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Se muestran los artículos pertenecientes al tema king burger: pa chulo yo.

Reconozco que me encantaría trabajar como redactor en The Sun. Eso sí que es lo que necesita este país, un diario que trate la información de una manera fresca, despreocupada... ¡Al estilo The Sun! Y nunca vienen mal unos cuantos fotomontajes.
La información referida es la que desvela que la Reina de Inglaterra ha adquirido una franquicia de McDonald’s por 92 millones de libras. Con un par.
Lea la información (no tiene desperdicio)
Lo más gracioso que recuerdo al respecto es que, cuando fingía trabajar en un restaurante de Burger King me explicaron lo de la compra de franquicias (algo parecido a lo que hacía McDonald’s) Una vez, comiendo en uno de estos restaurantes, me llamó la atención un señor mayor que limpiaba la sala. Me llamó la atención porque la media de edad para los auxiliares de cocina no suele superar los 25. Esto se debe a que, probablemente, ese señor mayor estaba haciendo el curso por el que pasan todos (dicen) los que desean abrir uno de esos restaurantes. Un curso de un año en el que se pasa por todos los puestos de la franquicia, de ayudante de cocina a supervisor, pasando por líder de equipo, encargado y gerente. Nunca me imaginé al propietario de la franquicia en cuyo restaurante trabajaba fregando las bandejas de los clientes (como hacía yo entonces... ¡Con extra de lejía!) y hoy no me imagino a la Reina de Inglaterra limpiándole la mesa a un cliente de McDonald’s.
Ponme una hamburguesa, reina

Imagine el lector que pasa por Slough y le entra hambre. Imagine a continuación que decide entrar en un restaurante McDonalds a pedirse una hamburguesa y, mientras hace cola, se percata de la presencia de Su Graciosa Ayudante de Cocina, con su gorra de arcos dorados bordados y su uniforme con olor a parrilla. ¡Imagínese que la ven mientras comen!
¿Qué les ponen a estas hamburguesas? ¿Monguis?

Creo que estaba en el instituto cuando el entonces glorioso presidente, Don Josemari, decidió dar el “medicamentazo”. Recuerdo haber escrito entonces un plan para vender medicamentos a la población en los parques y callejones oscuros, como quien vende costo. En la actualidad, me encuentro con que el Ministerio de Sanidad ataca a cadenas de comida rápida y fabricantes de pizzas por publicitar hamburguesas enormes y sacar a niños en sus anuncios de pizzas. A propósito, se han olvidado de un anuncio de Pizza Hut, que pregunta cómo le vamos a decir a las lentejas que tenemos en la nevera que esta noche tampoco... La pandilla de genios de BK se ha dicho que si no pueden anunciar el Triple, siempre les quedará el Doble.
¡Abducidme extraterrestres! ¡Prefiero que me metáis indecorosas sondas por el culo antes de seguir rodeado de idiotas! ¿Qué demonios le importará al estado que yo pueda o no engordar? ¿Por qué no le mete un puro a mi empresa por ponerme turnos de doce horas? Comer hamburguesas ciclópeas no es sano, trabajar tantas horas tampoco.
Hará un tiempo que vi el documental “Supersizeme” de Morgan Spurlock, en el que se olvidaron de incluir a los gerentes de McDonalds apuntando a la cabeza a los clientes para que comiesen más y más. ¡Cebaos! ¡Cebaos malditos! Podría haber tenido la decencia de incluir una teoría conspirativa al estilo del diario El Mundo. “Los alienígenas ceban a la población de EEUU (en el resto del mundo las hamburguesas son más pequeñas) para poder abrir un restaurante en Omicrón Persei V” habría sido un estupendo titular. Cuando el resto de medios de este planeta (por no hablar de los de Omicrón V) les llamasen idiotas, presumirían de cuántos ejemplares venden y solucionado.

(esto ha salido del buscador de imágenes del Google... escribid megaburger)
Yo quiero hamburguesas titánicas... de esas que son más grandes que yo. Quiero comerme algo que estuvo vivo y tuvo sentimientos. Algo contento de tener un pelaje negro con manchas blancas (o al revés... con eso no me aclaro), con los ojos a los lados de la cabeza, algo que haya sufrido para convertirse en ese enorme trozo de carne que masticaré tan a gusto. ¿Qué te parece un poco de queso fundido sobre tu lomo hija de puta? Le preguntaré al espíritu de la vaca con la boca llena y lanzando perdigones. Para eso nací con los ojos en paralelo en la parte frontal de la cara. Para disfrutar comiéndome a los herbívoros. Yo quiero comer carne. ¿Quieres tú?
