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Me Cago En Mi Vida

¡Alelya Hermanos!

¡Alelya Hermanos!

Querido Diario, el puente (casi casi acueducto) de principios de Mayo se acaba, y con él vuelven los madrugones para ir a trabajar, las faltas de asistencia en las terrazas y... lo mejor de todo: Los Freaks del barrio. Si es que cuando juntamos más de dos días libres todo Cristo se sube al coche y tira para la playa o la montaña.
Hoy el panorama ha mejorado, definiría los últimos cuatro días como exóticos (los notables del barrio -es decir los que se hacen notar a donde quiera que vayan- habían cambiado de aires), las caras conocidas han regresado por estos lares antes que el propio Paco y vuelven a dejarse ver a diario.
Echaba una mañana tranquila con Peco, que apuraba sus últimas horas de sustitución, tomando café y oyendo lo típico... "¿Esto no es un estanco?", "¿Tienen abonos de transporte para la Tercera Edad?", o "¿No me olvidé aquí el viernes pasado un paquete de pilas?" (sí... las del sonotone, señora, porque ya le he dicho que no tres veces...).

Volvió El Niño (a desarrollar en futuros post, porque este es que merece un libro) deseando la muerte de alguien, mirando revistas sin comprar nada y sin hacer caso a mis tres recomendaciones:
-Aféitate a diario (aunque no sepas,yo aprendí a base de cortes)
-Péinate un poco antes de salir a la calle
-Por el amor de Dios, pórtate bien, que cualquier día te va a pegar algún cafre
La cliente Sorda (o muda, porque es que no dice ni buenos días) vino a cumplir con su rutina diaria de venir a ver las revistas guarras y salir sin dejar más rastro de su paso que los comentarios del kiosquero, y por supuesto Cagaprisas,arrollando al resto de clientes cuando trata de entrar o salir para comprar prensa deportiva y haciendo amigos como todos los días ("Si es que El Madrid va de culo, a ver cuando se mueren todos los blancos..." -hombre, ni que militases en el Partido de los Panteras Negras-, "¿Y Las Palmas qué? ¿Desaparece ya o no?"). No me extraña que Paco diga que todos los zumbados del barrio le tocan a él, con la de kioscos que hay en Madrid.

Pues tan tranquilos andábamos pasando la mañana, un café tras otro (que para eso han vuelto a abrir la mayoría de bares del barrio... y digo la mayoría porque "El Párroco de Nuestra Señora de las Tres Columnas" no ha levantado la chapa desde el Viernes), vendiendo lo justito y haciendo el Crucigrama de MAMBRINO cuando las puertas del cielo se han abierto de par en par. Una señora de unos cuarenta y pico (tirando a cincuenta) entró acompañada de una predazo de belleza caribeña que nos preguntó: "Perdonen ¿Venden Biblias aquí?"...
Mira que hay gente rara. Mira que han preguntado cosas realmente extrañas... incluso una vez entró un tipo preguntando si tenían el periódico DE MAÑANA (lo cual se las trae...) pero ¿Acaso no es suficientemente grande el letrero de la puerta? ¿Acaso no pone Prensa Paco? ¡PRENSA! no Biblias, ni Librería, ¡¡¡PUÑETERA PRENSA!!!
Sé que es raro encontrar librerías que vendan Biblias (siendo el libro más reproducido por impresión de la Historia... o casi, yo personalmente sólo conozco una librería católica en Madrid(se autodefine como tal), pero ¿Qué clase de persona entraría a una tienda de prensa a preguntar si venden Biblias? porque como no sea por fascículos no me lo explico.
¿Y qué clase de Biblia querría? porque hasta que Ratzinger no lo solucione creo que hay más de una...
"Señorita, tenemos el ofertón del siglo, por sólo 19,95€ le vendemos La Biblia Católica al completo (sí, sí, los dos Testamentos, uno de ellos convalidable por el Talmud) y de regalo puede elegir entre cualquier Biblia protestante o la Biblia Satánica, en una edición ilustrada de puño y letra por Marilyn Manson!"

¿Qué clase de cristiana sería esta hermosa joven latinoamericana? Porque Ortodoxa no creo... quizá, pero probablemente sea de las de toda la vida, o una seguidora de cualquier telepredicador (por ejemplo de Morris Cerullo, el tipo de la foto). ¿Sería Testigo de Jehova? porque a mí "Las Criadillas del Dios" no me convencen demasiado; o quizá sería una de esos mormones de Utah, los de la plaquita negra que se casan con veinte mujeres y nos despiertan cada mañana llamando a la puerta para hablarnos de Jesús ("¿Chus? ¿El de los futbolines?").
Imagínate, querido diario, que se trataba de una aprendiz de telepredicadora (porque hasta hoy yo solo sé de tíos en ese gremio... ¡un poquito de paridad en esto también!). ¿Qué pasaría si alquilara un local frente al kiosco y montara uno de esos shows? Porque si un fallo tiene la Iglesia Católica es que ir a Misa acaba siendo aburrido, mira en EEUU, donde la gente canta y baila a ritmo de Gospel en la Iglesia... un espectáculo como el que retransmiten en esas teles locales, de las que vemos en el zapping de madrugada en busca de programas culturales (ahora los jóvenes llamamos así a la pornografía). Unos acalorados discursos de telepredicador sudoroso (por los focos de las cámaras, no os creáis) del tipo:

"¡Aleluya hermanos! ¡Oremos al Señor!... Una zarza ardiendo frente a la puerta del bar me dijo que dejara la cerveza y me uniese a su cruzada contra Satán, ¡Aleluya Hermanos! ¡Recostruyamos nuestro rancho de Waco!"
"¿Qué necesitamos, hermanos, para doblegar al demonio? ¡Pues vuestro dinero para empezar! ¡El dinero es tan malo que debéis dármelo para que os proteja de su demoníaca influencia!"
¡ALELUYA!
"Pero también necesitamos algo más hermanos, necesitamos un lugar donde orar, donde entregar vuestras... nuestras vidas al Señor, ¡Y ESE LUGAR ES UN RANCHO TIPO WACO!"
¡ALELUYA!
"... Pero hace falta algo más hermanos... (pausa para coger aire... y sonreir a la cámara como en un anuncio de dentífrico... y dejar que algún zumbado del público grite algo piadoso...) Necesitamos mantener alejados de nuestro paraíso terrenal a las hordas de Satán, a esas hordas que se identifican por siglas, tipo ATF, o FBI... ¿Qué necesitamos para ello hermanos? Necesitaremos Armas de Fuego, un Magnum grande de cojones y cosas así... ¿Y cómo lo conseguimos hermanos?..."
¡ALELUYA!
"... ¡Aleluya no, pon pasta en el cepillo... que el Señor no nos ilumina gratis!"

En resumen, creo que con esto ya he subido en la lista negra de futuros receptores de paquetes-bomba (justo detrás de todos los centros de planificación familiar), así que os dejo... y no olvidéis: Próximamente "El Niño".

Con el pie izquierdo

Con el pie izquierdo

El curro de Ayudante de Cocina en la prestigiosa línea de franquicias de Burger King España no es nada del otro mundo. Me refiero a que no es en absoluto difícil. De hecho creo que hasta un chimpancé amaestrado podría hacerlo, pero la política de la empresa cree más rentable contratar humanos debido al escandaloso precio que han adquirido los plátanos con los que pensaban pagar a nuestros primos primates. Por ello la política de la empresa parece más enfocada a contratar jóvenes de hasta 25 años (gente que se deje manipular, claro) por razones obvias. En el estado español no se pueden contratar menores a partir de cierta edad (creo que sobre los dieciséis). Si lo hacen se exige un permiso firmado del padre, madre o tutor legal, y el jovencito o jovencita no podrá manejar diversas herramientas peligrosas, como las mortales cortadoras de tomate.
Jamás vi a alguien que sufriese un accidente con estos inventos demoníacos, pero a quienes las utilizamos al menos una vez teníamos que respetar las normas de precaución de la empresa, a saber:

- Utilizar guantes de cota de malla: Va en serio, el hecho de utilizar los guanteletes de un caballero medieval puede impresionar a priori. Los guantes son duros, fríos, y si le dan con ellos un guantazo a alguien le convertirán en el orgulloso poseedor de unas cicatrices muy chulas (algo a tener en cuenta en las relaciones laborales internas del restaurante). Gracias a Benji Franklin, los edificios de esta prestigiosa empresa están protegidos por un pararrayos por si estalla una tormenta algo a tener en cuenta en toda empresa seria que se preocupa por la integridad física de sus empleados. En caso de utilizarlos, no se debe golpear a los clientes con ellos puestos (de hecho no se debe golpear a los clientes, basta con sonreírles y darles la razón). Cuando un currito o currita del Burger tiene estas reliquias sagradas de Las Cruzadas en sus manos adquiere una cota de poder que exige responsabilidades del tipo no salir a sacar la basura con los guantes puestos durante una tormenta (Benji Franklin no está en todas partes) y no vengarse de encargadas (como Pluvia) desfigurándoles con caricias guanteleteadas.

- No automutilarse a propósito: Una de las ventajas de trabajar para Burger King es que una empresa tan grande no puede saltarse la normativa jurídica española acerca de la cobertura social de los trabajadores. Trabajar con contrato significa cotizar a la Seguridad Social, lo que en España al menos significa la posibilidad de disfrutar de alguna baja de vez en cuando. En este trabajo la gente explota las bajas como puede (y hace bien), porque es una tentación inaguantable la posibilidad de pasar una temporada cobrando sin currar. Sin embargo, bares de mala muerte en las ciudades portuarias están llenos de veteranos del Burger King que ridiculizan a los Ex Marines que sirvieron en Vietnam con sus historias de padecimiento y esfuerzo en situaciones muy duras (¿Tú pisaste una mina en King Kong que te arrancó las dos piernas?… ¡Pues yo perdí tres dedos cortando tomates para alimentar a los gitanos de Pan Bendito en un Burger! ¡Invítame a una cerveza y te lo cuento!). A demás la imagen de cara a los clientes es muy importante en esta celebérrima entidad, y un trabajador al que le faltan tres dedos y una oreja no es lo que más le conviene a la imagen de un restaurante familiar, armonioso y maravilloso como éste del que hablo.

