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Me Cago En Mi Vida

Crónicas Murcianas

A LA PUTA CÁRCEL

A LA PUTA CÁRCEL

Lo de Murci va mejorando por momentos... ¡Hay que ver a la tía que cree que se está trabajando! La chica en cuestión fue citada hace ya tiempo en cierto episodio “Anti-Butrageño”, cuando tras hacerle una especial “Llamada de atención” al bulgarísimo Emil (un bailecito restriega-culos sin avisar) provocó en el joven campesino balcánico un grito ininteligible (digamos que fonéticamente cirílico) de “¡Me la voy a cascar seis meses recordando esto!”.

Sí, Murci va detrás de tan Bárbara mujer... aunque lo que cuenta es que tan bárbara mujer va detrás de él (algo incomprensible salvo que además porte un spray de autodefensa o algo similar). Pero, ciertamente, resulta que lleva semanas hablando de sus aventuras carnales (bueno, carnales... lo que se dice carnales) con la rubia venezolana, y se notan en él los cambios físicos del varón enamorado: Brazo derecho musculoso, brazo izquierdo tan flaco como antes.

Relata este niño de verdad que la otra le va buscando, que se le cuela en la habitación, cual súcubo caribeño, en ropa interior y se le echa encima (por alguna razón dice ser salvado por su gata... por lo menos no le salva una gallina o una oveja), que la chica lleva un tiempo luciendo sus encantos tipo Victoria Secret en sus narices, preguntándole qué talle quedan los piercings... (el del ombligo tiene un pase pero ¿El del pezón izquierdo?) y que, el otro día, se dejó incluso meter mano: Tocó el Murci teta y... y coño con lo que dice que llegó a tocar, porque lo cuenta como cuando Guderian llegó a Dunkerke y llamó a Berlín para saber qué querían que hiciese. Claro que si a ella le preguntas por el tal Guderian te responde que es un diseñador de abrigos de piel.

Problema: Nuestros tópicos particulares señalan a todo el dueño o regente de bares de copas y discotecas como mafioso... digamos que la chica habla con total naturalidad de que tiene en casa más de tres mil euritos en cosméticos... de sus pechos operados... e que le encantan los Ferraris y que su señor esposo (toda una inversión por parte de su mami) no entiende por qué a ella le da vergüenza subirse al Lamborghini conyugal. Vamos que un encanto de mujer, de esas que lo tienen todo... excepto conversación. Una de estas tías a las que Bren Easton Ellis le preguntaría el nombre de tres planetas, pero que conoce a todos los diseñadores de lencería y todas las marcas de cosméticos.

Echarle las redes a la mujercita de un mafioso tiene sus problemas... que la mujer de un mafioso te eche las redes debe tener algo que ver con la posición de los planetas, con el contenido de LSD de nuestro suministro de agua, o con... ¡a saber con qué! ¡Quizá la emisión de Pasión de Gavilanes ha hecho que ella desee a alguien que huela a campo! ¡Y no me refiero a alguien que lleve consigo el fresco aroma del trigo! Murci puede acabar como poco con sus piernecitas rotas, o con la cabeza alejada de los hombros (literalmente... vía cuchillas afiladas), o en la puta cárcel.

Imagino a la rubia de diseño declarando: Señoría, yo siempre he sido fiel a mi santo esposo, pero el malvado chico agreste me atacó con sus manos de recoger hortalizas en verano, con la pasión desenfrenada de quien no conoce mujer que no sea de látex o de papel couché... exagero. Ella usaría quizá no usaría exclusivamente infinitivos, pero no sabría qué coño es el papel couché. He recomendado al Murciamigo que se ande con ojo, sobretodo con las pastillas de jabón. Jugar con fuego pede hacer que le toquen unas vacaciones con los gastos pagados en Soto del Real... o en el camposanto. Al fin y al cabo siempre puede apuntar más bajo, o al menos anotarse a bolígrafo en la mano no recoger pastillas de jabón.


Linchado por gente del campo

Linchado por gente del campo

Dicen que dejar de fumar es horrorosamente difícil.  En mi caso no lo creo así: Me parece algo muy fácil... lo he logrado varias veces. Escapar de un linchamiento por parte de una horda de labriegos enfurecidos del sur de la Península Ibérica es terriblemente difícil, sin embargo para Murci debe haberse convertido en una especie de hobby.

