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Me Cago En Mi Vida

EL PUENTE DE TERRY PRATCHETT

EL PUENTE DE TERRY PRATCHETT

“El cinismo y el hastío son como la prueba del Carbono 14 para la personalidad” (Terry Pratchett) 

 

Qué pedazo de puente me acabo de comer. He vivido cosas que nunca imaginaríais, desde trabajar una noche con el Boss (y estar a punto de verle sustituido por el único e inigualable supervigilante: Lord Darth Chicho), o echarme unas risas con un compi viendo el episodio de Dilbert en el que se convierte en vigilante de seguridad, a sufrir una exposición prolongada a la radiación nociva de Rotenmeyer, consistente en ignorarnos en paz durante 36 horas (de las que 24 fueron nocturnas). Se abren nuevos horizontes laborales cuando el mismísimo Mahatma me ha dicho que soy demasiado inteligente para trabajar en seguridad y me ha sugerido que envíe un currículum a su empresa. Una vez más he comprobado una vez más que Murphy acecha detrás de cada esquina.

 

Big Boss, Big Bro.

 

Mi experiencia con los denominados jefes de equipo es realmente escasa. Se limita a los dos últimos meses pese a llevar un año en esto. ¿Por qué? Pues porque Mauricio me recalcó a diario durante diez meses que él era un compañero, y no un jefe, pese a llevar todo el papeleo.

 

Tras pasar por La Ciudadela, pude concluir que los jefes de equipo son vigilantes a los que les pagan un poco más por organizar a sus compañeros. Punto. Eso es lo que dice un jefe de equipo. Después tuve la oportunidad de tirarle de la lengua a un coordinador (la ciudadela es otro mundo) y se le escapó una frase gloriosa: “Hay demasiados Capitanes Generales entre ellos, y aunque algunos tienen coco, la mayoría son cortitos”. ¡Yuju! Ahora es cuando yo voy y expongo una ley más o menos científica para darme importancia:

 “La conflictividad interna en la plantilla de un servicio es directamente proporcional a la cantidad de mandos intermedios que figuran en su organigrama” 

 ¡Toma ya! Luego dirán que la seguridad privada es incompatible con cualquier forma de pensamiento abstracto.

 

¿Qué decir de mi amable jefe de equipo? Primero que, aunque lleva más tiempo que yo en esto, llevamos casi el mismo yendo a este servicio. Segundo, que pese a su edad se le podría encuadrar en la categoría de “profesional” (léase “vigilante de carrera”) aunque sólo por los pelos.  Tercero que cuando no sonríe acojona. Y la cuarta cosa, relacionada con la tercera, es un chiste:

 

¿Os suena el del mafioso que enseña sus cicatrices una a una? Ésta en Kansas City, ésta en Atlantic City, ésta en New York City, y ésta de “Apendi Citys”. Pues más o menos, porque él va señalando cicatrices y apuntando: Corte Inglés de Argüelles, Metro de Madrid, Renfe, Centro Comercial “Arrozales del Coronel Giap”. Digamos, en honor a Terry Pratchett y su “¡Guardias! ¿Guardias?”, que no es de los que, en caso de intervención, pelea sólo. Él pelea contra todo el mundo. Con lo fácil que es no intervenir y detener después a los que quedan en pie. No por ello deja de ser un buen tipo.

 

El caso es que lo primero que me advirtió cuando me tocó trabajar con él fue: Si me llaman por teléfono, te quedas a esperar a Chicho. ¡Bieeeeeen! Yo pensaba fingir profesionalidad y amor al trabajo de cara a un compañero con responsabilidades y capacidad de decisión, y casi me toca hacerlo delante del mismísimo señor del mal. ¡Éste debería ser un trabajo sencillo! ¿Por qué coño se tiene que complicar lo de señalar al ascensor, sentarse en una silla y matar a la gente con el dedo pulgar?

 

Podría ser peor... podría ser Auxiliar

 

Claro que, a la hora de pasar toda una noche con el jefe, temiendo el momento de una llamada telefónica que significaría un cambio de jefe por jefazo, hay algo peor que ser un vigilante novato y muy muy verde... y es ser un auxiliar muy muy verde. La compañera, como todo auxiliar desterrado a la cabina de cobro de un parking, tiene un serio problema de aburrimiento, problema que trata de combatir aprovechando los momentos en los que, en el aparcamiento, hay menos gente que en el Congreso de los Diputados un día que hay fútbol. Es uno de esos divertidos momentos en los que, cuando se supone que va por al mitad de la ronda, Big Boss aparece a nuestra espalda y grita “¿Qué? ¿De cachondeo?” La chica responde negando con una sonrisa encantadora que se borra nada mas comprobar en cuestión de segundos la cara de póquer del jefe[1]... después, cabrones de nosotros... bueno de mí, comentamos lo de la taquicardia que le dio a pobrecilla... aunque su fin de semana no había terminado.

