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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

LA ABUELA DE HITLER

LA ABUELA DE HITLER

Cualquier actividad humana es capaz de enseñarnos algo, ya sea sobre nosotros mismos y hasta dónde somos capaces de llegar, sobre quienes nos rodean y lo que son capaces de hacer, o (principalmente) que existen dos normas básicas que rigen el universo, a saber:

- La gente es gilipollas, y cuando bebe más.


- Hay quien bebe para olvidar, hay quien bebe por amor y, finalmente, hay quien bebe por las mañanas.


Y habrá quien siga diciendo que el trabajo es de vagos, de inútiles y que cualquier simio borracho de cerveza podría hacerlo. A personas así sólo les puedo recomendar que consigan una habilitación de Interior, un uniforme, un par de narices, y que se vengan a hacer turnos de doce horas... no es tan fácil ser el pito del sereno... ni siquiera cuando tu superior directo es lo que, nosotros los occidentales, llamamos un jodido conserje.

Se preguntará el lector a dónde demonios trato de llegar. No hago otra cosa que allanar el camino hacia un personaje que deja atrás a Rotenmeyer cuando coinciden su primer día de regla y un nuevo intento por dejar de fumar, alguien tan odioso que haría vomitar de indignación incluso a Charles Manson, que haría gritar al Presidente Bush que, en el fondo, Sadam no era tan malo. Os voy a hablar de una limpiadora, pero no de una limpiadora cualquiera... os hablaré de una limpiadora MUY HIJA DE PUTA.

Ya lo decía Monty Pyton, Mira siempre el lado bueno de la vida. En el caso de esta limpiadora sólo puedo parafrasear una frase de Los Simpsons, de ese episodio en el que Marge tiene que pintar un retrato de Mr. Burns: Es malvada pero morirá. Porque cuando nos encontramos por primera vez con una persona malvada, lo primero que nos viene a la cabeza es la persona que ocupaba antes su puesto... y la limpiadora a la que sustituye esta mujer era la dulzura personificada, una abuelita encantadora, trabajadora... un encanto. ¡Ganas tenía de ser adoptado como su nieto para que me preparase galletitas! ¡Ganas tenía de ser su gato para dormir en su regazo! Pero un día se abrió la puerta, y entró la puta vieja más mal nacida de toda la Historia, dando órdenes, insultando y gritando, como si el hecho de ser una puta limpiapolvos con pérdidas de orina le diese licencia para avasallar a los demás.

Una forma de definir a una persona es compararla con la gente de su entorno, o cuando menos, con la gente que trabaja en el mismo lugar que ella y se dedica a lo mismo. Examinando a las demás limpiadoras, me doy cuenta de que la mayoría son muy educadas, amables... incluso hay alguna de Europa del Este que está muy buena. Casi todas ellas extranjeras. Ello me impulsa a mandar a la mierda a todos esos fachas que quieren expulsar a los inmigrantes. ¡A quienes habría que expulsar son a los españoles! ¡Cambiemos el nombre de este glorioso país por el de Extranjeria!

Todo esto es porque, tras un turno de noche de doce horas en el que un grupo de unos doscientos (a ojo) adolescentes trajeados que celebraba el fin de curso decidió cortar el tráfico, volcar contenedores y quemar papeleras justo delante del edificio donde estaba de servicio. Eso y, además, rompernos un cristal. Además, en otra de las salidas había un clan de gitanos que, para mayor gloria de su raza, logró espantar a todos los borrachos de los cojones que no pertenecían a la misma.

Sume a eso mi querido lector la visita de Chicho (sin otro objetivo que hacernos la vida imposible), que los capullos del club de padel se dejaron los aspersores abiertos, lo que llevó al personal y clientela de los pubs y discotecas aledaños a bailar bajo la lluvia (literalmente); que esos cabrones que se hacen llamar encargados no nos avisaron, sino que llamaron directamente a la Policía, que se colaron los borrachos de todos los fines de semana y hubo que sacarlos, que un imbécil decidió robar la lanza de una BIE (boca de incendios equipada) y no se le ocurrió nada mejor que abrir la llave del agua, con lo que inundó dos plantas del parking... vamos, que en una noche de luna llena, martes y trece en el calendario Maya, los planetas se alinearon y resultó que yo estaba en el medio de todo el follón. Supongo que sólo faltó que con follón quisiese decir enorme pentáculo.

Cuando sólo quedaban unos minutos para finalizar mi turno cuando la señora La limpieza es lo más importante, la bastarda Llego tarde y ese polvo no va a limpiarse sólo, la hija de puta de Yo le diré cómo hacer su trabajo pese a no saber ni limpiarme el culo (a mi ya avanzada edad) entró por la puerta exigiendo toda la atención. Directivos y mandos intermedios de corporaciones multinacionales esperan su turno para recibir las llaves de sus oficinas, muestran su documentación y saludan cortésmente agradeciendo nuestra firmeza y nuestra amabilidad. Cuando a esta zorra sexagenaria, a esta justificación para la eutanasia obligatoria a partir de los 60, esta excelente campaña publicitaria para Soylent Green, le entregué su tarjeta de acceso y sus llaves diciéndole: “Perdón por la tardanza, que tenga un buen día”, después de haber vivido un fin de semana de batalla, la muy pécora no pudo más que cogerlas con peores humos que una chimenea de Chernobyl, salir por pies, y gritar:

¡¡¡GILIPOLLAS!!!



Os juro que se me saltaron las lágrimas. Por eso he decidido la mejor venganza contra esta hija de la grandísima puta, contra esta aberración, contra esta cocinera de galletas de cianuro. La voy a rebautizar como se merece, dado que si le parto la cara (algo muchísimo más honesto) encima se me vendrían todos encima (malvado segurata nazi-fascista arremete cual horda de hunos a agradable viejecita).

Pese a que mereces ser crucificada boca abajo, puta vieja, tan sólo me referiré a ti, tanto en público como en privado como...




LA ABUELA DE HITLER



Damas y caballeros: Ha nacido una estrella.

MINIYO

MINIYO

Como miembro de la comunidad de la seguridad privada, y de una empresa multinacional que lleva la ley y el orden allá donde pisa (o por lo menos en Madrid lo aparenta) he de sentirme parte de lo que el departamento comercial ha dado en llamar La Seguridad del Siglo XXI, o también La Seguridad Inteligente.