La primera experiencia de agresión por parte de los profesionales del sector agropecuario se dio durante una de las denominadas épocas de robos. No me queda claro si en la pedanía de La Escucha tienen por costumbre destinar algunas semanas de cierto mes al saqueo de las propiedades vecinas, pero el caso es que Murci y sus hermanos tienen en común el amor al atletismo. Los tres son corredores de cross. A los chicos les gustaba salir a correr por los alrededores de su casa, lo que inevitablemente conlleva atravesar las tierras de los vecinos... expongamos la ecuación:

Murci y sus dos hermanos + chandall y zapatillas deportivas + infiltración sin avisar en las propiedades de sus vecinos, armados con sus escopetas de caza y mogollón de cajas con cartuchos durante la Temporada del Saqueo

No hay que echarle demasiada imaginación a la cosa como para imaginar alguna que otra detonación acompañada de un sprint por parte de los tres corredores.
 

Resulta que uno de los hermanos de Murci (digamos que como él, pero algo más espabilado y joven) formaba parte de un conjunto musical. Sólo Alá (... y ellos) saben qué demonios trataban de cantar, pero por la zona se les conoce como los Tres Andaluces y su guitarra. El nombre lo dice todo. Pues resulta que el trío musical decidió ir, acompañado de los dos simpáticos hermanos, su tío (pequeño empresario de la construcción él) y varios de sus compañeros de trabajo, a las fiestas de Los Gazquez (Almería). Por problemas de presupuesto no había para un arroz, así que las fiestas iban a ser amenizadas por las viandas ofrecidas por un par de vecinos ricos del lugar: Dos perolas (de estas de matanza) llena de patatas cocidas y una morterada de ajo machacado (las papas con ajo parecen ser le plato preferido del lugar... o al menos de Murci).

Todo salía a pedir de boca para la organización hasta que uno de los arquitectos tuvo un momento de inspiración, probablemente provocado por demasiados whiskis con naranja (me niego a llamarles cubatas... ¡El Cuba Libre se hace con ron o no es Cuba ni Libre!). La idea iluminadora fue: ¿Y si secuestramos las papas con ajo?... dicho y hecho, mientras Los Andaluces y su guitarra cantaban en la plaza mayor para divertimento (y distracción) de la masa, los tres arquitectos y los dos corredores de cross (hartos de recibir plomazos) agarraban una de las ollas (una que tenía una tranca de madera atravesada... como para que la llevasen entre dos) llenas de patatas y un mejunje pastoso a base de sal, aceite de oliva y ajo aplastado. Mientas, un hermano de Murci iba a buscar al más fraternal de los andaluces y la guitarra, y su tío esperaba en el coche.

Por el camino, uno de los paisanos (llamarles nativos suena al África Colonial) paró a los hermanos de Murci... ¡Les había tocado un jamón en la rifa local!... les preguntó si iban a disfrutar el jamón, y no se le ocurrió responder otra cosa que Sí, bien acompañado por patatas con ajo.

Todo iba bien hasta que una sombra con boina recortaba la esfera brillante que era la luna llena por el borde de un barranco (dado que no se les ocurrió correr hacia sus coches): Soltar eso u sus pego un trancazo que sus reviento los sesos... en momentos así ni Terminator da tanto miedo.

Podrían haberlas soltado, pero, aprovechando su superioridad numérica, saltaron un caballón (una especie de escalón de tierra) de metro y medio de altura con la olla a cuesta, cuando un grito entrecortó los latidos (ya demasiado ruidosos) de sus corazones:

¡HEEEEEEEEEEJEJEEEEEEEEEEEEEEEYYYYYYYYY!

Segundos después medio pueblo les perseguía. Sólo faltaba música de banjo, de estas de persecuciones... o mejor, la del final de los programas de Benny Hill, peor el caso es que tuvieron que soltar la perola, que cayó rodando barranco abajo desperdigando de patatas toda la zona: Patatas de la tierra (con sabor a tierra).Así, muertos de risa, y con dos andaluces sin guitarra abandonados a su puta suerte en medio de un pueblo cabreado (creo que al final le echaron la culpa a unos moros que iban en un Renault Laguna último modelo... justo el modelo de coche que tiene el tío de Murci), la Familia Manson murciana regresó a La Escucha a disfrutar de su jamón ganado en una rifa.