 

Digamos que la noche siguiente le toca aguantarme a otro compañero algo más veterano... mucho más veterano. Digamos que hay marcos de puertas que levan menos tiempo en este edificio que él. Digamos que aprovecho la confianza para NO llevarme el portátil, y DE NINGUNA MANERA poner un episodio de Dilbert. Digamos que el compañero NO aprovecha para probar un programa de traducción automática en mi ordenador y que esta compañera NO estudia idiomas. Digamos que la compañera no se distrajo aprendiendo inglés con el cacharro electrónico ni que...

 

Sí, neguemos que, de reojo, ella viera a través del circuito cerrado de televisión la kilométrica fila de coches que esperaban a que volviese a su puesto a cobrarles y a levantar la barrera. Neguemos ese grito de terror tan espontáneo que sólo se puede comparar a los de The Who en “Don't Get Fooled Again”, a cualquiera de AC-DC o de Halloween.

 

 De ninguna manera declararemos, señoría, que la chica salió por pies hacia los ascensores, que se equivocó metiéndose (uno por uno) en todos los que estaban bloqueados al grito de ¡Bájame! ¡Bájame! O que, en ese momento, sonó por la emisora la voz del extrañado compañero que preguntaba ¿Qué estáis haciendo? Como si me repitiese por vigésima vez que no había que torturar a los auxiliares o, al menos, que no lo hiciese sin invitarle a participar.

 

Nada de eso sucedió, querido lector. Por eso no he sido tan bastardo como para partirme el pecho de risa.

 

La próxima vez me traeré pastillas de yodo

  

 

Cuando la gente pasa demasiado tiempo junta surgen roces. Es ley de vida. Cuando la gente pasa demasiado tiempo cerca de la Rotenmeyer y ella los considera inferiores (la prueba del algodón exige medir el grado de inclinación hacia arriba de su nariz) lo que acaban surgiendo son los gritos. Es algo recíproco, no os creáis... es como la Destrucción Mutua Asegurada (curiosamente contraída en el acrónimo MAD).

 

¿La solución? A parte de afrontar nuevos traslados, o complicarle la vida al Boss, que bastante tiene ya, la solución consiste en apechugar e ignorarla en paz durante doce horas cada noche.  Creo que la situación llegó incluso a oídos de Chicho, que dijo, en su infinita sabiduría, que es muy triste que dos compañeros acaben así... claro que sería peor si acabásemos abrazados. El día que Chicho me diga algo le responderé que aguante él este cirio... también que lo grabe en vídeo y que me mande una copia.

 

Por el humo se sabe dónde está...

  

¿Qué pude llegar a suceder cuando no te llevas bien con una compañera de nariz alzada? ¿Por qué Murphy acecha cual demonio tras cualquier esquina? ¿Por que demonios cuatro gilipollas adoradores de un tal Stan[2] tienen que elegir esta noche para entrar fumando en un cuarto de baño dotado de detectores de humo?

 

Creo que no puede haber nada peor en un edificio de oficinas que escuchar de repente una alarma de incendio... bueno, puede que el hecho de que haya un incendio de verdad y la alarma no suene llegue a ser peor, Casi tanto como una reacción influida por demasiadas novelas de Terry Pratchett, por frases del tipo “Si corres demasiado podrías acabar cogiendo al ladrón y eso no trae más que problemas”.

 

El proceso de reacción ante una alarma por incendio es el siguiente:

-         Silenciar

-         Comprobar

-          y A) Rearmar o B) Evacuar (y no sólo a uno mismo, sino a cualquier forma de vida basada en el carbono de las que reaccionan mal ante altas temperaturas y gases tóxicos).

 

Añadamos a esto el sentido común y la ironía con las que escribe Mr. Pratchett, y sentenciemos, intertextualizando un poco con “¡Guardias! ¡¿Guardias?”:

 “Las células dispersas de mi cerebro hicieron un valiente esfuerzo por reagruparse, pasaron la información al mando central y éste decidió que, por sentido común, lo más sensato era echar a correr en dirección contraria al fuego.” 

