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Me Cago En Mi Vida

SAVE THE SOCCER

SAVE THE SOCCER

Creo que toca hablar de fútbol. Tanta referencia a Pfaff no podía traer nada bueno, pero es que en los últimos días nos hemos parado de hablar del deporte rey, tanto en la parroquia como durante nuestras oraciones matinales (léase todos sentados en el sofá viendo a Buffy la Cazavampiros... ideas del Gurú que tampoco podían traer nada positivo)

 

Pasarse el otro día por donde Miguel a ver el derby madrileño fue del todo revelador. Más allá del apoyo incondicional de los madridistas a Raúl, cuando, enfundados en varias camisetas del equipo, con bufanda y todo (supongo que así el equipo juega mejor...) gritaban copazo en mano ¡Que se entere Luis Aragonés de lo que es un jugador! ¡Eso pasa por poner de seleccionador a un borracho! Subrayo lo de “copazo en mano”.

 

Otra de las frases más repetidas fue la de ¿Es eso una aplicación rigurosa del reglamento? En este caso referida a la expulsión de Sergio Ramos. Por alguna razón, cuando el árbitro pita contra el propio equipo nadie está de acuerdo con él, y a mí se me ha ocurrido una solución a la invisible crisis del fútbol.

 

La invisible crisis del Fútbol

 

Quizá los agudos lectores de Me Cago en Mi Vida se habrán percatado de una máxima constante en el fútbol español desde que este deporte empezó a ser practicado en nuestro país a nivel profesional: Tenemos los mejores jugadores del mundo (eso ni se duda) pero por alguna razón nunca ganamos nada. ¿Envidias históricas por parte del resto del mundo? ¿No será quizá que nuestros jugadores están sobrevalorados porque los ingresos por merchandising (si es que se escribe así... no hay quien se fíe del corrector ortográfico del Word) son superiores a los de las entradas?

 Minefield Football 

 

Hace un tiempo que me rondaba una solución para aumentar el espectáculo de este juego de una forma barata y compatible con el sueldazo que cobran los jugadores. ¿Cómo lograr que esa panda de vagos valgan lo que cuestan? Está tirado: ¡Sembremos los campos de juego con minas anti-persona! ¿Acaso no aseguran sus piernas? ¡Demos auténtico valor a ese seguro! Incluso se le podría dar un toque exótico y ahorrar a los equipos modestos el gasto en minas (en el momento de su prohibición en casi todo el mundo uno de estos artefactos costaba unas cien pesetillas aunque como todo ha subido con el Euro, supongo que ahora estarán a un pavo la pieza) se podría sustituir los artefactos explosivos por estacas punji (todo conocedor de las Guerras de Vietnam sabrá de qué hablo) ¿Quién se quejaría por el coste de un palo puntiagudo impregnado en mierda?

 

Para evitar que los jugadores (algunos de ellos desarrollan una notable inteligencia) se limiten a pisar sólo donde ya ha explotado una trampa para tontos, se procedería a minar de nuevo el césped en el descanso (sí cuando las animadoras bailan semidesnudas) y, por supuesto, a retirar los restos humanos del mismo, aunque pudiesen servir de abono natural.

 

Claro que todos los futbolistas profesionales (y sus engordados talonarios) se apresurarían a comunicar su retirada de tan noble deporte. ¿A alguien se le ocurre algo mejor?  Yo caí en la cuenta este fin de semana.

 Un precedente porno (para variar) 

 

Estando en mi primer año de facultad, cuando se estrenó el famoso concurso Gran Hermano, alguien en Andalucía (creo) tuvo la genial idea de emitir una versión porno, El Gran Polvo, que además incluía la posibilidad de aceptar llamadas en antena (a una de esas líneas de pago desmesurado) para que los espectadores propusiesen qué debían hacer las actrices y actores que participaban. Conocí a un tipo en mi facultad que se dejaba su pasta en llamar sólo para putear a los actores chulos.

 

Una imbecilidad extrema, pero cuando se le reprochaba su actitud el se limitaba a responder “¿Y lo que me río qué?” Hay que tener mucha mala leche, mucho dinero y mucho tiempo disponible para desperdiciarlo todo en esto, pero este amigo decía que habría pocas cosas en el mundo más divertidas que pedir que a un cachas que se acababa de tirar a dos tías monumentales a la vez, le metiesen cosas por el culo. Muchas cosas. Y muy grandes.

 

¿En desacuerdo con el árbitro?