- No meta la cabeza en la cortadora de tomate: Va por lo de la oreja. Los apéndices del cuerpo humano no reaccionan bien ante los filos cortantes de las cuchillas… y ante las de estos aparatos tampoco.

- Cuando lo limpie, procure no situarlo en los estantes más altos: Como decía Michael Moore en Estúpidos hombres Blancos, las escalerillas del Ikea van a acabar con el sexo masculino, debido a que las mujeres podrán llegar a los estantes altos de los armarios y estanterías, por lo que los hombres seremos ya del todo inútiles. La política de contratación de los restaurantes de comida rápida, por razones de imagen corporativa y de doblegamiento de la voluntad (no en todos los casos) suelen preferir a las chicas jóvenes como trabajadoras. Aunque creo que en ello también cuentan los deseos de trabajar con alegría para la vista que tienen gerentes como mi querido Dani. El problema que ello acarrea es que la altura media de la plantilla está en 1,60 metros aproximadamente, es decir: ¡Tú, capullo, bájame ese pesado trasto de ahí antes de que se caiga y me descalabre!. La caída de uno de estos pesados trastos de metal sobre la cabeza de un ayudante de cocina es una tragedia que la empresa desea evitar (por lo de que después pasen un tiempo de baja… inconsciencia incluida).

- No haga lo que hizo el cenutrio de King Burger: A saber, las cortadoras de tomate no son un juguete. Tan sólo las utilicé un par de veces, y la primera me estaban enseñando. Cuando se corta tomate, hay que colocar la roja hortaliza en contacto con las cuchillas y presionar suavemente para que los filos penetren en la tierna pulpa de este producto de la bella Murcia (En serio, tengo comprobado tras cargar decenas de cajas de tomates que los que utiliza el Burger vienen de la Huerta de España. ¡Viva Murcia!). En mi caso no lo hice, y dada mi falta de delicadeza, lo solucioné empujando más fuerte las cuchillas, dado que en mi opinión éstas no cortarían ni mantequilla derretida ¿sigue creyendo que contratan principalmente chicas porque el gerente es un salido? (Señoría, he de aclarar que el gerente es un respetable, honrado y fiel hombre casado que sólo piensa en hacer su trabajo con eficacia y en permanecer fiel a su santa esposa).
Al hacerlo me convertí una vez más en pionero, en este caso del deporte, al inventar la futura modalidad olímpica de Lanzamiento de Tomate. Fue una imagen que me cautivó, debido a mi claro desequilibrio mental: Paredes alicatadas y casi limpias embadurnadas de restos de tomate, a modo de vísceras, por toda la cocina mientras, loco de placer y muerto de risa, continuaba agotando las existencias de esta manzana erótica. Aquella cocina olía a… VICTORIA.

Por lo demás, el trabajo de Ayudante de Cocina es muy sencillo: En mi contrato, y en el de todos, creo, ponía que estaba allí para echar un cable debido a la previsiblemente alta demanda de las ofertas con que nos deleitan los chicos de Marketing (el Señor les perdone porque no saben lo que hacen). Esto quiere decir lo siguiente:

- En la cocina: Existen diferentes puestos, empezando por el que echa carne al fuego infernal (es como yo llamo al asador automático, La empresa prefiere llamarlo Automatic Broiler, se trata de un trasto enorme con dos cadenas, la superior para la carne y el pollo, y la inferior para el pan Bimbo, que así parece recién hecho. Me costó un mes aprender su nombre, pero mis raíces rockeras me llevaron a rebautizarlo como El Fender, por la marca de guitarras…),y de paso va a buscar existencias a las cámaras frigoríficas (el uso del abrigo de la empresa es opcional, cada uno sabrá si le gusta estar en mangas de camisa a -20º tras pasar horas junto a unas llamas que arden a más de 70º. Las normas de sanidad de la empresa, y las de cualquier país civilizado, exigen el uso de pinzas de calor (de metal) y de frío (de plástico) para coger la carne, pero en caso de que haya mucha gente esperando por su comida el gerente puede decidir que es más rápido hacerlo a la vieja usanza (con las manos). Con ello quiero decir que la carne ha de ponerse con las pinzas cuando el restaurante pase la revisión periódica, previo aviso y con supervisora de la empresa identificada y conocida por todos en su aspecto, uniforme, nombre, apellidos, hobbies, y plato preferido. Cuando al de la carne le pregunten cómo está echando la carne al Broiler, la respuesta recomendada por King Burger es: Con las pinzas y de tres en tres, oh amada jefa (también son válidas las expresiones Ama, Dueña, Señora, y Sargento Mayor). El puesto equivale a una jornada de entre cuatro y ocho horas jugando al freesby con trozos redondos de carne de dos tamaños (pequeño y grande), y enviando el pan, convenientemente separado en tapas y bases, por el otro lado. La monotonía se rompe cuando a uno le piden un Chicken Whopper, porque la carne de pollo se coloca en el lado de la cadena automática donde pone Chicken.

Otro puesto de cocina es el de Colocador (como en el Volley Ball): El colocador ha de esperar ansioso a que la carne salga de la cadena de cocción (aunque prefiero el término incineración), para, con pinzas de carne o de pollo, montar la hamburguesa con el pan, que suele salir mucho antes que la hamburguesa, y colocar el invento en el arcón del Baño María, donde permanece caliente un máximo de diez minutos bajo el régimen PEPS (la primera que entre es la primera que sale). Procure, si le toca este puesto, no quemarse, no comerse las hamburguesas, y no oficiar de arquitecto en el arcón haciendo pirámides de hamburguesas: La puerta de cierre del arcón suele hacer estragos con el pan, y las gotas del vapor lo mojan y estropean.

El último puesto de la cadena de montaje fordiana para las hamburguesas es El Preparador (le ruego no se ría, va en serio). El preparador ha pasado horas estudiando los ingredientes de cada especialidad del restaurante para saber qué es lo que espera el cliente con cada mordisco que de a cualquiera de las nutritivas y deliciosas hamburguesas, fajitas, tortillas (son tortitas, pero la inclinación al spanglish de la empresa y la composición étnica de la plantilla llevan a utilizar este tipo de palabrotas que llevan a la confusión), y cualquier otro sándwich (mentira, son hamburguesas, yo siempre he pensado que un sándwich se hace con pan de molde). Realizan su trabajo con una precisión y dedicación casi esquizofrénicas, lo que hace que los psiquiatras de la Seguridad Social tengan mucho trabajo con la plantilla, y dan mucha importancia a los pequeños e insignificantes detalles que aprenden en los cursos de formación de la empresa, y que generalmente importan un comino al cliente (¡Oh Dios mío! Las cuatro rodajas de cebolla de mi Whopper no están colocadas en cuadro: ¡No obtendré el mismo sabor en cada mordisco!). Como los bailarines caribeños, son expertos en salsas (y eso que yo no diferenciaba la salsa Barbacoa del Ketchup a primera vista). Se trata de un puesto tan especializado que tan sólo preparé tres hamburguesas para clientes en mis dos meses de servicio en el Burger King, y a veces, la hamburguesa destinada a mi menú diario reglamentario me la preparaba alguna compañera.
He de añadir que es falso el rumor de que los preparadores estresados escupen en la comida de los clientes (quizá en la de los compañeros de trabajo que odian, por lo que los jefes insisten en que cada uno se prepare su propia comida). Para saltarse las normas de sanidad ya está la empresa.

Los restantes puestos son de freidoras. Hay de dos tipos, para patatas y para otros (generalmente alitas y demás derivados del pollo, aunque en mi época se servían también variantes mejicanas de queso frito). Éstos saben hasta latín, porque, sólo Dios sabe el porqué, cada botón de la freidora de Varios indica un tiempo distinto, adjudicado cada uno a una especialidad, ¡Y no vienen marcados ni con una sencilla pegatina, tan sólo con un número que varía de un restaurante a otro (creo que esa es otra razón por la que no contratan simios amaestrados).
El último de los puestos es el de las pilas, es decir lo que en restaurantes convencionales llaman freganchín (por lo de fregar). Al de las pilas le toca fregar durante todo el tiempo hasta que un paladín (es decir uno de los jefes) le manda a otro puesto, generalmente más degradante. Ha de utilizar unos lavavajillas especiales de la empresa que han causado más de una erupción cutánea (bueno, también hay guantes para fregar disponibles… generalmente). Se dice entre los veteranos del Burger que la CIA consideró la opción de introducir ingentes cantidades de este producto químico en Iraq antes de invadirlo para respaldar la acusación de La Casa Blanca contra Sadam Hussein de almacenar armas químicas.