¡Que las prohíban! La solución es la misma que aquella travesura adolescente que escribí cuando me hacía tantas... (perdón mamá) cuando estaba en el instituto. Callejón oscuro. O un banco perdido en algún parque público. Una Uzi en la sobaquera por si viene la poli, largo abrigo negro y cara de estar allí sin hacer nada, junto a un cajón hermético, de esos que mantienen la temperatura de su contenido. Si algo saqué de mi estancia en el Burger King fueron las recetas de la casa. Recetas prohibidas que me convertirán en un hombre rico. La envidia de los concejales de urbanismo. ¿Whopper Triple? A ver, ¿Cuántos quieres?

Mi pequeña experiencia en una situación de tensión e intriga (me intrigaba quién saldría herido... sobretodo porque yo había salido por pies) me hizo plantearme un par de cosas acerca de los riesgos laborales que pueden surgir por trabajar en el llamado Burger de los Gitanos... riesgos que no venían contemplados en el curso de prevención de riesgos laborales queteníamos que hacer por ley. Cuidado de no quemarse, cuidado de no cortarse los dedos con la picadora de tomate, cuidado de no sumergir la cabeza en aceite hirviendo, cuidado con no destapar el arcón maloliente en donde (al parecer) Dani oculta el cadáver del anterior gerente al que le quitó el puesto... ¿Alguien ha dicho algo de un chaleco antibalas y de los guantes anti-corte de kevlar?. Principal riesgo laboral: Atracos, principal prevención (digamos poner un segurata permanente...) cero.
He aquí un rápido glosario para la supervivencia de futuros kingburgers:
- Deja que los gitanos hagan lo que les salga de las narices. En caso de atraco, deja que lo solucionen los gitanos. Una buena medida de presión sería cerrar el Burger dos días tras cada atraco... dado que la mama no cocina los ladrones amanecerían ahorcados de las farolas de la Avenida de Abrantes.
- Dado que existe una práctica oficiosa por parte de los supervisores: Dar dos días libres a quienes han sido tomados como rehenes en un atraco (eso significa objeto punzante y/o cortante en el cuello), debería haceerse oficial la Ley de la Caballerosidad, es decir ¡Suelta a la chica y cógeme a mí, cobarde!. A cambio de un par de días libres extra, me ofrezco como rehén para situaciones de tensión. A cambio ofrezco mi capacidad para llorar como una nenaza y mearme encima si fuese menester.
- Si lo único que va a hacer un supervisor es decirle al empleado agredido que estas experiencias le acabarán endureciendo, y al resto que friegue más rápido ¿Para qué coño avisar al supervisor? ¡Quédate en casa Angelito! ¡Ya llego yo sólo a Urgencias!
- Estimado señor atracador: Muy agudo lo de dejar el coche sin las llaves ni el motor en marcha justo en la puerta del local. De lo contrario se lo habrían llevado. Eso sí, ¿Y si se te hubiese calado? ¡Imagínate el titular de la prensa local al día siguiente: DETENIDO IMBÉCIL CUANDO TRATABA DE HUIR DEL RESTAURANTE QUE ACABABA DE ATRACAR.
- Querido y admirado Dani (Gerente y tal): Tu bronca por haber evacuado a la gente del modo en que lo hice no estuvo mal, pero ten en cuenta que un Ayudante de Cocina, por mucho que esté estudiando una Licenciatura, no tiene por qué saber nada sobre las labores de seguridad que lleva a cabo diariamente tu segurata imaginario (supongo que un conejo rosa de dos metros de alto llamado Harvey). Aun así, sigo dando gracias al cielo por que el atracador no se decidiese a tomar a algún cliente como rehén, ni (¡oh cielos!) haberles pedido carteras y relojes (algo que se le habría ocurrido con sólo haber visto una vez Pulp Fiction)... y sobretodo, sigo dando gracias al Señor porque cuando pregunté por la responsabilidad de la empresa en este último caso, tú no tenías ni idea de qué responderme.
