO

Es mi cumple. Vuestro futuro supremo líder, amo y tirano (ya podéis ver que controlo el mando a distancia) cumple un año en esta reencarnación, así que ya me estáis felicitando. Erecciones aparte, el hecho de cumplir un año no significa demasiado. Una raya más en la pared de la celda, pero si eso significa comer sardinillas por un día en lugar de los jodidos friskies, bendito sea (casi tan bendito como yo). Para ello he elaborado una moneda conmemorativa que podéis ver en la ilustración de abajo. Se trata de una moneda de 1 VERDI (1V), con un valor aproximado de .96€(el coste aproximado de una caja de pienso para gatos de marca aceptable).

 

Quizá no se vea una mierda, pero el hecho de tener unos dedos acabados en uñas largas y punzantes que no están adaptados al uso del ratón lo explica todo. Tambén podéis ver lo que le ha pasado al final con el jodido ratón.¡Haber funcionado cuando estabas a tiempo!

Por lo demás, y de cara a marearos un poco, os resumo cómo ha sido mi vida desde la última actualizción: Poso para imágenes conmemorativas, me arrastro por el suelo para beber agua (debido exclusivamente al sofocante calor que hace en Madrid), controlo la programación de la televisión y los mensajes subliminales que en ella se emiten (más que nada para distraerme... los mensajes de contenido propagandístico sólo obedecen a que me entretengo creando caos y crispación) y... ¡Chicas y chicos de Elche! ¡He de agradeceros que me enviáseis un sacrificio humano! ¡Os prometo una muerte rápida y un menor periodo de esclavización!: Atacar al Gurú es uno de los pasatiempos preferidos de vuestro amado líder. ¡Gracias por darme algo que hacer en esas tardes largas y calurosas.

 ATENTAMENTE: Vuestro tiránico Líder.

 VERDI

SUPERADO

SUPERADO

Dicen que la veteranía es un grado, y debe ser cierto, porque mis seis meses ya cumplidos no son nada frente a los casi diez años de profesión de Mauricio. Con seis meses de experiencia (si consideramos como experiencia estar sentado, contar baldosas y darme un rule de vez en cuando) me sentía tan seguro de mí mismo que comenté con Mauricio mi pequeño secreto: El modo de desahogarme visitando los sanitarios de los VIP. Una idea que debió gustarle, porque, dados sus años de experiencia en el sector, no podía permitir que un pipiolo le superase.

 

Lo comprobé al hacer la primera ronda ese día: Un ruido de agua llenando una cisterna en uno de los pisos más altos, la certeza (léase comprobación audiovisual y olfativa) de que el baño de los jefes no ha sido utilizado en días... y la sorpresa (aderezada por escatológicas raspas) de que la incidencia ocurrió en el cuarto de baño de las ejecutivas y secretarias. Sí, la experiencia es un grado. Y cuando eres un veterano ningún novato te va a superar jamás. En nada.

 

Para más INRI, Mauricio no habría podido irse sin despedirse, sin dejar pistas sobre lo ocurrido... mejor dicho, no podía irse sin despederse. Aquella garita olía a todo menos a victoria (dichosa comida de régimen rica en fibra...) Era una situación tan inspiradora que, tras ventilar el cubículo del vigilante cogí papel y bolígrafo y compuse algo parecido a La Canción del Pirata (en realidad a años luz de la misma):

 Con sus cien kilos el menda

Vientos de popa apagan velas

Apesta a todo quien lo huela

Con sonido a trompetín. 

Trueno trasero resuena

Haciendo retumbar la puerta

Envolviendo la garita

 En su apestosa neblina 

¡Vaya cuesco, compañero,

que ni el Airwick amortigua!

¡Tú! ¡Mauricio el pedorrero! 

¡Que me haces más jodido el día! 

Oh, insensible vigilante

Que corriendo te vas el primero

Nunca te irás galopante

Sin “despedirte[1]” de tu compañero

  

Hay a quien la experiencia laboral le convierte en una persona mejor, más madura... a mí me ha convertido en una persona "regular"... ¡Me río yo de la fibra y del bífidus! ¡Contra el estreñimiento nada mejor que trabajar como vigilante de seguridad!

[1] Léase “despederte” si se prefiere