- En la sala: Éste era el puesto en el que me especialicé, principalmente porque nadie lo quiere, pese que permite mayor libertad de acción (vamos, que puede ir uno a su ritmo mientras la sala no acabe pareciéndose demasiado a una pocilga). El empleado de sala, generalmente destacado en el cuadrante de los horarios, debe mantener limpia la zona donde los clientes se sientan a comerse su ración diaria y donde dejan sueltas a sus termitas (hijos y hermanos menores) para crear el caos y complicar la vida al personal del restaurante con sus gritos y carreras. El empleado de sala ha de fregar vomitonas, barrer la sala, limpiar mesas y bancos, dar un repaso al pozo negro al que el jefe insiste en llamar servicios, y enviar a todo cliente que tenga alguna pregunta a incordiar al encargado, gerente o jefazo al mando (hay cosas que yo prefería no recordar, como si disponíamos de sillitas especiales para bebés, de teléfono o de sentido de la decencia cuando se quejaban de la comida). El empleado de sala ha de bregar con restos de comida en el suelo, bandejas llenas de restos de comida en las mesas y manchas de todo tipo, siendo siempre amable y servicial con el cliente y obediente con sus jefes y compañeros, a los que debe echar una mano cuando el restaurante se llena de hambrientos incivilizados capaces de entrar en un estado de furia incontrolable cuando descubren que deben hacer cola para comprar un helado. Dada la característica principal de un restaurante franquiciado (un Whopper es igual en todo el mundo) cualquier turista que no se fíe de la gastronomía nativa puede acudir a uno de éstos locales y saber (más o menos) qué diablos está comiendo. Por esta razón se valora el conocimiento de idiomas, aunque no es tan difícil decir cheeseburger en otra lengua con la que no se esté familiarizado. Un empleado de sala (un limpiador, vamos) se enfrentará a fiestas de ketchup en los servicios, que recuerdan a las secuencias del cine gore, a la suciedad generalizada, a mesas de aspecto postapocalíptico y al periódico cambio de bolsas en los contenedores de basuras donde los clientes DEBERÍAN depositar los restos de su comida cuando terminan (aunque los más graciosos también dejan dentro la bandeja). Es el puesto, por alguna razón, que menos aceptación tiene entre el personal, por ser el más sucio y por el estrés que supone atender una sala repleta de gente donde el humo de sus cigarrillos recuerda a las nieblas londinenses que escondían las fechorías de Jack el Destripador; por lo degradante que es limpiar lo que otros ensucian adrede y por no poder, como en los bares y restaurantes normales, sacar a palos a la piara de cerdos que vienen a comer como animales y a vacilarte como si les conocieras de toda la vida (Por alguna razón este tipo de clientes (que gracias al Señor no son todos pero que por su culpa son mayoría) creen que el hecho de que la política de la empresa exija a sus empleados educación y simpatía con ellos significa que sólo piensas en volver a trabajar cada día con la esperanza de poder verles y asentir a sus estúpidos comentarios. ¡Id a reíros de vuestros padres, mamones!).
Además, el empleado de sala es el encargado por el cruel destino de sacar la basura de la sala (y olvídese de pedir ayuda a los compañeros de la cocina y el mostrador, ellos ya tienen lo suyo con limpiar lo que no ven los clientes), y de recoger y limpiar las bandejas que los clientes dejarían sobre los contenedores en un mundo idílico, y que generalmente abandonan en las mesas como si nadie más fuese a comer allí, o incluso dentro del contendor para que lo recoja la tía de alguien.

Debido a la composición étnica de la clientela del restaurante donde trabajé, el hecho de desempeñar generalmente este puesto me llevó a ser apodado El Payo que Limpia y también El Payo de las Bandejas, tras la visita de un concursante de Operación Triunfo al local. Más tarde, en mi pluriempleo, un compañero y yo compusimos una versión con la letra alterada de la canción Sarandonga (de Lolita Flores) acerca de este apodo.
Ante la falta de vigilantes de seguridad que me tocó vivir, el empleado de sala debe echar un cable en labores de seguridad que no le corresponden, por ejemplo si alguien decide fumarse un porro en la sala. Claro, como no veía rentable arriesgarme a que me partieran la cara por currar en un Burger decidí sacar a la luz todo mi tacto y educación de tarjetero y pedir amablemente a los clientes drogatas que apagaran sus canutos antes de que saliera la cabrona de la encargada (esta referencia va dirigida exclusivamente a Pluvia, el resto son grandes personas y amigos a los que guardo un reverencial respeto y cariño. ¡Loados sean!).

- En el mostrador: Son los puestos de atención para los clientes. Los que están en el mostrador pueden ser destinados a atender en la caja registradora los pedidos de los clientes. Debido a mi falta de adaptación a las nuevas tecnologías, jamás desempeñé este puesto (a los jefes les parecía muy difícil para mí la labor de pulsar sobre una pantalla de cristal líquido… ¡Luego vendrían los problemas para ellos a la hora de hacer las cuentas). Esta maravilla de la tecnología envía un mensaje a una impresora en el puesto del que debe sacar los pedidos de la cocina al mostrador (y que suele quemarse con el mostrador de reserva, donde se colocan las hamburguesas y tapas debidamente envueltas por los preparadores y el personal de freidoras, debido a que éstos los mantienen calientes). Lo gracioso es que quien saca los pedidos está a un metro del de la caja registradora, pero el hecho de comunicarse por Fax permite mantener una imagen corporativa de fe en las nuevas tecnologías; al fin y al cabo se trata de una empresa tradicional y con historia, pero muy moderna y de su tiempo. Al sacar los pedidos el trabajador burguerquinero, ha de incluir en la bandeja (o grapar en la bolsa de cartón de los pedidos para llevar, el ticket de compra que incluye el contenido del pedido, el precio y un número de identificación. Todo idéntico a la copia que le dan al cliente los de la caja registradora. Ignoro si estos papelitos tienen algún valor legal como contrato (de hecho la empresa dice que en caso de una queja coherente se le de la razón al cliente), pero la principal utilidad que les encontré fue la de apuntar los teléfonos de las chicas que me tiraban los tejos (espero que mi mujer ignore este comentario) y los de los clientes que, debido a la naturaleza social del barrio, me ofrecían un puesto de trabajo distribuyendo drogas (Es muy cierto, me ocurrió dos veces, y una de ellas me daban hasta un coche para hacerlo). Finalmente, y habiendo colocado como manda la empresa el pedido (incluyo diagrama de cómo distribuir los productos en bandejas y bolsas), el empleado ha de sonreír al cliente y darle educadamente la bandeja o bolsa de cartón deseándole buen provecho (aunque en muchas ocasiones deseé decirles ¡Que os jodan desgraciados! ¡Ojalá se os atragante!). A su lado se encuentra el Servilletero. No se trata de un útil de cocina inanimado, sino de un auxiliar que coloca las servilletas, las pajitas de los refrescos y las bolsitas de ketchup, mostaza, sal y pimienta en los pedidos que van a salir listos para la degustación de los estimados clientes, y a su lado el de los refrescos, que comparte plaza de mostrador con el empleado de sala cuando éste tiene que limpiar las bandejas que ha recogido. El de los refrescos ha de diferenciar las marcas registradas de cada una de las bebidas que ofrece el restaurante como complemento del menú sólido, responder con su vida de que ningún empleado se enganche al grifo de la cerveza (como si esto fuese el Bar de Moe en los Simpson) y marcar convenientemente en la tapa (de plástico) del vaso (de cartón) si el refresco es light para que un superior le diga luego que no debe tocar con sus sucias manos nada que el cliente pueda tocar luego. Ambos puestos tienen la suerte y el inconveniente de ser los preferidos por los atracadores para coger a un rehén, pero más adelante explicaré la doctrina de solidaridad y caballerosidad de la empresa respecto a los atracos.

Por lo demás, las únicas diferencias entre los ayudantes de cocina son los horarios: El turno de tarde/noche es el de mayor actividad de clientes (debido a que se entra a trabajar a las 8am en el turno de mañana, pero sólo se sirve comida a partir de las 12am) y en dejarlo todo mínimamente limpio en el cierre para ahorrar trabajo a los del turno de mañana, mientras que éste consiste en una limpieza frenética y contrarreloj para dejarlo todo listo y reluciente antes de la hora de apertura al público. Existen serios piques entre los trabajadores de la mañana y de la tarde/noche, aunque me parece una soberana estupidez, dado que son los mismo, sólo que unos días les toca un turno y otros el otro.

Mis primeros días fueron de total confusión, aunque por alguna razón, el hecho razonable de preguntar las dudas me hizo caer muy mal a determinadas compañeras de trabajo. La primera persona a la que vi fue a Pluvia (y aun sigo odiando ese momento), que me explicó cómo eran las instalaciones, su función y qué hacer en caso de incendio (es decir, correr al punto de encuentro que se encontraba a escasos metros en una boca del Metro Abrantes… supongo que para, en caso de explosión, que nos alcanzaran los fragmentos). Tras cada veloz e incomprensible frase añadía un ¿Vale?(luego descubriría que es su forma particular de decir por favor); por lo que en caso de confusión no tenía ni idea de qué hacer para no meter la pata, lo que me llevó a trabajar a menor velocidad de la que exigían personas como Pluvia, lo que le llevó a cogerme manía… lo que me obligó a mandarla a paseo y desconectarme de lo que ocurría a mi alrededor como si fuese un toxicómano (yo prefería mandar mi mente a Bulgaria y pensar que era verano, algo que algunas compañeras no entendieron por alguna razón).
Empezando por el principio, mi primer contacto con un ser humano con todas sus facultades mentales en regla fue con el Gerente, Don Daniel Gil; hombre hecho a sí mismo, como me contaría más tarde, estandarte de la razón, la gestión y muy buen amigo. Dani me hizo la entrevista de selección de personal menos de una semana después de haber dejado a Pluvia (maldito sea su nombre… incluso su nombre real que aquí no menciono) mi solicitud de empleo. Fue muy divertido, porque en las entrevistas de trabajo lo más conveniente es mentir aun más de lo que se miente en las solicitudes de empleo. Evidentemente dije que no estaba trabajando, que mi nivel de inglés era muy fluido, que tenía un nivel usuario de la informática (¡FALSO! Apenas escritos dos capítulos de este libro casi los pierdo por culpa de los estúpidos inventos de Billy Gates), , conocimientos mecánicos y técnicos sobre ordenadores, experta preparación para el, manejo de freidoras eléctricas y microondas (sí, tengo uno ¿y que?), cinturón negro en Jiu Jitsu (jamás pasé del verde… y eso desde que tenía doce años) y poderes mentales capaces de freír el cerebro de un enemigo a cierta distancia. Vamos, que era el Caballero Jedi que busca todo gerente de restaurantes de comida rápida para vencer en la eterna lucha contra el mal… y bueno, como ya he dicho, este trabajo puede hacerlo hasta un simio amaestrado, por lo que era improbable que un servidor pudiese cagarla… o al menos no tanto como el joven de Iowa Billy Joe Smith, que quemó seis restaurantes en su periodo de prueba de quince días y tuvo las narices de quejarse porque le dijeron que no era lo que buscaban.
En una entrevista de trabajo un gran gerente como Dani te informa acerca del horario, días libres, modalidades de contrato (de dieciséis, treinta y cuarenta horas, siendo este último el de jornada completa). Se interesaba por si estaba estudiando y en qué horario, porque la política de contratación de la empresa respecto a los estudiantes es muy flexible (aunque recuerdo haber vivido cerca de la Glorieta Cuatro Caminos durante cuatro años y echar una solicitud mensual al McDonalds de allí, ¡y jamás me cogieron!).
Lo más importante, el sueldo, es de aproximadamente 5€ a la hora, con lo que un contrato de 40 horas semanales da un montante mensual de 630€ (unas 105000pesetas). Se cobra el último día del mes con una hermosa nómina detallada y un cheque del Banco de Santander. Por lo demás el trabajo es sencillo (y ahí Dani tenía razón) aunque no esperaban que lo aprendiese todo en los 15 días de prueba, en los que uno va a demostrar que tiene ganas de trabajar (y por añadidura de aguantar a la maléfica Pluvia).