 

De un tiempo a esta parte todo el mundo realiza votaciones a través del SMS. Es un negocio increíble, e incluso he oído que Alejandro Agag se ha puesto las botas con esto. Pues bien, ¿Cómo aprovechar los rugidos de la audiencia durante un partido de fútbol televisado? Lo primero sería modificar el reglamento y sustituir al árbitro por una banda de matones enormes, llenos de tatuajes y armados hasta los dientes (ese tipo de personas con las que ningún futbolista querría discutir una decisión arbitral). Después habría que llenar el pie de pantalla con mensajes como los de las cotizaciones de bolsa que hay en algunos telediarios:

 ¿Cree que ha sido falta? Envíe “HA SIDO FALTA DEL HIJO DE PUTA DE” seguido del nombre del jugador al 0506 

 

La cosa podría ir a más, podríamos añadir una serie de mensajes de los que satisfacen de verdad a la afición.

 ¿Desea que algún jugador sea expulsado y además le persiga una manada de chacales salvajes? Envíe CHACALES seguido del nombre del jugador al 0506 

Será el Complejo de Tesla, porque creo haber descubierto una mina de oro inagotable con esto. ¿Desea que a la esposa de Beckham se le implante a la fuerza un enorme pene para que se levante la falda cuando la enfocan las cámaras al grito de “¡CHUPADME LA POLLAAAAAAA!”? Envíe RABO-VICKYBECKHAM al 0506.  De esta me forro. Y además salvo el fútbol.

¡Échame un cable Agag! ¡Que casi hemos sido vecinos! Y si...  ¿Desea que Petrov le dé un beso de tornillo a Casillas? envíe PETROV-TORNILLO-CASILLAS al 0506  

MY TAYLOR IS RICH AND MY TOILET IS OBSTRUCTED

MY TAYLOR IS RICH AND MY TOILET IS OBSTRUCTED

Cosas que hacer en Bélgica cuando se ha jodido el WC

 

SI bien el plan era dejar las maletas en el coche y dar una vuelta por Bruselas, algo había obstruido nuestro progreso. Nuestro progreso y la taza del váter de nuestro amigo JL, que presentaba un aspecto horrible.

 

No era la primera vez que veía un sanitario hasta los topes, pero la solución vietnamita (a base de queroseno) no parecía buena idea: El chico belga, que había hecho el favor impagable de recogernos y hospedarnos, coleccionaba cómics, figuritas de los Caballeros del Zodiaco (de plástico) y demás objetos de los que reaccionan con simpatía ante las llamas. Tuve una vez un problema similar cuando vivía en el zulo de Cuatro Caminos (cualquier casa de menos de treinta metros cuadrados no merece otro nombre) aunque mi solución fue llamar al casero que, asqueado por los marrones que bailaban en círculo en un agua putrefacta, llamó a un fontanero... el tipo pidió una fregona, la metió en el pozo negro en el que se había convertido mi trono y presionó dos veces. Después se volvió hacia el bueno de Félix y dijo: Son veinticinco mil calas.

 

Curiosamente JL había cometido el mismo error que un servidor en ese momento: echar una vez, y la siguiente también, cada uno de los productos “desatrancamulas” que ofrece el mercado. Sí, si pasas toda la noche sin sentarte a reflexionar, a la mañana siguiente la taza tendrá un aspecto menos atascado, pero la obstrucción sigue ahí. Una vez tires de la cadena, se podrá contemplar con pasmo que nada ha cambiado (excepto el color del agua, que ahora es más químico... y el olor, que ahora es “menos a mierda”)

 

Dilema: ¿Cómo coño se le dice a un belga que necesita una fregona? Sí, sí-sí-sí, el agudo lector habrá pensado en palabras como stick, mop, o scrubber... claro que tras hacerme entender con gestos (dado que mi diccionario es sólo para personas civilizadas que van a hoteles en los que tienen personal que se dedica a estos asuntos) como “gñgñgñgñgñg” para fregar y “ññññiiiiijjjjjjj” para “make pressure”, el eurocivilizado belga prefirió invertir unos 120 euros en un “plumber”, o como le dije yo: Un “expensive like-Super Mario motherfucker”. Y eso que le dibujé la herramienta necesaria: Una “typical&authentical spanish fregona”. Por si creía que tendría por dónde cogerlo.

 “Welcome to Brussels: Have a grey day” 

 

Mi conclusión rápida es que Bélgica es el paraíso. Vale que en las novelas de Alatriste se habla de Flandes como un infierno, donde el sol ni calienta ni seca, pero es que lo que les falla es el clima. De lo contrario, “el país de la cerveza y el chocolate”, de los “mejillones con papas” y del “Niño que mea” debería llamarse “Edén” y no Bélgica.

 

Chocolate por todas partes, friterías por todas partes. Incluso tienen una franquicia de típica comida rápida belga (básicamente baguettes con ensalada, papas, salchichas y una extraña salsa picante que por alguna razón llaman “samurai”... todo en un único y maravilloso bocata) Personalmente creo que todo país debería tener su propia comida rápida, o eso o someterse a la invasión de las pizzas y hamburguesas. Cuando sea senior montaré un “Mc Papas con mojo” y que le den por saco al payaso de los cojones.