- En caso de atraco, nuestro instructor (creo que se llamaba Pierre o algo así) nos dijo que había que colaborar en todo lo que pidiese el ladrón y avisar a la policía... Así, que tengo claro que la próxima vez informaré al tipo con la bolsa de cartón en la cabeza de que le ayudaré gustoso a empujar el Automatic-Broiler (el asador de hamburguesas) y la freidora (ojo con no quemarse) hacia su furgoneta.
- Si la rehén hubiese sido Pluvia (es decir, la encargada odiosa y odiada que hay en todo establecimiento de hostelería), podría imaginarme la escena... es como la de aquel cómic de Makinavaja: Todos gritando al atracador Hemos decidido no colaborar y no darle el dinero, así que no tiene más remedio que matar a la encargada... ¡Matala! ¡Que no tienes palabra ni nada! ¡Nena! ¡Maricona!
- Si el rehén hubiese sido yo, habría informado al atracador de que la Policía se pensaría dos veces lo de disparar si cogía a Pluvia como rehén (al parecer es la Ahijada del Vicepresidente de Burger King España...), mientras que por un chaval del barrio probablemente intentarían darle a él, aunque fuese con las balas que atravesasen mi cuerpecito isleño.
- Recordad el Burgerconsejo en caso de atraco: Cualquier evacuación es buena si la gente sale antes que tú, por lo tanto corre cuanto puedas, ellos se encargarán de llegar a la puerta antes... y si hay que llamar al 112 SIEMPRE DECID QUE LLEVA UNA PISTOLA, O UNA ESCOPETA... O UN JODIDO RPG.

Me había quedado en el cierre a cal y canto del local hasta que llegase la poli. Los clientes, que habían salido por pies gracias a mi genial plan de evacuación (recuerdo: Salí del mostrador agitando los brazos y gritando ¡FUERA! ¡FUERA! ¡FUERA!) estaban ahora apelotonados contra los enormes ventanales del restaurante, dando puñetazos a los cristales al grito de: ¡Mi abrigo cabrones!... ¡El carrito de mi niño!... ¡Abrid la puta puerta bastardos!
Era la primera vez que veía al supervisor, un tal Ángel... el responsable de que no pudiese llevar mi móvil al curro, de que tuviese que sonreír a todo el mundo y de que mis putos pantalones no tuviesen jodidos bolsillos. El pedazo de cabrón cogió a María (una encargada ecuatoriana bastante maja) que había sido la rehén y se la llevó a urgencias. Además le ofreció dos días libres por el estrés... luego se acercó a mí, que hablaba con el segurata... el jefe de seguridad que sólo aparecía de vez en cuando. Angelito me miró con cara severa y me dijo: Aun te queda mucho que fregar... será hijolagranputa, ¡Y a ti te quedan muchos seguratas por poner en este jodido local!.
Con el segurata me llevaba mejor (¿coincidencia o clarividencia?) la primera vez que le ví, llegó casi a la 1:00 am, me negué a abrirle la puerta hasta que mi querida Prefidia me dijo que era el Jefe de Seguridad (sí, entre los dos o tres auxiliares que patrullaban en un coche entre todos los restaurantes de LURCA SA, él era el que más mandaba de los tres). Él recomendó que a los Ayudantes de Cocina nos diesen un curso de kárate (claro, si nos dejaban un arma bajo el mostrador la acabaríamos usando entre nosotros... imaginaos si nos convirtiésemos en Kingburger-kas). Después empecé con él una amena conversación sobre artes marciales, ¡Yo practico Jiujitsu!, dijele inocentemente...
¿Jiujitsu? ¡Me encanta! ¡Ataca los puntos vitales y tal! (esto lo decía haciendo movimientos tipo Bruce Lee), yo empecé a practicar Karate cuando no existía en Madrid, con el sensei Mizakuzi (en realidad no recuerdo qué nombre japo me dijo)... justo ahí ambos tuvimos que callarnos, porque le subnormal del supervisor nos interrumpió mandándome a fregar. De ser yo una mujer le habría demandado por dedicarme un insulto machista, pero claro... por culpa de mis 23 centímetros y de mis cojonazos me tocó ponerme los guantes y darle a la Scotch Brite.