Una pizza para La Moncloa

Una pizza para La Moncloa

Cuesta un poco sacarle esta historia a Murci. Más o menos cuesta unas seis cervezas (unas cuatro si se trata de Voll-Damm), pero es una de esas narraciones extraordinarias tipo Madre de Makinavaja, que decía haberse trabajado a gente de la realeza y a generales de la Guerra Civil.

 

No. Su Majestad no ha degustado ninguna pizza entregada por nuestro encantador niño de verdad. Su Majestad no, pero puede que en un paseo, ZP viese una triangular porción de cartón frío y aceitoso con queso y anchoas encima y... ne! Este gobierno puede tener tantos trapos sucios como cualquiera de los anteriores pero ese acto de mal gusto es impensable. Sin embargo un día...

 

Un día era Murci el único motopizzero libre cuando su central recibió una llamada. Una familiar para el Palacio de la Moncloa... ¿ein? diría el Murciamigo, ¿Eso no está fuera de zona? ... Y probablemente con razón. Creo que no hay telepizzas cerca de la residencia oficial del Presidente del Gobierno, así que supongo que les cargaron el marrón por estar en un distrito de Madrid que se llama igual. ¿Y a quién si no le iba a tocar resolver esta paradoja? Pues al único repartidor que logra ponerse las gafas sin quitarse el casco de la moto.

 

Sólo de moto (no de batería sino de moto algo cascada): güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg ...

 

Todos habremos visto “Perdidos en el espacio”. Pues Murci estaba Perdido en Ciudad Universitaria, justo al lado del Palacio... se mete por al Carretera de Galicia, y casi que se cae al mar. Logra ver el Palacio, pero lo que no ve es el camino de entrada...

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg

 

Una y mil vueltas y la entrada que no aparece. Nuestro pequeño Dani Pedrosa (en realidad Pedrosa s suficientemente pequeño... y Murci ronda el 1,90 de estatura... 1,90 de motociclista vestido de rojo con un casco tipo hormiga atómica y unas enormes gafas justo debajo de la visera de plástico) empieza a impacientarse: Le han mandado fuera de zona, tarda demasiado, tendrá que volver con la pizza fría porque el cliente no la querrá (ha pasado cosa de media hora) y encima la tirarán a la basura, porque hay encargados que no piensan en los niños que mueren de hambre en el tercer mundo. Tampoco piensan en que a los empleados puede entrarles hambre.

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg  ... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...

 

¡Milagro! Como una especie de bache en el camino, como algún tipo de error de programación en Matrix, aparece un pequeño pasadizo que caracolea hasta la verja de entrada del Palacio.  Murci le echa valor y acelera la moto, que ruge furiosa y desafiante contra el viento: ¡Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg! ¡ güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg!

Un par de guardias civiles le miran pasmados. Uno de ellos niega con la cabeza. En un día normal montarían sus armas (nunca se sabe qué tiene un repartidor de pizzas contra el actual gobierno), pero la imagen de un motero sobre un esqueleto de moto de color rojo, con dos ruedas más flacas que el perro de Don Quijote y un enorme cajón porta-pizzas debe ser una de esas cosas que te sacan de la monotonía del control de accesos. Un tipo con enorme anorak rojo y un casco tipo Hormiga Atómica a juego, tras cuya visera sobresalen un par de enormes lentes es una de esas visiones que no te esperas en un turno de vigilancia. El objeto no identificado (bueno... identificado como repartidor de Telepizza pero...) se acerca decelerando a la garita de control...

 

-         ¿...?

 

Al pobre guardia no le salen las palabras. Algo evita que el abonado tópico ¿Usted a dónde va? O ¿A dónde coño crees que vas? O ¿Ha llegado el Carnaval?  No florezca de su boca... es más, duda si dejarle entrar, pero el desconocido (desconocido si no lee este blog) se levanta la visera como si eso permitiese que le escuchasen mejor...

 

-         Perdón, ¿saben dónde está...?
-         Ah, joder qué susto. Está en Ciudad Universitaria, justo a la altura del desvío que te ha traído hasta aquí. Da la vuelta por donde has venido, coge el desvío y llegas de nuevo a la Avenida de la Complutense, en la Ciudad Universitaria... no tiene pérdida.