 

La Grand Place está muy bien, pese a que no fuimos los días de fiesta en las que la cubren de alfombras. Una arquitectura preciosa y unas calles llenas de tiendas para turistas. Me dio la impresión de que organizaban las calles por nacionalidades, porque según a dónde se girase, se entraba en un pasaje lleno de restaurantes griegos, o italianos, o árabes y turcos... había una zona donde todo el mundo parecía hablar español (cerca del Hotel Amigo) aunque sospechaba que se tratase de una zona de tascas latinoamericanas o de griegos haciéndose pasar por españoles. Respecto al personal patrio estaban por todas partes. Ojo a la imagen, encontrar un café llamado PP no tiene precio. ¡Camarero! ¡Póngame un “España va bien” y dos “Váyase Sr. González”!

 

Lo del “Manneken Pis” tiene su gracia, dado que cambia de indumentaria (cuando le visten) en función del día. Existe otra estatua de una niña meando, pero va más de coña (en la zona de bares... muy cerca de la celebérrima “Delirium Tremens”, decorada con elefantes rosas) Respecto a los cafés y las terracitas, el trato resultó exquisito (no entramos en el PP Cafe), y resultaba sorprendente la variedad de cervezas existente. Sobretodo las que venían en botellas con corcho, en plan champán.

 

Pasamos la tarde-noche con JL y con un amigote suyo de Udine, un informático aficionado al valetudo (lo denominaba “lucha libre”) que nos puso las cosas más fáciles: El problema de Bélgica es que hablan un inglés excelente... si hablasen un inglés de Croacia, como todo hijo de vecina, las cosas serían más fáciles y no tendríamos que recurrir a los gestos y las onomatopeyas. La conversación tocó todo tipo de temas, desde la extraña relación entre el periodismo y la seguridad privada en España al fútbol (por diplomacia nos centramos en el Mundial de Méjico en 1986) Advertí al belga de que, en España, estaba prohibido decir Jean Marie Pfaff ni Ceulemans, y sobre le precio de la vivienda.

 

Resulta que los Belgas (y sospecho que el resto del mundo civilizado) es diferente a España en este tema. Un paquete de tabaco, una cerveza o un café pueden costar el doble que en nuestro amado país, pero un piso en alquiler de 60 metros cuadrados cerca de la Comisión Europea (dijo el amigo italiano) salía sobre 400 euros al mes.  No me extraña su frase: Vivo en Bélgica porque es barato.

 

Por la noche nos sorprendió la delicatessen típica del lugar: Mejillones con papas fritas. ¡Oh sorpresa! ¡Las papas eran gratis! El momento divertido de la noche vino cuando pregunté por el cuarto de baño. Ensayé varias veces lo de decirlo en inglés, para recibir por respuesta casi un monosílabo (esto es: Casi sin mirarme, el camarero respondió a toda leche “upstairs”). Cuando, a la vuelta, me preguntaron el belga y el italiano, si había encontrado el cuarto de baño (supongo que para saber si podrían pedirse un caldo y no quedar espiritualmente unidos a mí) les respondí que lo pregunté en francés con un pardón, le toilette? (sonó como pagdón, le´tualé?) La mirada que me dedicaron me recordó a una película... cuando cierto inspector de hacienda, fan del Olympique de Marsella, pregunta a dos de los protagonistas por qué obligaban al señor Pignon a ensayar varias veces como si fuera idiota. 

 

Para un anuncio: Viajar a Bélgica a ver a Nick Cave (pasajes + entradas) en torno a los 300€, gastos en comida, souvenirs, y cerveza, otros 300. Ver a Baby (búlgara) hablar en inglés con acento español, en torno a los dos meses de risas. Comprobar atónito que lo hace sin querer, no tiene precio.

 Para los que digan que los inmigrantes no pueden integrarse.

LA VIDA SIGUE IGUAL

LA VIDA SIGUE IGUAL

Es increíble cómo la falta de una persona, de la discusión diaria, de los gritos y amenazas, puede cambiar todo un barrio. Incluso creo que tendré que cambiar la descripción de esta sección debido a este giro del destino.

 

Han vuelto todos de las vacaciones: El Ciego, la Bragueles, el Miguel, El Niño (ese nunca se fue)... las tiendas reabren tras el verano. ¿Todas? ¡No! El quiosquero se las ha pirado con viento fresco para conciliar el trabajo con la vida personal y familiar. Hay, nada menos, que un nuevo comercial en el sector del plástico y el juguete... ¡Justo lo que necesitaba esta ciudad! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo ponerme cachondo –quiero decir de mala uva- por las mañanas? He probado a escuchar a Jiménez Losantos, pero no es lo mismo. No sólo no tenemos la misma confianza, sino que cada vez que pronuncia una erre (¿O era una “eggue”?)... joder, creo que podría convertirme en un adicto.