En lo personal, o cuando menos lo que se podía adivinar por su comportamiento en el trabajo, Dani parecía un tipo normal. Confesaba no tener estudios más allá de la EGB, por lo que al ser gerente intuyo que llevaba toda una vida dedicada al Burger. Casado con una encargada de otro local de la empresa, parecía un apasionado de los videojuegos (a juzgar por las bolsas de Mail Sofá que solía llevar cuando venía al curro tras hacer unas compras) y encajaba en el perfil de un trabajador que se vuelve conservador tras años de trabajar en la misma empresa. Lo digo por sus comentarios acerca del desalojo de unos gitanos de un edificio de viviendas de protección pública que ocupaban ilegalmente (claro, él tenía que pudrirse currando en una hamburguesería para pagar su hipoteca…) y por supuesto, le encantaba la idea de que hubiese al menos uno o dos tíos currando allí; al fin y al cabo con alguien hay que hablar de fútbol. Cierta vez tardaron en salir unas alitas de pollo para una clienta, y a mí ya me cogía quemado esta situación tras una semana trabajando para esta magna empresa. Cuando salió la tapa que complementaba el sano y nutritivo menú de la señorita, él me preguntó de qué mujer eran esas alitas. Yo estallé: ¿Se trata de un chiste de la profesión? (mi pregunta le dejó la cara a cuadros) y me empecé a reír. Como no sabía de qué demonios hablaba tuve que explicarle el galimatías: Las alitas eran de una cliente, pero él preguntaba por una mujer por lo que yo pensé que al ser unas alitas de pollo, se refería a que eran de un pollo hembra, lo que en mi barrio llamamos una polla. Ante su incredulidad grité a los clientes de la sala quién se iba a comer una ración de ALITAS DE POLLA. Sinceramente creo que fue en este momento, y no durante una exhibición de mi repertorio de chistes de rubias, cuando Dani pensó seriamente en enviarme a ver al psicólogo de la empresa, y la razón fundamental también por la que el personal con cargos de responsabilidad en esta hamburguesería decidió asignarme tareas en puestos lejanos a la clientela (no fuese que les ocasionase cualquier tipo de trauma).
Jamás recibí una mala respuesta de Dani, y siempre trató, como buen jefe, de lograr un buen ambiente de trabajo. Luchador contra el racismo, recomendó abiertamente el ascenso de Sharon como encargada (es la única extranjera que era algo más que ayudante de cocina (El escalafón de mando, por así llamarlo, en Burger King, es, empezando por el más bajo: Ayudante de Cocina, Líder de Grupo (empleado de primera), Encargado, Jefe y Supervisor. No conocí a ningún cargo superior porque el día que el dueño de la franquicia visitó el restaurante yo tenía día libre (lo que me da que pensar porque Dani no me puso ni una pega cuando pedí el cambio de día libre), pero sé por él que todo empleado superior (incluso los ejecutivos) deben pasar por todos los puestos. Incluso si uno desea abrir un Burger ha de hacer un cursillo de seis meses no remunerados en los que debe pasar por todos los puestos, desde ayudante de cocina a gerente a parte de poner un saco de pasta).
Otra experiencia reseñable fue el caso de las tapas de pan Bimbo desaparecidas:

• El Caso de las tapas de Pan Bimbo desaparecidas
En mis primeros días encontrábame yo destinado en la cocina en el puesto del Automatic Broiler (lo que en España deberíamos llamar Asador Automático) lanzando, correctamente y de tres en tres, las carnes y los panes, enviados tapas y bases por sus carriles respectivos. Era tal la demanda que todos andábamos muy estresados, cuando una compañera de Perú, Minnie, empezaba a quejarse de la falta de tapas de pan. Curiosamente su compatriota Jessica vivía su estresante primer día en el puesto de colocadora, desempeñando su labor a una velocidad andina (Esto quiere decir que iba MUUUUUUUY despacio. Más lento que yo, que ya es difícil. Son variados y múltiples los comentarios negativos que he oído acerca de trabajadores provenientes de Perú, Ecuador, Bolivia o Paraguay. Cabe decir que en este caso yo me refiero a estas personas y no a las masas de población de origen indígena de esos países que vienen al nuestro a ganarse la vida), y posiblemente (era su primer día) cometiendo muchos errores. Claro, yo era el único varón de la plantilla (a parte de Dani, loado sea) y por tanto el blanco de todas las iras, y en un ejemplo de patriotismo peruano Minnie decidió echarme a mí la culpa. Tras oír dos de sus gritos le respondí que era Dani quien pagaba mis cheques y quien me había contratado por lo que si había algún problema que se lo dijera a él. Minutos después Dani estaba a mi lado riéndose y explicándome cómo debía echar carne y pan a la demoníaca máquina de incinerar (aunque no aprendí nada porque su ejemplo era justo lo que yo llevaba haciendo todo el día). Dani me preguntó cómo lo estaba haciendo, y tras responderle que si me estaba quedando con él. Su frase El Broiler no se come el pan debería estar grabada en una lápida de mármol en todas las cocinas de los Burger King.
Cuando finalmente me preguntó en serio dónde demonios estaban las tapas de pan desaparecidas yo le respondí que quizá en los bolsillos de mi uniforme y que me ayudara a buscarlos. Fue ahí donde empezamos a reírnos (Cabe aclarar que los pantalones del uniforme que se utilizaban por entonces (y no sé si continúan siendo reglamentarios) carecen del todo de bolsillos. Ignoro si esto es para que los empleados no roben, para que no acepten propinas (que acaban en la gorra o en los zapatos), para que no nos metamos las manos en los bolsillos (lo que da muy mala imagen de la empresa) o si es tan sólo una muestra de sentido del humor corporativo).
Entonces, María (de Colombia) dijo que a veces los panes se enganchaban en la cadena del asador y se caía al suelo o continuaba ad infinitud (o hasta que alguien limpiara el aparato) enganchada a esa cadena repitiendo su ciclo como si se tratara de un desventurado personaje de la mitología clásica. Dani decidió que éste era un caso para el Inspector Burger (del que hablaré más adelante), pero que en ese momento estaba ocupado en el caso de los malvados delincuentes micróbicos, por lo que dejó las cosas pasar.

Mi teoría: Como descubrí más adelante, María en su inocencia era, como todo novato del Burger, una apasionada de la arquitectura del mundo antiguo, particularmente de Egipto, por lo que desahogaba su creatividad construyendo pirámides de hamburguesas en el arcón del baño maría, donde las hamburguesas esperan ansiosas a salir a escena para ser convenientemente devoradas por un cliente. ¡Pero claro! La tapa de un pan de hamburguesas marca Bimbo (y sospecho que de cualquier otra marca también) no reacciona favorablemente ante la presión ejercida por el cierre de una tapa de metal, por lo que hacían falta más tapas. Ante el temor de una bronca la chica no decía nada (es que temía a todo el mundo… y si todo el mundo era su jefe más miedo le entraba) y en un alarde de patriotismo peruano, su compatriota Minnie decidió echar la culpa a alguien que, según sus prejuicios no sería despedido por tan terrible error: Español, varón, raza blanca, de entre veinticinco y sesenta y cinco años… El típico tipo de traje gris que no llama la atención: ¡LA CULPA DE TODO LA TIENE KING BURGER!.
El caso es que la cosa acabó en nada. Nadie fue despedido, María no fue despedida, y Dani y yo nos partimos el pecho de la risa, aunque él siguió pensando que la culpa la tenía yo.

La otra gerente (que por alguna razón era llamada Sub Gerente) era Perfidia, No ha recibido este nombre por ser una mala persona o por prácticas de juego sucio. Es por la canción caribeña que describe a una mujer fatal. ¡Es que está tan buena que quien la contempla en todo su esplendor jamás regresa de su estado de petrificación! Además se negó a que su nombre fuese citado en este libro.
Perfidia estaba mortalmente buena, con lo cual quiero decir que estaba tan buena que era letal. Cuando un hombre ve a Perfidia no actúa como debiera, o cuando menos como debiera según la Ley de Dios que Moisés cargó bajando de una colina a riesgo de una hernia en tiempos del Éxodo. Para dejarlo claro, Perfidia producía en un hombre condenado como yo (que no estoy casado pero sí condenado) que se reuniesen en mi cabeza toda una congregación de lamas tibetanos cantando un mantra ritual que permite alcanzar la iluminación y la paz espiritual: ¡TANGAAAAAAAAAAAA!.
Perfidia hacía muy bien su trabajo. Esforzada gerente, nos regalaba la vista a los varones de la plantilla ayudándonos a limpiar la sala, lo que nos permitía admirar sus muslos a través de la raja de su breve falda reglamentaria (era la única entre las encargadas y gerentes que no usaba pantalones, y eso que el único hombre en tan privilegiado colectivo con derecho a comisión por ventas era Dani).

Estimado señor Juez:

Estimado señor Juez:

Jamás imaginé que escribiría sobre los sucesos que pudiesen ocurrir en un restaurante de comida rápida hasta que me tocó trabajar en uno. Generalmente solemos encontrarnos dos tipos de visiones enfrentadas sobre cómo son estos establecimientos:
La imagen corporativa nos habla de unos paraísos terrenales con brillantes suelos y relucientes paredes, donde acuden familias a celebrar su constante felicidad dando bocados a nutritivas hamburguesas, bebiendo sabrosos refrescos en los que flotan inmaculados cubitos de hielo (fabricados por supuesto a partir de la más pura de las aguas), donde somos servidos por sonrientes trabajadores muy cualificados y bien pagados que sólo desean para sus vidas poder darnos el mejor de sus servicios. Sí ciertamente parece idílico, y además lo vemos a diario por televisión.
Por otro lado, todos tenemos un amigo, familiar o vecino que, en algún momento de su vida ha tenido que trabajar en uno de estos restaurantes. Ninguno de ellos (al menos que yo conozca) ha salido contento de ellos, y no paran de narrar anécdotas sobre lo horroroso y degradante que resulta dar parte de los mejores años de su vida a hacer hamburguesas y patatas fritas, a servir refrescos, a limpiar vómitos, restos de comida, manchas de ketchup de las paredes. Lo que les costaba tener que sonreír a un tipo al que no conocen y que le mira por encima del hombro por el hecho de tener que vestir un estúpido uniforme que se ensucia con facilidad y que tarda en secarse siglos tras un rápido paso por la lavadora. Todos te cuentan lo estúpidos que son sus jefes, lo cerdos que son los clientes, lo incompetentes o feos que son sus compañeros de trabajo, lo precarias que son sus condiciones laborales y un eterno etcétera que es correspondido con la solidaridad de quien les escucha con un ¡Cállate ya, pelmazo!

