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Me Cago En Mi Vida

Justo lo que necesita este país

JODEEEEEER...

Espero que todos (excepto mi madre) vean las situaciones que tienen que vivir algunas compañeras y compañeros en el Metro. Además aquí, en mi Barrio. Esto no lo soluciona ni la Milicia de Carabanchel Bajo.

Pelea en Informativos Telecinco.

Mis felicitaciones a los compañeros y compañeras que se la juegan día a día en un destinos tan jodidos como el Metro de Madrid o la RENFE.

 Bien hecho.  

LA SEÑORITA ROTENMEYER

LA SEÑORITA ROTENMEYER

A todos nos suena el dicho “Mejor sólo que mal acompañado”, muchas veces es mejor solucionar los problemas cotidianos por uno mismo que siguiendo los consejos equivocados (sea cual la motivación del consejero o consejera) o sencillamente pérfidos de alguien que, o está mal informado o sencillamente está desequilibrado.

 

Ya me decía Mauri, en su momento, que era mucho, pero mucho mucho mejor, trabajar sólo, y en caso de duda llamar a un inspector de guardia, que tener que confiar en alguien que, si le vieses por la calle, te motivaría a cambiar de acera, de calle, de ciudad o de continente. ¿Puedo elegir destino? ¿No tendrá mi señor y coordinador de servicios algo tranquilo y sencillo como un cementerio? Digo yo que en un sitio así no me molestaría nadie hasta que sonase la cuarta trompeta del Apocalipsis. Las particularidades del servicio se limitarían a echar a las plañideras a partir de las diez de la noche, a evitar que nadie entrase a robar las flores de las lápidas que dejan los afligidos seres queridos o las medallas que regalan los héroes de guerra a sus compañeros caídos en combate (sí... esas que luego encontramos en el rastro los domingos). No sé, quizá la única complicación sería encontrar el punto de fichaje número 65 en la tumba de un tal Señor Martínez López (con perdón de todos los Martínez López de esta ciudad).

 

Los compañeros están para resolver dudas, para lo del apoyo mutuo y, si eso, para dar conversación. Cuando un compañero (o compañera... que también existen más allá del epiceno) trata de aleccionarte, además de explicarte cómo va un servicio, y sobretodo cuando trata de crearte una conciencia moral que ensalza el noble sector de la seguridad privada, nueve de cada diez veces estás ante una persona desequilibrada. La décima vez estás ante una persona retorcidamente cachonda que trata de echarse unas risas a costa del novato. Es como el acertijo:

 

“Si camina sobre cuatro patas, ladra, está cubierto de pelo y huele a perro... nueve de cada diez veces es un perro... la décima es una oveja muy bien disfrazada.”

Está muy mal decir que una compañera te tiene hasta las narices y que lo que necesita es una camisa de fuerza (o un enorme y bulboso pez-polla como mascota) por eso no lo diré de un modo tan explícito. Mi mes de octubre fue una mierda, sin destino fijo y con la inseguridad de no poder hacer un master para el que he tenido que ahorrar haciendo un año de turnos de noche, pero es que en este mes de noviembre me ha tocado sufrir una sobre-exposición a LA SEÑORITA ROTENMEYER. 

 

Independientemente de su historia personal (que tiene tela) estamos hablando de la típica persona a la que una empleada del hogar con cierta experiencia denominaría “esa chiflada de la señora de la casa”. Es decir, la típica señora o ex-señora de clase media alta, que vive en una urbanización para gente bien, que por alguna razón desconocida (quizá eso de sentirse útil) ha decidido meterse en este mundillo de la seguridad privada, y que para colmo de males disfruta con ello.

 

Cabe decir que, en mi escasa experiencia como segurata, me he encontrado distintos tipos de compañeros: Están los profesionales hipermotivados, los flipados de la seguridad (ambos conocidos como “rambitos”), los que no tenían otra cosa (o no valen para nada más), los que sólo quieren pasta, y los que vienen “a hacer sus horas y punto”. Sólo los dos primeros especímenes tienen algo de peligro. La diferencia fundamental entre los “profesionales” y “los flipados” está en el número de placa: Los “flipados” tienen cualquier número (y ya vamos casi por el 150.000)... los “profesionales” suelen tener un número entre el tres y el diez porque llevan toda su puta vida en esto.  Tras esta sencilla clasificación de lo que he llegado a encontrarme en este negocio (donde subrayo que la mayoría de la gente es muy normal). Analicemos a Rotenmeyer (porque para prejuicios los míos):

 

No entraré en sus circunstancias personales. Tampoco le conozco tanto. Digamos que es alguien que no te dice eso (tan típico de los “profesionales”) de “Cuando me llaman de la empresa siempre lo cojo y si no me interesa trabajar digo que no[1]. Su respuesta es:

“Cuando me llaman, mi DEBER MORAL es responder al teléfono”. Tía ¿Cuántas veces te han llamado de madrugada? No digo que te llamen en tu día libre, durante tus vacaciones, cuando estás de baja médica o, en mi caso, cuando estás sentado en una acera, en alguna calle de Amberes esperando a dos robustos camioneros flamencos con su grúa. Menciono esos casos tan divertidos en los que suena el teléfono y tu familia o seres queridos están durmiendo y tienen que levantarse por la mañana temprano, o mucho mejor, cuando estás trabajando cubriendo un servicio y te llaman para cubrir otro porque no saben que YA ESTÁS TRABAJANDO EN OTRO LADO. ¿Acaso nunca ha sufrido el “Síndrome de los 6.999” ? [2] 

 

Digamos que es alguien que te dice que hay que hacer bien este trabajo porque comes de ello... porque ¡Te pagan por ello! Cuando un coordinador te dice (reprimiendo un ataque de risa) que no te puede asignar un servicio fijo porque TIENES DEMASIADAS HORAS DE CONTRATO (a sabiendas de que en este negocio todos hacemos más horas que las que hemos firmado) su excusa real podría ser perfectamente que no tiene gente para cubrir un evento deportivo o cualquier otro servicio que exija estar de pie doce o más horas.