 

Teniendo en cuenta que ésta es una empresa capaz de contratar a Murci, sobran los chistes. Como dijo aquel Coronel francés, “Si tiene que haber chistes nos da igual”. Sin embargo, he de dejar claro mi esfuerzo personal por lograr un buen ambiente de trabajo y ganarme la confianza y la colaboración de todos, no sólo la de mis compañeras y compañeros, sino también la del personal de contratas de los honorabilísimos dueños de la empresa-cliente. Vamos, que ya tengo excusa para hacer gilipolleces.

 

¿Y por qué es necesaria la seguridad? Se dirá entre bostezos el lector (si es que sigue leyendo) ¡Pues porque se tienen enemigos! ¿Y cuál es el enemigo de la seguridad inteligente? ¿Acaso las limpiadoras temporales que vienen a hacer una sustitución? ¿Los Mensajeitors que no se quieren quitar el casco dentro del edificio? ¿Quizá los borrachos que se nos cuelan cada noche por las salidas de emergencia o los propietarios de vehículos que nos gritan porque el parking es muy caro? Léalo varias veces para que le quede muy claro:

 NO 

¿Serán mi enemigo los rusos? ¿Los yankees? ¿Los punkies? ¿Los hippies?

 Repita de nuevo el ejercicio anterior:

 NO 

 

Como supersegurata del siglo XXI mi único enemigo es el aburrimiento. He de escribir más sobre esto, pero tan sólo anticiparle, Oh loado lector, que éste trabajo es una forma muy sutil de estafa. Tan sutil que no me queda claro a quién estamos estafando, pero téngalo claro: Lo es.

 

Para lograr un bien ambiente de trabajo, ganarme la confianza del personal, y ganar un café gratis, desarrollé una compleja estrategia de juego comunicacional que he dado en llamar:

 

EL BUCLE DE MINIYO

 

Todo empezó en un anodino turno de noche en el que noté a la Rotenmeyer algo pachucha. No había parado de hablar con otra compañera de relaciones personales y demás temas deprimentes que encantan a las mujeres porque les hacen sentir mal. ¡En serio! ¡Creo que hay un tipo de mujeres que gozan de su sufrimiento emocional! ¡Y también se da en hombres! Sólo que nosotros no solemos hablar de ello para que no nos tachen de mariquitas.

 El caso es que Supergolfo, siempre al rescate, decide alegrarle la noche a la Rotenmeyer, pero no encuentra cómo hasta que llega un empleado de la limpieza (un pedazo de freak con el pelo al cepillo) y se pone a hablar de los documentales que ha visto en la tele. No carguéis contra él, el chico es así y hay que quererle, pero el disparo de salida, la señal de fuego, llegó cuando el chico empezó a relatar un documental sobre Boys que (por alguna sospichosa razón –lo he escrito así a drede-) había visto en la tele. Eso le llevó a hablar de los tópicos sobre el tamaño de los penes de raza negra. El pene para arriba, el pene para abajo, toda la santa noche con el pene en la boca (...ya me entendéis...). Llegado el momento, encaré al limpia y le pregunté ¿Tú no serás de esos que le ponen nombre a la polla verdad? 

 

El chico, ruborizado, lo negó una y otra vez, sintiéndose arrinconado por el Mohamed Alí de las preguntas inquisitoriales, mientras Rotenmeyer empezaba a partirse el pecho de risa, hasta que, al no poder más, lanzó un derechazo dialéctico en lo que creyó que eran mis napias: ¿Qué pasa? ¿Es que tú sí le has puesto nombre a la tuya?

 

En ese momento, alguna forma de vida superior tomó el mando de mi cerebro, mis labios se movieron, el aire pasó a través de mi garganta y una frase inundó la recepción de ese edificio de oficinas de la alegría:

 “Sí, lo llamo MINIYO” 

 

Rotenmeyer se cayó de la silla en medio de un ataque de risa. Durante toda la noche, el pedazo de cabrón del limpia no paró de llamarme por la emisora: ¿Me recibes Miniyo? Iba a irme de vacaciones, y resulta que ya había creado un jugoso trapo sucio del que se iba a hablar durante décadas. Seguro que al volver todas las bellas azafatas me saludarían sonriendo: Hola, Miniyo. Me imaginaba a Rotenmeyer difundiendo el rumor: Compañero, ¿Sabes cómo se llama el pene de Golfo? Me imaginaba la primera respuesta de todos los compañeros: ¿Y tú cómo te has enterado? ¿Acaso lo lleva tatuado en el prepucio, cerdilla?

 

La bola de nieve ya estaba formada, rodando y, para colmo de males, había tomado una pendiente cuesta abajo. Así que sólo quedaba una cosa por hacer. Cuando llegó el Jefe de Equipo, me iba a preguntar si había pasado algo por la noche, y yo le corté:

 Te apuesto un café a que las azafatas van a pasar dos semanas hablando sobre mi polla.

EL VIGILANTE VINDICATOR

EL VIGILANTE VINDICATOR

Cuando me preguntan por qué demonios no estoy ejerciendo como periodista y, para colmo de males, me dedico a ser segurata, tengo más de una respuesta. La principal, aunque algo penosa, es que lo hago por dinero, aunque ése es un tema que he repetido hasta la saciedad. Lo cierto es que tengo otras respuestas. Podría decir (y de hecho digo en ocasiones) que es para ganar una experiencia útil de cara a una futura labor periodística. En qué otra profesión iba a generar más mala leche que en la seguridad privada, se preguntará el lector agudo. Sí, hay miles de trabajos ingratos, pero en pocos se le puede sacar el lado divertido a lo de hacer plantones de doce horas. 

 

Ser parte de un servicio externalizado es una putada. Sobretodo si se comparte el tiempo con gente de otros servicios externalizados, como es el ejemplo de un vigilante de seguridad en un gran complejo de oficinas. Tarde o temprano te toca ser relevado por alguien que no es un compañero, como una forma de sino ineludible que nos deja sólos ante un Pilatos de nuestra propia empresa. ¿Que la azafata que te tenía que relevar ha llegado tarde? Te suelen decir cuando eso ocurre. Añada su verbo preferido al final de la respuesta estándar “Pues te...” os anticipo los finales más utilizados, dado que mi empresa les cobra (y nos paga) hasta la hora en punto:

 -         ... jodes

-         ... largas a tu casa y que se joda el edificio

-         ... quejas a su jefe aunque es como hablarle a una pared

-         ... lías la manta a la cabeza y la tomas con el primero que pase

-         ... esperas a coincidir con un compañero para contarle tu triste historia 

Pocas cosas funcionan peor que el victimismo en esta profesión. El victimismo no, pero el compañerismo seguro. Así que, incluso si es la Rotenmeyer quien me usa como paño de lágrimas, Súpergolfo ha de acudir al rescate proporcionando una dura represalia a quien ose dañar y destruir a mis hermanos.

