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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Crónicas Murcianas.

Lo de las alertas sanitarias puede llegar a dar mucho juego pese a ser un tema, a priori, sin maldita gracia. La creación y promoción de “enfermedades de moda” y la aplicación de la máxima de “Si cree que lo tiene es que lo tiene”, popularizada por aquel glorioso episodio de Dilbert – “El síndrome del cubículo crónico” –así como las facilidades de una sociedad globalizada, permiten que un individuo, en este caso nuestro “adolescente de treinta años favorito”, pueda crear una situación de caos tan enrevesada que sólo puede solventarse con la más sencilla y tradicional de las soluciones.
Las situaciones cómicas suelen tener un origen bastante rutinario. Podría decirse que comienzan por un “Todo empezó un día totalmente normal… uno de esos días en los que te dices que no va a pasar nada y…” y de repente una gigantesca ola de acontecimientos raros se nos lleva por delante.
Digamos que un día vulgar y corriente, uno de esos días en los que un cree que no va a ocurrir nada, oigo el Murcifono (el móvil de Murci) y este pinocho del siglo XXI se encierra en el WC a hablar. Es algo que no suele hacer, por lo que pienso que buscaba algo de intimidad para una conversación personal. La típica conversación personal a gritos que se escucha desde la calle.
“Si cree que lo tiene es que lo tiene”
Todos tenemos en mente lo que significa el concepto “dejà vu”, esa sensación de estar viviendo una experiencia que se ha vivido antes. Pues digamos que yo convivo con esa sensación constantemente. Sobretodo cuando llega el frío y Murci arde en fiebre, tose como si tuviese tuberculosis y, por alguna razón, no falta al trabajo… a ese trabajo en contacto con alimentos que tiene.
Tampoco dejó de salir de juerga ni, mucho menos, de quedarse parado, inmóvil, de pie frente a la tele cada vez que ve algo relacionado con la imagen en movimiento o los colores brillantes.
Sí. Esto lo he vivido yo antes. Una vez al año más o menos durante los últimos diez.
“He tenido Gripe A y no ha sido para tanto”

Sí. Eso ha sido más o menos lo que nuestro querido “niño de verdad” le ha soltado a su pobre madre, que sólo llamaba para ver qué tal estaba. Tócate las narices. ¿Y cómo ha llegado nuestro querido ‘académico del panocho’ a tal conclusión? Pues con un concienzudo análisis de los síntomas padecidos:
- Fiebre alta
- Tos del tipo “pronto morirá”
- Debilidad generalizada (pese a que parece sufrirla constantemente)
Y punto. ¿Ir al médico? ¡Eso es de maricas! Se diría nuestro querido murciano. (En realidad se diría: “¿Í ar méico? ¡Ejo é de maricone!”) Principalmente cuando la manera de saber si se tiene Gripe A y no Gripe estacional, o sencillamente un resfriado de veinte pares de narices es ir al médico y someterse a unos análisis. Eso y que, ya puestos, había comenzado toda una campaña masiva de comunicación… de comunicación a sus amistades acerca de que había padecido la enfermedad de moda y la había superado gracias a su superior predisposición genética, y a los remedios caseros. Como Chris Elliot en aquel episodio de “Búscate la Vida” en el que decide tratarse una amigdalitis por sus propios medios.
¡Nong! ¡Nong! ¡Noooooong!
La historia se complica cuando la preocupada madre decide personarse en Madrid para cuidar de su hijo. Algo que haría cualquier madre. Principalmente cuando le ha dicho a su pequeño retoño de treinta años que, en el pueblo, los lugareños se denuncian entre sí por contagiarse de Gripe A.

Resultaría algo del todo normal si no fuese porque, nuestro querido “monito de Estallido” (el que propaga la plaga por EE.UU. ese de la perillita blanca) al ser preguntado sobre lo mal que lo debe estar pasando en la gran ciudad, alejado de los suyos, suele responder: “Nong, micagoendió, et-toy de puta madre, pe’o no ze lo digái a mi mama, no zea que mebligue a vorvé”
¿Lo positivo? Que nuestra querida mascota se ha puesto a limpiar como un poseso (poseído por Mr.Propper), lo que ha incluido la ocultación de su ordenador portátil, de montañas de videojuegos de segunda mano y de toneladas de porno.
“La Hit-toria de mi vía”