 

 En cuanto al “Te pagan por ello” Parece mentira que no sea consciente de que cobraría lo mismo en otro servicio donde se “trabaja” menos. Y más si el concepto de “trabajar” en el presente servicio se reduce, labores de seguridad a parte, a encender y apagar las luces del edificio, a colocar los periódicos para los clientes de los clientes de nuestra gloriosa empresa, o a señalar en quince mil informes los focos que se han fundido y los charcos que han formado las goteras. Resulta que perdí diez kilos para hacerme segurata y he terminado de portero-ordenanza con porra.

 

No digo que pueda existir gente que disfrute con su trabajo, pero cuando en tu trabajo te toman a diario por el pito del sereno, cuando eres el último mono de la selva, cuando te tratan como a un perro, si disfrutas con ello significa, generalmente, que necesitas una camisa de fuerza.

 Por otro lado, si en un lugar estamos destinados dos vigilantes y uno tiene una duda, una de las utilidades de que haya más de uno es que, si aparece la duda, se consulte. En un escaso año como vigilante, es la primera vez que me encuentro con una respuesta del tipo: “No te lo voy a explicar de nuevo, míralo en tus apuntes. Si me haces otra pregunta sobre este servicio me voy. Aquí no quiero niños”.  Una vez entró un repartidor de comida china y nadie en el edificio la había pedido. ¿Alguien ha pedido una madre? Me parece que tampoco.  Sencillamente algunos preguntamos las dudas porque, fuera del servicio tenemos una vida que nos exige mucho, porque es posible que no me pueda quedar con todo a la primera, y porque es la manera más rápida, sencilla y eficaz de resolver cualquier incidencia. Por eso le he dicho, tanto a Rotenmeyer como al jefe de equipo, que si soy una carga me voy para que venga otro. Paciencia o puerta. Curiosamente, ante esta respuesta, suavizó bastante su postura.  

Sin embargo, la Señorita Rotenmeyer no desfallece y sigue con sus arengas:

“Blablá-blablá obligación moral, blablá-blablá te pagan por hacer esto, blablá-blablá aunque mi principal afición es ver programas del corazón admiro a César Vidal”...

¿Para cuándo un “blablá-blablá me voy a suicidar con explosivo casero"? ¡Y en un descampado! ¡Para no molestar a nadie!

 

Aunque queda claro que esta tipa necesita un buen pez polla al que le palpiten sus bulbosas venas para que le haga compañía en sus noches largas y solitarias, creo que me quedo con la solución del psiquiatra: La cura de sueño, los antidepresivos que provocan risa compulsiva... ¡Y si todo falla me llevaré al curro un pañuelo y un frasco con cloroformo!

 

¡A dormir Rotenmeyer!  

 

 

La Imagen ha salido de aquí


[1] Creo que la mayoría, en cuanto sabemos que nos llama la empresa tiramos el teléfono dentro de un cajón o de una pecera... yo suelo enterrarlo en la caja de arena donde caga Verdi.

 

[2] El síndrome se basa en el siguiente dilema: Si la empresa tiene 7000 operativos en Madrid ¿Por qué coño siempre me llaman a mí?

CURSOS MULTIMEDIA

CURSOS MULTIMEDIA

El mejor despliegue militar, y a la vez el peor enemigo, es el que carece de forma. Lo dijo Sun Tzu, y con mucha razón. Si no ves una amenaza, no puedes prevenirla ni defenderte de ella. Y yo he estado haciendo un curso multimedia de la empresa.

 

La cosa va de leer textos, ver vídeos e imágenes fijas, y escuchar archivos de audio con el objetivo de repasar lo que se supone que aprendimos en un curso de dos semanas (para algunos de dos días) en unas diez horas que acaban siendo cinco o seis. Cada cierto tiempo aparece una página que te dice que ya has aprendido esa parte... ¡Gracias a Dios! ¡Creí que podría olvidar algo con el tiempo!

 

Bueno, pues ya he terminado. Creo haber aprendido o recordado todo lo que necesito saber sobre leyes, operativas de seguridad y relaciones humanas... y por alguna razón tengo el irrefrenable deseo de destruir el comunismo... y eso que los comunistas no me han hecho nada.

 

Mientras leía determinados textos creía estar alucinando... ¡Era como si algunas letras brillasen!

 

“En el caso de estar destinado en un centro comercial, cuando unos delincuentes se infiltran en una de las tiendas y logran llevar a cabo robos y destrozos, el agente causante del daño son los delincuentes. Sin embargo, tenga en cuenta siempre que cuando una persona es agredida por un compañero, el receptor del daño computable es la persona agredida, y no la seguridad de la misma instalación”

 

Ya me imaginaba vestido de camuflaje, con la cara pintada en mitad de una jungla pantanosa cuando las letras brillantes volvieron:

 Mire con atención el siguiente vídeo, en el que se le explicarán las relaciones jerárquicas entre los distintos cargos de la empresa y usted. Las relaciones de jerarquía, de carácter piramidal u horizontal, se basan en la necesidad de organizar las labores y deberes que  aseguren  las medidas necesarias de seguridad echas a medida del cliente, para  minimizar los riesgos innecesarios  mediante medidas adecuadas enfocadas al control de riesgos naturales, sociales y antisociales.” 

 

Poco después la pantalla empezó a parpadear... y las letras que brillaban eran otras:

 “Mire con atención el siguiente vídeo, en el que se le explicarán las relaciones jerárquicas entre los distintos cargos de la empresa y usted. Las relaciones de jerarquía, de carácter piramidal u horizontal, se basan en la necesidad de organizar las labores operativas que aseguren las medidas necesarias de seguridad echas a medida del cliente para minimizar los riesgos innecesarios mediante medidas adecuadas enfocadas al control de riesgos naturales, sociales y antisociales. Antes de terminar esta leccion, recuerde hacer un click en el icono de “ENVIAR” para que sus datos, sean enviados al departamento de formación que debera evaluar sus respuestas, decisiones, y rapidez a la hora de tomar las mismas. El Departamento de Formación y reciclaje le agradece su colaboración. Recuerde que Prosegur es maravillosa, enorme y Gloriosa”

Bien, tras este extraño parpadeo dejé de sentir odio hacia los rusos... ahora odiaba a los coreanos. Otros que no me han hecho nada. Por alguna razón desconocida, entre parpadeo y parpadeo de la pantalla, no paraba de oír un tecleo frenético, un montón de tacos, algo sobre ortografía forzadamente incorrecta (¿Qué querrá decir eso de “Son seguratas... no notarán la diferencia”?) y no se qué de unos datos de hacía casi veinte años.