 

Es como uno de esos momentos en los que, incluso con ciento cincuenta pulsaciones por minuto, descubrimos que nos equivocamos... pero en lugar de corregir el decidimos seguir equivocándonos más. Incluso decidimos buscar un culpable, un cabeza de turco, un chivo expiatorio al que cargar con el marrón: ¡La culpa es del puto arquitecto! ¡Entre la planta uno y el sótano tiene que haber una planta baja! ¿Qué coño es eso de “Entreplanta” o “Sobresótano”?

 

Como si se tratase de un chiste de Gila, aquél en el que va a comer en un avión, por error sumerge la toallita con colonia en el café, y decide disimular limpiándose las manos con el azúcar. Yo decidí comprobar los cuartos de baño... pero también en dirección contraria. Es en esos momentos cuando Dios demuestra tener más sentido del humor que nadie:

 

Cuarto de baño a oscuras. Una cabina cerrada. Al primer intento de abrir la puerta (justo un par de segundos antes de echarla abajo a patadas) me interrumpe una voz...

 

¡Ocupado!

 

¿Quién caga de madrugada en el trabajo?... bueno, yo lo hago, pero ¿Quién más lo haría? Respondo con la típica frase del tipo “Hay una emergencia pero no quiero decírselo explícitamente”.

 

¡Seguridad! ¿Todo Bien?...

 

En esos momentos raros, algo ha fallado en el cosmos. Me da la impresión de que, la acción gravitatoria de muchos planetas alineados provocan que sea un empleado, de los  que tiene que quedarse hasta altas horas en el curro y aprovecha para dejar su opinión en el lugar de trabajo, calma a un vigilante vibrante[3] con una sentencia gloriosa:

 

“Me vienes de perlas, chico. Estaba cagando a oscuras y me has encendido la luz...”

 

Una frase tan gloriosa sólo puede ser respondida con disimulo, aparentando que se controla la situación:

“Para proteger y servir, señor”.

 

Hey, You´re smart!

 

Os he hablado ya del Mahatma. Llegar un día al curro y encontrarlo hablando con la gente de seguridad no es nada anormal, excepto porque un día me dijo que tenía un buen nivel de inglés. Mi reacción fue como la de Zapatero cuando le dijeron que había ganado las elecciones: ¿Quién? ¿Yo?

 

Buscarme como traductor tiene narices debido a la gruesa capa de óxido que cubre mi conocimiento de la lengua de Shakespeare. Que alguien trate de mantener conmigo una conversación en inglés sin recurrir a gestos y onomatopeyas es realmente raro. Pero siempre me queda la Rotenmeyer y su inglés de Barbate[4].

 

Que durante una conversación de estas, me pregunte por mi nivel de estudios, porque parezco inteligente (¿Oook?) y nos pongamos a hablar del impacto en la crisis energética de la inseguridad regional en Oriente Próximo es un hito. Casi tanto como que no me equivocase demasiado al construir las frases... El Mahatma me dio su tarjeta y me dijo que le enviase un currículum y una carta exponiendo qué trabajo puedo hacer. ¡Qué ilusión ante un nuevo posible fracaso! ¡Ascender de empleado de cuello marrón a empleado de cuello blanco! ¡Con etiqueta de Emidio Tucci[5]!

 

Imagino una entrevista en inglés pasada con éxito, un escritorio para mí sólo en una de esas enormes oficinas que, hoy por hoy, me limito a abrir y cerrar; ir a trabajar con traje, tutearme con los peces gordos... el logotipo de la empresa en mi tarjeta de visita. Imagino una vida de éxito, restaurantes caros y mujeres despampanantes...

 

Sobretodo me imagino entrando en la central de PROSEGUR, diciendo eso de: ¿Preparados? ¿Listos? ¡LA CUENTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Imagino la sangre corriendo por mis brazos, y los enormes moratones originados por tantos cortes de mangas a mis superiores en este glorioso sector de la seguridad privada.

¡EL PRÓXIMO TURNO DE NOCHE DE DOCE HORAS LO VA A HACER TU PADREEEEEEE! 

Luego me despierto y vuelvo a la realidad con una sonrisa tonta en el rostro. ¿Quién sabe? Quizá Murphy también tiene sentido del humor



[1] Cara de póquer... pero de ir perdiendo hasta la camisa

[2] Hace poco me he enterado que escribir Satán es pecado...