Y ésta es la historia que voy a contarle a usted, la sucesión de desternillantes anécdotas, y surrealistas idas de bola, enfrentamientos personales que llegan a lo laboral, accidentes, violaciones de las leyes de sanidad, pitos, flautas y ridículas gorras negras con anagramas corporativos bordados, en el frustrante entorno de chicos que acaban o están por acabar sus carreras universitarias y se ven subempleados, de chicas que cruzan miles de kilómetros para buscarse la vida, de gente que no ha querido o no ha podido seguir estudiando y queda atrapada en un empleo que odian (con compañeros a los que llegan a odiar), y en definitiva de lo que he vivido al trabajar en una hamburguesería perteneciente a una gran cadena, que pertenece a una franquicia de una gran corporación, además de lo que me ha pasado por la cabeza al trabajar allí. Que conste, señoría, que he dicho que no todo lo que cuento aquí ha ocurrido de verdad, algunas cosas son fruto de mi mente enferma (una mente que me permite a mí alegar enajenación y a usted declararme no culpable).

El hecho es que en esos días extraños que separan un curso escolar de otro, digamos Septiembre de 2003, me encontraba acabando la carrera de Periodismo en Madrid. Circunstancias de la vida (como el hecho que una cuadrilla multinacional de obreros de la construcción recién legalizados como residentes en España te dejen la casa donde vives alquilado sin luz de un martillazo en algún momento del verano y tengan el detalle de no fastidiarte la sorpresa diciéndotelo hasta que te llegas de pasar el verano en casa y ves que el sagrado interruptor no hace caso de tus súplicas) hube de cambiar de vivienda.
Pesadas jornadas de mudanza después recordé la entrada en vigor del Plan de Estudios 2003 para Ciencias de la Información en la Universidad Complutense, un embrollo burocrático y tercermundista que me saltaré, ya le dedicaré un libro en su momento.
Ante la poco ilusionante tarea de ir a clase como el buen estudiante que soy (haga el favor de no reírse) sentado en el suelo del aula cada hora de clase, rodeado de TRESCIENTOS de mis compañeros, con profesores agobiados por tener que impartir más clases que las que dice su contrato, y, que conste en acta, durante los meses más aburridos e inútiles del curso (Octubre y Noviembre), se me ocurrió la más disparatada idea de toda mi joven vida: ¡Ganemos algo de dinero en lo que a los padres de la criatura (el Plan 2003) se les ocurre cómo solucionar el entuerto!. Lo siguiente que recuerdo es que tras conseguir un empleo de tarjetero en un Bar de copas de los Bajos de Aurrerá, en Argüelles, paseaba tranquilamente por mi nuevo barrio cuando pasé por delante de un Burger King, en cuya puerta había pegado un papel con cinta adhesiva que rezaba: NECESITAMOS PERSONAL. ¿Es que acaso fui el único que pensó que era una buena idea? ¿Acaso no somos millones los que albergamos la estúpida idea de aprovecharnos de una multinacional?
He de añadir que creo ser un pionero. El primero, o al menos el primero que conozco, preparado y concienciado para el duro mundo del trabajo basura, y por ello me encontré con el rechazo y la incomprensión de aquellos que no comprendían mi actitud de trabajador temporal, mi falta de apatía ante un trabajo repetitivo, frustrante y tan simple que hasta un chimpancé amaestrado podría hacerlo (y quizá no lo hace porque los mandamases de esta malvada corporación han comprobado que es más barato pagar un sueldo mínimo ante el creciente precio de los plátanos), y sobretodo ante mi negativa a pasar a formar parte de la gran familia de Burger King. Sí, quería trabajar sólo dos meses… y lo conseguí… y todavía no lo entienden.
La corporación Burger King, y otras tantas cadenas de franquicias del sector servicios, se presentan ante el joven trabajador como un mecenas que pretende rescatarle casi por altruismo de un mundo duro y globalizado en el que el empleo escasea y donde hay casi matar por un trabajo estable al que dedicar tu vida. ¿Tan complicado es de entender que yo sólo quería trabajar dos meses y largarme?, ofrecen salidas a los licenciados como ejecutivos, y a los que sólo tienen el graduado escolar con lo de llegar a gerente, y tan sólo tienes que pasar unos años fregando y otros tantos haciendo fregar a nuevos pringados. ¿Y hay quien sigue creyendo que soy un trepa? Que no, hombre, que no.
Ni siquiera mi querido jefe quería estar allí, tan sólo quería pagar su hipoteca como todo el mundo (y para llegar a gerente hay que preparar muchas hamburguesas), a ninguno nos hacía ni nos hace gracia prepararle su bazofia a unos niños gritones que cumplen años vomitándote en el suelo, a delincuentes juveniles que te miran como a un bicho porque tienes que servirles con una sonrisa (a mí me compensa con pensar que en unos años serán ellos los que tengan que vestir el estúpido uniforme y sonreírme) a mujeres que creen ser muy señoras por gritarte cuando miras mal a sus criaturas, que impiden correteando que limpies eficazmente las manchas de exóticas salsas con las que el anterior cliente te ha redecorado una de las mesas, Y MUCHO MENOS A LOS CABRONAZOS QUE NO RECOGÍAN SUS BANDEJAS DE LA MESA DESPUÉS DE COMER.
Por todo ello, señor Juez, me declaro inocente de los delitos de Traición a la empresa y a mis sufridos compañeros de trabajo, a los que dedico este libro (excepto a la desgraciada de Pluvia Monzón: ¡Ojalá sigas de encargada toda tu vida! ¡Zorra!). A ellos les envío, del primero al último, el más cariñoso de mis recuerdos y mi deseo de que todo les vaya bien en la vida.

HORMIGAX

HORMIGAX

Audax penetraba sin descanso el enorme culo de la Reina. Su nombre, al que jamás dio importancia desde que era una insignificante larva, le venía que ni pintado. Ciertamente no acertaba a saber si él iba a ser el elegido para ganar esa extraña carrera que nadie se cuestiona. Un buen día, culo gordo se despierta cachonda y echa a volar… alto, muy alto, y la hija puta se esconde, tanto que hay que empezar a olfatear para encontrarla. Gracias a Dios y al Cuerpo de Marines por el hediondo olor corporal que exhala la jodida, aunque no puede dejar de confesar que le encanta.


Ese día se despertó en su celda de la colmena por las señales de miles de niñeras, (como si las necesitara) que le gritaban que hiciese su trabajo. Si pudiese tatuarse, se haría escribir nasío pa eyaculá en una de sus seis patas. El hecho es que lo consiguió, entre varias decenas de zánganos, más perdidos que un pulpo en un garaje... jodidos extras en una peli de romanos, fue él quien encontró a la reina… la reina del porno, mas grande que el resto… y con un culo tan grande que debería generar su propio campo de gravedad… si eso significaba que le atraían los culos grandes pues iba a tener razón.

La reina actuaba como una reina del porno… no, no como una auténtica zorra, porque estas mujeres tienen su vida privada y probablemente sean buena gente… no, es que la reina sobreactuaba. ¿Fingía la reina sus orgasmos? ¡Y qué más da!, el semental alado de seis patas que tenía acoplado a su espalda no era más que otro, un número… una estadística cruel y exacta. Unas inacabables horas de huída, un extasiante encuentro en un lugar público y desconocido, un par de minutos de coito… y ella volvería a casa a engendrar más miembros de la colmena dejando el cadáver empalmado del zángano tirado como si se tratara de una colilla… la colilla del cigarrito de después.


Su Majestad miraba con desinterés en varias direcciones como si buscase la cámara que grababa el set porno, y de vez en cuando fingía una expresión de placer doloroso y trataba de gemir… ¡uaah!. Estaba tumbada de lado, con el chulazo cachas detrás en una posturita que se asemeja a la cuchara, pero en este set no había primeros planos de la penetración y el zángano no tendría cojones para correrse en su cara.


De hecho se sentía la reina. No sólo por ser la reina del hormiguero, la madre de la patria, la pieza más importante del ajedrez de seis patas. No, era algo más egoísta. Miraba con desprecio a sus propias hijas… obreras, exploradoras, guerreras… quizá exceptuando a las reinas jóvenes, y, bueno, a los zánganos. Pero a éstos sólo una vez al año. La razón de su aire de superioridad no era otra que sexual. Era, y sería hasta el final de sus días, la única que follaba de toda la colmena. Curioso, pero maravilloso cuando se es la única que no está condenada a una vida asexual perpetua.

Micky no creía lo que veían sus ojos. A través de sus modestas gafas, y de restos de legañas, sus soñolientos ojos captaban un espectáculo rarísimo. Se acababa de despertar con la boca pastosa y un sabor amargo insoportable. Escupiría en cuanto pudiese, o al menos eso pensaba hasta que vio al asomarse por un lado de la cama a una especial parejita cerca del zócalo, a la altura de la esquina. Se trataba de esos bichos extraños, como hormigas, pero algo más grandes… y con alas. Un par de esos bichos asquerosos estaban allí, tumbados en el suelo practicando la cuchara. El culo de la hormiga que penetraba se movía de modo circular, rítmicamente… como marcando el paso. Era como si el jodido Rocco hubiese muerto y se hubiera reencarnado en una hormiga voladora que se follaba a una compañera de culo muy gordo en el suelo del dormitorio de un gordo con gafas.

