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Me Cago En Mi Vida

Mis 23 Centímetros

Política de Burger King

Política de Burger King

Leer la prensa hoy en día, o escuchar la radio, o ver las tertulias e informativos en televisión resultan ser actividades de riesgo, riesgo de cardiopatía para los ciudadan@s de a pie, y de carcajada para los más ilustrad@s. Cuando no está lo del precio de los CDs, son los minipisos, o mil y una chorradas más, y mientras los más conservadores cargando contra un gobierno que consideran compueto por ineptos, y frotándose las manos con lo que creen será un pronto regreso al poder. Sí, Josí, mi Quiosquero de confianza, ayer se partía de la risa diciéndome con sarcasmo: Soy feliz, van a quitarle las casas a los ricos... evidentemente después conversamos sobre la desfachatez de la presunta medida, y discutimos sobre si había sido una filtración o  un globo sonda.

Como en ocasiones creo ver muertos, creo haber visto lo que hay detras de esto... y empiezo a dudar si algún estratega de Moncloa ha trabajado en un restaurante de comida rápida durante su juventud... durante el curso de instrucción básica (que por alguna razón Burger King España llama EGB), se nos planteó el caso de los fumadores en el restaurante. En aquellos felices años la sala de los BK estaban divididos en zona de fumadores y zona de no fumadores. Pues bien, futuros kingburgers,  ¿Qué hacer en el caso de que un señor se fume un cigarro en la zona de no fumadores? ¡Pues dejarle hacerlo! ¿Pero en el caso de que un cliente no fumador se queje? ¡Oh, dilema!

En el caso de que un cliente se queje, es cuando el avezado empleado de sala (vamos, el que friega y sonríe escuchando durante ocho horas en el estúpido hilo musical canciones como "No sé qué es la libertaaaaad") debe actuar. Lo que debe hacer es lo siguiente: Acercarse educadamente al cliente fumador e informarle de que se encuentra en una zona de no fumadores, y que por lo tanto debería apagar su cigarrillo o puro (como si el cliente medio de un Burger fuese fumador de puros...), en el caso de que el fumador transgresor ignore la educada advertencia del kingburger, éste debe repetírsela, añadiendo más veces la expresión por favor, e informándole de que otros cliente se quejan de que les molesta el humo. En el caso de que, de nuevo, el cliente (por acción u omisión) dé una respuesta del tipo que si quieres arroz Catalina, el avezado king burger debe dirigirse al mostrador y dar al cliente fumador un cenicero, demostrando al cliente que se ha quejado que se ha perocupado por tratar de solucionar su problema.

Hay distintas posturas a la hora de explicar cómo el PSOE ha llegado al poder en las elecciones del 14 de Marzo de 2004: Que si el atentado, que si una campaña de intoxicación propagandística de la Cadena SER, que si el 91% de la población estaba hasta las narices de la administración del Señor Aznar (por la guerra de Iraq, por la escasez de becas a estudiantes, por el decretazo, por el tratamiento informativo de la Huelga General en TVE...) pero lo que está claro es que es el señor Rodríguez Zapatero es el Presidente del Gobierno que ha sido elegido cosechando el mayor número de votos en la historia de nuestra joven democracia. Y queda claro el perfil de los votantes que le han apoyado: Izquierdistas decepcionados con la etapa socialista de Felipe González que trataban de evitar una nueva administración popular dejando su tradicional abstención, y jóvenes que votaban por primera vez, con tendencia izquierdista y muchas ganas de cambiar el mundo. ¿Cómo lograr la reelección? Pues manteniendo contentos a estos votantes, es decir, haciéndoles ver que el Kingburger se preocupa por tratar que ese señor que tanto molesta apague su cigarrillo. ¿Que no lo consigue? Pues la culpa es del fumador (el gran capital, la derecha reaccionaria, Jiménez Losantos...), dado que el empleado de sala ha tratado por todos los medios de arreglar la situación. No es otra cosa que actos de cara a la galería: La imagen de un jóven utópico que se enfrenta a malvados obesos con frac y sombrero de copa que fuman puros encendidos con billetes de 500.

Que se tranquilice mi vecino, no le van a expropiar la casa de sus padres, sólo quieren que quien les votó el 14 de Marzo de 2004, que vive de alquiler, vea que se han preocupado por que pueda encontrar un alquiler asequible. Tranquilas discográficas, el kingburger sólo trataba de que sus votantes jóvenes viesen que se preocupaba por tratar de bajar los precios de los CDs, y tranquilos, votantes catalanes que exigen más autonomía: Vuestros kingburgers sólo quieren que veáis que se preocupan por proporcionároslas, aunque el malvado fumador, para  este caso gobierno central, no quiera apagar su cigarro.