 

 El caso es que estos cursos multimedia son maravillosos, enormes y gloriosos... que la ley, la seguridad y las relaciones humanas son propiedad de Prosegur... y que si usted es un comunista coreano tengo la obligación de odiarle y quemar la capital de su país. 

MI VIDA ERA UN REMANSO DE PAZ ... PERO LLEGÓ ÉL

MI VIDA ERA UN REMANSO DE PAZ ... PERO LLEGÓ ÉL  

Mientras varios administrativos de mi gloriosa empresa se mataban a trabajar (es un decir) buscando dónde coño ubicarme (quiero decir buscando una excusa que me convenciese para hacer un plantón fuera de mi horario de disponibilidad en el glorioso Master de Tenis) recuerdo haberme fijado en la conversación que mantenían mi glorioso coordinador (una especie de Chicho Terremoto cuyo traje le quedaba tan grande como su trabajo) con uno de sus compañeros de oficina (uno de estos a quienes podría desplumar al póquer fácilmente) Mi señor y coordinador se quejaba de que el resto de sus colegas no le respondían las llamadas de teléfono (no los vigilantes eso es muy normal... ¡Los propios coordinadores!) Ante tal queja, su interlocutor, algo más veterano, esbozó una de sus sonrisas traicioneras (de las que le impiden ganar al póquer) y le dijo: “Pues mándame un e-mail”.

 

Chicho no para de llamarme por teléfono. Supongo que se ha enterado de lo del curso de Inteligencia Emocional y aprovecha para usarme como paño de lágrimas, porque no me lo explico. Su trabajo podría ser tremendamente fácil, él no coordina seiscientos servicios como el resto. A cada instalación se le asigna un equipo, y a cada equipo un responsable. Si dejas que el responsable y su equipo se organicen solos y te limitas a intervenir EXCLUSIVAMENTE cuando hay problemas, tu disponibilidad de 7x24 le daría el suficiente tiempo libre como para que su labor consistiese sólo en llamar a sus amigos para saber dónde ir a comer ese día (a Chicho le gusta llamarla así... siete días durante 24 horas... y a algunos nos gustaría comprobar si es cierto llamándole a las tres de la mañana... “Hola...  no podía dormir... y me apetecerían unas chuletas de cerdo... sí-sí sé qué puta hora es...”) Incluso le sobraría tiempo para patear las calles desahogándose a puñaladas con mendigos y prostitutas, como el hijo de la grandísima puta de Patrick Bateman (el de American Psycho) quizá podría aprovechar para hacer un curso de informática... de idiomas... buscarse un hobby... Joder, el Origami no es tan aburrido ¡Relaja un huevo!

 

Tras oír la aterciopelada voz de Chicho seis veces al día recordé la salida del otro coordinador. Le había pedido a este geniecillo del que hablo un cuadrante por escrito (más que nada para saber cuántas horas iba a trabajar este mes y dónde) y entonces se me ocurrió. ¡Eh Chicho! ¿Y si me lo mandas por mail?

 

Imaginad una planicie inabarcable. Imaginad que está cubierta por un perfecto césped, con un día radiante, de esos en los que el Sol brilla en lo alto sin una sola nube cerca. Imaginad que en mitad de esa planicie tan perfecta aparece una puta caja de madera con la inscripción “Propiedad de Pandora López. No abrir”. Imaginad que pedirle a mi coordinador que te mande un e-mail es como abrir esa caja.

 

Tras veinticinco mensajes del tipo “no me funciona el correo” me imaginé que Chicho estaría como el niño de ese famoso vídeo de Youtube, al que se le cuelga la conexión. Abrí una cerveza, encendí un cigarro y empecé a esperar tratando de reprimir mi risa tonta. Tardó dos días en enviarme un maldito archivo adjunto (una hoja de MS Exel) e incluso me dio un par de días de descanso (no me refiero a días libres... me refiero a un par de días sin llamarme por teléfono)

 

A la semana siguiente me volvió a contactar para preguntarme si me había llegado el cuadrante. Incluso me dijo que me fiara más de ese que del que había dejado en el centro donde iba a trabajar la mayor parte del mes (porque si no lo he dicho antes... sigo rebotando de un lado a otro) ¿Te refieres al que tiene una fecha posterior querido Chicho? Claro que en lugar de un archivo adjunto había cuatro... iguales... habría pagado por verlo adjuntando una y otra vez el mismo archivo. Le pregunté por qué tenía cuatro veces el mismo cuadrante, y me respondió que me fiase sólo del primero (¿?)

 “Sí, los otros los hice para... para el Ministerio de Marina... había un tipo de la Armada que... ¡Espera que tengo otra llamada!” 

Claro. Yo creía que me habían destinado a un edificio de oficinas, pero en realidad es una tapadera de la CIA (Ya me parece oír los gritos de esos yihadistas a los que les pelan los huevos a calambrazos) seguro que cualquier noche aparece un tipo con perilla y gafas arrastrando un carro, me llamará Barney y me invitará a una cerveza. Solo que, por alguna razón, he pasado más tiempo en la ciudad corporativa que en el servicio al que, se supone, estoy asignado. 

