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Me Cago En Mi Vida

ACABAR CON TODO LO DIVERTIDO DE INTERNET

ACABAR CON TODO LO DIVERTIDO DE INTERNET

 

Lo leo y no lo creo. Me da la impresión de que en El País están de coña, pero al comprobar la fuente... No. Esto debe ser real. Nos hemos vuelto todos locos.

 

 

Limitar el uso en el trabajo de Internet es una cosa. Limitar el acceso al porno es cuestión de sentido común (sobretodo cuando se trabaja o se es menor) pero... ¿Esto? ¿Es que a alguien le molesta que un borracho quiera ensalzar la amistad más allá de las fronteras de lo físico?

 

“El programa experimental pide a cualquier usuario que active el servicio que resuelva cinco sencillos problemas matemáticos antes de enviar correos electrónicos entre las diez de la noche y las cuatro de la mañana durante los fines de semana.”

 Oh, claro. Es que uno sólo puede emborracharse los fines de semana de diez a cuatro. ¿Y si el emisor acaba de salir de un After? ¿Y si le ha dado por agarrarse un pedo de sobremesa? ¡Qué coño pasa si uno sencillamente es un negado en las matemáticas! ¡Oh sí! ¡Se trata de cinco sencillos problemas! ¡Claro! ¿Qué pasa si el borracho en cuestión es un fiera con las cuentas? ¿Tendremos que aguantar a los cerebritos de las mates cada vez que empinan el codo? ¿No sería mejor instalar en cada ordenador un alcoholímetro digital y que suelte un calambrazo al que toque el teclado cuando da positivo?


Propongo rizar el rizo (para variar) Propongo volver esta aplicación una herramienta de letras puras: ¡En lugar de cinco problemas matemáticos obliguemos al usuario a traducir cinco frases en latín! ¡En griego! ¡En sánscrito! ¡Una en cada idioma! ¡Si no tiene usted un doctorado en lenguas clásicas llame por teléfono como todo el mundo!

 

"... hay un punto peligroso de intoxicación en el que estás lo suficientemente lúcido para manejar el teclado, pero lo suficientemente borracho para creer que declararle tu amor vía Facebook a esa chica de tu clase de primero de Bachillerato es la mejor idea del mundo".

 

Ah, claro. Ahora la tecnología va a salvarnos de hacer el ridículo. ¡Que le den a las nuevas tecnologías! Propongo volver a los orígenes. ¡Como hizo Bender en Futurama! ¡Todo de madera! ¡Nada eléctrico! ¡Mandémonos cartas manuscritas tras agarrarnos la madre de todas las cogorzas!

 

 

OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA

OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA

 

Otra oportunidad perdida. Parece mentira la clase de políticos sin agallas que tenemos. Y me da igual de qué partido sean. La cosa es no hacernos caso a los que sabemos de esto.

 

Quién me iba a decir que el hijo de Osama Ben Laden se nos iba a plantar en la T-4 e iba a pedir asilo político. ¡Y le decimos que se vaya a casa! Me parece tremendo.

Lo segundo que me ha parecido es que eso pasa en las mejores familias. A cualquiera le sale un hijo pacifista y con rastas. La culpa, indudablemente, es de Melendi.

 

 

Leed la noticia donde más os guste:

 

ABC

 

EL PAÍS

 

EL MUNDO

 

PÚBLICO

 

 

 

Día a día me identifico más con ese analista de la CIA que aparece en la película cómica “Operación Canadá” (Canada Bacon) el que ha sido castigado por recomendar a Kennedy “enviar cuatro soldaditos a Vietnam”, ese que tiene el despacho junto a la puerta de los servicios, al lado de la zona de vending. El de “¡Si me hubiesen hecho caso y hubiesen lanzado la bomba en Vietnam habríamos vuelto para cenar!”, el de “No se preocupe, Señor Presidente, estaremos de vuelta de Bahía de Cochinos para la hora de la merienda”. 