 

La moto rugía cabreada. Probablemente tan cabreada como Murci. Lo cierto es que podrían haber especificado mejor la dirección... el cliente, o la compañera que cogió el recado... o su cerebro. Todos en su contra. Incluso el viento.

 

Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...

 

Finalmente llega a su destino. Algún tipo de oficina que forma parte de la institución Palacio de La Moncloa pero que, por alguna razón, NO ESTÁ EN el Palacio de la Moncloa. Más de cuarenta y cinco minutos tarde... la pizza ya era cartón piedra con plástico amarillo (anteriormente conocido como queso) por encima, y restos de aceite y caja que forman una curiosa mezcla de lubricante nutritivo y envoltorio protector contra las inclemencias del tiempo. Para su sorpresa (casi se le caen las gafas) los funcionarios aceptan el pedido y pagan gustosamente...  a la empresa, porque a él le dejan quince sustanciosos céntimos de propina tras casi una hora de búsqueda, extravío y colaboración con la Benemérita. Y encima le quedaban un par de horas de turno antes de poder volver a casa, así que se resignó y la moto volvió a rugir indignada camino del Telepi.

Murci y la Berdún

Murci y la Berdún

Me parto de risa cada vez que recuerdo esta anécdota: Personalmente he de reconocer que fracasé en mi intento de convertir a Murci en un niño de verdad, no salía de juerga, no tomaba alcohol, no fumaba y reconocía con pesar ser… inmaculado (ya sabéis a qué me refiero). ¡Claro! Me cambio de piso y resulta que el señorito decide obrar su metamorfosis y empezar a ir de juerga y a beber cerveza. Resulta que con el tiempo se fue a compartir un ático en Argüelles con una pandilla que asumió la responsabilidad de espabilarle… ¡Y lo lograron! (bueno… entre siete es más fácil… servidor actuaba sólo).

 

Uno de esa pandilla es actor y… pse, recibe ofertas. Ofertas como aparecer de extra con frase en programas de televisión: He aquí una primicia, la gente que aparecía en los programas de televisión de Lorena Berdún en Telemadrid y TVE eran actores… por internet circula un vídeo de una pareja con problemas con el sexo oral que es la monda (sobretodo al ver los piños de la chica) y que sirve de evidencia para reforzar esta leyenda urbana. Hay otra evidencia… ¿Sabéis a qué bocazas le ofrecieron salir en el programa de la Berdún diciendo que era eyaculador precoz?

 

No es coña, le ofrecieron 300€ por salir diciéndole a España (me parece que entonces Lorena Berdún estaba en Telemadrid) que era una fuentecilla feliz (y cientos de miles de perdones por esta expresión). En realidad la oferta era para su amigo actor, pero éste fue tan buen colega que se la pasó a Murci… ¡Pobre! Por un lado tenía la opción de ganar 300 eurillos fácilmente invertibles en dulces y cerveza (o en un sablazo de su golfo amigo), pero por el otro le aterrorizaba que alguien pudiese verlo en su pueblo: Imaginad que vuelve a casa por un puente y en la tasca gritan ¡Eh! ¡Ahí viene la fuentecilla! ¡Chico no te empalmes al verme que acabo de pasar la fregona! ¡Vergüenza para él y para la casa de su padre! Vamos, que le daba corte salir en la tele diciendo que eyacula antes de tiempo y se siente orgulloso… el Far West pasó de moda, ya no mola ser el pistolero más rápido del Oeste.

 

No sé a ciencia cierta si Murci es o no eyaculador precoz, de hecho puede que algún día cuente cómo me vino a contar que había perdido su virginidad, pero estamos hablando de una oferta que recibió y (para mal de los programas de zapping) rechazó. Todo un pasaje de este Pinoccio del siglo XXI.

 

 

El talibán murciano

El talibán murciano

Lo de Murci mejora por momentos. Ayer (tomando cerveza para variar) me ha contado lo de su última indemnización. Las indemnizaciones y Murci van necesariamente unidos, es una especie de matrimonio histórico… una nueva forma de vida. Con lo que ganan los repartidores de pizza ¿Os extraña?