 

Incluso me he encontrado a La Hierbas, que me ha preguntado si me había casado o algo. Luego se me ha puesto a hablar de Bélgica (cometí el error de contarle mis vacaciones). ¿Es normal que una mujer cerca de los cincuenta te pregunte si continúas siendo soltero? Mamá, vente a Carabanchel y espántala.

 

Más o menos las cosas siguen igual, excepto que ya nos guardan el sitio en la tasca del Miguel cuando hay fútbol (es que se llena) y que ese ha incorporado a la parroquia una pandilla de jovencitas (paso de fijarme en los jovencitos que van con ellas) y que el Gurú ha empezado a “hacer amigos”. Con esto último quiero decir que ya tenía bastante con una novia que anima al Barça y a la escudería de Ferrari como para que el colega diga en pleno bar, y de viva voz, que tiene derecho a dirigirse a La Administración en su lengua y que, en caso de independizarse Cataluña, pediría su nacionalidad.

 

Son reivindicaciones muy justas para quien lo vea así –a mí ni fu ni fa- , pero cuando se gritan en un bar que es una peña madridista yo creo ver volar las jarras y temo convertirme en un daño colateral. Otra vez la guerra entre hermanos... y a los canarios de nuevo nos toca ser los primos.

 

Por lo demás, nuestro casero se parece, cada día más, al personaje que interpreta Joe Pesci en “El Super”. Se os ha jodido la puerta porque andáis todo el día abriendo y cerrando, abriendo y cerrando... y vuestras sillas son máquinas de tortura vertebral porque os sentáis en ellas. ¡Para que luego pongan verdes a los catalanes!

¡ES CIERTO! ¡ES CIERTO!

El Complejo de Tesla (me ha dado por llamarlo así) afecta a quienes creen haber descubierto algo que existía ya, algo así como cuando alguien te dice "Jo, ni que hubieras descubierto América" o "¡Felicidades! ¡Has descubierto la televisión en pleno año 2006!". ¿Que por qué empiezo así este texto? Porque creo que sufro el Complejo de Telsa, una enfermedad que me acabo de inventar (a menos de que ya existiese... en cuyo caso sufriría un Complejo de Tesla Crónico) Esto debe ser como lo que Scott Adams denominó el "Síndrome del Cubículo Crónico", y probablemente funcione igual: Si cree que lo tiene, es que lo tiene.

Lo digo por lo que he descubierto leyendo la prensa de hoy: Cuando nuestro personaje cómico favorito gobernó nuestros destinos se hicieron muchísimas bromas acerca de cómo sería en este estado. Lo del Complejo de Tesla es porque me acabo de enterar de su aspecto (a saber cuánto lleva así) Le falta una parte vital de su fisonomía sin la que su identificación depende de su dentista de confianza.Bobadas a parte, cuando nuestro personaje cómico preferido gobernó nuestros destinos se hicieron miles de chistes sobre cómo sería su aspecto caso de desaparecer una parte vital de su fisonomía, una especie de camuflaje terriblemente sofisticado (ríase usted del Predator cuando desaparece) que le permitiría pasar por cualquiera menos él. Es como si a Colón le hubiesen cortado el dedo de señalar el nuevo mundo, como si a Moshe Dayan le hubiesen quitado el parche, o a Fidel Castro le hubiesen afeitado al barba. Sin embargo es él. Y va vestido de graduado.

 

Sé perfectamente que ha dicho algo, y que debería tener cierta trascendencia, pero cuando uno huele a distancia la mala leche periodística (como dijo Lorenzo Castro –uno de los mayores expertos en los GRAPO de nuestro país- en mi curso de Terrorismo y Medios de Comunicación allá por el mes de julio), lo que quiera que diga el señor Sin Bigote da bastante igual. Y es que poco importa si ha cargado contra la izquierda fascinada por el islamofascismo (menuda palabra... no hay mayor enemigo que aquel cuyo nombre es compuesto... como los socialcomunistas), nuestro chico está predicando. Y eso ya no es noticia, ¡Ni que hubiese sido el hombre quien mordió al perro!

 

Cuando estaban en auge los asaltos de inmigrantes a las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, recuerdo a uno de mi barrio (un taxista pequeñito y flaco... buena persona en el trato ¡Incluso caía simpático!) que soltó que había que bajarlos de la valla a tiros. ¡Pues que diga lo que quiera! Que se termine “el cacharrito” y, si eso, que luego invite a algo.

 No tengo claro por qué deberíamos escuchar lo que dice Aznar, si es porque ha sido Presidente del Gobierno, o porque ya no lo es.