Llegó la poli, y la cosa se tornó al revés. Perfidia me había dado una bolsa de cartón rescatada de debajo del mostrador y me encargó dársela a Amaya para que lo contara... qué falta de confianza, yo tengo estudios superiores y le dan a contar el dinero a una analfabeta funcional de ciento y pico kilos (probablemente porque no podría correr muy rápido si decidiese llevárselo). Busqué a ese pedazo de foca maleducada y le di disimuladamente la Burgerbolsa de cartón con 1400€ y pico dentro. Después llegó la poli y, por extraño que parezca, ese ballenato que no sabía ni deletrear su puesto de trabajo desapareció.
La respuesta al enigma ¿dónde puede haberse escondido una chica de unos ciento diez kilos en los 40 metros cuadrados de cocina que hay en el Burger la hallé tras registrar como un profesional las zonas restringidas del restaurante: Vestuarios... cuartos de baño... cuarto de basura... cámara frigorífica... cámara de brrrrrrrrrrrrrrr congelación (la diferencia de 4º a -20º se nota en seguida pero el morbo de poder contemplar a esa gorda de mierda congelada con mogollón de billetes de 100 y 200€ en la mano pudo conmigo). En la cocina hay una serie de mostradores que tienen (entre el suelo y la mesa) un pequeño espacio donde almacenar las cajas... no me preguntéis como cupo en ese limitado espacio una Líder de Grupo que vale por cuatro (al menos pesa como cuatro), tan sólo decir que la imagen de su enorme culo saliendo al exterior por debajo del mostrador ha sustituido a la horda de zombis en mis pesadillas. Allí estaba ella, acuclillada debajo del mostrador con un fajo en una mano, la bolsa delante, y su mano libre sirviendo de herramienta artimética auxiliar (es decir contando con sus gordos dedos).
Los dos policías nacionales hacían babear a las encargadas e incluso a la esbelta Perfidia, mientras Pluvia sacaba su acento de Las Rozas (o de la Moraleja... a saber) para tratar de narrar lo sucedido a los atónitos agentes, que habían llegado alarmados por alguien que les dijo que el atracador llevaba una pistola (¡claro! si no ni se molestaban en venir).

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer pese a que ocurrió hace un par de años. Fue uno de esos días de mucho público (un Domingo si no recuerdo mal), en el que la incidencia mas notable eran los niños que potaban en mitad de la sala, el típico stress en la cocina, los niñatos gitanos montándola con sus patinetes entre las mesas... vamos, el típico día de kingburger, excepto que me tocaba servir los helados y refrescos en lugar de limpiar las mesas.
Una señora gitana y su niña habían pedido cinco veces que se les limpiara la mesa (los anteriores clientes se habían ido sin recogerla, para variar), pero las encargadas no me daban permiso , y la pequeña Alicia, encargada ese día de limpiar las mesas, estaba echando una mano en la cocina. Me tocó al final a mí, porque la hija de puta de la gitana, visto que nadie limpiaba su mesa, decidió tirar las bandejas con restos de comida al suelo en lugar de sentarse en la MESA JODIDAMENTE VACÍA QUE TENÍA JUSTO AL LADO. En resumen, era el típico Domingo por la noche en el Borriquín más cercano al Poblado de Pan Bendito... Borriquin que no contaba con Guardia de Seguridad, a propóisito.