Y nunca visto el berrinche que se pilló cuando le dijimos que, probablemente, no había padecido la enfermedad de moda, sino un vulgar resfriado de cojones, agravado por unas condiciones de vida insalubres, negligencia a la hora de cuidarse, y su fe ilimitada en dos productos milagro (nada que ver con el Tamiflú): Sopas de sobre y jarabe para la tos.
Ante tal situación, y a la espera de la llegada de la señora, sólo podemos proponer a nuestra mascota humana sacar provecho económico, en esta situación de crisis que nos ha tocado vivir, de su lamentable estado de salud. Desde Golfomedia, proponemos a Murci la creación de una página web en la que cuente al mundo su heroica hazaña, su historia de superación personal, y, de paso, que venda algún tipo de producto, al mejor estilo de los crecepelos caseros de la América profunda. Sólo necesitará una chaqueta a rayas blancas y rojas, un sombrero de paja y una cara más dura que el cemento armado.


Por lo menos, esta vez no le ha puesto nombre.
Por fin mi ’compañero de piso-mascota’ ha dado con la solución para sus problemas de encontrar pareja.
¡No tiene que ser más limpio! ¡Sólo tiene que ser él mismo!...
Justo lo que dice en todos los libros de auto-auyda:
ALEMANIA | Refomó la casa por higiene

Efe | Berlín
La obsesión por la limpieza de un albañil alemán, que además se pasaba el día poniendo orden, recogiendo la casa y moviendo muebles ha hecho que su esposa le deje plantado y pida el divorcio tras 15 años de matrimonio.
Christian Kropp, juez de familia de la localidad alemana de Sondershausen, al este del país, ha declarado que nunca había visto un caso igual en su larga carrera como mediador en conflictos de pareja.
La esposa no aguantaba más que su marido se inmiscuyese permanentemente en las labores del hogar y que asumiera obsesivamente las tareas de limpieza.
La gota que colmó el vaso llegó al parecer hace algo más de dos años cuando, al regreso de un largo viaje, la esposa se encontró con que el marido había redecorado completamente la sala, derribado un tabique y levantado una nueva pared sin consultarle.
Durante el proceso de divorcio, el hombre argumentó que detrás de un armario surgía mal olor y que al mover el mueble comprobó que la pared estaba enmohecida, por lo que tiró los muebles, derribó la pared y redecoró toda la sala.
La esposa indignada obtuvo el divorcio deseado, dijo Kropp, entre otras cosas porque la pareja se había puesto de acuerdo en el reparto de las rentas y había estado oficialmente separada durante el último año.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/01/internacional/1238582666.html

Llevo cinco duras semanas permaneciendo puro, inmaculado, virgen a los deseos invasores de la naturaleza. Nada que ver con el sexo, una vez más, sólo parece que me haya librado de lo que Murci –ese vector de enfermedades- denomina la plaga.
Hace cuatro semanas Baby se resfrió. Tosió, estornudó, tuvo fiebre, faltó un día al trabajo y, finalmente, se recuperó. Pero la plaga prefirió mudarse e infectó al Gurú (algo que debería hacerme sospechar)
El Gurú se resfrió hace tres semanas. Estornudó, tosió, parecía tener fiebre... no faltó al trabajo porque le habían echado antes de su resfriado.

Noches y más noches, su catarro agravó sus ronquidos (vibraba incluso el sofá) pero, pasado un tiempo, logró superarlo. Pero la plaga es inteligente, y encontró a alguien que es un auténtico caldo de cultivo para su supervivencia y perpetuación, una casa en la colina donde criar a sus hijos y su ganado. El lugar perfecto para jubilarse. Infectó a Murci.
Murci lleva dos semanas tosiendo como si tuviese tuberculosis, estornudando en estéreo... y al parecer le encanta. No ha faltado un sólo día a ninguno de sus dos trabajos porque parece haber llegado a un acuerdo con su resfriado. Reparte pizzas entre semana –con su propia moto La Indomable-, sale de marcha hasta la madrugada prácticamente a diario porque, como él mismo dice, “nadie ni nada le va a quitar eso”; su habitación se sigue pareciendo a los muelles de cualquier pequeña ciudad portuaria antes de la revolución industrial (los insectos, arácnidos y pequeños sucios mamíferos siguen huyendo de su cuarto por lo sucio que está) y hay algo en su tos que me hace sonreír:
- ¡TJO-TJO-TJO-TJO-TJONG!
- Sí. Pronto morirá