JODER, QUÉ LLEGADA

JODER, QUÉ LLEGADA

Perdidos en el “Belgaeropuerto”

 

De acuerdo. Nos teníamos que encontrar con dos personas diferentes. Para empezar, uno era imposible de distinguir del resto de la población blanca... a ése le llamaremos “búlgaro standard”. Al otro le habíamos visto en foto a través del Messenger, ese instrumento de comunicación que permite que cualquiera ponga una foto que no es suya y, a la hora de quedar, se eche unas risas viendo a una pareja perdida en un aeropuerto que no está en su ciudad ni en su país. Bueno, al menos teníamos la maleta... lo que significa que portábamos ropa, útiles de aseo, vino, chorizo (otra vez se me aparecía la imagen de Don Paco) y por alguna razón unas castañuelas... cosas de Baby.

 

Pasada una hora, le sugerí a Baby que escribiese el nombre del belga y el del búlgaro standard en un papel y que se diese una vuelta por el aeropuerto... luego me dio por pensar que ella me abandonaría allí y se fugaría con el belga (o con el búlgaro) pero mantuve mi fe en la pareja amada... además yo me quedaría con la maleta (lo que significa vino, chorizo, tangas... y las putas castañuelas). Me veía alimentándome de creppes y cerveza durante cuatro días (una especie de Tom Hanks a lo belga) hasta que saliese mi vuelo de regreso a la España de los valores eternos... también podía haber echado mano del vino y el chorizo... y como último extremo podría haber intercambiado con un belga los tangas de Baby o las typical and autenticall spanish castañuelas por bocatas.

 

Pasado un tiempecillo, apareció Baby junto a un tipo de aspecto belga que llevaba un cartel en el que ponía Baby et Golfo. El primer análisis visual mostraba la posibilidad de que se tratase de un buenazo (de los que no paran de disculparse cando llegan tarde)... todo un Murci a lo belga. Pero como en Bélgica no te puedes fiar... bueno, el tiempo me demostraría que sí... ¿Yo qué sé? Era la primera vez que pisaba el pequeño país en el corazón de Europa (de lo que deduzco que Luxemburgo es un país mucho más pequeño en el ventrículo derecho) El chico nos explicó que no podía llevar pasajeros debido a que tenía el carnet de conducir pero estaba en prácticas. Ahí fue cuando se ofreció a coger nuestro equipaje y explicarnos cómo llegar a un punto intermedio donde nos recogería... vamos, como Half Life pero en belga.

 

Nos explicó diez veces (en francés, alemán, flamenco e inglés) qué trenes teníamos que coger, pilló la maleta (lo que significa que tenía el vino, el chorizo y las puñeteras castañuelas) y desapareció. Sigo creyendo que no soy raro por desconfiar de la situación, teniendo en cuenta que no estaba en mi ciudad, no estaba en mi país, no hablaba correctamente ningún idioma oficial de allí y era la primera vez que veía a ese tipo. Una vez más, el tiempo me haría tragar mis palabras.

 Plantando la pica en Flandes 

 

No sé qué me ocurre cuando salgo de casa, pero debo tener una especie de aura que atrae a los forasteros: ¡Todo el mundo me pregunta direcciones! Me ocurrió en Bulgaria, me ocurrió en Gibraltar y ahora me ocurría en Bélgica. No paro de mirar a mi espalda por si me han colgado un cartelito de los que dicen: Pregúnteme, lo sé todo. El caso es que, tras enlazar el tren que venía del aeropuerto en Brusseles Nord, con otro, llegamos a Ottignies, a la que todo el mundo llamaba Otiní, y que yo me empeñé en denominar (como buen español) Otiñí. Y ¡Oh Dios mío! ¡El belga estaba allí esperándonos! ¡Con la maleta! ¡Con el vino, el chorizo y las castañuelas de los cojones!

 

Resultó que JL no vivía exactamente en Otignies, sino en Court St. Etienne, donde había campo, animalitos, agrestes vecinos y un montón de carteles con caras de tipos (algunos de ellos bastante siniestros). Resultó que había elecciones municipales, y que existía cierto canguelo ante la posibilidad de un buen resultado para la extrema derecha flamenca... (Buen resultado para los flamencos de extrema derecha, claro) Visto lo visto, el belga vivía muy bien: Era profesor de inglés en una universidad cercana, tenía su jardincito para barbacoas, una casa de tres pisos en el campo, dos gatos castrados, una araña-mascota (con crucecita blanca en el abdomen y todo) y un cobertizo lleno de cerveza. Lo que algunos llamamos el perfecto retiro.

 Cenamos una quiche (una especie de tortilla) regada con abundantes cervezas... afrutadas, fuertecillas, rubias, negras, tostadas... como la casa de Playboy pero con alcohol. Lo único raro fue descubrir que había una cerveza más fuerte que la Charles Quint (Carlos V... emperador nuestro y tal) lo sorprendente e indignante es que se llamase Bush.