[3] Los vigilantes de seguridad no temblamos nunca... pero algunos vibramos ocasionalmente

[4] Aprovecho para pedir disculpas al noble pueblo de Barbate, a su distinguida población, y al fluido nivel de inglés del que pueden presumir. 

[5] Seamos sinceros... de aquí a que vista un traje de Armani pasará muuuucho tiempo

EL TRENECITO

EL TRENECITO

La vida de Murci ha cambiado desde que se ha integrado en el mundo de la seguridad privada. A parte de tener que hacer un mogollón de rondas, de guardias en obras vacías y, por alguna desconocida razón, custodiar unos valiosísimos cuadros antes de una subasta (¡Con dos cojones! Respondió un compañero al que se lo comenté), hace poco descubrió su servicio predilecto: Acompañar al técnico que repara cajeros automáticos. Durante unas horas, nuestro amigo se sentó en el asiento del acompañante del coche del técnico, unos minutos de pie junto a él, y varias horas más en un bar hinchándose a cerveza... conociendo al personal con el que trabaja... haciendo amigos. Mientras me contaba estas andanzas, me confesó esta nueva historia, que pasará a los anales de este blog como nueva Crónica Murciana:

 

Quien más y quien menos recordará aquella crónica murciana en la que nuestro insigne protagonista suspiraba por la esposa de un mafiosete (digamos el dueño de varias discotecas). Esa amiga que se acostaba sobre el lecho de Murci (de hecho sobre el propio Murci) con el sencillo objetivo de echarse unas risas y comprobar la capacidad de nuestro niño de verdad para controlar sus erecciones.

 

Pues resulta que esta chica, toda una inversión en silicona por parte de su señora madre, mantenida al parecer en su Venezuela natal por las remesas de divisas que la chica sacaba a su marido, ha cambiado al mafioso de tres al cuarto por un borjamari más normalito... al fin y al cabo, seguirá teniendo acceso a coches de alta cilindrada y la relación le permitirá mantener su alto nivel de vida. Sin embargo, tanto la chica como su retorcido sentido del humor, decidieron invitar a su casa[1] al bueno del murciano con la excusa de “arreglar su ordenador”. Algo que nuestro Murci debió interpretar como “Arreglarle el ordenador y luego desatascarle las cañerías”.

 

Le dejó la rubia caribeña en el salón mientras hacía como que limpiaba la casa (y nadie explicó al chico qué herramienta de limpieza doméstica emite un característico zumbido), y le propuso que viese la televisión en su ausencia. ¡Pobrecillo! Nada más apretar el botón del mando a distancia vio ante sus ojos cómo se desarrollaba una secuencia de una película porno con el volumen a toda hostia (¿Qué herramienta de limpieza doméstica emite un sonido parecido a una carcajada?). En defensa de una imagen pública compuesta de decencia y honor, el bueno de Murci cambió de canal...

 

PORNO

 

Varias veces...

 

PORNO

 

PORNO

 

PORNO

 

¿Es que esta chica no ve telenovelas o qué? Cualquiera que fuese el canal seleccionado, lo único que parecía sintonizar la televisión eran programas culturales para adultos. Andaba el pobre apurado, sin saber exactamente en qué mano tenía el mando del televisor y en cuál su “otro mando a distancia” cuando sonó el timbre. ¡Toma ya!

 

Resultó que no era el “Borjamari”, sino dos amigas de la buena (la buenorra) de la chica con uno de esos amigos “tan especiales” que suelen tener este tipo de chicas. Uno de estos hombres sensibles, apuestos y bien vestidos, de los que bailan bien y tienen una perfecta relación con sus madres... vamos que era un gay.

 

¿Y ahora qué? Se preguntó nuestro hijo predilecto de la huerta de España. ¿Me tocará hacer un “Trenecito”? Pues es un pequeño precio a pagar por “acceder al conocimiento interior” de tan notable rubia, por “afilar el lápiz”, por “matar topos”, por cumplir su fantasía de echarle un casquete de proporciones cósmicas a la rubia de sus sueños. Claro que la rubia tenía otros planes… o eso le pareció percibir por su lenguaje corporal. Sobra decir que sus amigas y su amigo “sensible” tampoco estaban por la labor.

 Pobre Murci. Qué cerca ha estado. Probablemente esté considerando la posibilidad de emborrachar a esta señorita tan provocativa (un Borjamari no reacciona igual que un mafioso), y si la chica resulta abstemia, siempre le quedará el cloroformo.