Ya estaba preparando el lanzallamas para purificar su habitación, pensando en cuando no esté entre nosotros, cuando mis planes fueron frustrados por información de inteligencia de primera mano. En particular, información que él mismo me suministró.
- Trah tré semanah acatarrao ya he’echo güenas migas con mirresfriao
- ¿Mande?
- Lo he’adoptao. Incluso le he puetto nombre. Le llamo “Achús”
Luego me dicen que soy cruel por decir que Verdi es el compañero de piso y Murci sólo mi mascota.
- ¿Le hablas a tu resfriado?
- Mejó ¡Él me habla a mí!
- Pues podrías haberle puesto un nombre de mujer...
Así va esto. Murci habla con su resfriado y yo sigo una estricta dieta de naranjas (kilos y kilos... como en los ejemplos de los diccionarios de inglés) en un intento de que La plaga no me afecte.
Me pregunto qué hará cuando pille piojos.

En ocasiones una historia terriblemente trágica se convierte en una historia terriblemente divertida. Supongo que tiene que ver con la forma de contarla (y por supuesto con el narrador) Le propongo al lector que examine la siguiente: La historia de un transexual en el entorno rural. Y cómo esta tragedia de adaptación y de cómo una persona se encuentra a sí misma, contada por Murci, pasa a convertirse en una historia divertida.
Hay que empezar hablando de los apodos en el entorno rural. Apodos que se asignan a un ciudadano en un momento dado de su vida por una razón anecdótica, y que perdura generación tras generación, heredado por sus hijas e hijos hasta que, por matrimonio, se juntan dos familias y sobrevive el mote más gracioso.
Po ejemplo, uno de mi’ agüeloh le llamaban "Juan er’de loh mellizo" po’que tuvo doh mellizoh. Lo má gracioso eh que no se llamaba Pepe, zino Víctor. Mi otro agüelo era "Paco er’ Tomatera" po’que plantaba tomaterah. Azín que zobrevivió er mote má gracioso.
(NOTA: Si esta entrada recibe los suficientes comentarios de personas que no entienden la trascripción de la forma de hablar de Murci, prometo volver a publicarla íntegramente en castellano normal)
Hay un vecino en mi pedanía que le llaman "Pepe er’Mosquito". No ze zabe po’qué. El hecho e’ que hace unoh añoh, vino un cartero a trael’le una carta y le preguntó a un zagal llamando ar Mosquito po’ su nombre y apellidoh. Er niño no tenía ni idea. Entonceh er cartero le añadió que, a et’te hombre le llamaban "er’ Mosquito", y er zagá rep’pondió: ¡ANDÁ ZI E’ MI PADRE!

Volvamos al drama de un transexual en el entorno rural, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, a su vez atrapado en una pedanía cercana a un pequeño municipio de la Región de Murcia:
Pueh hay una familia en mi pedanía que le llaman “Los Trancos”. No ze zabe po’qué (zupongo que cosah de la mili) Er cazo e’ que ziempre había zío como mú afeminao. Rezultó que hace un pa’ de añoh ze’mpadronó en Pulpí (Almería) pa’ que la comunidá autónoma le pagara la operación, y vorvió a la pedanía como Purificación. "PURIFICACIÓN LA TRANCA”.
Como se puede apreciar en el relato (más o menos) los apodos populares sobreviven al paso de las generaciones. Ya es casualidad que en una familia que ha recibido el apodo de “Los Trancos” surja, generaciones después, un varón que decide cambiarse de sexo, con el resultado que usted (más o menos) ha podido leer. Lo más parecido que he vivido yo es conocer a un tendero llamado León Arnaldo al que todo el mundo llamaba Leonardo. Por suerte, a su hijo primogénito le llamaron “Leonardito” (pese a llamarse Miguel) porque la alternativa por parte de madre (Josefa) era ser conocido como “Fefito”.
A "PurificaciónLa tranca” la operación le zalió grati, pero lah tetah ze lah pagó arrimándose a loh paisanoh en er Bar Verde, que le llaman azín po’que todo lo bare de la zona tienen er cartel de Coca Cola, y et’te lo tiene de “Esprai” (Nota del traductor: quiso decir “Sprite”) Arremáh der carté, er Bar verde e’ er puticlú máh conocío de la zona. Frecuentao por paizano de’de toa la vida.
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Ahora creo que vive como peluquera pe’o no m’agái mucho cazo.

Adelantándome a futuras críticas (y siempre recordando al cabreado lector que existe un formulario estándar en este blog para cuando tengo que pedir disculpas) sólo quiero incidir en que esta historia va de apodos. Apodos de pueblo. Y de como una historia trágica puede convertirse en divertida si el narrador colabora (aunque sea de manera involuntaria) y que, al convivir con Murci, pienso que debería dejar mi trabajo y dedicarme a escribir constantemente, todo el día. Nunca se sabe cuándo va a surgir otra crónica murciana.