 

En las Torres, donde estoy asignado, existe una pequeña azafata con muy mala uva, que llega tarde a relevarnos, se va a casa antes de su hora, y, encima, nos rocía con ambientador porque –al parecer- relaciona el color caca de nuestros uniformes con el mal olor. ¿Buscabas problemas nena? ¡Agárrate la goma de las bragas porque aquí llega el Vigilante Vindicator!

 
  • Fase 1: Su silla preferida

Entre otras manías, la señorita tiquismiquis exige que la silla de la recepción que ocupa esté regulada a su altura cuando ella llega. Al parecer, la buena moza desconoce que hay una palanquita bajo el asiento que permite regular la altura. En turnos realmente aburridos, dada la imposibilidad de contar las baldosas de dos torres de diez pisos, dos parking de cuatro plantas y una terraza con club deportivo, me he entretenido en subir y bajar una y otra vez. Es como estar montado en el ascensor más cómodo de la América profunda.

Llegada la hora H, le dejo el asiento tan abajo como puedo, de modo que, estando yo sentado, mis rodillas me toquen las orejas. ¡Es como cuando eres un bebé y caminas en un taca-taca!

Cuando ella se incorpora por la mañana, unos quince minutos más tarde de lo debido, se encuentra con un frío y duro cilindro de metal que sobresale de entre el asiento para permitirle, con mejor sujeción a la silla, que disfrute de sus seis horas de recepción.

            La tipa va y me pregunta ¿Quién se sienta ahí? ¿Una enana?Ahí no se sienta ninguna enana, ahí se empala a quien osa molestar al señor o señora Seguridad. 

  • Fase 2: No se me permite ser más eficiente

Si una persona autorizada a acceder a la base de datos de empleados (lo que incluye la comprobación del tipo de acceso), porque ésta está en el disco duro de un ordenado, no se presenta a trabajar a su hora, y quien le sustituye no puede tocar ese invento de Satán fabricado por IBM  por el hecho de pertenecer a un colectivo profesional aficionado al porno, los empleados de las gloriosas empresas alojadas en las Torres habrán de esperar a que su majestad tiquismiquis llegue a la recepción y aposente su puntiagudo culo sobre su rebajada silla.

Los transportistas de ganado saben un montón sobre cómo coger las curvas y evitar dejar a las reses paradas en un lugar estrecho y seco. Eso las pone de los nervios. Provocarle a Jane Hateful una aglomeración de gente cabreada por llegar tarde al trabajo es como bombardear una colina atestada de vietcongs durante todo un día. Esa recepción olía a... ¡A victoria!

           Al fin y al cabo, para la seguridad siempre hay tiempo.

  • Fase 3: No es una manía

La última y más importante. Su excelencia la azafata, rocía a conciencia con ambientador la recepción que ocupa cuando en ella ha habido un vigilante. A mí ha llegado a hacérmelo incluso cuando he estado presente. ¡No es coña! ¡Me roció con esa mierda de aroma a limón como si se tratase de un spray de autodefensa! Me roció como si ella fuese piloto estadounidense y yo cualquier afluente del río Mekong.

 

Decidido a volver loca a la señorita, aprovecho para matar dos pájaros de un tiro por otra afrenta personal que cometió contra mí: Con el tiempo he cogido la manía de ordenar por número las tarjetas de acceso para visitas de la instalación. Esto combate el aburrimiento (se trata de más de diez mil tarjetas por cada una de las dos torres) y permite saber cuántas personas ajenas a los clientes hay en el edificio. Una mañana se me saltaron las lágrimas cuando esta mala pécora empezó a desordenar (a drede) las tarjetas perfectamente amontonadas en una fila de las que recuerdan a las celebraciones gubernamentales de la China Comunista. Cosas así son lo que los profesionales del segurateo llamamos un casus belli. Cuando esto termine puede que ella no me llame maestro, pero seguro que rociará de ambientador incluso al jefe del edificio.

 

 Habida cuenta de que sus manías son más graves que las mías, he decidido hacerle NECESARIO el uso del ambientador. Supongo que, llegados a este punto, ya sabéis por dónde van los tiros, pero seré más explícito aun:

 

YO ME TIRO PEDOS EN SU SILLA PREFERIDA

 

No puedo hacer otra cosa que imaginar la expresión de su angélico rostro al aspirar las esencias de mis intestinos nada más llegar al trabajo. ¡Y también durante las siguientes seis horas! Es al poco de verla escaquearse del trabajo antes de tiempo cuando empiezo a separar con disimulo mis nalgas para que todo el aire putrefacto. Llego a presionarme el vientre para estar seguro de que no me guardo nada para otra ocasión. Llego a comer fabada antes de ir a trabajar. Llego a sumergirme en el profundo abismo de mi pervertida mente para gritar en el silencio de la recepción ¡TRÁGATE ESTO! ¡PUTA!

 Ojito, chica, con incordiar a los seguratas. Su venganza no sólo se sirve fría. Su venganza, además, huele fatal.

Feliz Año Nuevo

Feliz Año Nuevo

Anduve paseando por la red en busca de inspiración buscando algo gracioso que poner para felicitaros el año nuevo y me he encontrado estos vídeos. Lo suelto así, a pelo, porque mi fin de año ha sido una mierda. Libré en Nochevieja para trabajar el 1 de enero por la mañana, por lo que prácticamente he hecho Nochebuena y Nochevieja... excepto por lo de comerme las uvas en casa. Como para que pasase algo, con la calle llena de gente borracha. En estos casos, si no puedes con ello llamas al jefe, a ver qué se le ocurre, como en este vídeo de Star Wars, es como si Vader fuese vigilante y el Emperador un Coordinador de Servicios.

Y claro, te toca trabajar en Navidad, y librando en Nochevieja... resulta que tengo que ir a trabajar el día 1 a primera hora de la mañana... ¿De qué íbamos a hablar entre ronda y ronda sino de la verdadera utilidad de Internet? Dicen que nació para hacer más fluida la comunicación entre los militares a lo largo de todo el mundo, pero la verdad es algo más siniestra. Hablando de ello, descubro que hemos organizado el cuadrante para que las compañeras y compañeros con niños librasen en Navidad y el Día de Reyes... gente con niños y con Internet... hmmm, eso da muchas posibilidades.