UN PEQUEÑO PAÍS EN EL CORAZÓN DE EUROPA

UN PEQUEÑO PAÍS EN EL CORAZÓN DE EUROPA

 Aerogolfo 

 

Sobre el vuelo puedo decir poco. Resulta que se tarda más o menos lo mismo en viajar a Bruselas, que a Sofía o Las Palmas. Cuando acompaño por Madrid a alguien de fuera, y me pregunta la distancia hasta su objetivo, le suelo decir eso de unos quince minutitos. Los quince minutitos a los que está, andando, cualquier cosa en Madrid, se convierten en dos horas y media cuando vuelas. ¿A qué distancia está Bruselas? A unas dos horas y media; ¿Y Vladivostok? A unas dos horas y media.

 

El secreto es el hyperdrive que instalan hoy en los aviones... digo yo. O eso o que algunos pasamos de rompernos el coco para saber el tiempo de vuelo que separa dos ciudades... y la culpa la tiene la prohibición de fumar dentro de los aviones dado que, de lo contrario, el cálculo de cuánto tabaco deberíamos llevar nos permitiría calcular al instante la distancia entre dos ciudades. Bruselas estaría a dos cigarros y medio de Madrid, y Vladivostok, aproximadamente, a un cartón.  Por lo demás Baby destacó que los países sí están representados por colores cuando se ven desde el aire, España es marrón y el resto de Europa, verde.

Eurogolfo 

 

Mi primera impresión del Aeropuerto de Bruselas podría expresarla perfectamente Paco Martínez Soria, en aquella inolvidable película, “El turismo es un gran invento”: ¡Qué moderno todo! ¡Y qué bien pensado! Los wáteres resultaron ser cybertoilets de ésos que incorporan una célula fotoeléctrica que les permite detectar la distancia de un usuario, de cara a tirarse ellos mismos de la cadena cuando te alejas. Les faltaba hablar: Thanks for yor excretions! Fue mi primer contacto con la modernidad europea (pero de la Europa de verdad) lo que vendría después me ha llevado a denominar a este pequeño país en el corazón de la Unión como New Belgium.

 

 

Ahí estaba yo, dispuesto a cumplir mis tres objetivos primarios: Beber cerveza en otro país, ver la tele en otro país y cagar en otro país. El orden de los factores no afectaría al producto final. Luego estaba lo de fotografiar monumentos, probar la comida y ver a Nick Cave, pero eso era secundario.  También estaba mi misión pacificadora: Acabar con las diferencias entre flamencos y valones (además de la comunidad germanoparlante que también existe) ¿Cómo lograrlo? Pues con la actitud básica que siempre interpretaba Paco Martínez Soria (ya le he citado dos veces en un mismo texto): El extranjero tiene una particularidad, y ésta es que está llena de extranjeros. ¿Qué más darán las diferencias lingüísticas si, digan lo que digan, no entenderé una mierda? Podrían alcanzar una solución de compromiso para frustrar mis planes y hablar en inglés (algo que hace toda la zona de Bruselas) pero preferí agarrar la solución directamente: “I only speak beer”. De tal modo, como Carlos I, como el Duque de Alba, o como el Capitán Alatriste, puse la planta en Bélgica dispuesto a ser lanzado por los aires desde cualquier bar hacia la calle, cumpliendo el requisito obligatorio de atravesar ruidosamente el cristal de un gran ventanal.

 Cumplido el marcado de territorio (digamos la obligatoria descarga de orina posterior a todo vuelo) y recogidas las maletas, salimos Baby y yo por la puerta de salida para contemplar atónitos a una multitud que parecía esperarnos. Baby debía encontrarse con un amigo de su hermanito, de aspecto muy común, y con un belga llamado JL, que iba a alojarnos en su casa. Lo primero que me dijo ella fue “No estés celoso, no tengo su número de móvil ni nada parecido”

¿Que no tienes su número de móvil? ¿Que no esté celoso? ¡Deberías tener el número de móvil de media Bruselas, joder!   

UN VIAJE INOLVIDABLE

UN VIAJE INOLVIDABLE

No parece fácil empezar una nueva sección sobre viajes para relatar mis accidentadas (aunque divertidísimas) vacaciones, cuando el viaje sólo ha durado cuatro días. Eso sí, cuatro días inolvidables.

 Día 1: Vamos pa´Bélgica 

 

¿Por dónde empezar? Digamos que el viaje era un detalle para con Baby, que llevaba meses esperando el concierto de Nick Cave en Amberes (tres de ellos con las entradas) e incluso se ofreció a pagar la mía. Más que nada, o la acompañaba o se piraba ella sola, por lo que mi sentido de continuidad con la pareja porque ésta está muy bien y buscar a  otra cansa me empujó a pedir quince días de vacaciones, hacer las maletas y partir para plantar la pica en Flandes (literalmente). Lo de la pica tendrá su gracia a lo largo de esos días, porque no planté precisamente una pica... y de hecho la planté sobre Francia.