 

Yo, como analista de su tiempo, habría propuesto a la Presidencia grabar un vídeo y colgarlo en Internet:

 

“Osama, tenemos a tu hijo. Entrégate en el consulado español más cercano o lo ejecutaremos dentro de veinticuatro horas”

 

 

La Batalla del Ebro (Jorge María Reverte)

La Batalla del Ebro (Jorge María Reverte)

Sigo rellenando. Cosas que pasan. Principalmente porque me ha mantenido ocupado la investigación prospectiva sobre los cereales como elemento estratégico. ¿Mi conclusión? ¡que la cerveza se va a poner por las nubes!


Por lo demás, he podido leer el maravilloso libro de Jorge María Reverte sobre la batalla del Ebro. Un libro que me ha emocionado y cuya lectura recomiendo a quienes buscan un análisis imparcial y riguroso de los hechos acontecidos en una de las batallas más largas de la Historia de España. Hago esta entrada de memoria porque lo leí hace un par de años, y porque he constatado hace unos meses que Murci me ha perdido el libro.


Dato a destacar es la inclusión de los partes del frente de ambos bandos, en los que frases como “Sin novedades destacables” o “Corrección del frente” llaman la atención del lector sobre lo que querían callar quienes redactaban dichos informes. Las duras condiciones de batalla, en particular en el bando republicano, aunque no en exclusiva; y la especial relación con las tropas marroquíes (no perdonaban a nadie y nadie les perdonaba pese a su “Paisa, yo no he matado a nadie”) son cosas a destacar, en mi humilde opinión, dentro de un relato rico y variado que aborda los preparativos, los tres meses y pico de batalla y las consecuencias.


A lo largo del libro encontramos hechos que pueden rozar la comedia, como la historia de los voluntarios irlandeses, alistados con el bando nacional, cuya única condición era no combatir contra vascos, por ser estos muy católicos. Miramientos que no tuvieron durante la Batalla de Madrid, indica el autor, cuando confundieron una unidad italiana con soldados republicanos.


Los hechos de la retaguardia completan el relato, la inestabilidad en Cataluña, las incursiones aéreas, la aportación alemana al bando de Franco, y la cabezonería del pequeño gallego, con la opinión en contra de gran parte de su estado mayor, para prolongar la batalla, pues tenía allí inmovilizado a gran parte de las fuerzas de la República. Un “choque de carneros” que desgastó a ambos bandos, pero que no logró prolongar la guerra lo suficiente como para provocar una intervención internacional a gran escala, como habría sucedido de estallar la Segunda Guerra Mundial.


Se trata, pues, de un relato lleno de emotividad, y de gran valor para quienes no hemos vivido esa época.


El Mariscal Rommel (Lutz Koch)

El Mariscal Rommel (Lutz Koch)

Por eso de rellenar (hace más de un mes que no actualizo esta cosa... ¡Menudas telarañas!) me ha dado por insertar en este blog la biografía del Mariscal Edwin Rommel, de Lutz Koch, un libro que me ha cautivado.

Sobre el autor cabe decir que es un personaje que, pese a su humildad, resulta tan interesante como el protagonista. Se trata de un periodista, un corresponsal y amigo personal del Mariscal que, a parte de ensalzar la imagen de Rommel, defiende en todo momento su memoria ante el destino injusto que sufriese uno de los personajes más destacados de la Segunda Guerra Mundial.

El libro no es tanto una biografía (existen otras en las que abundan los detalles sobre su infancia y juventud… “el osito blanco” le llamaban de niño debido a la palidez de su piel, lo cual explica que incluso durante su destino en el Norte de África se le retratara a menudo con su abrigo de cuero y su gorra de plato), sino más bien la narración de su evolución moral, de su madurez como personaje público (convertido en tal por la propaganda nazi), es decir cómo pasó de ser el héroe del III Reich, el más joven Mariscal, victorioso líder del Afrika Korps, victorioso Teniente de los Gebirgsjäger (tropas de montaña) en la Primera Guerra Mundial y el terror de los Aliados, que le apodaban “El Brujo”, a convencerse de que la guerra no podía acabar bien para su país mientras Hitler siguiese en el poder.