Sólo hubo una novedad que comunicar al puesto de mando: Un pijo la emprendió a gritos y golpes en la mesa porque no le vendía un helado directamente a él. Es que era demasiado fino para esperar en una cola superpoblada, y demasiado importante como para ir a otro local (hay un restaurante chino justo al lado, y un Telepizza justo después). El pijín trató de engañarnos diciendo que era amigo de una compañera, Isabel, que tenía justo al lado, en el puesto de alta responsabilidad de pasador de servilletas, y cuyo nombre acababa de leer en su placa identificativa (en realidad un trozo de plástico blanco con el logo de BK y una pegatina con el nombre o apellido del trabajador). El tío jeta empezó a montar un follón de los que hacen afición, mientras el malvado Kingburger seguía el procedimiento reglamentario: Cliente se queja a empleado, empleado comunica el suceso al encargado/a más próximo, dicho encargado/a comunica al empleado que mande al cliente a buscar setas al parque municipal más próximo, empleado sonríe al cliente y le dice que no puede ser... cliente vuelve a gritar a empleado y empleado ha de quedarse mirándole y sonriendo como si le hubieran inyectado Botox en las mejillas a la espera de que el iracundo cliente quede hipnotizado o se largue. Todo reglamentario, excepto al última parte: Confundí el empleo de Kingburger con el de Tarjetator (que simultaneaba con el anterior) y respondí al cliente: Grita cuanto quieras, a mí me van a pagar lo mismo te tomes el helado o no. Cuando ese imbécil se fue, ocurrió lo inesperado:
El Atraco
Repentinamente, un tipo con una bolsa de cartón del Burger en la cabeza (Con dos agujeritos, eso sí, un insulto a tan magna institución culinaria habría sido que la bolsa fuese del McDonalds) y una especie de destornillador en la mano, entra como una exhalación empujando a los clientes que hacen cola frente al mostrador, y salta como un felino hacia adentro. Isabel tuvo suerte de haber estado agachada cogiendo más servilletas, porque de lo contrario se la habría llevado por delante.
Andaba yo ordenando los estúpidos vasos de plástico (de cuatro tamaños distintos) , con el típico pensamiento de cuando me tocaba limpiar montañas de esas bandejas azules (¿Por qué no estoy vendiendo drogas? Por lo menos cobro el sueldo mínimo: ¡Jodéos! ¡No podéis pagarme menos! ) y al girar mi cabecita hacia la izquierda veo a un tipo con un cartucho de cartón en la cabeza coger del cuello a una encargada y gritar ¡La caja! ¡Abrid la caja!.
¡Anda, un tipo atracando, me dije mientras volvía a lo mío, cuando noto extrañado que no oigo nada a mis espaldas (en la cocina) y veo por el rabillo del ojo, a Isabel y a Alicia salir por pies del local. Es ahí cuando sale lo mejor que un hombre lleva dentro, es en los momentos de crisis cuando respondemos mejor....
El Héroe
Cuando te preguntan qué es lo que te pasa por la cabeza al llevar a cabo una acción heróica se puede dar una respuesta de libro: pensaba en lo mejor para mis compañeros, los clientes y por supuesto... la empresa ; o un sincero ¿Cómo quieres que pensase algo? ¡Ese cabrón llevaba un machete!. Aunque no os lo creáis, este que os escribe evacuó heróicamente a al rededor de cien personas (par de decenas arriba, par de decenas abajo...) en aproximadamente tres segundos. El Manual para emergencias del alegre miliciano recomienda mantener la serenidad y decir firme, pero sosegadamente a los clientes: Se está produciendo una situación irregular y de urgencia, hagan el favor de abandonar ordenadamente el local y en breves minutos todo estará solucionado. ¿Qué fue lo que ocurrió?, pues que cuando mi cabeza de patata se dio cuenta de la situación salí por pies, como todo aquel que pudo, agitando los brazos como si tratara de elevarme, y gritando como un poseso ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!. Probablemente alguien debió oir ¡Fuego! porque la mayoría de clientes salieron alborotadamente del local (en tres segundos). Todos excepto dos chavales que no dejaron de masticar hasta que choqué torpemente con su mesa. ¿Qué ocurre? preguntó uno de ellos con la boca llena de pan con carne y ketchup, llenándome de migas ¡Un atraco!, y entonces sí, salieron a toda pastilla del local despidiéndose con un contundente ¡Coño!. ¿Que por qué reivindico la autoría de la evacuación? Pues porque todos salieron antes que un servidor (más que nada porque corrían más).