Doce horas de turno en las que coincidimos tres tíos a los que nos gustan las películas violentas da para especular mucho sobre las futuras producciones de Hollywood. Por ejemplo una nueva peli de Terminator para aprovechar las fiestas. Es en estos días señalados en los que te acuerdas de toda la gente que has conocido en este negocio. En particular, me acordé de un tipo genial, al que por su veteranía llamaban "El Papi", que me dio un par de buenos consejos. ¿Qué hará la gente que libra hoy y que apenas tiene vida debido a este puto trabajo?

A la hora de comer surgen las historias. Tras contarse la vida y lo cabrones que son los jefes, el siguiente paso en una conversación entre gente que trabaja en seguridad son las batallitas, historias raras, divertidas, alucinantes... como encontrarse a un tipo vestido de ninja nada más salir de casa. Cada cual tiene su propio monólogo de un par de minutos, a lo "Club de la Comedia", con unos resultados de lo más variopinto y... bueno, empiezas con unos villancicos y acabas con las putas canciones de la tele. Todo un show registrado por las cámaras de seguridad.

 

Mi conclusión es que, los fines de semana, el turno de día es prácticamente igual que el de noche pero con más luz natural: Prácticamente vienen los mismos tres o cuatro tipos a trabajar, y aprovechas los largos momentos de quietud para hacer alguna friquez.

 

PD: He descubierto el Blog de Javi Moya (al que debo agradecerle gran parte de estos vídeos) por un enlace en la bitácora de mi letrado favorito. Resulta muy divertido... ¡Has vuelto a dar en el clavo abogado! 

 

Hala, Feliz Año Nuevo

SUEÑOS DE UN SEGURATA

SUEÑOS DE UN SEGURATA

Se está hablando mucho de la estabilidad mental de ciertos vigilantes de seguridad que se han hecho recientemente célebres... algo que por desgracia nos afecta a todo el gremio. Chistecillos a parte, vamos a dejar de lado los test psicotécnicos, las evaluaciones psicológicas y las pruebas de Rorschach a las que podría llegar a someternos mi querido Señor F. 

¿Con qué sueñan los vigilantes de seguridad? En mi caso me han llegado a preguntar, en mi actual destino, si no había tenido pesadillas con las complicadas rondas del Parque Empresarial. Nada más lejos de la realidad, una ronda sencilla en la que cuentas con toda la ayuda de los compis... más que nada por si me pierdo o si aparece el jodido minotauro que habita en el parking.

 Mi pesadilla más divertida ocurrió en Las Dos Torres (y esto de Torres es también una forma de hablar). ¿Recordáis la secuencia de la primera película de Matrix? La que mola... Neo y Trinity van a rescatar a Morfeo a un edificio de oficinas, le dan una tunda épica a los vigilantes, a los SWAT y a los agentes que hay allí, y al final todos nos preguntamos quién va a recoger todos esos escombros y casquillos. En mi pesadilla, estoy sólo en la recepción, no hay SWAT ni más vigilantes... ni siquiera una jodida azafata. Aparecen ese par de criminales de diseño corriendo por el techo y las paredes, y el único pringado que les separa de Morfeo y del hijo de la gran puta de Smith soy yo.   

Manolo Vieira tiene una divertida historia, un chiste sobre un tipo que no descansa por las noches porque conduce un camión cargado de manzanas, se le caen y pasa toda la noche recogiendo manzanas por Las Palmas. ¿Ocho horas recogiendo manzanas del suelo impiden que descanses? Pues imagina que las ocho horas de sueño las pasas recibiendo espectaculares golpes de kung fu sin poder defenderte. Como para pedir la baja.    

Claro que cada pesadilla recurrente depende de la actividad que realice el vigilante que la sufre. El Gurú, que no hace otra cosa que retenes, soñó una noche que se hacía pasar por inspector. Algo divertidísimo dado que no sabe conducir... ni siquiera en su sueño. El hecho es que recoge a una anciana durante su trayecto entre servicios prometiéndole que la llevaría a casa y, como buen inspector, decide dejarla en la primera parada de autobús que encuentra... en plena noche... bien acompañada por personajes siniestros ataviados con bozales a lo Hannibal Lecter, caretas de hockey, máscaras de pinchos como Hellraiser. Creo que dijo que uno de ellos incluso llevaba un hacha en la mano.  

El sueño de Murci se ha cumplido. El niño de madera del sector de la seguridad privada, ha logrado un destino fijo. Encima es un almacén de videojuegos. Los hay con suerte... por lo menos hasta que los Peepshows no contraten seguridad privada.  

Por mi parte, anoche volví a soñar con el peor criminal de todos (de sobra citado en este blog). Quizá por la adoración que Baby practica hacia el actor que lo interpreta. En este nuevo sueño, salía de la boca de metro que hay en mi barrio. Hablaba por el móvil y de repente una mano traicionera me lo arrebataba con un gesto hábil. Pensando (topicazos los míos) que se trataba del típico adolescente ladrón de origen latino, gitano o magrebí, me revolví y le di una leche... y comprobé atónito que quien me había quitado el teléfono era una esbelta figura con levita negra y gafas de sol de diseño, y que lo que hacía era llamar a su operador para encontrar una salida.

  Con todo lo que hemos hecho por pararle los pies... joder, qué putada.

EL PUENTE DE TERRY PRATCHETT

EL PUENTE DE TERRY PRATCHETT

“El cinismo y el hastío son como la prueba del Carbono 14 para la personalidad” (Terry Pratchett) 

 

Qué pedazo de puente me acabo de comer. He vivido cosas que nunca imaginaríais, desde trabajar una noche con el Boss (y estar a punto de verle sustituido por el único e inigualable supervigilante: Lord Darth Chicho), o echarme unas risas con un compi viendo el episodio de Dilbert en el que se convierte en vigilante de seguridad, a sufrir una exposición prolongada a la radiación nociva de Rotenmeyer, consistente en ignorarnos en paz durante 36 horas (de las que 24 fueron nocturnas). Se abren nuevos horizontes laborales cuando el mismísimo Mahatma me ha dicho que soy demasiado inteligente para trabajar en seguridad y me ha sugerido que envíe un currículum a su empresa. Una vez más he comprobado una vez más que Murphy acecha detrás de cada esquina.