El texto de Koch no se detiene sólo en Rommel, sino que investiga en parte de los conjurados del 20 de Julio (el atentado al que sobrevivió Hitler), en los que, al parecer, podrían haber estado implicados los principales Generales alemanes (Von Manstein y Von Kluge, que se echarían atrás en el último momento pese a que este último expresó su deseo de acabar con el dictador alemán desde 1942). También aborda las discusiones de Rommel con otro de los genios militares alemanes de la época: Guderian, autor de Atchung Panzer, y considerado el padre de la Guerra Relámpago, acerca de la Doctrina estratégica que debió seguir Alemania desde 1942. Mientras que éste insistía en una doctrina ofensiva y en hacer hincapié en la construcción y desarrollo de carros de combate, Rommel se decantaba por una actitud defensiva, y en el desarrollo de medios para tal fin, como artillería y armamento anticarro para infantería. Cabe decir que aunque fuese un especialista en blindados, al contrario que Guderian su fuerte era la infantería; de hecho escribió un libro titulado “La infantería ataca”.

La parte más dura del libro es evidentemente la de las represalias del gobierno nacionalsocialista contra los conjurados, que tuvo por consecuencia el infame envenenamiento del Mariscal, que no tuvo nada que ver con el apresurado atentado. Debido a que estaba convaleciente de las heridas sufridas en un ataque aéreo aliado. De haber seguido al mando del Grupo de Ejércitos B, probablemente habría replegado las tropas hacia Alemania para expulsar del poder a los nazis, pero esto no deja de ser una opinión de Koch.

El autor se ceba merecidamente con los llamados Generales del Partido, Jodel, Keitel –que destacaban por su servilismo a Hitler y por ser un par de negados para las labores estratégicas- (e incluso se atreve a incluir a Kluge y Guderian); militares que, sobornados por Hitler con una curiosa costumbre (regalar grandes sumas de dinero o bienes inmuebles en el caso de Guderian) que denomina “la maldición del oro”: Hitler compraba literalmente la lealtad de los generales que temía o que quería controlar (aunque otros como Rommel no cobraron jamás otra cosa que el sueldo reglamentario y otros como List rechazaron una y otra vez estos regalos, e incluso llegaron a pedir su destitución al estar en desacuerdo con las órdenes del dictador).

El libro nos regala escenas maravillosas, dignas de una película cómica, como cuando Rommel va a Roma en 1942 a pedir más suministros a Mussolini. Resulta una secuencia desternillante ver al pobre Rommel pedir más seguridad a los convoyes, aviación de apoyo, tropas de refuerzo y pertrechos, cuando el dictador fascista hacía pasar al ministro de turno para comunicarle la petición, y que éste hiciese una reverencia y exclamase “va bene, va bene”, para acto seguido dar media vuelta y marcharse. Rommel salió convencido de la reunión de que no llegaría ni una sola división ni una sola pieza de repuesto a Trípoli tras tantas promesas.

Otras escenas son los ataques de ira del Mariscal en cuanto le mencionaban a la Luftwaffe, en especial si le mencionaban a Goering o a Kesselring, o su opinión sobre Von Ribbentrop (Ministro de Exteriores del III Reich) al que consideraba “el mayor imbécil que jamás hubiese dirigido la política exterior alemana. Personalmente me ha afectado la imagen que ofrece Koch de Canaris, el director de la Abwer (el servicio secreto nazi). Le tenía por un eficiente jefe del espionaje que, de hecho desbarató el intento de golpe contra Hitler, y precipitó los acontecimientos para que el atentado se adelantase y capturar a toda la organización con las manos en la masa. Claro, que si fallaba y Hitler moría no perdía nada… Sin embargo, le hecho de que no tuviese contacto alguno con la conjura del 20 de Julio, y su cooperación con Goebbels en la desarticulación de a conjura ha empeorado su imagen ante mis ojos.

Finalmente, recordar escenas imborrables, como las entrevistas de Koch con Hitler, de la mano de Goebbels y Dietrich (el director de prensa de Hitler), en las que relata qué hacían Hitler y su camarilla: Cena, conversación, comentarios sobre la prensa británica (no tiene desperdicio leer los insultos que dedicaba a Churchill), y luego se tomaban un licor mientras veían filmaciones de la artillería alemana en el Frente del Este (digo yo que eso le entretendría), tertulia, café y cigarro, o costumbres de los generales del Frente Oriental en la última etapa de la Guerra: Zukov tenía por costumbre comunicarse con su enemigo: Modell le enviaba telegramas sugiriendo lugares por donde atacarle, a los que éste respondía que preferiría sorprenderle (conozco otra anécdota parecida, durante la Batalla de Berlín, Zukov mandó a un oficial de comunicaciones telefonear al Ministerio de Propaganda y preguntar a Goebbels cuánto pensaban resistir, y por dónde abandonaría la ciudad… lo divertido es que el Ministro nazi de Propaganda le cogió el teléfono y respondió enfadadísimo que resistirían y que Alemania vencería en Berlín…).