Mis 23 centímetros

Mis 23 centímetros

Saludos, agudo lector. Tras reconsiderar el tiempo que estoy tardando en licenciarme, y os lo juro: No es culpa mía... me da la impresión de que un negro futuro laboral se cierne sobre mí en lo que respecta a mi carrera académica. Tanto es así que creo que pasarán décadas antes de que nadie pueda leer una columna de opinión firmada por un servidor, por lo tanto, me dispongo a haceros llegar mi mensaje doctrinal y creador de consenso a través de este blog.

Respecto al título, bueno, me hace mucha gracia ver en Los Simpsons a Kent Brockman presentar su columna My Two Cents... así que, bueno... Mis 23 centímetros no está tan mal. Espero que os caiga simpático el titulillo. Y no, imitadores del pequeño Eric Cartman: Lo de los 23 centímetros no van referidos a mi altura... no soy ningún enano.

“Los Mujadeén”

“Los Mujadeén”

Bueno, he empezado con documentales, y voy a seguir con el que he visto esta mañana mientras desayunaba. He encontrado a lo largo de mi vida muy poca información sobre la invasión soviética de Afganistán, la mayoría era propaganda, pero este documental de la serie “Guerras en tiempo de paz” se lleva la palma.

Sólo he visto una desfachatez mayor este mismo mediodía, cuando en Telecinco daban una información sobre la Valla de Melilla, y decían que nuestros soldados patrullaban con sus “Fusiles tipo CETME” al hombro… llevaban claramente un H&K G63, peor pase, supongo que un periodista profesional no tiene por qué documentarse. Luego vamos de visita a un Cuartel y los militares nos dan la brasa con la frasecita “Caen los obuses” (a un hijo y nieto de artilleros como yo le queda muy claro que el obús es el cañoncito de los cojones que dispara, y no el proyectil de trayectoria parabólica que es disparado). Pero he de volver al documental sobre Afganistán.

Por lo menos llamaba a los guerrilleros afganos xenófobos y fundamentalistas (¿Y eso? A Rambo no le pusieron problemas, pero supongo que esos ni siquiera eran afganos de verdad, pese al deporte nacional con la cabra y el caballo), y como si se tratase de un parte de nuestra Guerra Civil, denominaba a las tropas del gobierno prosoviético como “afganos”, y a los que luchaban contra ellos como Mujadeén, no Muyahaidines o muyaidín, sino, tal como suena, mujadeén. Como si el guión lo hubiese traducido un personaje interpretado por Paco Martínez Soria. Soy sincero: Si vuelvo a oír a alguien decir Mujadeén, le lanzaré un zapato a la cabeza, como casi se lo lanzo esta mañana a mi tele.

Otra lindeza del documental (y ésta me llegó al alma), fue cuando habló de las armas, de copias de antiguas armas occidentales confeccionadas en talleres pakistaníes, armamento requisado a los soviéticos, y del popular Kalashnikov (y aquí viene lo gracioso) DENOMINADO ASÍ EN HONOR A LOS GUERRILLEROS AFGANOS QUE JURARON LUCHAR CONTRA EL INVASOR O MORIR EN EL INTENTO (Quieto Don Miljhail, que no tiene usted edad para partirle la cara a un documentalista). Que inventes el arma que décadas después será la más fabricada y utilizada del mundo, e incluso aparece en el escudo oficial de un estado, para que luego te paguen con medallas y no veas un puto rublo es malo, que cincuenta años después vivas olvidado y jubilado en Moscú, esperando que el Vodka que lleva tu nombre te haga llegar a fin de mes es jodido; que el inventito te lo plagien empresarios gringos y que encima se forren a tu costa es de úlcera sangrante, pero… que no reconozcan que un objeto cuya figura merece ser esculpida en la lápida de Dios lleva tu jodido apellido sólo puede provocar que se implore a lo más sagrado que alguien sea AJUSTICIADO por ello.

No dejó mal la cinta a Mashud (todo un genio militar, no es de extrañar que Al Qaeda lo asesinase antes del 11 de Septiembre) ni a Sergei Sokolov (responsable de dirigir la invasión) o a Boris Gromov (salvó la guarnición de Khost y dirigió la retirada), aunque cuando la presentación de estos personajes que hacía el documental me recordaba a esas presentaciones en Powerpoint que nos hacían los militares en las interminables clases teóricas en las asignaturas de la Cátedra Almirante D. Juan de Borbón.

Poco más que decir sobre este documental, salvo lo que diría el crítico de televisión y cine de EL PAÍS: Tremendo.

 Podéis encontrar un artículo sobre este documental en Análisis e Interpretación .