 ¿Qué hace usted para ganarse el pan? Pues ná, reparto pizzas y espero a que me indemnicen. Accidentes de tráfico, atracos… Recuerdo un ejercicio para Redacción Periodística, en 3º de carrera,  en el que me pedían una entrevista a alguien que hubiese aparecido en un medio de comunicación. Como no valía entrevistar a mi tío (y eso que una compañera vistió a su padre con una camisa a cuadros y un fajín y dijo que era concejal de no sé qué pueblo), me decidí por entrevistar a Murci… resulta que había sufrido el típico atraco a repartidores de pizza: Recibe un encargo, y el cliente pide que el repartidor lleve cambio de 10000 pelas (en esa época no había euros en circulación). Cuando llaman para comprobar el pedido se encuentran la señal de un fax, así que (importándoles una mierda) envían a nuestro simpático personaje a llevar la pizza de las narices con 10000 pelas en su riñonera y… ¡Hombre! ¡Otro atraco! Un yonqui con un destornillador hirió al pobre murciano que, encima, fue tan tonto como para defenderse. ¿He dicho tonto? ¡No! Se trataba de una estrategia: A cambio de un par de arañazos con un destornillador, nuestro simpático pizzero recibió una indemnización de 150000 pesetillas. ¿El titular de mi entrevista? Con un atraco gané más que con un mes de trabajo. Ni William Randolph Hearst con la Guerra de Cuba.

Pues hace poco nuestro simpático niño de verdad ha sido indemnizado oficiosamente por un amigo suyo.  El malvado amigo logró montárselo con una chica de esas que le hacen tilín a nuestro sufrido ingeniero técnico aeronáutico (una estudiante alemana que está en Madrid de Orgasmus) y, conmovido por la carita de frustración de nuestro amigo, decidió darle algo a cambio: Un cómic de Superlópez, dos de Mortadelo, y ¡Un tanque! Bueno en realidad se trataba de una de esas maquetillas de la colección que todos podemos ver en los quioscos. Me pregunto cómo titular esto… Cambié una mujer por tres cómics y un carro de combate. Como para que lo lea cualquiera y se pregunte ¿Dónde vive este tipo? ¿En Afganistán?

Lo más divertido es que Baby ha intervenido en la conversación… y como buena mujer ha preguntado cómo es posible que cambie a la chica de sus sueños por tres cómics y la maqueta de un blindado. Hasta ahí lo de buena mujer. Iba tan bien como para sacarla por la tele (ahora luce nuevo bronceado… un bronceado sospechoso para los que vivimos en pleno invierno haciendo turnos de noche) hasta que continuó la frase con un terrible ¡Tenías que haber pedido más! ¡Por ejemplo cinco kilos de embutido!

Sigo sin convertirme del todo en segurata, porque me vino a la cabeza un nuevo titular (deformación profesional digo yo) Una amiga del talibán murciano le recomendó cambiar a su mujer por cinco kilos de chorizo. ¿Cuánto coño vale una mujer? Los romanos lo tenían claro, los vikingos también… una cifra variable entre dos cabras y un talento de oro. Pero cinco kilos de embutido… no sé, hay de muchos tipos: Ésta es mi mujer, "una auténtica cinco kilos de chopped"… ¡Pues la mía es mejor! Sólo tres y medio pero ¡De mortadela! ¡De esa con aceitunas! ... ¡Chicos! ¡Moríos de envidia! ¡En casa tengo "una seis kilos de Combinado de Ibéricos"!

Ando hecho un lío: No sé si tengo en casa una mujer encantadora o una cesta de Navidad, pero prefiero alejar estas alegorías de mi mente… creo que no volveré a ver igual las tapas del Tres Columnas.

Murci merece una sección para él sólo

Murci merece una sección para él sólo Contar todo lo que he vivido con este elemento al lado requeriría de una sección independiente...  de hecho requeriría un blog a parte, algo así como Murci y Yo
Tan sólo decir que las cosas recientes (desternillantes todas porque lo que no le pase a éste) las iré metiendo aquí de cuando en cuando. Cosas como aquella vez en el Astral...
 

                                                                    "LOS HUEVOS DEL CURA"
Estábamos en El Astral, uno de los pocos bares que conozco que abren antes de las 6 am. Conocido por su tortilla (líquida por dentro), recién hecha para que desayunemos los del turno de noche, estábamos disfrutando en su instalación de la gastronomía castellanoleonesa que ofrecen gustosos regada con cervezas y vinos del país... el hecho es que en una de las rondas el señor jefe ofreció a Murci una bandeja con montados, en particular con unos que llevaban una rodaja de huevo duro, tomate, rodaja de embutido y un puntito de pimiento rojo justo encima. En cuanto los vio Murci exclamó ¿Qué es eso? ¿Los huevos del cura?.