En el interior Perfidia (¡Tangaaaaaaaaaaaaaaa!) actuó de un modo profesionalmente desinteresado dando una patada a la bolsa llena de pasta que había debajo de la caja registradora. Esa bolsa contenía más de 1400€, así que el chorizo se tuvo que largar con unos 200. Por otro lado, el otro chico de la plantilla, mi amigo y vecino Carlos, presenció una escena que sustituiría a la ballena blanca en sus pesadillas: Estando su amiga próxima a un peligro (la pedazo de zorra de Pluvia), Maya (la Líder de Grupo de más de cien kilos) agarró el cuchillo de sierra de la cocina (el de partir en dos las hamburguesas) y salió a defender el local. Imagináos a ese pedazo de cachalote corriendo a cámara lenta mientras sus mofletes y tetas botan hacia arriba y hacia abajo... imagináos que esa mole de carne y uniforme azul con olor a fritanga viene hacia ti porque estás en su línea de avance... y finalmente imagináos que, para más INRI, lleva un cuchillo en la mano. Por suerte para el atracador, una gorda de ciento y tantos kilos no se puede mover muy rápido, y de hecho se quitó la bolsa de la cabeza antes de marcharse. Como buen atracador tenía el coche aparcado en la puerta... como buen carabanchelero tenía el motor apagado (¡Joder! ¡Es que si no se lo llevan!).
Me encontraba fuera del local hablando con los clientes, a ver si alguno llevaba un teléfono móvil para avisar a la poli (dado que la empresa no nos deja llevar móvil, ni reloj... ni bolsillos en el pantalón). Uno de los clientes me pasó su teléfono, estaba hablando con el 112, y cuando empiezo a hablar resulta que la operadora me cuelga. ¡Yujuuuu! ¡Confíe usted en las Fuerzas de Seguridad y Servicios de Emergencia!, así que, encontradas las dos compañeras que habían salido del local (y que iban camino de Vladivostok y eran todo lagrimones) vuelvo a entrar en el restaurante, y pregunto a todos si están bien. Ningú herido, y la rehén, una chica ecuatoriana, era la más tranquila de todas (el resto llora que te llora). Sólo Carlos y yo (bueno y el 90% Maya, porque el resto no se podía ver de una sola ojeada) nos reíamos por la escena tipo Makinavaja que acabábamos de vivir. Perfidia no pudo rematar su actuación (había consoludado sus galones) avisando a la pasma, logró saltar hacia la cocina (eso significa saltar sobre el contenedor de patatas recién fritas y caer esquivando los mostradores de preparación y el asador eléctrico cuyo metal está a unos 77º), salió del local y pidió un teléfono para pedir ayuda... lástima que se equivocase de puerta y e metiese en el restaurante chino. ¿Cómo demonios se le dice a un chino que llame a la policía, que están atracando el local de al lado y que le asegura que no deportarán a ninguno de ellos?. Si no hubiese tenido 200 pulsaciones por minuto seguro que mi querida jefa se habría metido en el Telepizza y punto.
Aun no había acabado la cosa: Yo me vanagloriaba de mi heroica azaña, cuando una casi recuperada (y aun atractiva) gerente me respondió: Eres el héroe de los 100 metros lisos, ¡Qué manera de correr!... Acertada observación, pero yo me limitaba a consolar al resto de las chicas (tratando disimuladamente de tocar algún culo), y a dar la razón a mi amada jefa con la frase ¿Qué habrías hehco tú si cobraras lo mismo que yo?. Eso sí, acertó al cerrar el local hasta que apareciese la caballería. La caballería apareció gracias a la exageración de un cliente que les dijo que el atracador llevaba una pistola (¡Dios salve a los andaluces!), pero aun quedaban elinforme a los chicos de azul, y las apariciones estelares de El Jefe de Seguridad de Lurca S.A. (sección Burgers) y del todo poderoso supervisor Ángel.
Próximamente: ¡Llegan los Refuerzos! y Reflexiones sobre un atraco.