 

Big Boss, Big Bro.

 

Mi experiencia con los denominados jefes de equipo es realmente escasa. Se limita a los dos últimos meses pese a llevar un año en esto. ¿Por qué? Pues porque Mauricio me recalcó a diario durante diez meses que él era un compañero, y no un jefe, pese a llevar todo el papeleo.

 

Tras pasar por La Ciudadela, pude concluir que los jefes de equipo son vigilantes a los que les pagan un poco más por organizar a sus compañeros. Punto. Eso es lo que dice un jefe de equipo. Después tuve la oportunidad de tirarle de la lengua a un coordinador (la ciudadela es otro mundo) y se le escapó una frase gloriosa: “Hay demasiados Capitanes Generales entre ellos, y aunque algunos tienen coco, la mayoría son cortitos”. ¡Yuju! Ahora es cuando yo voy y expongo una ley más o menos científica para darme importancia:

 “La conflictividad interna en la plantilla de un servicio es directamente proporcional a la cantidad de mandos intermedios que figuran en su organigrama” 

 ¡Toma ya! Luego dirán que la seguridad privada es incompatible con cualquier forma de pensamiento abstracto.

 

¿Qué decir de mi amable jefe de equipo? Primero que, aunque lleva más tiempo que yo en esto, llevamos casi el mismo yendo a este servicio. Segundo, que pese a su edad se le podría encuadrar en la categoría de “profesional” (léase “vigilante de carrera”) aunque sólo por los pelos.  Tercero que cuando no sonríe acojona. Y la cuarta cosa, relacionada con la tercera, es un chiste:

 

¿Os suena el del mafioso que enseña sus cicatrices una a una? Ésta en Kansas City, ésta en Atlantic City, ésta en New York City, y ésta de “Apendi Citys”. Pues más o menos, porque él va señalando cicatrices y apuntando: Corte Inglés de Argüelles, Metro de Madrid, Renfe, Centro Comercial “Arrozales del Coronel Giap”. Digamos, en honor a Terry Pratchett y su “¡Guardias! ¿Guardias?”, que no es de los que, en caso de intervención, pelea sólo. Él pelea contra todo el mundo. Con lo fácil que es no intervenir y detener después a los que quedan en pie. No por ello deja de ser un buen tipo.

 

El caso es que lo primero que me advirtió cuando me tocó trabajar con él fue: Si me llaman por teléfono, te quedas a esperar a Chicho. ¡Bieeeeeen! Yo pensaba fingir profesionalidad y amor al trabajo de cara a un compañero con responsabilidades y capacidad de decisión, y casi me toca hacerlo delante del mismísimo señor del mal. ¡Éste debería ser un trabajo sencillo! ¿Por qué coño se tiene que complicar lo de señalar al ascensor, sentarse en una silla y matar a la gente con el dedo pulgar?

 

Podría ser peor... podría ser Auxiliar

 

Claro que, a la hora de pasar toda una noche con el jefe, temiendo el momento de una llamada telefónica que significaría un cambio de jefe por jefazo, hay algo peor que ser un vigilante novato y muy muy verde... y es ser un auxiliar muy muy verde. La compañera, como todo auxiliar desterrado a la cabina de cobro de un parking, tiene un serio problema de aburrimiento, problema que trata de combatir aprovechando los momentos en los que, en el aparcamiento, hay menos gente que en el Congreso de los Diputados un día que hay fútbol. Es uno de esos divertidos momentos en los que, cuando se supone que va por al mitad de la ronda, Big Boss aparece a nuestra espalda y grita “¿Qué? ¿De cachondeo?” La chica responde negando con una sonrisa encantadora que se borra nada mas comprobar en cuestión de segundos la cara de póquer del jefe[1]... después, cabrones de nosotros... bueno de mí, comentamos lo de la taquicardia que le dio a pobrecilla... aunque su fin de semana no había terminado.

 

Digamos que la noche siguiente le toca aguantarme a otro compañero algo más veterano... mucho más veterano. Digamos que hay marcos de puertas que levan menos tiempo en este edificio que él. Digamos que aprovecho la confianza para NO llevarme el portátil, y DE NINGUNA MANERA poner un episodio de Dilbert. Digamos que el compañero NO aprovecha para probar un programa de traducción automática en mi ordenador y que esta compañera NO estudia idiomas. Digamos que la compañera no se distrajo aprendiendo inglés con el cacharro electrónico ni que...

 

Sí, neguemos que, de reojo, ella viera a través del circuito cerrado de televisión la kilométrica fila de coches que esperaban a que volviese a su puesto a cobrarles y a levantar la barrera. Neguemos ese grito de terror tan espontáneo que sólo se puede comparar a los de The Who en “Don't Get Fooled Again”, a cualquiera de AC-DC o de Halloween.

 

 De ninguna manera declararemos, señoría, que la chica salió por pies hacia los ascensores, que se equivocó metiéndose (uno por uno) en todos los que estaban bloqueados al grito de ¡Bájame! ¡Bájame! O que, en ese momento, sonó por la emisora la voz del extrañado compañero que preguntaba ¿Qué estáis haciendo? Como si me repitiese por vigésima vez que no había que torturar a los auxiliares o, al menos, que no lo hiciese sin invitarle a participar.

 

Nada de eso sucedió, querido lector. Por eso no he sido tan bastardo como para partirme el pecho de risa.

 

La próxima vez me traeré pastillas de yodo

  

 

Cuando la gente pasa demasiado tiempo junta surgen roces. Es ley de vida. Cuando la gente pasa demasiado tiempo cerca de la Rotenmeyer y ella los considera inferiores (la prueba del algodón exige medir el grado de inclinación hacia arriba de su nariz) lo que acaban surgiendo son los gritos. Es algo recíproco, no os creáis... es como la Destrucción Mutua Asegurada (curiosamente contraída en el acrónimo MAD).

 

¿La solución? A parte de afrontar nuevos traslados, o complicarle la vida al Boss, que bastante tiene ya, la solución consiste en apechugar e ignorarla en paz durante doce horas cada noche.  Creo que la situación llegó incluso a oídos de Chicho, que dijo, en su infinita sabiduría, que es muy triste que dos compañeros acaben así... claro que sería peor si acabásemos abrazados. El día que Chicho me diga algo le responderé que aguante él este cirio... también que lo grabe en vídeo y que me mande una copia.