El personal de ese bar destaca por su buen pulso con las bandejas... pero nunca ví al jefe temblar y llorar de la risa mientras trataba de mantener la bandeja firmemente... ¡La bandeja fue lo único que no se movió! (él casi se cae al suelo de la risa). Resulta que los Huevos del Cura son algún tipo de montado típico de la tierra de mi querido Murci, este insigne personaje de cómic que un día logró convertirse en un niño de verdad

 
                                                                     "AntiBUTRAGUEÑO"

 
Recuerdo que el año pasado teníamos en casa a Emo y a Dancho. Baby había salido de viaje a Sofía por Semana Santa, y estábamos los tres rudos y burdos machotes solos en casa. Lo divertido es que Murci nos invitó a salir de juerga con sus compañeras de piso... Dos gemelas (con un par de buenas gemelas) y una amiga suya, venezolana para más señas, que vivía de su físico (por el que su marido, dueño de algunas discotecas, chalets y Ferraris pagaba muy bien...) Es más, la chica se metía en las conversaciones para dar su estúpida opinión (cosas como que USA significa Unión Soviética Americana... cuando le conté a Murci que mi amigo Giuseppe -un exsocio de mi editor- volvió a Milán con una depresión y que para quitársela se había comprado un Ferrari, la rubia (porque era rubia) soltó un académico: Me encantan los Ferraris, sobretodo rojos... mi marido no comprende porqué no quiero subirme en su Lamborgini ... cuando le comentaba a Murci y a las gemelas lo de que Félix participó en la evacuación del Corte Inglés de Azca -cuando se incendió el Windsor- y que el encargado trataba de salvar una colección de abrigos y zapatos caros en el momento de desplomarse la cúpula ella sólo pudo decir ¡que pena! ¡Los zapatos!... No es coña, existe gente así... es decir: Un cuerpazo con cerebro a juego)
 . Salir de juerga con dos tipos que no hablan una palabra de español es estimulante, a la par que educativo. Coincidimos (supongo que por telepatía) en utilizar como técnica de seducción la negación del afecto (y de hecho la negación de la atención).  Aclaro: Tan sólo ejercitaba el bello arte de la conversación seductora, ¡Nada de intentos de Butragueño!... no quiero que Baby me cape...

El hecho es que, hartas de ser ignoradas, la rubia venezolana ejecutó un particular paso de baile con Emo: El restriegaculos. Restregó su redondo culo caribeño por la entrepierna del afortunado obrero de la construcción balcánico que, Gracias a Dios, no podía decir nada en español... su grito (puño en alto) en mitad de la pista de baile fue algo así como ¡Me la voy a estar cascando seis meses con este recuerdo!.

De camino a casa las gemelas decidieron enseñar a estos dos unas frases para entrar a las chicas cuando saliesen de marcha, sobretodo cuando, durante el viaje en taxi, trataron de entablar conversación con Emo y éste sólo acertó a decir Io no habla español, Io sólo habla Golfo (entiéndase por Golfo una extraña interlingua hispanobúlgara). Por lo tanto les explicaron que lo importante para una chica es la primera impresión: La fémina debe quedar impresionada y congelada con una frase fulminante. Para ello, nada mejor que preguntar en frío (y de buenas a primeras) ¿VAS TOTALMENTE DEPILADA? Estuvieron dos meses repitiendo la frase para memorizarla... de hecho, cuando se la tradujeron, les gustó tanto que salían al metro sólo para encontrarse con desconocidas y preguntarles si iban totalmente depiladas...

Lo mejor fue el continuado diálogo seductor que mantuve con una de las gemelas (la gemela objetivo) ... cuando parecía a punto de caramelo, su hermana (a la que denominaremos gemela colateral) me preguntó si los búlgaros y yo compartíamos piso... fue cuando nuestro niño de verdad cometió su Murciada:

Al oír la pregunta de la sonriente gemela colateral (que algo sabría) a Murci se le escapó ¡QUÉ VA! ¡GOLFO VIVE CON SU NOVIA! ... acto seguido se tapó la boca con las dos manos y empezó a pedirme perdón (con las gemelas delante...). Ellas reaccionaron de modo dispar: La Gemela Objetivo borró la sonrisa de su cara y se fue a dormir ipso facto... sin despedirse ni nada. La otra tardó más en irse a la cama... tardó los quince minutos justos que se estuvo riendo a carcajadas... ¡Qué cabrón! ¡Si lo hubiese hecho con malicia no le habría salido tan bien! 