Audax continuaba con esmero la labor para la que había nacido: Penetrar a la reina culo gordo. Un mete y saca constante con el que esperaba cumplir su misión en la vida: Eyacular dentro de culogordo. Con esfuerzo y con tesón se convertiría por una generación (y hablando de hormigas esto es bastante poco) en el padre de la patria. Dios mío, si tuvieran moneda su cara saldría en los billetes, así que con renovado esfuerzo siguió empujando contra las posaderas de la reina culogordo.El culo de la reina reverberaba como si fuera medio líquido. A cada empuje del zángano, las ondas de choque recorrían todo el gordo, gordo… pero gordo-gordo-gordo- culo de la reina viajando por todo su abdomen. Llegando a su tronco, haciendo vibrar sus seis patas y alcanzando finalmente la cabeza, donde las antenas se movían sin control… una explicación al desconocido universo del orgasmo en las hormigas.

Su Majestad culogordo había decidido animarse de una puñetera vez para no prolongar más un coito que empezaba a aburrirle. Y lo hizo de la mejor manera que sabía: Jadeando como una perra, pero sólo para ver si eso excitaba más al vago que tenía acoplado a su abdomen y la cosa terminaba de una vez. Esta es la mía, pensó Audax mientras continuaba penetrando: No sólo me tiro a la reina, sino que además le gusta… ¡A vivir machote!

A todo esto, unas patitas lograban escalar por la ventana de la habitación de Micky. Mientras Audax penetraba como podía a la escandalosa reina, que no paraba de gemir como si así las cosas fueran mejor, otro zángano y una robusta hembra entraban en la habitación sin ni siquiera pedir permiso. Audax no podía creérselo ¿es que no había manera de echar un puto polvete con la reina sin ser interrumpido? El hecho es que continuaba dando empujes mientras veía acercarse a los dos intrusos. Apenas le llamó la atención el zángano. Un tipo como el… normal: Tres pares de patas, alas, antenas… y poya. Como si fuese el mascarón de proa de un buque insignia, todo zángano cuidaba de su poya como si se tratase de oro en paño. Si para algo vivían era para su poya. Su existencia se explicaba por un único uso no retornable de su poya. Quien le llamó la atención, y no es por ser desconsiderado con su pareja, era la hembra que le acompañaba. El bueno de Vago (había reconocido al zángano) había encontrado una sustituta a quien colocar su bolsa espérmica, o por lo menos eso es lo que parecía.

Ella no parecía una obrera, sus patas eran muy musculosas, y su cuerpo atlético, si es que una hormiga puede ser atlética... o de hecho si una hormiga puede dejar de serlo.
Aunque su mandíbula no era lo suficientemente grande para ser una guerrera (ufff! Que morbete le daban las guerreras… si alguna vez hubiese escuchado la canción "Las chicas son guerreras" habría imaginado el videoclip protagonizado por estas hormigas). Más bien parecía una exploradora.

-¡Majestad, la hemos cagado! -Interrumpió la exploradora con menos tacto que un misionero católico en el Festival Erótico de Barcelona. ¡El hormiguero… todo a la mierda!. Culogordo se levantó indignada, dejando al pobre Audax (y a su pobre pene) a medias y descolocado. ¿Era esa forma de dirigirse a la Reina? De hecho, ¿Cómo demonios una hormiga, el ser más programado y predecible de la creación, después de los japoneses, podría concebir la blasfema y herética idea de interrumpir un polvo a su reina?

-¡Majestad! ¡Reaccionad! -Continuó la exploradora cada vez con menos paciencia. -Vuestro reino, ese cuchitril donde vivimos todas y donde dormías hasta tarde a diario… ¡Donde sueltas tus putos huevos, tía!

Si la reina hubiese tenido manos la habría abofeteado. Primero interrumpe su proceso de adquisición de esperma (su polvo, vamos) y luego le habla con impertinencia. En el país de las maravillas le habrían cortado la cabeza por menos. Una pateacampos, una hormiga que iría descalza al fin del mundo… una de sus hijas asexuadas (el sueño de toda madre dominante) le trataba con toda la confianza del mundo. Como si fuesen amigas, de esas que van de compras y se maquillan juntas para salir una noche a la caza de un chulazo cubano.

-¡Majestad! volvió a interrumpir la impertinente exploradora ¡Que la a cagamos Majestad!- La reina se incorporó desacoplando al pobre Audax, que se quedó a medias sin tan siquiera poder aliviarse a mano.

-¡Majestad, el hormiguero! ¡El hormiguero ha caído! ¡La cámara sagrada ha sido profanada! -Continuó la exploradora gesticulando nerviosamente con las patas que no le mantenían en equilibrio.

-¿La cámara qué? -respondió la reina perdida en la ensoñación residual del polvo

-¡Donde pones los huevos y luego les damos la jalea que sale de tu culo, tía! - La exploradora perdió la paciencia, y hubo de calmarse respirando hondo, con la inútil pata de Vago rodeando sus hombros (o como quiera se se llame esa parte del curepo de una hormiga), quizá tratando de generar un río de confianza que desembocase en un casquete. Probablemente no se había percatado de que la exploradora carecía de órganos sexuales funcionales, pero bueno, le valía cualquier agujero...

La reina, atónita, no acababa de reaccionar. ¿Desde cuándo hablaban las exploradoras? Las exploradoras se limitaban a explorar cuando se les mandaban, y a cerrar su puta boca el resto de su existencia para que la reina no cogiese dolor de cabeza. Sin embargo, ante tan flagrante violación del protocolo, una ola de magnanimidad la inundó y decidió adoptar una pose regia, como si la estuviesen grabando para el telediario de la tarde.

-¿Asediado el hormiguero, dices? ¿cuál es la situación? -Inquirió la soberana (… de culo enormemente gordo, repito) tratando de hacerse la entendida en estos temas.

-¿Asediado? ¿Has estado follando o fumando crack? Estaba asediado hace dos horas, al poco de que salieras… de que salierais a vuestro vuelo nupcial (reprimió una carcajada debido a la gravedad de la situación, y a las dos hormigas aladas y con pene que se encontraban cerca)... ahora mismo se combate celda por celda.

- ¿Y cómo vamos de bajas? Porque empezará a ser preocupante a partir del veinte por ciento, espero que no hayas interrumpido mi real coito por menos…

La exploradora habría fruncido el ceño si lo tuviese, le comunicaba a la reina un holocausto apocalíptico, y ella se preocupaba de ser penetrada…

-Entonces la cosa empezó a ser preocupante hace hora y media, cuando cayó la última guerrera de la oleada de contención... -La reina estaba estupefacta. No podía creer que sus preferidas, aquellas que siendo más musculosas, grandes y dotadas de normes mandíbulas, hubieran sido sobrepasadas por un enemigo de este mundo. Pero por lo menos no le pilló en la cámara real, si no a ver cómo demonios salía de allí.


-Bueno, ¿Y por qué no me has avisado antes jodida incompetente? -inquirió la reina para demostrar que seguía teniendo a quién mandar.

La exploradora se salió de sus casillas. Sus antenas casi se funden cuando le salió vapor de la cabeza. Se movían rápida y constantemente, pero no era un temblor nervioso, sino más bien el estado de contención de un berseker antes de abofetear al rey de los vikingos que no ha salido a rapiñar con el resto.

- Porque en el concepto asedio viene implícito el bloqueo, un bloqueo que hemos tenido que romper las exploradoras, ante la imposibilidad de que las guerreras nos apoyaran. De hecho, soy la única superviviente.

Ya la pata de Vago carecía de todo valor simbólico, y le dio la impresión de que si continuaba manteniéndola en el hombro de ella, la exploradora acabaría por arrancársela de un mordisco.

La reina dictó sentencia y decreto alzando la cabeza para darse más importancia:
- Has hecho bien, regresa al hormiguero a decir a tus hermanas que nos encontraremos en el punto de encuentro dentro de una hora, y que empiecen a excavar otro hormiguero. Y déjales claro que salvar a las larvas tiene prioridad…

Culogordo no pudo acabar su mensaje real. Como un rayo, las mandíbulas de la exploradora se cerraron sobre la base de su cabeza arrancándosela de cuajo. Una sangre oscura y densa comenzó a derramarse por el suelo de la habitación como si fuera una colada de lava volcánica durante una erupción.¡Anda! -Se le escapó a Audax- si no es azul. Vago y la exploradora le miraron arrojando luz sobre su ingenuidad, un golpe de punzón para romper el la helada situación en que se quedaron, congelados, al ver caer el cuerpo decapitado (y de culo King Size) de la reina. De repente, los muros de su realidad se vinieron abajo.

¿Y ahora qué?, Vago y Audax pensaron a la vez. Parecía que era la primera vez que lo hacían, al fin y al cabo no era su función. Habían nacido para volar hasta la reina y eyacular en ella. Se trataba de un trabajo sencillo y carente de responsabilidades, pero ahora las cosas eran de otro color: Ya no se trata de actuar como una manada de espermatozoides recién eyaculados: Tendrían que empezar a buscarse la vida. Sus cabecitas antenadas se dirigieron a la robusta exploradora pidiendo respuesta, pero el hecho de que se tratase de la primera hormiga regicida de la Historia, unido al movimiento compulsivo de sus mandíbulas manchadas de sangre (de sangre real, eso sí… sangre de culogordo) les hizo desestimar cualquier reproche.

-¿Bueno, y ahora qué? Se le escapó a Audax. -Su pregunta involuntaria, casi como un espasmo muscular, de esos que nos sorprenden de vez en cuando, cayó como un mazazo en esa escena que protagonizaban.

-¿Y cómo quieres que lo sepa? Solo soy una exploradora, esto también es nuevo para mí, pero se abre ante nosotros todo un horizonte de posibilidades. Una vez oí que un grupo de abejas se rebeló contra la tiranía de su colmena y desde entonces viven felices en su individualismo. Han formado una especie a parte que disfruta de su diferencia. Avispas… la propia palabra sabe a libertad. No pican a sus enemigos como las demás, su fuerza libertaria hace que parezca que les ha dado un puñetazo…

Audax lo estaba flipando con el discursito de la exploradora, ahora resulta que por salir del hormiguero en busca de recursos te conviertes en todo un intelectual, líder moral del grupo y por supuesto al mando. Sus mayores índices de testosterona empezaron a reclamar un golpe de efecto. Claro, sus mayores índices de testosterona no se habían fijado en unas mandíbulas que eran el doble que las suyas y que acababan de degollar a culogordo… que era la elegida genéticamente para estar al mando.