 

Ni os imagináis cómo echo de menos mi anterior destino. Monólogos tipo Gollum, recuento de baldosas, dolor de espalda por las dominadas que tenía tiempo y ganas de practicar  y un compañero que pasaba tanto tiempo allí dentro que su cuerpo se amoldó a la silla y no cambiaba de forma ni durante sus vacaciones. Mi vida era entonces un remanso de paz, un mar en calma. Pero se convirtió en una tempestad apocalíptica desde que llegó este tipo.

 

 (PD: Me ha llegado un SMS de la empresa ofreciéndome entradas para el Master femenino de tenis. Veo llegar la comadrejada: Un tipo vestido con traje en la puerta con un montón de uniformes a su espalda que me diga “Ya que estás aquí... Tú llevas una talla cuarenta ¿NO?”)

MURPHY Y LA SEGURIDAD PRIVADA

MURPHY Y LA SEGURIDAD PRIVADA

A veces me pregunto si la asignación irónica de destinos que impera en mi gloriosa empresa tiene guasa o qué. Hace unas noches, en respuesta a la pregunta de una compañera sobre cuál de los tres destinos por los que había rebotado el mes anterior (es una forma de hablar, porque en “La Ciudad” cada puesto es un destino distinto con su operativa propia... la publicación donde se recogen todas las operativas suele recibir nombres como “La Biblia en pasta”, “El gran libro” o “El sillar”[1])

 

Sin embargo ¿Por qué cojones el destino que nos queda más cerca de casa es o muy complicado o una auténtica mierda[2]? Si un edificio inteligente es tan inteligente ¿Por qué demonios no hace él este trabajo? ¡Tengo donuts gigantes que engullir y café que beber!

 

A sabiendas de que, a priori, las palabras “trabajo complicado” y “vigilante de seguridad” no suelen ir emparejadas, paso a relatar esta noche de pesadilla:

 La Ley de Murphy y los retrasos: 

 

Siempre que, por la razón que sea (digamos bajar a comprar tabaco por exigencias de Baby) sales de casa con un par de minutos de retraso, encontrarás la entrada de la estación de metro llena de gente que hace cola a la soviética para comprar el Abono de Transportes, aterrado, te percatas de que no lo has comprado y hoy es primero de mes... buscas en los bolsillos y el único billete de diez viajes que tienes para estas emergencias está agotado o no funciona; vas al cajero (que está más lejos de lo normal... señal inequívoca de que quienes controlan Matrix están introduciendo un cambio) esperas la cola para la máquina expendedora de billetes que no exige el precio exacto y te devuelve el cambio en monedas de uno y cinco céntimos (aproximadamente unos tres kilos... puñado arriba puñado abajo)

 

Durante el viaje caes en la cuenta de que hoy juegan el Real Madrid y el Steagua Bucarest... más que nada por la horda de rumanos que demuestran su afición al vodka haciendo sonar ensordecedoras bocinas y trompetas dentro del jodido vagón. Como para decirles algo.

 Murphy y las Operativas Especiales 

 

Fútbol más parking público en un edificio inteligente significa “apoyo a los auxiliares del aparcamiento”, digamos estar de pie tragando dióxido de carbono (creo que los compañeros de Servicios Generales tienen implantados filtros en los pulmones... o han mutado directamente) y si te hacen una señal, hay que (literalmente) parar el coche. ¿Cómo se hace esto?

a)      Estilo Morfeo: Lo demostró en Matrix Reloaded, en esa mítica secuencia de persecución en la autopista que dura diecisiete minutos y que no he podido ver entera porque (más o menos por la mitad) me entran ganas de mear[3]: Aproveche que tiene la defensa a mano para partir en dos la carrocería del coche. Ningún juez creerá que has podido hacerlo.

Riesgo: Todos creerán que eres idiota, tu defensa (y posiblemente tu columna vertebral) se partirán en dos... la primera la pagas, con la segunda te jodes.

b)       Como mandan las normas: Ordene, contra todo sentido común, al auxiliar que lleva en esto más que usted y que cobra la mitad, que baje la barrera automática en la salida del parking. Cuando se solucione trate, de clamar a los ocupantes de los otros trescientos vehículos que esperan para salir practicando el noble ritual del seppuku, vulgarmente conocido como harakiri, con la misma defensa con la que no has partido en dos ningún coche.

Riesgo: La putada del suicidio (por ritual que pueda llegar a ser) es que ocasiona la muerte de quien lo comete. Además, la defensa ni corta ni perfora, por lo que el ritual acaba siendo terriblemente doloroso, o cómicamente fallido.

c)      Dé el ¡ALTO!: Contra toda apariencia, no se trata de ofrecer como propiedad personal, para uso y disfrute, al compañero auxiliar que mide 1,90. Más bien va de estirar la mano hacia el conductor que no ha pagado. Gritar lo de ¡Alto! es opcional (creo que tengo serios problemas para hacerlo sin partirme de risa)... de hecho en los EEUU lo que gritan es Freeze!  (Algo así como ¡Congelado!) Aunque...

Riesgo: Para empezar, cabe la posibilidad de que no te hagan puñetero caso, entonces la naturaleza actúa (me refiero a la naturaleza de los conductores que se ven atrapados en la salida de un parking). Lo de gritar Freeze! mola, pero sin apuntar con un arma no tiene del mismo efecto... además se dará la impresión de que uno trata de darse aires de intelectual, lo que resulta incluso más cómico.

Para dar el alto, es necesario poner la mano delante, lo que puede llegar a extremos como el de una compañera, a la que le reprendieron por ponerla a la altura de la cara. En casos así, los conductores pueden interpretar que se les está saludando (si se dobla la articulación del codo al hacerlo) o que les está saludando un nazi (lo que no es recomendable en un parking lleno de conductores de Europa Oriental) La solución es bajar un pelín el brazo ya estirado (más o menos a la altura de la cintura) como si tuviese SúperPROSEpoderes de los que detienen las balas (lo que en la profesión se denomina “Hacer un Neo” en referencia a uno de los criminales más buscados).

También resulta ridículo, pero como dijo El Gurú: "La gente ze pone muy zuave cuando ve un unifodme"

 

¡Rondas! ¡Rondas! ¡Rondas! 