 

 

Los Gatitos son venenosos

Los Gatitos son venenosos

Esta es una historia que tiene algunos años, tantos al menos como la foto, en la que mi amigo Murci, el Tadjikonauta, me arrea probablemente por volver a contarla en público (no puedo evitarlo). El caso que nos atañe comenzó en la selecta cervecería Rubí, (en la C/Bravo Murillo, Madrid), donde Murci y yo disfrutábamos de nuestras enormes hamburguesas completas y unas jarras e helada Mahou de barril, cuando de repente observé sus enormes manos y dedos marcados por sucias cicatrices negras, como de arañazos.


- ¿Y eso? ¿Quién te ha hecho esas heridas?


 - Si te lo digo no lo creerías


- Me preocupas, Murciamigo, dime enseguida quién ha sido y yo en persona iré a Lorca a ajustarle las cuentas...


- En realidad la historia es más compleja, resulta que...


- Bueno, ¿Y por qué no te has lavado la herida?


-Ahí quería yo llegar, resulta que...


 
LOS GATITOS SON VENENOSOS:


Es por todos sabido que cuando un gato muerde a una presa, debido a su pequeño tamaño, no siempre la mata; sin embargo a la presa acaba muriendo a la larga...

(Personalmente yo defino las mordeduras de gatitos en dos tipos: Letales -que matan- y no letales -que no matan, pero Murci me ha descubierto una tercera modalidad de mordedura de gatito: Las que no son letales pero acaban matando a la larga)


Esto ocurre porque en la saliva del gato existen componentes tóxicos que, al entrar en contacto con la sangre, producen una muerte lenta por envenenamiento, permitiendo al gato huir de un ataque, o librarse de un combate peligroso y prolongado que podría ponerle en peligro.
Pues bien, también sabes que en casa (en La Escucha, pedanía cercana a Lorca... en la Murcia interior) yo tengo gatos... mogollón de gatos: Unos veintiséis. De hecho no podemos reducir la población pese a que ejecutamos a las crías que no podemos mantener estrellando sus cabezas contra una pared o metiéndolos en un saco y arrojándolo al pilón...


- Perdona, Murci ¿No habéis probado a disolver una aspirina en un cuenquecito de agua y que los gatitos beban de ahí... sufrirían menos y no os mancharías y de sangr...


- Eso es caro... y no interrumpas.


- El ácido cítrico también les es tóxico ¿Podríais...?


Te he dicho que no me interrumpas, por favor. Bueno, el caso es que las crías supervivientes (las que nos parecen más bonitas) lo llevan crudo en su primer año de vida, compramos su comida por sacos de 50 kilos, imagínate su impacto en nuestra economía doméstica; y claro, aunque la comida es abundante los cuencos (comederos) son limitados: He ahí el problema. Al escuchar el ruido de los Friskies caer sobre las superficies de plástico, dos decenas y media de gatos (algunos de más de cinco quilos) se lanzan como locos a comer, y meten sus cabezas entre las de los demás. De hecho es normal que se produzcan peleas y algún que otro zarpazo. Ahí vi yo un día a uno de los pequeños desplazado, esquelético... imposibilitado para llegar a la comida, al borde de la inanición. 


 Tú me conoces, sabes que en el fondo soy como un caballero andante que no se puede estar quieto ante la injusticia, así que cogí al  gatito con una mano y un puñado de friskies con la otra para darle de comer...
Pero se asustó, juro que sólo trataba de darle algo de comida para que no muriera, pero el gatito fue presa del pánico y comenzó a arañarme las manos y los dedos. Yo, claro, traté de resistir por su bien, de aguantar el dolor... pero me fue imposible, mira que me puse de pie, pero en un acto reflejo mis brazos empezaron a moverse solos, mi cerebro lo único que quería era que el minino se soltase y dejara de hacerme daño, pero él no notaba mi lucha interior, y de hecho cuanto más bruscamente me movía, más profundamente clavaba sus pequeñas garras, hasta que de repente, se soltó...