-... esteeee… eso es un gilipollez… ¡mierda! ¡sólo dices mierda! -Audax balbuceaba como quien siente la obligación de decir algo, pero sin tener ni puñetera idea de qué decir.- Las avispas no son abejas renegadas, son una especie distinta de…

-¡Propaganda imperialista!
Interrumpió la exploradora ¡Son ellos quienes hablan a través de ti! Piensas lo que quieren que pienses… dices lo que quieren que digas… ¡Liberate camarada! -Audax no salía de su asombro… de exploradora a comisario del pueblo en tan sólo unos segundos. Lo de la revolución parecía generar rápidos ascensos.

-Que cada hormiga deje de apoyarse en el grupo como si fueran larvas desvalidas… una celda para cada una, pero que cada cual administre su celda, recoja su comida y defeque su jalea azucarada para alimentar a sus larvas… -Los ojos múltiples de la exploradora ardían de pasión revolucionaria …

-Oye, guapa, ¿has olvidado que somos todos…

-¡Y todas! -Interrumpió la exploradora tomando el control de la situación, como hace toda feminista que por desgracia resulta ser tu jefa…

-¿Has olvidado que TODAS y todos somos asexuados? La única que perpetuaba la especie en nuestro horm… -la exploradora empezó a mirarle con furia… palabra equivocada… -en nuestra comunidad federada socialista hormiguil, era esa enorme hormiga decapitada (y de culo gordo) y que de hecho es la única capaz de segregar… de cagar -la exploradora empezaba a perder la paciencia, ya se había colocado un brazalete rojo en una de sus patas, y una gorra de plato azul sobre la cabeza- ¡cagar el alimento de las larvas!

-Tendrás que empezar a buscarte la vida, cariño. Esas confianzas parecían generadas por su recién autoproclamado rango de jefa… tres segundos mandando y ya empieza el acoso sexual-, cerró la ex exploradora, a partir de ahora Comisaria Política del Pueblo 144330092 -Todas hemos arrimado el hombro verano tras verano, primavera tras primavera, para traer hasta el último grano, pétalo o tallo para que los privilegiados comierais. ¿Sabes lo que haría yo si de mí dependiese? La reina… ¡guillotina! Los chulos de la reina (como zángano Audax empezó a sentirse mal, eso iba por él) ¡guillotina! (un repentino escalofrío recorrió todo su cuerpo) las larvas… ¡guillotina! ¡guillotina! ¡guillotina! ¡que no quede ni un niño!.... (Sí, sí, esto es de El Maestro de Esgrima, de Pérez Reverte… digamos que es intertextualización)

Dejaron a la Comisaria del pueblo largando y gesticulando como si le hubiera crecido un pequeño bigote, y emprendieron el vuelo hacia su destino incierto… llegado un momento, Audax hubo de separarse de Vago. Se empeñó en cogerle de la mano, y no paraba de mirarle con unos ojos muy extraños… claro, él no había encontrado a la reina, así que se desesperaba por encontrar con quién echar un kiki. Sencillamente, vivió sus pocos días de vida restante (es una putada ser un zángano) en libertad, buscándose la vida de jardín en jardín hasta que, cansado, desorientado y cegado por el reflejo del sol en el agua cayó a la piscina de una urbanización para pijos... una de esas en las que este autor siempre ha querido bañarse... y murió.

¿Y qué coño pasó con las hormigas anarcas? Pues que se buscaron la vida. Pocas sobrevivieron al ataque que sufrió el hormiguero. En cualquier obra de ficción, unas enormes, feas y peludas arañas habrían reinvadido la recién fundada Comunidad de Celdas Independientes Federadas Socialistas Hormiguiles (CCIFSH… tan impronunciable para un humano como para una hormiga), pero este no es ese tipo de relato. Si el lector busca que las desobedientes e ingratas hormigas sufran su justo castigo de manos de un salvaje enemigo extrerior que lea algo de Heinlein. En realidad, cada hormiga siguió a lo suyo durante el resto de sus días. La antigua exploradora, y ahora Comisaria Política del Pueblo 144330092, aprovechó su carisma para ascender en la nomenclatura del Partido (el Partido Único de las Trabajadoras de la Comunidad de Celdas Independientes Federadas Socialistas Hormiguiles o PUTCCIFSH) pero dado que era la única activista y presidenta del mismo estaba cantado que acabaría siendo la líder. Se dice que aún vaga por las galerías del antiguo hormiguero, hoy Com… por el antiguo puto hormiguero, dando discursos acalorados y llenos de pasión que no contagian su entusiasmo a las cuatro hormigas que se quedaron dentro para oírlo. La fuga de hormigas comenzó a ser preocupante, así que propuso construir un enorme muro alrededor del hormiguero y luego sellar las salidas… pero es que nadie la escuchaba (ya se habían largado todas), por lo que finalmente aceptó la realidad, colgó su gorra azul y su brazalete rojo, y salió a la superficie como una más para buscarse la vida.

El Chimpancé Alfa

El Chimpancé Alfa

Amelio soportaba con dolor y humillación los empujes sodomitas del desconsiderado Chimpancé Alfa. Le parecía una situación injusta, él no había elegido nacer con una musculatura menos poderosa y una mirada menos seductora que la del mono (perdón, chimpancé) cuyo pene se había acoplado por las bravas a su recto.


Además se trataba de un acto de mala leche. Él no le ponía a Alfa, ni mucho menos, y no era el primer macho que sodomizaba ese día (tampoco el último). Se trataba de un acto homosexual de consolidación de su poder, tras el cual se coronaría como chimpancé dominante del grupo, con obediencia a cualquiera de sus estúpidas decisiones (al fin y al cabo no era más que un puto simio) y acceso privilegiado a las hembras, no sólo con fines reproductivos, sino simplemente por placer. ¿No podían haber hecho un sorteo? ¿Una carrera quizás? ¿O un concurso de ver quién mea o eyacula más lejos? No, eran jodidos chimpas y tenían que acojonarse entre sí hasta que el que resultara vencedor sodomizara al resto como paso previo al reconocimiento de su poder. Una auténtica mierda de vida.

Alfa continuaba empujando, matando de dolor al pobre Amelio mientras el resto de la manada observaba, con resignación ellas y con escozor la mayoría de ellos, mientras nuestro pobre, peludo, maloliente y escocido amigo apretaba sus dientes tratando de preservar un mínimo de dignidad para conquistar a alguna chimpa a modo de segundo plato. Bueno, el segundo plato suele ser el plato fuerte, el plato consistente que, tras haberte calentado el cuerpo con una buena sopa o potaje, sacia tu hambre a la espera del dulce, dulce postre. Pensar en postres ayuda cuando estás siendo sodomizado por un hercúleo chimpancé. Frutas dulces, aromáticas, blandas o crujientes… pero de repente le apeteció en mente un plátano y recordó que estaba siendo enculado por un simio digno de grabar una película porno con Rocco Siffredi. Lo cierto es que hasta ese momento de su corta vida nunca había advertido su profundo desacuerdo con la estructura y ritos de la sociedad chimpancé.

Chimpa “Penetrador” Alfa ...un excelente nombre artístico, pensó Amelio, para el violador anal que tenía acoplado a la parte baja de su espalda... aumentaba la rudeza y velocidad de sus golpes de pelvis haciendo pensar al pobrecito Amelio que su recto había recibido más kilómetros (de pene) que un coche usado... de tercera mano por lo menos. Era tal la tensión a la que estaba sometido, tal su angustia, que parecía haber sido condenado por el más irónico de los demonios del infierno a mantener un enorme moñigo en su culo sin poder expulsarlo. Tan estresado estaba que las venas de su frente parecían salchichas de Frankfurt. Tan acelerado que la ira creció en su interior como un enorme tsunami dispuesto a engullir Tokio, como una bomba de hidrógeno cayendo sobre un silo de misiles soviéticos. Era TNT Morgan, la Hormiga Atómica, El Increíble Hulk cuando se vuelve verde. Tal fue su frenesí de frustración y dolor extremos que tomó conciencia de su propia existencia.

 

Pensó. Pero pensó de verdad, como tú y yo. Tanto pensó que, sin monolito ni nada, agarró un tronco enorme, un madero salvaje que por alguna razón andaba allí tirado, y de un troncazo mandó al suelo al cabronazo de Alfa. Y cuando consiguió incorporarse, quizá por rabia, quizá por miedo a que Alfa se diese cuenta de lo que había ocurrido, siguió golpeando su cráneo con ese tronco que había salvado su honra de la humillación, y sus intestinos de una invasión espérmica. Lo cierto es que no se le apareció ningún monolito enorme, macizo y negro como el carbón, porque si hubiese tenido a mano tal piedra, se la habría metido en la cabeza al mamonazo porculador que le estaba violando hace apenas unos segundos.


Golpeaba, golpeaba y golpeaba, mientras de la cabeza de Alfa empezaba a ceder a los bastonazos. ¡Venga, hijoputa! ¡encúlame ahora!, gritaba el furibundo Amelio mientras destrozaba la cara de Alfa a golpes de tronco. ¡No, no quiero que me rindas pleitesía! ¡No vale con un “de acuerdo tu ganas”!, troncazo va y troncazo viene. ¡No macho, yo soy un cachas y tú un tirillas, he de sodomizaros a todos! ¡Como hizo mi padre! ¡Cómo hizo mi abuelo! Y leñazos y más leñazos en su careto de mono muerto, mientras el sarcasmo crecía en su interior haciéndole más y más inteligente a cada hostia que soltaba. ¿Pero serás cerdo?¡Ni siquiera te has lavado el rabo entre culo y culo! ¡Has metido mierda de otros trece chimpancés en mi culo! ¡Cerdo, más que cerdo!.