En resumidas cuentas, un libro excelente sobre un personaje fundamental de la Historia Militar del siglo XX. Experto en ardides, y con una excelente visión táctica y estratégica, Rommel demostró que en la guerra dos más dos no siempre suman cuatro, y que, aunque fuese el segundo personaje más célebre para el pueblo alemán en ese momento, su evolución moral lo coloca muy por encima de cualquier nazi. La guerra era para él una disputa entre caballeros, un enfrentamiento regido por normas a respetar por parte de los contendientes. Una lección que cabe recordar en estos primeros años del siglo XXI.

Las fotos que ilustran el libro son obra de F. Moosmüller, os añado una firmada por el propio Rommel)

TERRORES DEL PASADO


En ocasiones los terrores del pasado nos persiguen en el presente y nos dan unos sustos de muerte. Algún graciosillo decide poner en marcha el mecanismo de la perdición y se da el piro para reírse en la seguridad de una oscura esquina.


Pasado fin de semana. Estaba de servicio en el turno de noche cuando sonó el teléfono. No fue el típico ring. Fue más bien un RIIIIING. Como le de la peli. La de los japoneses que la palmaban después de descolgar. O la versión gringa. Temblaba ya a la hora de coger el auricular.


-         Torres de la Perdición, ¿Digamé?

-         ¿Eres Golfo?


Ya con eso podía darme por muerto. Brutalmente apuñalado por un payaso bebedor de sangre o algo así.



-         Soy Rotenmeyer. Llamaba para hablar con Pancho o con Tommy.

-         ...¡HHHHHH!...

-         ¿Oye?

-         Eeeeuuummm... no están, han cambiado el turno... sospechamos que están liados... entre sí quiero decir... ¡Pero seguro que los pillas en casa!

-         Oh... vale...

-         Un beso, guapa (!!!)


Nada más colgar miré a los ojos traicioneros de mi compañero, a los ojos traicioneros del auxiliar... a los ojos traicioneros de la tía semidesnuda del póster del cuarto de seguridad.



¡A ver! ¡Quién ha sido el cabrón que ha pronunciado el nombre de Rotenmeyer trece veces a oscuras delante de un espejo! ¡Porque esta tipa no se aparece sola! ¡¡¡Hay que invocarla!!!


UNA NOCHE DIDÁCTICA

UNA NOCHE DIDÁCTICA

("DONDE NO HAY JERARQUÍA... III")

 

En la antigüedad, la educación de los más jóvenes correspondía a los más mayores. Era una cuestión de sentido común: Si usted es un cavernícola imberbe y no sabe cómo coño se caza un mamut, recurre al cavernícola anciano (ese que se acerca a los treinta) y que ha sobrevivido a, al menos, dos cacerías de enormes paquidermos peludos. Tiene que haber sobrevivido a dos porque sobrevivir a una es cuestión de suerte, pero cuando se sobrevive a dos sin ser pisoteado hasta la muerte, se demuestra algo de experiencia.

 

Hace poco he tenido que ejercer de cavernícola anciano para enseñar a un joven Jodío Cavernícola Crío a no ser pisoteado por el documento oficial de identificación de un mamut que trabaja en la construcción. Además, le he ganado 50 euros porque, el Jodío Crío del Clan del Oso Cavernario se empeñó en apostar.

 

 

“Jodío Crío: Tu carencia de fe resulta molesta”

 

El caso es que el Jodío Crío se empeñaba en que el carnet de conducir es un documento oficial de identificación, es decir, un documento válido para acreditar la identidad en un control de accesos. Tradicionalmente se acepta el carnet de conducir para acreditar la identidad, aunque esta no es su función, y, ya puestos, hay muchos documentos que pueden acreditarla. En caso de aceptarlo, ¿Valdrían carnés de conducir de países ajenos a la Unión Europea? ¿Valdría una licencia de capitán de yate? ¿Un abono de transportes? ¿Un carnet de la biblioteca o de estudiante universitario?