Mi primer contacto con un ser humano con todas sus facultades mentales en regla fue con el Gerente, Don Daniel Gil; hombre hecho a sí mismo, como me contaría más tarde, estandarte de la razón, la gestión y muy buen amigo. Dani me hizo la entrevista de selección de personal menos de una semana después de haber dejado a Pluvia (maldito sea su nombre… incluso su nombre real que aquí no menciono) mi solicitud de empleo. Fue muy divertido, porque en las entrevistas de trabajo lo más conveniente es mentir aun más de lo que se miente en las solicitudes de empleo. Evidentemente dije que no estaba trabajando, que mi nivel de inglés era muy fluido, que tenía un nivel usuario de la informática (¡FALSO! Apenas escritos dos capítulos de este libro casi los pierdo por culpa de los estúpidos inventos de Billy Gates), , conocimientos mecánicos y técnicos sobre ordenadores, experta preparación para el, manejo de freidoras eléctricas y microondas (sí, tengo uno ¿y que?), cinturón negro en Jiu Jitsu (jamás pasé del verde… y eso desde que tenía doce años) y poderes mentales capaces de freír el cerebro de un enemigo a cierta distancia. Vamos, que era el Caballero Jedi que busca todo gerente de restaurantes de comida rápida para vencer en la eterna lucha contra el mal… y bueno, como ya he dicho, este trabajo puede hacerlo hasta un simio amaestrado, por lo que era improbable que un servidor pudiese cagarla… o al menos no tanto como el joven de Iowa Billy Joe Smith, que quemó seis restaurantes en su periodo de prueba de quince días y tuvo las narices de quejarse porque le dijeron que no era lo que buscaban.
En una entrevista de trabajo un gran gerente como Dani te informa acerca del horario, días libres, modalidades de contrato (de dieciséis, treinta y cuarenta horas, siendo este último el de jornada completa). Se interesaba por si estaba estudiando y en qué horario, porque la política de contratación de la empresa respecto a los estudiantes es muy flexible (aunque recuerdo haber vivido cerca de la Glorieta Cuatro Caminos durante cuatro años y echar una solicitud mensual al McDonalds de allí, ¡y jamás me cogieron!).En lo personal, o cuando menos lo que se podía adivinar por su comportamiento en el trabajo, Dani parecía un tipo normal. Confesaba no tener estudios más allá de la EGB, por lo que al ser gerente intuyo que llevaba toda una vida dedicada al Burger. Casado con una encargada de otro local de la empresa, parecía un apasionado de los videojuegos (a juzgar por las bolsas de Mail Sofá que solía llevar cuando venía al curro tras hacer unas compras) y encajaba en el perfil de un trabajador que se vuelve conservador tras años de trabajar en la misma empresa. Lo digo por sus comentarios acerca del desalojo de unos gitanos de un edificio de viviendas de protección pública que ocupaban ilegalmente (claro, él tenía que pudrirse currando en una hamburguesería para pagar su hipoteca&hellip y por supuesto, le encantaba la idea de que hubiese al menos uno o dos tíos currando allí; al fin y al cabo con alguien hay que hablar de fútbol.
La otra gerente (que por alguna razón era llamada Sub Gerente) era Perfidia, No ha recibido este nombre por ser una mala persona o por prácticas de juego sucio. Es por la canción caribeña que describe a una mujer fatal. ¡Es que está tan buena que quien la contempla en todo su esplendor jamás regresa de su estado de petrificación! Además se negó a que su nombre fuese citado en este libro.
... Qué guapa es la jefa, creo que me he enamorado... tiene una clase increíble, su perfume es embriagador, está forrada y conduce un Ferrari... ¡Como si fuera un piloto de Fórmula 1!... Es la mujer ideal, tengo que estar a sus pies... (Golden Boy, Lección1: Lecciones de Informática)
Perfidia estaba mortalmente buena, con lo cual quiero decir que estaba tan buena que era letal. Cuando un hombre ve a Perfidia no actúa como debiera, o cuando menos como debiera según la Ley de Dios que Moisés cargó bajando de una colina a riesgo de una hernia en tiempos del Éxodo. Para dejarlo claro, Perfidia producía en un hombre condenado como yo (que no estoy casado pero sí condenado) que se reuniesen en mi cabeza toda una congregación de lamas tibetanos cantando un mantra ritual que permite alcanzar la iluminación y la paz espiritual: ¡TANGAAAAAAAAAAAA!.
Mi adorada jefa sentará su culito sobre este inodoro... este inodoro limpiado con amor... ¡Oh, su culito!... ¡Ojalá pudiera ser yo este inodoro!... ¡Oh jefa! ¡Quiero perfenecerte! ¡Haz cconmigo lo quieras! ¡Todo lo que quieras! ¡Te pertenezco!... (Golden Boy, Lección1: Lecciones de Informática)
Perfidia hacía muy bien su trabajo. Esforzada gerente, nos regalaba la vista a los varones de la plantilla ayudándonos a limpiar la sala, lo que nos permitía admirar sus muslos a través de la raja de su breve falda reglamentaria (era la única entre las encargadas y gerentes que no usaba pantalones, y eso que el único hombre en tan privilegiado colectivo con derecho a comisión por ventas era Dani). Una de las pocas razones para ir al curro a alimentar grandes mamíferos durante seis u ocho horas al día. Más adelante os hablaré de cómo lo pasó Golfo encerrado trabajando tantas horas diarias en un restaurante con una plantilla compuesta casi exclusivamente por mujeres: Próximamente, EL BURGER DEL AMOR.