Hubo un momento en el que paró, paró por cansancio, pero también por aburrimiento; y es que apalear hasta la muerte a un chimpancé con una erección imperial es una tarea ardua. El grupo de chimpancés sentado a su alrededor miraba congelado el acto de barbarie liberadora que Amelio había llevado a cabo. Era algo tan imprevisto como que George W. Bush decidiera dejarse rastas, como que Karol Josef Wojtyla decidiese una mañana salir al balcón de la Plaza de San Pedro y gritar al mundo que es homosexual. Algo realmente raro. Imagínese usted que las relaciones de poder a las que estamos acostumbrados durante generaciones cambien de repente, como si los muros de la realidad se vinieran abajo. Imagínese que un día de fiesta alguien lanza un cohete al cielo y éste lo agujerea, dejando ver a unos ciclópeos científicos analizándonos con un microscopio. ¿La caída del Muro de Berlín? Un mero trámite burocrático, un cambio difícil de notar comparado con la derrota a troncazos de un chimpancé dominante a manos de un mono (……... ¡chimpancé! ¡jodeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer!… …) tirillas, escuálido, y (sin ofender) algo estúpido.

Tardaron en hacerlo, pero la comunidad chimpancé allí reunida, en un principio para alabar el poder del chimpa dominante, previa sodomización del resto de machos, emitió su veredicto. Las primeras ellas: Empezaron a mirar a Amelio con otros ojos. Sí, la situación, desde el pervertido e interesado punto de vista de una chimpancé salvaje, había cambiado a peor. El panzer sexual que era Alfa, esos músculos, esa mirada seductora (coño, sólo le faltaba algo de flequillo, una cosa muy sexy en un chimpa macho) había sido sustituida a palos por Johnny Tirillas, por el Flaco Paco… era cambiar a TT Boy por Alfredo Landa en sus años mozos , era básicamente como si tu equipo de fútbol baja a 2ª División B , Amelio era ahora el Nuevo Alfa (y dicho así suena fuertecillo), y las poseería a todas por mero placer, haciéndolas gozar como cerdas en un charco de lodo… bueno, o al menos eso esperaban.


En cuanto a los machos, alguno debió dar un cabezazo contra un árbol para caer en la cuenta de que no estaban flipando. Era cierto, un simio vulgar, pequeño para el estándar, había derribado, noqueado, y asesinado a golpe de tronco al chimpancé dominante. Era como la venganza tantos años esperada de un cliente adolescente contra un gigantesco portero de discoteca. Era 2001 La Odisea del Espacio, China Town, la versión oficial de la Ofensiva del Tet. David se acababa de cepillar a Goliat sin piedras ni onda, sólo con un palo y algo de descuido por parte del gigantón. Por lo tanto dieron todos un paso al frente hacia el nuevo líder y, casi provocándole un soponcio, hincaron rodilla en tierra ante él reconociéndole como el Rey de reyes.

Amelio no salía de su asombro, por un segundo creyó que le iban a linchar. ¡Claro! Él había estallado de furia ante la humillación extrema de ser sodomizado por deporte, ¿qué iban a pensar trece tipos más grandes que él con el ojete escocido? ¿no cabrea que una idea genial no se te haya ocurrido a ti antes? Probablemente querían presentar públicamente su negativa a volver a pasar por lo mismo. Es casi como estar en la Universidad y tener que pasar por secretaría todos los años. Disculpe, ya he sido enculado por tal profesor, con el cambio de Plan de Estudios ¿Podrían convalidarme la dolorosa sodomización para no tener que volver a pasar por lo mismo?

Sin embargo la cosa no fue así. Hubo otro extraño en esta interacción tan rara. Los monitos (…chimpas…) agacharon el semblante y como que se humillaron ante su nuevo señor. Uno de los compañeros de juegos de Amelio durante su infancia, César, se adelantó al resto, le miró a los ojos con tristeza y dijo: venga, acabemos con esto… tras lo que le dio la espalda, se agachó y se agarró las nalgas con las manos abriendo más su orificio maloliente, en busca sin duda de reducir el dolor del ritual.
Oye, que no… interrumpió Amelio… que… que mariconadas las justas y a ser posible ninguna … Pero la cosa no surtió efecto. César continuaba con su afán de rendir pleitesía (al estilo chimpancé) a su amigo de la infancia.

El mundo no había parado de girar, ahora se daba cuenta de que tan sólo había sustituido una pieza del engranaje en lugar de tirarlo por los suelos. Se había convertido en el Chimpancé Alfa, en el simio dominante, en aquél que gozaría del honor de hacérselo con una robusta gorila para engendrar un supersimio mata leones, el enorme eslabón perdido que dominaría la selva y llevaría a los chimpancés a una edad de oro largo tiempo esperada. Pero no le ponían las gordas, y menos si se trataba de una pedazo de gorila alejada de su manada que apenas notaría los culeos sexuales de un chimpancé furtivo, un enano comparado con los gorilas a los que estaría acostumbrada. Por pedir preferiría… yo que sé… a la Gertrudis, esa atractiva chimpancé de labios carnosos que le miraba casi con desprecio, con los ojos entrecerrados (sólo se podría añadir más desprecio a esa mirada con sombra de ojos azul y un vestidito rosa, como en los pósters que pretendían hacernos reír en los ochenta)… esa que gritaba ¡Hazlo de una vez! ¡Acaba para hacernos gozar como perras!

 

Sí, le miraba con el desprecio de una trepa, de un zorrón dispuesto a follar por ascender en la escala social. Durante un segundo consideró la opción de todo primate superior de género masculino (eso de al fin y al cabo lo que importa es la picha ¿no?) pero desterró ese estúpido pensamiento falócrata de su mente progresista para tratar de hallar una solución. ¿Sucumbir a la erótica del poder? ¿Sodomizar a sus congéneres alternando los empujes con gestos de cariño? ¡Qué coño iba a pensar el resto de machos si el Chimpancé Alfa que les sodomizaba como mero gesto ritual les daba besitos en las orejas!...

Amelio no podía. Había pasado por ello y le jodía mantener la situación de eterno retorno. Además era un tirillas y le acojonaba que cualquiera le soltara un troncazo para tomar su lugar… es lo que tienen de peligroso los precedentes de desviación: A lo tonto, al derrocar al Chimpancé Alfa había arrasado hasta los cimientos con la legitimidad de su dominio ¿Cómo introducir cambios desde el poder si su poder no era legítimo?. Pensó en dar discursos, en convocar mítines y democratizar la sociedad de los chimpancés. ¡Arriba los chimpas del mundo! ¡En pie simiesca legión!, sería el Lenin de los chimpancés, un Ernesto “Chimpa” Guevara … pero luego recordó lo jodido que sería enfrentarse a Alfa por Alfa, de grupo en grupo de simios… y convencer a todos los machos escocidos de que no le iban los culos. Muy duro, muy cansado...

 

¡Coño! Como toda revolución. La guerra de clases también era cosa de chimpancés, y más allá del mundo de los primates también otro mundo era posible . De eso nada micos anunció a su grupo, no pienso encular a nadie más, nadie debería ser enculado (al menos sin su consentimiento expreso y… no sé, una licencia del Ayuntamiento) Así que a partir de ahora… no sé, busquemos otra solución para elegir al chimpancé dominante… Se quedó congelado tratando de llegar a la solución más justa. Qué putada no haber estudiado Derecho, aunque evidentemente no habría solucionado nada. ¿hacer una carrera? No, ganaría el más fuerte, sería como acojonarse, y que el más disuasor sodomizara al resto. ¿un duelo a leches?, neh!, más de lo mismo. ¿Un concurso de deletreo? ¡Despierta Amelio! ¡Somos chimpancés! A cada solución que venía a su privilegiada cabeza, surgía una respuesta (en realidad de elaboración propia) que adjudicaba a cada una de las caras de asombro de los demás chimpancés… y además las hembras (sobretodo la Gertrudis) empezaban a impacientarse.

Tengo una idea, desde hoy disuelvo el Consejo (¡Falso! No existía ningún consejo de chimpancés… de hecho era una sutil maniobra de comunicación para alejar la atención del verdadero impacto: El contenido del mensaje… era como Felipe González hablando de la entrada de España en la OTAN). ¡Sí, disuelvo las Cortes para abolir la figura del Chimpancé Alfa!

 

¿Has visto alguna vez a un grupo de chimpancés macho con cara de asombro? Pues estos la tenían en su grado más alto. César miró fijamente a Amelio y le inquirió ¡Macho! ¿Qué buscas? ¿La puta anarquía? ¿A quién de los dos le acaban de dar un troncazo en el coco?, Amelio le sonrió con gesto paternalista dispuesto a dar una explicación sencilla y convincente, tipo profesora de parvulario católico, pero fue abrir la boca cuando notó un fuerte golpe en el cráneo seguido de un estruendoso crujido… cinematográficamente hablando, a esto le siguió un fundido a negro.

Bien chicos, basta de chorradas, todos con el culo en pompa, que esas nenas tan monas (bueno… chimpas…) me están esperando. Las hembras aplaudieron y saltaron de alegría, incluso Gertrudis dio una voltereta de emoción. No era Alfa, ni Amelio, ni César, que al contrario que su amigo de toda la vida sí se daba cuenta de los que estaba pasando. Era otro de los chimpancés: Amedo, quien con toda la chulería fascistoide y de tipo duro de un Comisario de Policía Nacional de los de antaño, había visto la oportunidad y decidió que tenía todos los triunfos. A este Bakunin de la selva ya le daré yo un repaso luego, ahora os toca a vosotros… ¡Por escucharle!

Así es cómo un conato de revolución, de jodida evolución, se vio truncado por un cabronazo reencarnado, un cabronazo de los que no aprenden la lección. Sí, Amelio despertó con un terrible dolor de cabeza, con lagunas en su memoria y con cierto escozor en donde la espalda pierde su nombre. César también fue sometido, como todos, y después el hijoputa de Amedo se lo pasó pipa con el zorrón de Gertrudis y con el resto de las chimpancés allí reunidas. Incluso un día decidió hacer una incursión furtiva en el territorio de los gorilas de espalda plateada, y fruto de una violación nació una nueva generación de porteros de discoteca… pero claro, ESA ES OTRA HISTORIA.

(Dedicado a todos los fans de Conan)