 

En su capítulo cuarto, acerca de “Lo poco gratificante que es su trabajo”, ese gran sabio que fue el tal Murphy nos dice: “Si entre varios destinos, todos están a dos horas de tu casa (en transporte público) y uno de ellos a una media hora, el más cercano exigirá que no pares de caminar en toda la puta jornada”. Esto se complementa con “Si has hecho las prácticas para tu nuevo destino hace más de veinte días, y sólo has vuelto por allí una vez hace más de quince, encontrarás nuevos puntos de fichaje para la ronda cuya ubicación desconoce la totalidad de los presentes, porque los habrán colocado JUSTO EL DÍA ANTERIOR, y no estarán en la zona de responsabilidad de otros compañeros, sino en la tuya.

 

La explicación de cómo encontrarlos suele ser del tipo “Entra por la puerta principal, gira a la derecha, sigue la pared, gira a la derecha, camina por la pared como si fueses uno de esos terroristas de Matrix, vuelve a girar a la derecha, avanza todo recto, date en la cara con cinco paredes porque la planta está sin iluminar, finalmente habrás vuelto de nuevo a la puerta principal. Ahora vuelve a ir por tu derecha siguiendo la pared, cuélgate del techo para evitar que los dos tipos del Laberinto del Chinotauro te localicen y te lancen por una puerta que sólo da a un charco de barro. Aunque en un principio te diremos que hay un punto de fichaje en cada extremo de la planta y otro en el centro, resultará que están en las dos esquinas de el lado derecho (según se entra) y el tercero casi en el centro (pero también en el lado derecho). Puede que se hayan caído porque, en lugar de silicona, hemos utilizado esparadrapo para fijarlos, pero da igual... nos reiremos de ti de todos modos.  

 

Solución: No pasar por ellos, y dejar constancia haciendo un corte de mangas a la puerta de acceso a la zona por la que debes pasar, que quedará registrado por las cámaras de seguridad.

 

Además, debido a la falta de sueño que va ligada a los turnos de noche, y la desmemoria provocada por el hecho de haber pasado por tantos sitios (cada uno con sus normas y peculiaridades) recordará una puerta roja por la que debía pasar... para cuando la encuentre (tras las risas de compañeras y compañeros a quienes habrá consultado) se dará cuenta de que, como en toda la instalación, las puertas están pintadas de azul.

 Llega el Agente Smith 

 

Justo en el momento de mayor desesperación, pánico, estrés, agobio, y demás sensaciones del tipo “Estoy hasta los huevos” o “Este trabajo lo va a hacer la puta madre de otro”, sonará el timbre de la puerta principal, y será un Inspector... justo lo que necesitaba este turno de noche.

 

Tratando de volver a la normalidad

 

Tras una operativa especial, hay que volver a la operativa prevista, lo que significa cerrar unas puertas y dejar abiertas otras. La diferencia fundamental está la posición de una puerta respecto a la otra y en el color en que están pintadas (es lo que se llama “diferenciación a prueba de idiotas”) pero llegando a este punto de la noche, lo más probable es que las haya cerrado todas, transformando un edificio de oficinas en una cárcel (si no pasa nada) o en una trampa mortal (en caso de catástrofe... digamos un incendio) Además, llegará con todos los tacos, que mantenían abiertas todas las puertas, a presumir de sus trofeos ante su compañera o compañero, lo que le permitirá comprobar su cara de pasmo, y una expresión muda del tipo “¿Qué ha hecho este imbécil?”.

 Amanece, que no es poco 

 

Con las primeras luces, llega la hora de hacer todo lo que, se supone, no es labor del personal de seguridad, como el reparto de llaves y tarjetas de acceso a los trabajadores de mantenimiento y limpieza, conectar el montacargas para que un tipo, con una cara que acojonaría en cualquier callejón oscuro, recargue las máquinas de vending, encender las luces y algo llamado “cortinas de aire” (¿?) ordenar la prensa del día por suscriptores (es decir por planta, empresa y jefazo) sonreír como si te alegraras de ver a todo el mundo y tratar de no desmayarse. Viene a ser como la Guerra de Vietnam, Prolongados tiempos de calma interrumpidos por minutos de pánico y fuego cruzado... sólo que al revés. Estoy seguro que cualquier personaje de película de terror (de esos que te persiguen en las pesadillas) cualquier invertebrado gigante, fiera descomunal o suegra con cara de decepción, será sustituida en sus pesadillas por un montón de llaves, tarjetas de acceso, listas de control de acceso y de asistencia y, por supuesto, por hordas de empleados de limpieza y mantenimiento que desean verle castrado... o atado a un par de palmeras cruzadas.

 La Solución ¿Se le ha complicado la noche? ¿No ha parado de cagarla? ¿Un montón de personas tratan de que les atienda a la vez? ¡Nada de estrés! ¡Hágase el idiota y finja que es su primer día! haga un Peter Griffin “He-he- he-he- he-he- he-he- he-he- he-he- he-he!”   


[1] Básicamente un ladrillo enorme

[2] Léase “va de estar de pie un mogollón de horas”

[3] ¡Siempre! ¡No falla!

PODRÍA HABER SIDO PEOR... PODRÍA HABER LLOVIDO

PODRÍA HABER SIDO PEOR... PODRÍA HABER LLOVIDO

Bueno. Excelente semana. Al menos no ha llovido... digo yo. He cubierto (más o menos) mis horas, he cobrado un sueldo del tipo “sigue siendo mejor ser segurata que periodista” y he hecho mis cursos. Bueno, uno no lo he terminado, pero estoy en ello. 

 

El curso de Inteligencia Emocional, ha sido toda una experiencia. Imaginad la presentación: Un grupo de vigilantes, auxiliares y algún escolta tenían que contarle al instructor (me sigue pareciendo más serio llamarle así que “profesor”) su nombre, cuánto llevaba en la empresa, y qué era lo bueno y lo malo de trabajar en esta gloriosa aventura que conocemos como PROSEGUR. Mi primera impresión fue de pasmo al comprobar lo quemados que están algunos compañeros, porque las quejas por el sueldo escaso las contestamos una compañera y yo. Ella venía del Ejército de Tierra. Yo de ser becario en Júbilo y de ganar, como vigilante a tiempo parcial, más o menos lo mismo que la señora directora. Qué caras pusieron.