 

Podríamos seguir e, incluso, aceptar un historial dental o la imagen de un tatuaje. El caso es que, empeñado en apostar, el Jodío Crío y un servidor empezamos a buscar en la Red definiciones de documentos oficiales de identificación. Los argumentos del niño pasarán a la Historia del Derecho. Por ejemplo: Poder comprar billete de avión en de una compañía española identificándote con carnet de conducir (ergo son las aerolíneas quienes deciden qué documento es válido) o “Un amigo mío cobrar cheque presentando el carnet de conducir” (Es decir, que los errores de los empleados de banca definen qué documento es válido para identificarse)

 

 

Aprende jugando en el turno de noche

 

Sé que memorizar leyes puede causar daños cerebrales irreversibles, tengo amigos licenciados en Derecho, pero decidí arriesgar mi estabilidad mental con tal de darle una lección a un jovenzuelo. Al fin y al cabo, mi calva ha de brillar sobre su acné.

 

Proceso: Buscar un foro de policías. Buscar referencias a los documentos válidos para acreditar la identidad y la nacionalidad. Las referencias debían ser de leyes en vigor. ¡Sorpresa! ¡Encuentro una anécdota de un policía al que se le negó el acceso a un avión en un vuelo Santiago-Bilbao por identificarse sólo con el carnet de conducir! Después la cosa se complicó con la historia de una opositora murciana (estas cosas siempre pasan en Murcia) que se identificó en un examen con el Libro de Familia (aunque había denunciado el robo del DNI y carecía de pasaporte y de carnet de conducir) No obstante, dicho tribunal no sienta jurisprudencia, sólo lo hace el Constitucional, y el caso no es el mismo.

 

Todo esto me llevó a descubrir el maravilloso Reglamento Notarial, que en su artículo 161 dice:

 

“Respecto de españoles la nacionalidad y su identidad se acreditarán por el pasaporte o el documento nacional de identidad y la vecindad por el lugar del otorgamiento salvo que manifieste el interesado otra cosa. Respecto a los extranjeros residentes en territorio nacional, su nacionalidad e identidad se acreditará mediante pasaporte o permiso de residencia expedido por la autoridad española. Por último, respecto de extranjeros no residentes su nacionalidad e identidad se acreditará mediante pasaporte o mediante cualquier otro documento oficial expedido por la autoridad competente de su país de origen que sirva a efectos de identificación, lo que se certificará en caso de duda por la autoridad consular correspondiente”.

 

Ante esto, el joven aprendiz sólo pudo replicar que “Eso ser para notarios”. A mi pregunta de ¿Y a qué se dedican los notarios? Su inexperiencia de Padawan de la seguridad privada sólo le permitió responder “Notarios dedicarse a poner firma, no a control de accesos”

 

 

“Pequeño Yoda, uso limitado de la lógica en joven aprendiz, comprobado ha”

 

Es inevitable pasar del Derecho a Star Wars en una situación como ésta. Cada mañana, todo el personal de servicios del edificio tiene que firmar en un registro su entrada y su salida. España es el país de Europa con más sobretitulados, y es sorprendente la cantidad de notarios que se dedican a la limpieza y el mantenimiento de la instalación.

 

Después tuve la oportunidad de rematar al Jodío Padawan con el Título III de la L.O. de Protección Ciudadana (1/1992) que dice:

 

SECCIÓN III. DOCUMENTACIÓN E IDENTIFICACIÓN PERSONAL.

Artículo 9.1. Todos los españoles tendrán derecho a que se les expida el Documento Nacional de Identidad, que gozará de la protección que a los documentos públicos y oficiales otorgan las Leyes, y que tendrá, por sí solo, suficiente valor para la acreditación de la identidad de las personas.

...

Artículo 10.1. Los españoles podrán entrar en el territorio nacional, en todo caso, acreditando su nacionalidad. Los que pretendan salir de España habrán de estar provistos de pasaporte o documento que reglamentariamente se establezca en los términos de los Acuerdos Internacionales suscritos por España, que tendrán la misma consideración que el Documento Nacional de Identidad.