[1] Es una forma de hablar. Esta “Barby” (sé que se escribe Barbie) viene con los complementos habituales de la “Barbie Divorciada”: El coche de Ken, la casa de Ken, la tarjeta de crédito de Ken...

UNA ACLARACIÓN PREVIA

UNA ACLARACIÓN PREVIA

Aunque el término es suficientemente explícito, antes de relatar la XIII Crónica Murciana me permito ilustrar, utilizando el fondo de escritorio que mi amigo Milhouse tenía en su puesto de Júbilo, el término "TRENECITO".

ROTENMEYER Y YO

ROTENMEYER Y YO

La resolución de conflictos s un duro camino lleno de baches en el que la inmadurez de los interlocutores (“inmadurez” es un concepto no siempre ligado a la edad) puede llegar a provocar curvas muy jodidas de tomar.  Con la Roternmeyer me pasa como con el control de armas de fuego: Algún día la echaré de menos.

Digo esto porque, aunque es posible tener una conversación fluida, inteligente y fructífera con casi cualquiera, cuando alguien con un bajo nivel cultural (digamos un nivel “rosa corazón”) se da aires de grandeza suele soltar unas “perlas” gloriosas. Quede para la Historia su memorable frase “Aplica tus conocimientos, eres vigilante de seguridad”. Alguien capaz de mantener ese nivel durante doce horas seguidas merece competir por el campeonato del mundo. Ni el Monsieur Pignon, de “La cena de los idiotas” llega a tanto como para creerse un imprescindible miembro de la comunidad, cuando en realidad desempeña una labor que, básicamente, consiste en: Sentarse en una silla, apuntar con el dedo hacia los ascensores y poder matar a un ser humano adulto utilizando sólo el dedo pulgar.

Empieza criticándome a mí por mi desidia con un “quedas como el culo”, y prosigue arremetiendo contra cualquier licenciado que no sepa mecanografía (una especialidad que ella tampoco domina): “Y la doctora se puso a escribir con dos dedos... quedó como el culo”. Recuerdo un enfrentamiento que tuvo el primer día que aparecí por allí. Le empezó a gritar a otra compañera por haberle cogido una revista... resultó que había encontrado un taco de revistas del corazón en UN CONTENEDOR DE BASURA, y en un alarde de generosidad decidió compartirlas... sólo que quería entregarlas ella para evitar que se beneficiase nadie que “Le cayese como el culo”. “Yo no quiero un trabajo que consista en estar sentada doce horas... echaría culo de secretaria, como esas que trabajan aquí”. ¿Qué coño tienen las conservadoras contra los culos? ¡Los culos son cómodos! Además, cuando se cuida su forma y la cantidad de grasa que almacenan, resultan ser una de las más bellas obras de arte de la creación. 

(Valga este ejemplo de "obra de arte")

Respecto a la prosa de la Rotenmeyer, nuestras diferencias son más de enfoque que respecto a su corrección. “Lo que pasa es que yo soy irónica y tú sarcástico” tuvo las narices de decirme. ¡Pues sarcástico y a mucha honra! ¡Y si hiero a alguien que sepa que ha sido a drede! Al fin y al cabo, defiendo la idea de que el sarcasmo, al igual que la propaganda, es un gran incomprendido, y si algo me repatea es la postura “chupiguachi” de “Yo chachi, tú caca”, de “Yo bonito, tú feo”. Algo incompatible con la decencia del Caos y, como decía el personaje de Ignatius J. Reilly en la “La conjura de los necios”, con la Geometría y la Teología”.

Poco después me acusó de soberbia. “Es que yo soy irónica y tú soberbio”. Debería haber fingido indignación católica por haber sido acusado en falso de un pecado capital, pero mi inclinación natural hacia el bendito sarcasmo me impulsó a hacer un chiste: “Si yo soy soberbio, tú eres croata”. No tuvo la decencia de pillarlo. No tuve la compasión de explicárselo (¡Toma soberbia!).

Vuelvo a lo de la inmadurez, porque se trata de una persona que responde “¡Gracias!” cuando se le llama la atención por no tener un comportamiento calificable de “adulto”... digamos que ante la exclamación: “¡Joder! ¡Eres una cría!”. Ya me lo dijo más de un compañero en su momento: Mejor solo que mal acompañado... ¡Incluso cuando se trabaja en seguridad!  ¡Y me toca trabajar con ella este fin de semana!

Oh, Señor, dame paciencia... ¡PERO YA!