 

Esta cosa de la Inteligencia Emocional u Optimismo Emocional va de saber interpretar las emociones ajenas y controlar el propio lenguaje corporal en el ejercicio de nuestras funciones. Incluye un breve estudio de la base biológica de las emociones, la motivación, la empatía, la comunicación y algo llamado Asertividad. Una definición de Inteligencia Emocional sería La capacidad de comprender las emociones y conducirlas para poder utilizarlas de cara a guiar nuestros procesos de pensamiento y nuestra conducta, produciendo mejores resultados. . También vimos los tipos de inteligencia (aunque por alguna razón einsteniana se omitió la Inteligencia Militar) No sé si salí de allí siendo mejor vigilante, pero estoy seguro de que quería ser mejor persona.

 

Ah, me hicieron un par de pruebas: Un test de “Actitud Positiva”, uno de “Inteligencia Emocional”, uno de “Lectura del Lenguaje Corporal (iba de interpretar las emociones expresadas por la cara que ponían unos actores en unas fotografías) la interpretación de un texto sobre un suceso en la oficina, e interpretamos el famoso cuadro de “La Balsa” (todo un éxito en su difusión por correo electrónico en formato MS Powerpoint) ... y me preguntaron qué querría escuchar acerca de mí en mi funeral. La mayoría emitió valoraciones (“Era una persona serena, trabajadora, educada...”) otros no supieron qué poner. Yo solté lo primero que me vino a la cabeza:

 “Hombre, tampoco escribía tan mal” 

 

A propósito, podéis imaginar quién era el instructor del curso. Cuando nos vimos mi cara expresó un “sabía que tenías que ser tú”, la suya un “a priori no te recuerdo, pero de todos los cursos que existen... ¿Por qué coño tenías que escoger uno de los míos?” Por lo menos dejó las tarjetas con manchas de tinta en su despacho... no podría haberlo resistido.  

 Ojo a las FRASES GLORIOSAS DE ESTE CURSO: 

 

-         La putada de estos cursos es que, una vez has conocido a la gente, se acaban” (Un Compañero. “Los cursos de reciclaje son como la vida”)

-         Hay que tené claros losojetivos duno mimmo. Po ejemplo, si pa sé Diretó Generá hay que tené do carrera y sé bilingüe en do lengua má la matenna, quizá debería pensá en sé Su-Directó” (Señor F. extracto de su futuro libro “Los Subdirectores Generales y Tú. Cómo sobrevivir a esa panda de ignorantes”)

-         Er Triángulo Emocioná é invertido. Tié su base en lo-ojo y la-ceja, y acaba en la boca, no en el escote” (Señor F. “Yo las miro al corazón, pero las tetas están delante”)

-         En er cole, ar que se le daban mal las matemáticas era torpe... lo recuerdo como un trauma: Depué de rellená un cuestionario me preguntaron si era medio tonto... les faltó llamarme subnormalito” (Señor F. “Ahora soy lo que soy... ¡Jodeos!”)

-         “La inteligencia é una argamasa de estos siete tipos de inteligencia... todo é adquirío, nadie é inteligente de nacimiento” (Señor F. Lo dicho, a joderse)

-         “¿Que esa cara expresa asco? Será asco por verme y que me va a partir la cara... ¡Eso es ira!” (Golfo... “Quiero una segunda opinión”)

-         “A vé, Gorfo, zi el actó tié lo-ojo casi desorbitaos, el get-to torcío y parece que se caga encima, eso é Miedo... MIE-DO”. (Señor F. “En respuesta a mi afirmación: Todo depende de lo oscuro que esté el callejón donde me encuentre al tipo de la foto”)

-         “Estoy de acuerdo en que ese tipo expresa asco... tiene cara de que huele mal” (Golfo, el Inteligente Emocional)

 Esta experiencia merece un articulillo para ella sola, tan sólo añadir que conocí a una gente estupenda y que me encantó volver a ver a mi instructor favorito, principalmente porque el curso multimedia sobre área legal, Relaciones Humanas (un diamante en bruto) y Operativa de Seguridad era de estos multimedia, en los que estábamos solos un ordenador y yo dentro de una especie de cubículo... Frase gloriosa constante durante diez horas: “¡Click!.. ¡click!... ¡click!” 

 

Mi justa recompensa por el primero de los cursos citados (el otro tardará un tiempo) fue un segundo PROSEbolígrafo (en mi caso el tercero) y una insignia como las que le dan a los vigilantes cuando aprueban un curso, para ser lucida en la chaquetilla del uniforme... ésta en particular, tenía sobre fondo blanco la imagen del pensador de Auguste Rodin.

PROBLEMA (consultado con unos cuántos compañeros y con un Jefe de Equipo este fin de semana: Si hay un incendio busca a un compañero o compañera con una insignia de cursos contra incendios... si crees que se ha colado un artefacto explosivo, busca a quien tenga una insignia de un curso de protección contra explosivos (creo que es una bomba) y si hay una emergencia, busca a alguien con una insignia de Protección Civil... ¿Qué hay de mí? ¿Me van a llamar si alguien necesita un abrazo?

El fin de semana lo pasé, de nuevo, en La Ciudad Corporativa. Un montón de colegas armados, y me cambiaron de un lugar llamado “Checkpoint Charlie", a otro denominado “Delta” (lo que suena a desastrosas operaciones en Irán o Somalia)... y finalmente acabé haciendo rondas por cuatro edificios... de pie doce horas... relevo a en punto... encerrado en edificios inteligentes, sin una tarjeta de acceso que funcionase. Como había cargado la tarjeta con 5€, no vi otra solución que el asalto a las “máquinas de vending”...  