Éste y otros artículos también en http://www.lacoctelera.com/golfo
Es una pregunta que yo me hice durante los meses que trabajé en BK; y resulta que he hallado la solución.
Es evidente que en una multinacional que fue pionera en el tema de la expansión por franquicias, la inversión milmillonaria en robots o cyborgs es algo que se rechaza a la primera: Si bien el alto coste se acaba por rentabilizar a la larga, sólo Dios sabe cuánto durará cada restaurante (al fin y al cabo hay que vender muchas hamburguesas de un par de euritos para pagar los millones que costaría el desarrollo y producción en serie de los nuevos Kingburgers modelo 800 (KB-800)... por no hablar del modelo Encargado-energumeneitor modelo 1000 (EE-1000) cuyo chasis sería una polialeación mimética de metal líquido.
Recordemos, pasándonos ya a la opción de los monos, lo anotado al respecto en el último capítulo de esta saga... escrito hace.... un huevo de tiempo (¡perdón!):
"Evidentemente dije que no estaba trabajando, que mi nivel de inglés era muy fluido, que tenía un nivel usuario de la informática (¡FALSO! Apenas escritos dos capítulos de este libro casi los pierdo por culpa de los estúpidos inventos de Billy Gates), , conocimientos mecánicos y técnicos sobre ordenadores, experta preparación para el, manejo de freidoras eléctricas y microondas (sí, tengo uno ¿y que?), cinturón negro en Jiu Jitsu (jamás pasé del verde… y eso desde que tenía doce años) y poderes mentales capaces de freír el cerebro de un enemigo a cierta distancia. Vamos, que era el Caballero Jedi que busca todo gerente de restaurantes de comida rápida para vencer en la eterna lucha contra el mal… y bueno, como ya he dicho, este trabajo puede hacerlo hasta un simio amaestrado, por lo que era improbable que un servidor pudiese cagarla… o al menos no tanto como el joven de Iowa Billy Joe Smith, que quemó seis restaurantes en su periodo de prueba de quince días y tuvo las narices de quejarse porque le dijeron que no era lo que buscaban".
Exactamente el repetitivo y monótono trabajo de Ayudante de cocina es algo que puede hacer un simio amaestrado... el problema es que hay que amaestrar al simio, porque la diferencia entre pagar 5€ a la hora a un humano, y un plátano (unos 60céntimos) a la hora a un mono es merecedora de una de las mayores plusvalías (olvídese el lector de quitar una aceituna de cada ensalada o de suprimir el pimiento morrón de la ensaladilla rusa):
El problema de los monos se puede ver en la imagen, se trató de un simulacro de primeros auxilios en Fort Headbeerstone (Iowa... o por ahí ... ) en el que el adiestrador, inexplicablemente, murió durante las prácticas (pese a que no sufría ninguna herida ni enfermedad cuando comenzó el ejercicio) ... moraleja: Si tienes que adiestrar a una decena de monos en cada turno diario, nunca te tumbes en el suelo fingiendo tener un infarto.
La indemnización a la familia fue muy superior a lo que habría costado su despido improcedente en un país civilizado (es decir europeo... y no todos), por lo que BK Corporation (dicho así suena muy cyberpunk) prefirió seguir con la acostumbrada línea de contratación de personal latinoamericano, con pocas excepciones de personal nativo del país en cuestión.
Dicho esto, prometo escribir próximamente un artículo más interesante: ATRACOS.
Ciao
Jamás imaginé que escribiría sobre los sucesos que pudiesen ocurrir en un restaurante de comida rápida hasta que me tocó trabajar en uno. Generalmente solemos encontrarnos dos tipos de visiones enfrentadas sobre cómo son estos establecimientos: Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/