(La imagen principal es una viñeta de El Roto, de los mejores ilustradores de nuestro amado país)

 

UNA NOCHE MEMORABLE

UNA NOCHE MEMORABLE

Tenía que haber sido un turno tranquilo, uno de esos turnos en los que un vigilante NO saca de su bolsa un ordenador portátil, una tele o un reproductor de DVD y se la pasa viendo películas, vigilando siempre alerta como bambolean las tetas de una Silvi Saint con la que ha acabado teniendo cierta confianza. Un control de accesos en edificio cerrado, un turno de play station, una de esas gloriosas jornadas laborales que consisten en tocarse los huevos toda la noche (cada uno los suyos claro). ¿Por qué la gente es tan mala? ¿Por qué hay tan poco amor en el mundo? ¡Es que la gente no tiene casa o qué!

 Trabajo rodeado de gente encantadora 

 

Y no es coña. Son tan encantadores que, cuando salen de marcha, no pueden pasar sin venir a vernos a los que estamos de servicio. Cuando se trata de los colegas del gremio no hay maldito problema pero... ¿Por qué coño tienen que celebrar la cena de Navidad justo aquí al lado? Mirad que hay restaurantes, pubs, discotecas y locales de striptease en Madrid como para tener que celebrar una puta cena justo al lado. Puerta con puerta.

 

Ya tenía suficiente con fingir que trabajo las primeras horas de la mañana hasta que llegue mi relevo como para encima tener que fingirlo toda la puta noche. ¿Sabéis qué significa alargar la ronda? Digamos que se trata de una puta retirada estratégica cuando ves llegar al jefe de seguridad del cliente con un par de copas de más. O de menos. Da igual si ha bebido o no, es el responsable del cliente para la seguridad, lo que significa que es hora de pirarse.

 

Nos lo había advertido el Jefe de Equipo: “Cuidado, no os vayan a pillar en un renuncio. Podría ser peor... imaginaos: Podrían pillarnos abrazados.

 

Lo peor de tener que fingir que trabajas durante doce agotadoras horas es, precisamente, hacerlo en un destino donde cliente o empresa quieren tenerte entretenido. Con tenerte entretenido me refiero a hacer una ronda cada hora. Rondas, rondas, rondas, rondas... siempre lo mismo: Compruebas las puertas. Te fijas si se ha fundido algún foco en los últimos treinta minutos, fichas con un trasto llamado universalmente “Pato” (independientemente de su marca, forma o funcionamiento), caminas, caminas, caminas... y acabas hablando sólo, cagándote en todo, acordándote de todo el puto organigrama de este servicio. Desde Chicho al puñetero señor presidente del glorioso cliente. Todo esto me recuerda a la película “El expreso de media noche”, cuando al protagonista lo trasladan a un manicomio y tiene que dar vueltas en círculo durante todo el día hasta que llega la hora de dormir. Algún día vendrá a verme Baby al curro y me pedirá que haga las rondas caminando en sentido contrario para no volverme loco.

 

Lo peor es que, cuando vas por los aparcamientos, tengas que fichar en un cuarto de baño abierto al público. Imaginad que además, acompañas los movimientos rutinarios de la ronda con un mantra de vigilante... algo del tipo “mecagontó-cagontó-cagontó-cagontó...” y JUSTO EN ESE JODIDO MOMENTO se abre la puerta de una de las cabinas (desde donde la gente suele llamar a un tal Roca) y aparece uno de los jefes de seguridad que, pobrecillo mío, se sintió indispuesto, y decidió hacer de vientre JUSTO EN ESE MALDITO CUARTO DE BAÑO. Y encima se limitó a decir un temeroso “Hola”. Por lo menos parecía más asustado que yo.

 

El Mahatma y yo

 

La primera vez que vi a este buen hombre venía acompañado de su traductora/profesora de español. Se le había perdido. Se acerca una chica muy guapa a mi puesto y me dice “Perdona... ¿Has visto a un hombre con barba y un turbante?”. Joder si los he visto así. En los telediarios, en las listas del FBI... claro que este buen señor viene de la India para trabajar en una gran compañía del sector energético. ¡Y trabaja con el horario de la India! Lo digo porque se pega currando toda la puta noche. Y no como una limpiadora, que entra a las once y sale sobre las cinco de la mañana... esa por lo menos duerme... o limpia con mucha calma.