Bueno. Podría haber sido peor. Podría haber llovido.

REBOTANDO DE UN LADO PARA OTRO (y III)

REBOTANDO DE UN LADO PARA OTRO (y III)  

Bueno, pues había pasado por dos lugares, pero como los cuadrantes de este mes ya estaban hechos, había que buscarme un tercer lugar para pasar lo que me quedaba de mes (más de la mitad).

 Primera llamada:  

-         Oye, que soy de Inspección y nos han dicho que querías hacer horas

-         ¿Cómo?

-         Veo que tienes habilitación, pero te falta carnet de conducir y licencia de armas

-         Bueno, también me falta una casa en propiedad y una amante de grandes tetas, pero básicamente aciertas

-         Tenemos un polígono industrial del tipo Área 51[1]... también un plantón en la RENFE a tomar por saco y el metro... 

 

Lo primero que me vino a la mente fue aquella tira cómica de Dilbert en la que le proponían al jefe un nombre para un nuevo producto: Le daban primero una opción mala, para que la rechazase, y luego las que querían ellos. El funcionamiento del cerebro de un jefe es terriblemente simple, casi como el de un simio según Scott Adams. Después pensé en “El Club de la Lucha”, cuando Tyler Durden le pide al protagonista que le golpee: ¿El metro? Hmmm, no quiero morir sin cicatrices...

 

-         Señor, voy a hablar con mi coordinador para que me de días de vacaciones.

 

Si de algo se pueden quejar los coordinadores es del derecho que tiene un vigilante a rechazar un servicio. Seguro que en sus sueños, además de perros parlantes y clones desnudos de Hitler, existe la figura del Comisario Político ex-soviético que apunta al personal operativo con una Makarov y le dice “Ia edstás iendo parrra edsa puta obrra! Davai!”

 

Segunda llamada:

 -         Hola-holitaaa, somos de la florida y primaveral inspeccioooón. Tenemos algo que te puede interesaaar. Se trata de un hotelito que puede que te quede algo lejitos de casa, pero en seguidita de damos el numero de telefonito del alegre compañero que está allí. Estará encantadito de indicarte como llegaaaara. 

 

Evidentemente mi respuesta fue que no. Lo divertido fue que el compañero que estaba allí era Murci... y que quien fue en mi lugar fue el Gurú.  Él ya lo dijo claramente: Zi tengo que id hazta allí, que tengan la dezenzia de llevadme.

 

Entonces entró en juego mi coordinador.

 -         Chico, te he encontrado algo. Habrá que trabajar ¿No?

-         (Me pregunté por qué coño está tan amable... me habían hablado de un destino en este equipo que era una auténtica mierda: Una puta obra en algún lugar de Madrid (miré en Internet y en lugar de una dirección sólo había un mapa de la comunidad con un punto rojo cerca de una autovía) No irás a mandarme a ese lugar del que habla todo el mundo, ese donde la garita es un coche que no podré mover porque no sé conducir...

-         La gente habla mucho, no les hagas caso. Tendrás una garita con calefacción... ¡Llévate los libros! Te voy a dar el teléfono de tu compañera esta noche para que te alcance en su coche

-         (Ojo a la jugada: Una mujer que no me conoce me iba a recoger en el centro de Madrid para llevarme a un lugar cuya ubicación no conozco... lo que nadie me dijo es si la chica estaba de acuerdo ¿Veis normal montar a desconocidos en vuestro coche particular?) ...esteeee...

-         Espera que tengo una llamada (esta es una de las innovadoras tácticas-comadreja de los coordinadores basada en hablar y no dejar que les hables)

 

(minutos después)

 - Oye, ya sabes que la gente habla mucho, el sitio no está tan mal... recuerda que trabajas en PROSEGUUUURL (que un coordinador trate de torearte y encasquetarte un servicio chungo tiene gracia... pero que te lo diga imitando a Chiquito de la Calzada no tiene precio... ¡Benditas grabadoras!) 

 

Pasó el día, y mientras compartía unas cervezas con el bueno de Murci volvió a sonar mi teléfono... y era él

 -         Oye ¿Me puedes hacer un favor[2]?

-         A ver...

-         Necesito que vayas a este sitio de día

-         Déjame calcular... si no tengo carnet de conducir, y el primer transporte público pasa por mi barrio a las seis de la mañana ¿Cuánto voy a llegar tarde y cómo se lo tomará el compañero o compañera que lleva allí más de doce horas?

-         ¡Ups! ¡Tengo otra llamada! 

Al día siguiente recibía la comunicación más patéticamente extraña de mi vida como vigilante: Un SMS que me decía que se anulaba ese servicio... pero al día siguiente recibí una llamada de un tercero.

 

Un nuevo Sheriff en la ciudad

Si hay alguna duda, el Sheriff era yo. Y la ciudad era corporativa... y enorme, y con un montón de compañeros armados. Generalmente sustituir a un compañero armado se interpreta como una mala noticia. Si el tipo o tipa a quien sustituyes trabaja con un arma es por algo. Este debe ser uno de esos casos raros en los que resulta que nos equivocamos: Coordinación presente 24 horas, un jefe de equipo que te visita varias veces a lo largo del turno y amabilidad por todas partes. Incluso me han sugerido que me saque la licencia de armas para trabajar allí. Con eso y unas gafas de espejo...

 

Respecto a la fauna local, cabe decir que la presencia de picaderos y cotos de caza cerca me han permitido ver gatos, liebres e incluso una pareja de zorros correteando por la ciudad. Tras una lluvia bíblica, lo más raro que apareció por allí fue ¡Un cangrejo! ¿Qué cojones hacía allí una cangrejo? La respuesta del jefe fue que algún jardinero se habría traído paella para comer y no encontró otro lugar donde tirarlo.

 Tanta fue la amabilidad que, incluso, el primer día, dos compañeros me acercaron al metro más cercano. La conversación sobre fútbol (se acercaba el derby) y sobre lo mal que iba el sector de la seguridad privada era inevitable, así como la primera pregunta que me soltaron en frío ¿qué te parece que los extranjeros puedan trabajar como vigilantes? 