(Primer ataque de risa. Imaginaos a todo el bar callado, mirándome como desde el suelo no podía dejar de reír, colorado, casi sin respiración: Uno de esos ataques de risa que sólo se pueden cortar con un ataque de hipo)
El gatito salió volando, dando vueltas en el aire como una bolsa de plástico vacía hasta darse contra una pared con un sonoro ¡Crock! que sonó en mi cabeza como un cañonazo (unas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos) Me acerqué a él y no se movía, permanecía inerte con su pequeño cuerpecito perdiendo calor... te lo juro, lloré como una Magdalena, así que me agache, lo recogí con mis manazas y fui a pedir consejo a la persona más sabia de la casa.
Entré en la cocina para que mi madre me aconsejara qué hacer: Había acabado con una vida inocente, llena de futuro... con un gatito de apenas un par de meses. Mi madre, lo miró de reojo, y sin sacarse el Ducados de la boca dijo aun vive, pero no dejes que sufra...


¡Estaba vivo! Todo mi ser quería salvarlo, pero algo tienen las madres, que cuando mandan algo obedecemos sin pensar, automáticamente... como terminators (la sola idea de un Murciator casi me provoca otro ataque de risa como el anterior) por lo tanto, cogí al gatito en una mano y ¡PLAF! lo estrellé contra el suelo. No se movía, así que me agaché para comprobar si todavía respiraba y... como en una película de miedo el gatito giró antinaturalmente su cabecita, me miró con los ojos medio cerrados, abrió su hociquito y emitió un fantasmal ¡Eeerk! que me perseguirá toda la vida. ¡No podía creerlo, iba a ser verdad lo de las siete vidas!, así que ahora, cabreado, volví a cogerlo con mi manaza buena (la derecha), y lo levanté por encima de mi cabeza para lanzarlo de nuevo contra el suelo ¡CRACK!...


¡Eeerk!


Esto ya parecía cachondeo... (Aquí imaginad que me había caído de la silla por tanto reírme), así que furioso volví a levantar al gatito por encima de mi cabeza y esta vez cerré los ojos para lanzarlo hacia el infinito y más allá... ¡PLAMM!...


¡Eeerk!


(Aquí Murci lloraba como una Magdalena mientras yo casi me arranco la lengua a mordiscos para no reír)


Tengo la sensación de que ese sonido me perseguirá toda mi vida... así que recogí de nuevo el cuerpecito de ese cachorrillo que se empecinaba en no morir, en no dejar este mundo, y se lo llevé a mi padre. Mi padre estaba apoltronado en el sofá viendo la tele y bebiéndose un vino cuando llegué con el inmortal en las manos... Mira papá, mamá me ha dicho que lo remate para que no sufra, pero ya van tres intentos y no lo consigo... Mi padre no apartó la mirada de la tele antes de decir: Pus sácalo al patio a que le de el aire... mañana estará bien.

Si las madres pueden hacer que asaltes una colina infestada de Vietcongs, o que te cargues machetazos a todos los monitores de un campamento para niños en un lago de Iowa, los padres es que deben ver el futuro, porque a la mañana siguiente, como por cosa del Ratoncito Pérez, el gatito andaba y saltaba como si nada hubiera pasado...


- Espera Murci... ¿Un tío de 1,90 como tú no ha podido matar a un gatito de menos de un kilo después de tres intentos?


- ¡Y tú! ¡Tú eres un cabrón que se está riendo de mi suceso! ¡Pues me dolió coño! ¡Me jodió mucho creer que había matado a un gatito pequeño!


- A todo esto... ¿Por qué coño no te has lavado la herida?


- Por miedo a morir, joder, ¿No ves que puede llevar el veneno del gatito todavía?...


Sí, soy un cabronazo, la verdad.  Mi amigo, con lágrimas en los ojos, sólo pedía comprensión y otra cerveza, pero yo, cerdo de mí, me partía de la risa en su cara sollozante. Además esta debería ser una de esas historias que quedan entre amigos, pero cada vez que presento a Murci a alguien nuevo le acabo contando la historia del gatito venenoso... y a propósito: Aun no me queda claro por qué coño no se desinfectó la herida...