 

Por el humo se sabe dónde está...

  

¿Qué pude llegar a suceder cuando no te llevas bien con una compañera de nariz alzada? ¿Por qué Murphy acecha cual demonio tras cualquier esquina? ¿Por que demonios cuatro gilipollas adoradores de un tal Stan[2] tienen que elegir esta noche para entrar fumando en un cuarto de baño dotado de detectores de humo?

 

Creo que no puede haber nada peor en un edificio de oficinas que escuchar de repente una alarma de incendio... bueno, puede que el hecho de que haya un incendio de verdad y la alarma no suene llegue a ser peor, Casi tanto como una reacción influida por demasiadas novelas de Terry Pratchett, por frases del tipo “Si corres demasiado podrías acabar cogiendo al ladrón y eso no trae más que problemas”.

 

El proceso de reacción ante una alarma por incendio es el siguiente:

-         Silenciar

-         Comprobar

-          y A) Rearmar o B) Evacuar (y no sólo a uno mismo, sino a cualquier forma de vida basada en el carbono de las que reaccionan mal ante altas temperaturas y gases tóxicos).

 

Añadamos a esto el sentido común y la ironía con las que escribe Mr. Pratchett, y sentenciemos, intertextualizando un poco con “¡Guardias! ¡¿Guardias?”:

 “Las células dispersas de mi cerebro hicieron un valiente esfuerzo por reagruparse, pasaron la información al mando central y éste decidió que, por sentido común, lo más sensato era echar a correr en dirección contraria al fuego.” 

 

Es como uno de esos momentos en los que, incluso con ciento cincuenta pulsaciones por minuto, descubrimos que nos equivocamos... pero en lugar de corregir el decidimos seguir equivocándonos más. Incluso decidimos buscar un culpable, un cabeza de turco, un chivo expiatorio al que cargar con el marrón: ¡La culpa es del puto arquitecto! ¡Entre la planta uno y el sótano tiene que haber una planta baja! ¿Qué coño es eso de “Entreplanta” o “Sobresótano”?

 

Como si se tratase de un chiste de Gila, aquél en el que va a comer en un avión, por error sumerge la toallita con colonia en el café, y decide disimular limpiándose las manos con el azúcar. Yo decidí comprobar los cuartos de baño... pero también en dirección contraria. Es en esos momentos cuando Dios demuestra tener más sentido del humor que nadie:

 

Cuarto de baño a oscuras. Una cabina cerrada. Al primer intento de abrir la puerta (justo un par de segundos antes de echarla abajo a patadas) me interrumpe una voz...

 

¡Ocupado!

 

¿Quién caga de madrugada en el trabajo?... bueno, yo lo hago, pero ¿Quién más lo haría? Respondo con la típica frase del tipo “Hay una emergencia pero no quiero decírselo explícitamente”.

 

¡Seguridad! ¿Todo Bien?...

 

En esos momentos raros, algo ha fallado en el cosmos. Me da la impresión de que, la acción gravitatoria de muchos planetas alineados provocan que sea un empleado, de los  que tiene que quedarse hasta altas horas en el curro y aprovecha para dejar su opinión en el lugar de trabajo, calma a un vigilante vibrante[3] con una sentencia gloriosa:

 

“Me vienes de perlas, chico. Estaba cagando a oscuras y me has encendido la luz...”

 

Una frase tan gloriosa sólo puede ser respondida con disimulo, aparentando que se controla la situación:

“Para proteger y servir, señor”.

 

Hey, You´re smart!

 

Os he hablado ya del Mahatma. Llegar un día al curro y encontrarlo hablando con la gente de seguridad no es nada anormal, excepto porque un día me dijo que tenía un buen nivel de inglés. Mi reacción fue como la de Zapatero cuando le dijeron que había ganado las elecciones: ¿Quién? ¿Yo?

 

Buscarme como traductor tiene narices debido a la gruesa capa de óxido que cubre mi conocimiento de la lengua de Shakespeare. Que alguien trate de mantener conmigo una conversación en inglés sin recurrir a gestos y onomatopeyas es realmente raro. Pero siempre me queda la Rotenmeyer y su inglés de Barbate[4].

 

Que durante una conversación de estas, me pregunte por mi nivel de estudios, porque parezco inteligente (¿Oook?) y nos pongamos a hablar del impacto en la crisis energética de la inseguridad regional en Oriente Próximo es un hito. Casi tanto como que no me equivocase demasiado al construir las frases... El Mahatma me dio su tarjeta y me dijo que le enviase un currículum y una carta exponiendo qué trabajo puedo hacer. ¡Qué ilusión ante un nuevo posible fracaso! ¡Ascender de empleado de cuello marrón a empleado de cuello blanco! ¡Con etiqueta de Emidio Tucci[5]!

 

Imagino una entrevista en inglés pasada con éxito, un escritorio para mí sólo en una de esas enormes oficinas que, hoy por hoy, me limito a abrir y cerrar; ir a trabajar con traje, tutearme con los peces gordos... el logotipo de la empresa en mi tarjeta de visita. Imagino una vida de éxito, restaurantes caros y mujeres despampanantes...

 

Sobretodo me imagino entrando en la central de PROSEGUR, diciendo eso de: ¿Preparados? ¿Listos? ¡LA CUENTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Imagino la sangre corriendo por mis brazos, y los enormes moratones originados por tantos cortes de mangas a mis superiores en este glorioso sector de la seguridad privada.

¡EL PRÓXIMO TURNO DE NOCHE DE DOCE HORAS LO VA A HACER TU PADREEEEEEE! 

Luego me despierto y vuelvo a la realidad con una sonrisa tonta en el rostro. ¿Quién sabe? Quizá Murphy también tiene sentido del humor



[1] Cara de póquer... pero de ir perdiendo hasta la camisa

[2] Hace poco me he enterado que escribir Satán es pecado...

[3] Los vigilantes de seguridad no temblamos nunca... pero algunos vibramos ocasionalmente

[4] Aprovecho para pedir disculpas al noble pueblo de Barbate, a su distinguida población, y al fluido nivel de inglés del que pueden presumir. 

[5] Seamos sinceros... de aquí a que vista un traje de Armani pasará muuuucho tiempo

ROTENMEYER Y YO

ROTENMEYER Y YO

La resolución de conflictos s un duro camino lleno de baches en el que la inmadurez de los interlocutores (“inmadurez” es un concepto no siempre ligado a la edad) puede llegar a provocar curvas muy jodidas de tomar.  Con la Roternmeyer me pasa como con el control de armas de fuego: Algún día la echaré de menos.