 

Como el vuelo salía sobre las 12:30, y lo de la famosa T-4 no acaba de inspirar confianza, la señorita decidió que había que estar en la terminal con cierta antelación... con mucha antelación. Saliendo de casa sobre las 7:00, tras cosa de una hora de metro, llegados a la T-2, y pillada la guagua (eso sí gratis) entre terminales, pisamos la gloriosa y ciclópea nueva terminal a eso de las nueve. Y digo yo: Si está tan lejos y es tan grande ¿Por qué coño la llaman terminal y no aeropuerto. ¿Porque no se les ocurre un nombre? ¡Propongo “Aeropuerto Golfo”! O mejor, ¡”Nuevo Guayaquil”!

 T-4, La puerta del Infierno 

 

Un par de cigarritos y cafés después, testado ya por Baby el cuarto de baño, nos dirigimos a la zona de facturación. Al parecer volábamos con una compañía muy rara: Virgin Express... me sonaba (y sigue sonando) a compañía discográfica, o de videojuegos de antaño. Sobre las 9:30 ya había una considerable cola para facturar, encabezada por el omnipresente grupo de seniors que trata de demostrar al mundo que la edad no es una barrera para viajar. ¿Cuándo aparecieron las dos chicas que se encargaban de facturar el equipaje? Pues sobre las diez, cuando ya estaba a punto de robar un micrófono, conectarlo a lo MacGyver al sistema de megafonía y gritar eso de “¡Eeeeeh! ¡Hora de trabajaaaar!”

 

¿Y cómo eran las empleadas encargadas de la facturación? Pues lo supe nada más verlas... nada más verlas colocar la foto de la familia, el cactus, el cafecito que (interrumpiendo su labor de acondicionamiento) fueron a buscar, y un trasto con folletos que venían a decir que, pagando un plus, podrías estirar las piernas con el lema “¡Piense en sus pies!”. Al menos aun no nos hacen viajar de pie y atados a las paredes. 

 

La única manera de describirlas, sin entrar en detalles psicológicos, es la siguiente: Una parecía encantada de conocerse a sí misma (supongo que es cosa de la Inteligencia Emocional) era clavadita a la actriz de Amelie, y me fui derechito a ella porque, aunque la película me parece infumable, la otra parecía Jabba the Hutt, y mantenía cierto semblante de Odio a todos los hombres. Mientras le mostraba el DNI a Amelie, podía oír a la otra eructarle a los seniors: “Wula-wala-wangga-equipaje de mano! Na-Hutta-Wookie-DNI o Pasaporte!”

 

Respecto a la zona de embarque, mi aventura comenzó rodeado de vigilantes y auxiliares de la omnipresente Securitas (y digo yo que no estará tan mal). Al pasar el arco de seguridad (lo que los profanos siempre han llamado detector de metales) se me resbaló el DNI de la mano... ya la teníamos montada. Una estresada vigilante (con el típico semblante profesional de malísima leche por estar en un lugar lleno de gente) se acercó a ver por qué un capullo con chupa de cuero estaba agachado justo en el camino de las masas deseosas de embarcar. Cuando le expliqué que se me acababa de caer la documentación echó un vistazo rápido a la cinta del scanner y me dijo que allí no estaba, y que si lo había perdido tenía que denunciarlo. Resultó que el hijoputa del DNI se había deslizado justo debajo del puto scanner, así que con un movimiento felino (me encanta llamarlo así) lo pillé y punto.

 

Superada la crisis (y menuda gilipollez de crisis) nos dirigimos a la puerta de embarque con las claras ideas de no saber dónde coño estaba, y que nadie podría ayudarnos. “Embarcarán ustedes en una de estas tres puertas (que curiosamente están en tres extremos opuestos de esta terminal multidimensional) Estén atentos a los paneles de información porque la megafonía no hace llamadas para el embarque”. Tanto Amelie, como las tarjetas de embarque parecían querer decir a continuación   “¡A joderse pringaos!” Y resultaba cierto: Lo único que decía la megafonía era “No hacemos avisos para embarcar” y “Hagan el favor de fumar en las zonas habilitadas para fumadores”.