...

Artículo 11. Los extranjeros que se encuentren en territorio español están obligados a disponer de la documentación que acredite su identidad y el hecho de hallarse legalmente en España, con arreglo a lo dispuesto en las normas vigentes. No podrán ser privados de esta documentación salvo en los mismos supuestos previstos para el Documento Nacional de Identidad.

...

 

Angustiado, el Jodío Crío me respondió “A la mierda, yo preguntar a Jefe cuando él venir a hacerme relevo”. Me parece tremendo que a un tipo así le den una porra. Menos mal que en seguridad privada no podemos utilizar sables de luz.

 

 

“Cuando esto acabe tú me llamarás Maestro”

 

Y llegó el jefe. A su hora. Sonriente (una paradoja... creía que ese hombre era incapaz de sonreír) Ignoraba la que tenía montada en el curro. En un principio apoyaba las jóvenes palabras del jovencísimo aprendiz. Si, chico, es válido. Cuando la Guardia Civil te pide el carnet de conducir no te pide el DNI. Entonces le pregunté si era obligatorio portar el carnet de conducir cuando no se conduce, si se puede salir de España presentando sólo el carnet de conducir, y si algo había cambiado en la normativa vigente.

 

“¿Y si yo digo que sí vale un carnet de conducir qué?” dijo el segurata en jefe.


Todos sabemos, al respecto de esto último, cuáles son las fuentes del derecho: Las leyes y normas que aprueba el Congreso de los Diputados, las leyes y normas de la Unión Europea... y Cara Cortada (mi jefe). Lo que podría hacer que la situación quedase en empate. Por suerte, el jefe llenó de razón la controversia diciendo:

 

“A ver, si el caso es no complicarse la vida. Probablemente sea cierto lo que te dice Golfo...”

 

El “probablemente” aun me escuece

 

El hecho es que yo, magnánimo en la victoria, he creado la Fundación Apuesta con el Jodío Crío para financiar el suministro de donuts y buen café para el equipo de seguridad. ¿Que se acaban los donuts? ¡Jodío Crío! ¿Cuántos seguros lleva un revólver? ¿Que quieres endulzar tu café de Starbucks con algún tipo de sirope? ¡Jodío Crío! ¿Estamos obligados a contar los inodoros o las luces fundidas?  

 

Es evidente que, algún día, el Jodío Crío será un buen segurata, pero mientras ese día llega, podremos financiar el café y la bollería a su costa. Ya lo dijo el Maestro:

 

“Obi Wan te enseñó bien, pero todavía no eres un Jedi”

 

RELIGIÓN Y SEGURIDAD PRIVADA

 

Hay cosas que, a priori, parecen poco relacionadas, como la seguridad privada y la religión. Pero cuando estás hablando de una subcultura como la que podemos encontrarnos en este sector, las creencias del gigantón de vistoso uniforme (del enano calvete y lleno de odio en mi caso) pueden llegar a ser una cuestión de vida o muerte. Sobretodo si no lleva usted un documento oficial de identificación y pretende pasar a una instalación vigilada poniéndose chulo.

 

En tres años en seguridad privada me he encontrado católicos, musulmanes, evangélicos, ateos, agnósticos y a devotos de la Iglesia del canibalismo ritual. Hay gente que rinde culto a los Dioses del Caos y hay quien se ha creado todo un panteón grecorromano al que rezar después de dar una tunda.

 

Os preguntaréis en qué creo yo.  ¿En qué cree un segurata enano, calvete y lleno de odio que parece no creer en nada? ¿En sí mismo? ¡Neh! El menda se unió a una compañía grande y a un sindicato amarillo. El paso natural es unirse a una creencia mayoritaria.¡El auténtico dios de los seguratas!

 

 

No hay intervención que no termine en oración de homenaje al Dioni. Hinco la rodilla en tierra, clavo mi porra en el suelo y rezo:

 

Mira aquí, Dioni

Mira aquí Dioni.

Soy Tito Golfo

El cuerpo amoratado y ensangrentado

de este limpiador gordo, chivato y gilipollas

es mi ofrenda a ti.

 

Me vais a permitir un homenaje, dada la intertextualización freaky de la serie Roma (HBO) recreándome en su secuencia más espectacular.