 

El Mahatma parece haberse fijado en mí porque hablo con él en inglés. Incluso ha llegado a decir que tengo un buen nivel de inglés, lo que debe ser una perla del humor indio, un chiste de Fernando Esteso en su versión Bollywood. Por lo menos es un tipo majo y agradecido... eso de “Thanks for check for me” me conmovió hasta lo más profundo. El resto de la conversación no la pillé, pero para eso Dios inventó el gesto de sonreír asintiendo con la cabeza.

 

Hola, estoy borracho y soy gilipollas

 

A la hora de diseñar un local es muy importante dotarlo de salidas de emergencia. Pero ¿Por qué coño tienen que dar esas putas salidas a la recepción de otro edificio? ¿Y por qué el arrendatario del local, que ha decidido explotarlo como bar o discoteca, no ha decidido poner a un portero en dicha salida? Pues para mantener un poco más entretenido al personal de seguridad del edificio anexo... a ese personal por el que no paga. Que te entren en la instalación tres o cuatro borrachos en una noche es el pan nuestro de cada día... que las tres veces sea el mismo imbécil es una muestra de que Dios no carece de un hiriente sentido del humor.

Digamos que la primera vez se ha equivocado. De acuerdo. Entre sus balbuceos parecen percibirse las palabras “busco” y “salida”. La segunda vez es cuando el individuo decide dar rienda suelta a su locuacidad. “Acabo de cenar en este restaurante y me he dejado el abrigo dentro ¿Me aseguras que puedo entrar a cogerlo?”. Al verle entrar por tercera vez me pregunto qué parte no ha entendido de “Esto es un edificio de oficinas, su abrigo no está aquí”.

Cuando el alcohol entra en juego es cuando nos damos cuenta de qué personas deberían haber sido ahogadas en el río nada más nacer. Sobretodo si empiezan a gritar y a hacer movimientos bruscos. Sacar por la fuerza a un borracho de un edificio de oficinas es una de las experiencias que juro relatar a mis nietos, aunque cuando le empujaba, agarrado de los brazos, luxándole las articulaciones, caí en mi error de novato: Se me debería haber caído varias veces por el camino.  

 Quiero demostrarte que soy buena persona 

 

La bondad se demuestra de muchas maneras. Se pueden hacer regalos, tener unas palabras amables... Este no fue el caso. Fue más bien como un chiste: Entra un tipo en un edificio de oficinas lleno de cámaras y le dice al segurata... Y le dice al segurata que es un tipo muy importante, un cliente muy antiguo que va a dejar su coche en el parking público... se identifica, identifica el coche, y me da su tarjeta para que le avise si ocurre algo con su lujoso vehículo. Después ese glorioso empresario se empeñó en demostrarme que era una buena persona: Abrió su mochila y me mostró un revólver. Doy gracias a Dios por ir vestido de marrón, si no se notaría que me había cagado.

 

No sé qué coño significa eso de “soy buena persona, voy armado” pero a mí me sonó a “Éste es mi cochazo, si le pasa algo te coso a tiros”. Y encima el “compi” me dice que se lo hace a todos los nuevos.

 

Amanece

 

Lo bueno de los turnos de noche de doce horas es que se acaban. Es lo único bueno. Ahí te olvidas de todas las rondas, de los mahatmas, de los empresarios armados y peligrosos, de los borrachos... te olvidas de las alarmas que han sonado sin motivo, de los focos fundidos, de que perdiste diez kilos para sacarte una placa y ahora tienes que colocarle los periódicos al cliente del cliente de tu empresa... te olvidas de los beodos que han orinado o vomitado en la entrada, de que juraste que eso lo limpiaría la puta madre de otro, de que lo cumpliste y alguien lo pisó, de que te partiste de risa viéndolo... te olvidas de los grupos de jóvenes que hacían botellón en el aparcamiento, de cómo les echaste, de que te mandaron a la mierda... 

 Puede que alguien del personal de los clientes no capte conceptos como que el abono de transportes no es un documento oficial de identificación, o que hay que comprobar las autorizaciones... o que para la seguridad siempre hay tiempo, como se decía en Dilbert.

 

 

 Todo esto en una puta noche. Por eso, cuando ves entrar a tu compañero del turno de día es como quien ve amanecer tras estar encerrado diez años bajo tierra. Significa el relevo... significa que esto deja de ser tu puto problema. Claro que tras contarle todo lo ocurrido en esta noche tan laaaaaaaaaarga, se me ocurre apuntillar el relato con un “podría haber sido peor... podría haber habido fútbol”.  

Era el peor momento para que me respondiese “Tranquilo, eso es mañana y también te toca venir”.