 

Para fumar, hay habilitados una especie de cubículos con paredes semi-opacas, con aperturas para el acceso y, por alguna razón, sin techo. Para colmo había una especie de extractor que no funcionaba (probablemente debido a un incidente de obstrucción... un turista se encendió un caro cigarrito europeo justo debajo y le arrancaría la cabeza... o eso o no habían comprado pilas para el trasto). Lo habría llamado “El Pequeño Londres” si no fuese porque su niebla tabacalera invadía el resto del aeropuerto, hasta que un centroeuropeo, con sus cojonazos como puños, se acercó al centro del cubículo humeante, arrastró ruidosamente el cenicero hacia uno de los asientos para no fumadores y se encendió un purazo de los que hacen más plácida la espera.  Sobra decir que nadie le dijo nada, que ningún empleado apareció para meterle una bronca, y que ningún próspero y moderno europeo se le acercó con las sirenas de su conciencia social encendidas. Bueno, yo también fumo... y en su lugar habría hecho lo mismo. Que me pregunten luego por qué, en zonas turísticas me gusta hacerme pasar por guiri. 

"EL DESATRANCAMULAS"

"EL DESATRANCAMULAS"

La incursión de Murci en la jungla de las relaciones laborales, Telepizza a parte, vino de la mano de un familiar que poseía (a pachas) una modesta empresa de construcción. Porque la construcción fue, como si dijéramos (o mejor como si lo dijera Bush) su primer trabajo “de verdad”.  Las relaciones lésbico-rasta-fraternales que se dan en el mundo del reparto de pizza a domicilio, o la recogida estival de hortalizas y frutas (del bosque o no) no eran lo que nuestro “niño de verdad” esperaba del mercado laboral, lo que alguien con muchísimo sarcasmo, o bien con un pésimo sentido del humor, llamaría un “trabajo de hombre blanco”. Claro que en la construcción tampoco abundan quienes, al parecer, dan ese nombre tan raro al contrato indefinido y los sueldos por encima de los mil eurillos.

 

La construcción es una jungla de acero y hormigón, de mortero, de sudores, de camisetas tipo imperio, de accidentes laborales y de fiambreras con bocatas y cartones de vino barato. Pero topicazos a parte, es un mundo de gente con mucha mala leche. Sobre todo en verano. Cuando el calor aprieta, casi no hay lugares con sombra, y sólo uno de la cuadrilla (curiosamente el enchufado del jefe) tiene la única solución (a la que llamaremos botijo) es cuando se despierta la necesidad de solidaridad, de hermandad entre colegas de currelo, el instinto de manada. Es cuando el calor y la sed aprietan cuando nunca, pero nunca, nunca; debe aparecer el cáncer de la cuadrilla, el individuo que no juega en equipo y que merece que un engordado Robert de Niro le cosa a batazos, un individuo de actitud insolidaria y anti-fraternal (al que podríamos llamar hijo de la grandísima puta)

 

El botijo es mío y bebe de aquí quien yo digo, habría dicho el infantiloide currela ante el justo requerimiento de sus compañeros, de sus hermanos de andamio. Algo que, como en toda camada de gatitos, como en toda manada, debe ser corregido. Veamos cómo se las arregló la cuadrilla.

 

Vengo de la farmacia. Esto es “Desatrancamulas” y sé quién se lo va a beber todito. El problema es que deja cierto regusto, e inutilizaría nuestro objetivo durante semanas (nadie quiere perder tiempo de hacer mezclas, de cargar y colocar ladrillos por estar “cagamurciándose” todo el día) así que atacaremos durante la comida, que hoy el jefe y enchufador se va a estirar un poco en un restaurante cercano. La selección de objetivos es digna de la USAF: Conociendo los gustos de la víctima, el objetivo primario habría sido la cerveza, dado que el calor apretaba demasiado para el vino, el agua es vital y los refrescos estaban chapados en sus respectivas botellitas de tercio. Es entonces cuando los de Inteligencia hacen la llamada de un “pájaro blanco” (que dirían algunos taxistas) cuando se pudo divisar una jarra de tinto de verano. Existía la posibilidad de crear daños colaterales., pero como dijo “el envenenador de Águilas”: “Yo no hi comprao etta mierda pa tiral-la”. Así que:

 

-         ¡Eh! ¡Qué es eso! ¡Jefe! ¡Su coche!

 

-         Ése no es mi coche

 

-         Ah, celebremos que el coche que acaban de robar no es el suyo con una buena ronda de tinto de verano

  

El vengador del andamio olvidó avisar a gran parte de la cuadrilla de los peligros de tan refrescante bebida (no iba a renunciar a su revancha por un quítame allá ese agua marrón) y al bueno de Murci le salvó que a los “niños de verdad” no les gusta el vino. Prácticamente el resto de la cuadrilla estuvo, literalmente, cagándose en todo durante varios días. ¡Y qué manera de correr!, señaló el murciamigo a la hora de contármelo.

 

Otro día tendré que contaros la incursión de este Pinocchio del sur de España en el mundo de las relaciones con el sexo opuesto. Tan sólo decir que pasó de venir un día de Murcia presumiendo (“Ya no soy virgen... pagó mi tío”) a una situación de búsqueda de la mujer idónea. Ojo a su frase gloriosa:

 

 

 “Soy un corcho en busca de botella”