Si algo tenía de malo era la distancia: Un metro, un autobús que sale cada hora y un trayecto de unos 20 minutos (sin tráfico) y la aterradora posibilidad de llegar tarde a relevar a un tipo que lleva un kilo y medio de acero colgando de la cintura (ya sabéis a qué me refiero)... podría ser peor si lloviese... no, esperad, sí que llovió. Y aunque el destino ha resultado mejor de lo esperado, allí, bajo la lluvia compuse una oración a un santo popular pidiendo que mi coordinador contrajese la serie de enfermedades venéreas que se merece (es buena persona... pero en situaciones imprevistas acaba por mandarte a lugares realmente lejanos)

 Oh, San Genarín, patrón de borrachos, vagos y puteros

Te propongo un nuevo objetivo para tu escupitajo certero

Mi coordinador dice darme un destino que me merece

Y te pido que a cambio él contraiga un buen herpes 

Tricomonas, Sífilis, Clamidia, Chancro o gonorrea...

Mientras le duela o le pique, que se contagie de lo que sea

Lo mismo me da Tricomonas o Condilomas, poco importa si lo pilla

Si no se te ocurre nada, te sugiero unas buenas ladillas

 Tan sólo que le pique o le duela

De eso lo que te venga en gana

Y si no pueden ser venéreas

Considera unas buenas almorranas    

 



[1] Consultar referencias al Área 51 en otros artículos de esta sección publicados hace poco

[2] Lo que se llega a aprender en un sólo mes: Hay tres frases que un coordinador repetirá a lo largo de su carrera a un vigilante, frases que le servirán para valorar tu disposición hacia el trabajo... de hecho tu disposición para trabajar de más o fuera de tu disponibilidad. Las frases son:

-          "Estoy buscando un puesto a tu altura" /  "Tengo el puesto que te mereces"  (traducción: "Soy incapaz de darte algo normalito"  /  "He encontrado un servicio que no quiere nadie, así que voy a tratar de colártelo")

-          "Necesito que me hagas un favor" /  "Este negocio funciona a base de favores"  (traducción: "Sí, hay un puesto que nadie quiere ocupar, y yo no quiero que sepas por qué, te haré creer que te devolveré el favor de ir allí, pero dependiendo de con qué pie me levante el día de devolvértelo lo haré o será imposible. Debería tener una lista de gente a la que le debo favores, pero ¿Acaso crees que éste es un trabajo normal?"

-          "Un abrazo, amigo" / "¡Hombre (...nombre equivocado...)! ¡Encantado e verte!"  (traducción: "Espero que no tengas acceso a armas de fuego" /  "¡Joder! ¿Por qué están bloqueadas todas las salidas?"

REBOTANDO DE UN LADO PARA OTRO (II)

REBOTANDO DE UN LADO PARA OTRO (II)  

Mi segundo destino para alternar este mes fue definido por un par de compañeros como zona de guerra. Nada más lejos de la realidad. Dos torres gemelas (¡ups!) en el centro de Madrid, con rondas cada hora que incluían tres o cuatro plantas de aparcamientos pobladas por algo peor que un minotauro: ¡Por gente! ¿Qué es eso de que un edificio de oficinas daba tener un parking público?

  

 

La mayor putada que te puede suceder en un edificio inteligente es que deje de funcionar... ahí he descubierto que me hago la picha un lío, pero al tener gente al lado a la que consultar los problemas rara vez pasan a mayores. Interruptores, lectores de tarjetas de ID, y más llaves que en un manual de judo me podrían hacer la vida un pelín más complicada si no hubiese sido alumno de R. Calduch: Ya lo dijo este gran hombre a modo de venerable anciano oriental: Se meticuloso y flexible... apúntalo todo y pide a quien lleva más tiempo que te lo confirme.

 

Por lo demás, siempre te puedes sentir útil ayudando a las compañeras y compañeros a aprender inglés o contar entretenidas historias de vigilancia, terror y soluciones originales para problemas tontos. 

 

Un compañero me dijo que la putada de que me relevasen azafatas es que llegaban a en punto... pues podría ser peor... podrían llegar tarde.

 

Anécdota: Con toda esta tensión, una noche se me derramó café sobre el puesto (teclado de ordenador incluido) de una azafata. Nada como un océano marrón y humeante para dar a la situación el toque que le faltaba. Es en esos momentos cuando un compañero con algo de experiencia viene de perlas.

 

El Señor Lobo y yo

 

Cálmate chico, tiene solución. Aunque yo suelo limpiar los teclados desmontándolos no te veo en condiciones de operar, así que sigue mis pasos:

0)      Toma estas servilletas y que absorban todo el café

1)      Ahora moja un poco de este limpia-hogar que tenemos aquí abajo para situaciones de emergencia en otra servilleta. Huele a limón, pero las bellezas que te harán el relevo perdieron el sentido del olfato debido a fumar tanto en su tiempo de descanso.

2)      No nos chupemos las pollas todavía... ahora humedece la punta de estos palillos de oídos (de emergencia) con el limpiador y pásalo entre esas teclas que parecen flotar en café

3)      Finalmente coge unas servilletas secas y pásalas sobre la zona humedecida con limpiador. ¿Ves? Como si no hubiera pasado nada.

4)      Finalmente, coge todo ese papel que parece haber aplastado a un millón de cucarachas puestas de cafeína y tíralos a esta papelera, coge otra bolsa de basura, cámbiala y tírala en el contenedor que hay fuera

5)      Lo has hecho muy bien, ni se mueve ni se nota. Ya estás preparado para anunciar compresas

 

 

 Tras esta experiencia en la gestión de crisis, a ver quién es el guapo que me dice que no puedo ser feliz con este trabajo. Cuando llegó el relevo de este compañero sonó su móvil. Él se limitó a decir:

Cariño, voy para allá. Estoy a treinta minutos de allí, llegaré dentro de diez.