Digo esto porque, aunque es posible tener una conversación fluida, inteligente y fructífera con casi cualquiera, cuando alguien con un bajo nivel cultural (digamos un nivel “rosa corazón”) se da aires de grandeza suele soltar unas “perlas” gloriosas. Quede para la Historia su memorable frase “Aplica tus conocimientos, eres vigilante de seguridad”. Alguien capaz de mantener ese nivel durante doce horas seguidas merece competir por el campeonato del mundo. Ni el Monsieur Pignon, de “La cena de los idiotas” llega a tanto como para creerse un imprescindible miembro de la comunidad, cuando en realidad desempeña una labor que, básicamente, consiste en: Sentarse en una silla, apuntar con el dedo hacia los ascensores y poder matar a un ser humano adulto utilizando sólo el dedo pulgar.

Empieza criticándome a mí por mi desidia con un “quedas como el culo”, y prosigue arremetiendo contra cualquier licenciado que no sepa mecanografía (una especialidad que ella tampoco domina): “Y la doctora se puso a escribir con dos dedos... quedó como el culo”. Recuerdo un enfrentamiento que tuvo el primer día que aparecí por allí. Le empezó a gritar a otra compañera por haberle cogido una revista... resultó que había encontrado un taco de revistas del corazón en UN CONTENEDOR DE BASURA, y en un alarde de generosidad decidió compartirlas... sólo que quería entregarlas ella para evitar que se beneficiase nadie que “Le cayese como el culo”. “Yo no quiero un trabajo que consista en estar sentada doce horas... echaría culo de secretaria, como esas que trabajan aquí”. ¿Qué coño tienen las conservadoras contra los culos? ¡Los culos son cómodos! Además, cuando se cuida su forma y la cantidad de grasa que almacenan, resultan ser una de las más bellas obras de arte de la creación. 

(Valga este ejemplo de "obra de arte")

Respecto a la prosa de la Rotenmeyer, nuestras diferencias son más de enfoque que respecto a su corrección. “Lo que pasa es que yo soy irónica y tú sarcástico” tuvo las narices de decirme. ¡Pues sarcástico y a mucha honra! ¡Y si hiero a alguien que sepa que ha sido a drede! Al fin y al cabo, defiendo la idea de que el sarcasmo, al igual que la propaganda, es un gran incomprendido, y si algo me repatea es la postura “chupiguachi” de “Yo chachi, tú caca”, de “Yo bonito, tú feo”. Algo incompatible con la decencia del Caos y, como decía el personaje de Ignatius J. Reilly en la “La conjura de los necios”, con la Geometría y la Teología”.

Poco después me acusó de soberbia. “Es que yo soy irónica y tú soberbio”. Debería haber fingido indignación católica por haber sido acusado en falso de un pecado capital, pero mi inclinación natural hacia el bendito sarcasmo me impulsó a hacer un chiste: “Si yo soy soberbio, tú eres croata”. No tuvo la decencia de pillarlo. No tuve la compasión de explicárselo (¡Toma soberbia!).

Vuelvo a lo de la inmadurez, porque se trata de una persona que responde “¡Gracias!” cuando se le llama la atención por no tener un comportamiento calificable de “adulto”... digamos que ante la exclamación: “¡Joder! ¡Eres una cría!”. Ya me lo dijo más de un compañero en su momento: Mejor solo que mal acompañado... ¡Incluso cuando se trabaja en seguridad!  ¡Y me toca trabajar con ella este fin de semana!

Oh, Señor, dame paciencia... ¡PERO YA!

(La imagen principal es una viñeta de El Roto, de los mejores ilustradores de nuestro amado país)

 

UNA NOCHE MEMORABLE

UNA NOCHE MEMORABLE

Tenía que haber sido un turno tranquilo, uno de esos turnos en los que un vigilante NO saca de su bolsa un ordenador portátil, una tele o un reproductor de DVD y se la pasa viendo películas, vigilando siempre alerta como bambolean las tetas de una Silvi Saint con la que ha acabado teniendo cierta confianza. Un control de accesos en edificio cerrado, un turno de play station, una de esas gloriosas jornadas laborales que consisten en tocarse los huevos toda la noche (cada uno los suyos claro). ¿Por qué la gente es tan mala? ¿Por qué hay tan poco amor en el mundo? ¡Es que la gente no tiene casa o qué!

 Trabajo rodeado de gente encantadora 

 

Y no es coña. Son tan encantadores que, cuando salen de marcha, no pueden pasar sin venir a vernos a los que estamos de servicio. Cuando se trata de los colegas del gremio no hay maldito problema pero... ¿Por qué coño tienen que celebrar la cena de Navidad justo aquí al lado? Mirad que hay restaurantes, pubs, discotecas y locales de striptease en Madrid como para tener que celebrar una puta cena justo al lado. Puerta con puerta.

 

Ya tenía suficiente con fingir que trabajo las primeras horas de la mañana hasta que llegue mi relevo como para encima tener que fingirlo toda la puta noche. ¿Sabéis qué significa alargar la ronda? Digamos que se trata de una puta retirada estratégica cuando ves llegar al jefe de seguridad del cliente con un par de copas de más. O de menos. Da igual si ha bebido o no, es el responsable del cliente para la seguridad, lo que significa que es hora de pirarse.

 

Nos lo había advertido el Jefe de Equipo: “Cuidado, no os vayan a pillar en un renuncio. Podría ser peor... imaginaos: Podrían pillarnos abrazados.

 

Lo peor de tener que fingir que trabajas durante doce agotadoras horas es, precisamente, hacerlo en un destino donde cliente o empresa quieren tenerte entretenido. Con tenerte entretenido me refiero a hacer una ronda cada hora. Rondas, rondas, rondas, rondas... siempre lo mismo: Compruebas las puertas. Te fijas si se ha fundido algún foco en los últimos treinta minutos, fichas con un trasto llamado universalmente “Pato” (independientemente de su marca, forma o funcionamiento), caminas, caminas, caminas... y acabas hablando sólo, cagándote en todo, acordándote de todo el puto organigrama de este servicio. Desde Chicho al puñetero señor presidente del glorioso cliente. Todo esto me recuerda a la película “El expreso de media noche”, cuando al protagonista lo trasladan a un manicomio y tiene que dar vueltas en círculo durante todo el día hasta que llega la hora de dormir. Algún día vendrá a verme Baby al curro y me pedirá que haga las rondas caminando en sentido contrario para no volverme loco.