La primera imagen es de una de las mejores parodias sobre esta profesión que he visto en mi vida: El vigilante de "Cámara Café". La segunda salió de esta dirección que encontré en Google  

¿WHOPPER TRIPLE? A VER ¿CUÁNTOS QUIERES?

¿WHOPPER TRIPLE? A VER ¿CUÁNTOS QUIERES?

Creo que estaba en el instituto cuando el entonces glorioso presidente, Don Josemari, decidió dar el “medicamentazo”. Recuerdo haber escrito entonces un plan para vender medicamentos a la población en los parques y callejones oscuros, como quien vende costo. En la actualidad, me encuentro con que el Ministerio de Sanidad ataca a cadenas de comida rápida y fabricantes de pizzas por publicitar hamburguesas enormes y sacar a niños en sus anuncios de pizzas. A propósito, se han olvidado de un anuncio de Pizza Hut, que pregunta cómo le vamos a decir a las lentejas que tenemos en la nevera que esta noche tampoco... La pandilla de genios de BK se ha dicho que si no pueden anunciar el Triple, siempre les quedará el Doble.

 

¡Abducidme extraterrestres! ¡Prefiero que me metáis indecorosas sondas por el culo antes de seguir rodeado de idiotas! ¿Qué demonios le importará al estado que yo pueda o no engordar? ¿Por qué no le mete un puro a mi empresa por ponerme turnos de doce horas? Comer hamburguesas ciclópeas no es sano, trabajar tantas horas tampoco.

 

Hará un tiempo que vi el documental “Supersizeme” de Morgan Spurlock, en el que se olvidaron de incluir a los gerentes de McDonalds apuntando a la cabeza a los clientes para que comiesen más y más. ¡Cebaos! ¡Cebaos malditos!  Podría haber tenido la decencia de incluir una teoría conspirativa al estilo del diario El Mundo. “Los alienígenas ceban a la población de EEUU (en el resto del mundo las hamburguesas son más pequeñas) para poder abrir un restaurante en Omicrón Persei V” habría sido un estupendo titular. Cuando el resto de medios de este planeta (por no hablar de los de Omicrón V) les llamasen idiotas, presumirían de cuántos ejemplares venden y solucionado.

(esto ha salido del buscador de imágenes del Google... escribid megaburger)

 

Yo quiero hamburguesas titánicas... de esas que son más grandes que yo. Quiero comerme algo que estuvo vivo y tuvo sentimientos. Algo contento de tener un pelaje negro con manchas blancas (o al revés... con eso no me aclaro), con los ojos a los lados de la cabeza, algo que haya sufrido para convertirse en ese enorme trozo de carne que masticaré tan a gusto. ¿Qué te parece un poco de queso fundido sobre tu lomo hija de puta? Le preguntaré al espíritu de la vaca con la boca llena y lanzando perdigones. Para eso nací con los ojos en paralelo en la parte frontal de la cara. Para disfrutar comiéndome a los herbívoros. Yo quiero comer carne. ¿Quieres tú?

 

¡Que las prohíban! La solución es la misma que aquella travesura adolescente que escribí cuando me hacía tantas... (perdón mamá) cuando estaba en el instituto. Callejón oscuro. O un banco perdido en algún parque público. Una Uzi en la sobaquera por si viene la poli, largo abrigo negro y cara de estar allí sin hacer nada, junto a un cajón hermético, de esos que mantienen la temperatura de su contenido. Si algo saqué de mi estancia en el Burger King fueron las recetas de la casa. Recetas prohibidas que me convertirán en un hombre rico. La envidia de los concejales de urbanismo. ¿Whopper Triple? A ver, ¿Cuántos quieres?

JODEEEEEER...

Espero que todos (excepto mi madre) vean las situaciones que tienen que vivir algunas compañeras y compañeros en el Metro. Además aquí, en mi Barrio. Esto no lo soluciona ni la Milicia de Carabanchel Bajo.

Pelea en Informativos Telecinco.

Mis felicitaciones a los compañeros y compañeras que se la juegan día a día en un destinos tan jodidos como el Metro de Madrid o la RENFE.

 Bien hecho.  

TENÉIS RAZÓN

TENÉIS RAZÓN

De acuerdo... tenéis razón... ¡Comunistas!

 http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_4924000/4924008.stm

http://www.20minutos.es/noticia/110622/0/china/organos/ejecuciones/

(N.B. La imagen es del sitio web de la BBC)