¡El combate en la arena del circo de Tito Pullo y Lucio Voreno contra un mogollón de gladiadores!

 

LA TRANCA

LA TRANCA

 

En ocasiones una historia terriblemente trágica se convierte en una historia terriblemente divertida. Supongo que tiene que ver con la forma de contarla (y por supuesto con el narrador) Le propongo al lector que examine la siguiente: La historia de un transexual en el entorno rural. Y cómo esta tragedia de adaptación y de cómo una persona se encuentra a sí misma, contada por Murci, pasa a convertirse en una historia divertida.

Hay que empezar hablando de los apodos en el entorno rural. Apodos que se asignan a un ciudadano en un momento dado de su vida por una razón anecdótica, y que perdura generación tras generación, heredado por sus hijas e hijos hasta que, por matrimonio, se juntan dos familias y sobrevive el mote más gracioso.

Po ejemplo, uno de mi’ agüeloh le llamaban "Juan er’de loh mellizo" po’que tuvo doh mellizoh. Lo má gracioso eh que no se llamaba Pepe, zino Víctor. Mi otro agüelo era "Paco er’ Tomatera" po’que plantaba tomaterah. Azín que zobrevivió er mote má gracioso.

(NOTA: Si esta entrada recibe los suficientes comentarios de personas que no entienden la trascripción de la forma de hablar de Murci, prometo volver a publicarla íntegramente en castellano normal)

Hay un vecino en mi pedanía que le llaman "Pepe er’Mosquito". No ze zabe po’qué. El hecho e’ que hace unoh añoh, vino un cartero a trael’le una carta y le preguntó a un zagal llamando ar Mosquito po’ su nombre y apellidoh. Er niño no tenía ni idea. Entonceh er cartero le añadió que, a et’te hombre le llamaban "er’ Mosquito", y er zagá rep’pondió: ¡ANDÁ ZI E’ MI PADRE!

Volvamos al drama de un transexual en el entorno rural, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, a su vez atrapado en una pedanía cercana a un pequeño municipio de la Región de Murcia:

Pueh hay una familia en mi pedanía que le llaman “Los Trancos”. No ze zabe po’qué (zupongo que cosah de la mili) Er cazo e’ que ziempre había zío como mú afeminao. Rezultó que hace un pa’ de añoh ze’mpadronó en Pulpí (Almería) pa’ que la comunidá autónoma le pagara la operación, y vorvió a la pedanía como Purificación. "PURIFICACIÓN LA TRANCA”.


Como se puede apreciar en el relato (más o menos) los apodos populares sobreviven al paso de las generaciones. Ya es casualidad que en una familia que ha recibido el apodo de “Los Trancos” surja, generaciones después, un varón que decide cambiarse de sexo, con el resultado que usted (más o menos) ha podido leer. Lo más parecido que he vivido yo es conocer a un tendero llamado León Arnaldo al que todo el mundo llamaba Leonardo. Por suerte, a su hijo primogénito le llamaron “Leonardito” (pese a llamarse Miguel) porque la alternativa por parte de madre (Josefa) era ser conocido como “Fefito”.

A "PurificaciónLa tranca” la operación le zalió grati, pero lah tetah ze lah pagó arrimándose a loh paisanoh en er Bar Verde, que le llaman azín po’que todo lo bare de la zona tienen er cartel de Coca Cola, y et’te lo tiene de “Esprai” (Nota del traductor: quiso decir “Sprite”) Arremáh der carté, er Bar verde e’ er puticlú máh conocío de la zona. Frecuentao por paizano de’de toa la vida.

Ahora creo que vive como peluquera pe’o no m’agái mucho cazo.

Adelantándome a futuras críticas (y siempre recordando al cabreado lector que existe un formulario estándar en este blog para cuando tengo que pedir disculpas) sólo quiero incidir en que esta historia va de apodos. Apodos de pueblo. Y de como una historia trágica puede convertirse en divertida si el narrador colabora (aunque sea de manera involuntaria) y que, al convivir con Murci, pienso que debería dejar mi trabajo y dedicarme a escribir constantemente, todo el día. Nunca se sabe cuándo va a surgir otra crónica murciana.