 

Lo peor es que, cuando vas por los aparcamientos, tengas que fichar en un cuarto de baño abierto al público. Imaginad que además, acompañas los movimientos rutinarios de la ronda con un mantra de vigilante... algo del tipo “mecagontó-cagontó-cagontó-cagontó...” y JUSTO EN ESE JODIDO MOMENTO se abre la puerta de una de las cabinas (desde donde la gente suele llamar a un tal Roca) y aparece uno de los jefes de seguridad que, pobrecillo mío, se sintió indispuesto, y decidió hacer de vientre JUSTO EN ESE MALDITO CUARTO DE BAÑO. Y encima se limitó a decir un temeroso “Hola”. Por lo menos parecía más asustado que yo.

 

El Mahatma y yo

 

La primera vez que vi a este buen hombre venía acompañado de su traductora/profesora de español. Se le había perdido. Se acerca una chica muy guapa a mi puesto y me dice “Perdona... ¿Has visto a un hombre con barba y un turbante?”. Joder si los he visto así. En los telediarios, en las listas del FBI... claro que este buen señor viene de la India para trabajar en una gran compañía del sector energético. ¡Y trabaja con el horario de la India! Lo digo porque se pega currando toda la puta noche. Y no como una limpiadora, que entra a las once y sale sobre las cinco de la mañana... esa por lo menos duerme... o limpia con mucha calma.

 

El Mahatma parece haberse fijado en mí porque hablo con él en inglés. Incluso ha llegado a decir que tengo un buen nivel de inglés, lo que debe ser una perla del humor indio, un chiste de Fernando Esteso en su versión Bollywood. Por lo menos es un tipo majo y agradecido... eso de “Thanks for check for me” me conmovió hasta lo más profundo. El resto de la conversación no la pillé, pero para eso Dios inventó el gesto de sonreír asintiendo con la cabeza.

 

Hola, estoy borracho y soy gilipollas

 

A la hora de diseñar un local es muy importante dotarlo de salidas de emergencia. Pero ¿Por qué coño tienen que dar esas putas salidas a la recepción de otro edificio? ¿Y por qué el arrendatario del local, que ha decidido explotarlo como bar o discoteca, no ha decidido poner a un portero en dicha salida? Pues para mantener un poco más entretenido al personal de seguridad del edificio anexo... a ese personal por el que no paga. Que te entren en la instalación tres o cuatro borrachos en una noche es el pan nuestro de cada día... que las tres veces sea el mismo imbécil es una muestra de que Dios no carece de un hiriente sentido del humor.

Digamos que la primera vez se ha equivocado. De acuerdo. Entre sus balbuceos parecen percibirse las palabras “busco” y “salida”. La segunda vez es cuando el individuo decide dar rienda suelta a su locuacidad. “Acabo de cenar en este restaurante y me he dejado el abrigo dentro ¿Me aseguras que puedo entrar a cogerlo?”. Al verle entrar por tercera vez me pregunto qué parte no ha entendido de “Esto es un edificio de oficinas, su abrigo no está aquí”.

Cuando el alcohol entra en juego es cuando nos damos cuenta de qué personas deberían haber sido ahogadas en el río nada más nacer. Sobretodo si empiezan a gritar y a hacer movimientos bruscos. Sacar por la fuerza a un borracho de un edificio de oficinas es una de las experiencias que juro relatar a mis nietos, aunque cuando le empujaba, agarrado de los brazos, luxándole las articulaciones, caí en mi error de novato: Se me debería haber caído varias veces por el camino.  

 Quiero demostrarte que soy buena persona 

 

La bondad se demuestra de muchas maneras. Se pueden hacer regalos, tener unas palabras amables... Este no fue el caso. Fue más bien como un chiste: Entra un tipo en un edificio de oficinas lleno de cámaras y le dice al segurata... Y le dice al segurata que es un tipo muy importante, un cliente muy antiguo que va a dejar su coche en el parking público... se identifica, identifica el coche, y me da su tarjeta para que le avise si ocurre algo con su lujoso vehículo. Después ese glorioso empresario se empeñó en demostrarme que era una buena persona: Abrió su mochila y me mostró un revólver. Doy gracias a Dios por ir vestido de marrón, si no se notaría que me había cagado.

 

No sé qué coño significa eso de “soy buena persona, voy armado” pero a mí me sonó a “Éste es mi cochazo, si le pasa algo te coso a tiros”. Y encima el “compi” me dice que se lo hace a todos los nuevos.

 

Amanece

 

Lo bueno de los turnos de noche de doce horas es que se acaban. Es lo único bueno. Ahí te olvidas de todas las rondas, de los mahatmas, de los empresarios armados y peligrosos, de los borrachos... te olvidas de las alarmas que han sonado sin motivo, de los focos fundidos, de que perdiste diez kilos para sacarte una placa y ahora tienes que colocarle los periódicos al cliente del cliente de tu empresa... te olvidas de los beodos que han orinado o vomitado en la entrada, de que juraste que eso lo limpiaría la puta madre de otro, de que lo cumpliste y alguien lo pisó, de que te partiste de risa viéndolo... te olvidas de los grupos de jóvenes que hacían botellón en el aparcamiento, de cómo les echaste, de que te mandaron a la mierda... 

 Puede que alguien del personal de los clientes no capte conceptos como que el abono de transportes no es un documento oficial de identificación, o que hay que comprobar las autorizaciones... o que para la seguridad siempre hay tiempo, como se decía en Dilbert.

 

 

 Todo esto en una puta noche. Por eso, cuando ves entrar a tu compañero del turno de día es como quien ve amanecer tras estar encerrado diez años bajo tierra. Significa el relevo... significa que esto deja de ser tu puto problema. Claro que tras contarle todo lo ocurrido en esta noche tan laaaaaaaaaarga, se me ocurre apuntillar el relato con un “podría haber sido peor... podría haber habido fútbol”.  

Era el peor momento para que me respondiese “Tranquilo, eso es mañana y también te toca venir”.

La primera imagen es de una de las mejores parodias sobre esta profesión que he visto en mi vida: El vigilante de "Cámara Café". La segunda salió de esta dirección que encontré en Google