A Baby le ha dado por ser moderna. Y no me refiero a llevar el pelo corto, a escuchar rock duro o a practicar deportes de riesgo, no. Eso ya lo hacía antes de querer ser moderna. Lo que Baby exige ahora es un amigo gay. Alguien glamuroso, con estilo y amaneramiento en sus gestos que la lleve a lo que ella denomina sitios guays (en realidad sigo creyendo que quiso decir sitios gays... peor ella pronunció una “U”)

El caso es que está muy atareada con esto de trabajar en una gran compañía multinacional, por lo que no tiene tiempo de salir por Chueca con sus amigas para conocer gays, ni para trastear por la red en busca de entendedores que la entiendan (y con entendedores me refiero a entendedores-macho) razón por la cual se ha fijado en el elemento varón más cercano con un comportamiento heterosexual menos activo. Y el Gurú da gracias a los dioses por no haber estado en casa en ese momento.
¿Zabéi a quién l’ha tocadong?
Exacto. Baby quiere que Murci sea su amigo homosexual. Es su última ida de pinza. Y eso que he tratado de quitarle esa idea de la cabeza a base de tópicos:
Gay Típico | Murci |
Pulcro, extremadamente limpio | Los bichos huyen de su habitación por lo sucia que está. Su única razón para ducharse una vez a la semana (y sale a correr todos los días... ¡Por lo menos he conseguido que no se bañe!) es lo que él llama “Gastar el agua de Aragón” |
Refinado en sus maneras | Puede parecerlo cuando no eructa, se pellizca los granos o se saca los mocos en público y de manera inconsciente |
Muy educado al hablar | ¡Me cago’n diosss! ¡Cuánta’ vece tengo que decitte que no me atosigueh con sa’ P-P-P-Puta gilipollé! |
Culto (al menos en cosas gays como la literatura, la pintura o la danza) | ¿Mandeng? |
Fundamentalmente urbanita | Más de pueblo que el buen embutido |
Pero cuando a Baby se le mete algo en la cabeza generalmente se cumple, aunque tenga que ganarte por cansancio. ¡Así lograron los
búlgaros dominar tres mares! Así que ya veo a Murci vestido con prendas ceñidas, de diseño... llevando una idílica relación con su madre,
bailando bien, y por supuesto... por supuesto fijándose en los cachas, los chulazos, los leñadores y los de aspecto aniñado.

Sólo añadir que mi sugerencia de buscar ayuda profesional para convertir a Murci en una auténtica reinona del desierto fue calificada inmediatamente
como nazi y homófoba... ¿Mi idea? ¡Entregarlo a manos de César Millán (el del programa "El encantador de perros") para que convierta a nuestro
agreste murciano en todo un apolíneo seductor para quienes prefieren el plátano al fruto de la higuera.

Al fin y al cabo, Murci es mi mascota.
Escribo estas líneas aun traumatizado tras la cena-cogorza de fin de año que tuvimos en casa la noche del 31. Los teléfonos no paraban de sonar, todo felicitaciones, cuando de repente sonó el Murcifono.
- ¿Zing? ¿Digameng?
Tras escucharse unas palabras de felicitación, y la típica respuesta educada del caballeroso niño de verdad, tapó con sus manazas lo que parecía un minúsculo móvil, un pedazo de ladrillo... ¡Un auténtico sillar de la tecnología! Para aclararnos que su interlocutora no era su amada repartidora de pizzas, una francesita (mejor francesota) llamada Carol, a la que nuestro Ilustre denomina (haciendo gala de su inexistente acento gabacho) Cagón.
- Nong, hé la novia de mi hermano... una tía de ziete coños

No. Me niego a interpretar manchas de tinta para superar este trauma. Ya imaginaba a un cuasimurci (algo más joven) abrazado a un monstruo hentai, todo tentáculos y vulvas, de los que te devoran a bocados después de un polvete, cuando este sabio de la huerta decidió ilustrarnos sobre el significado de dicho murcianismo:
- É er equisitante (quiso decir equivalente... lo sé) d´un "hijo de la polla roja" (tradúzcase como niño pijo) pero´n tía.
Tremendo el niño. ¡Y que quieran inventarse un lenguaje tipo SMS cuando aun no entendemos qué coño tratan de decirnos algunos elementos como Murci!
Ya decía mi madre que la convivencia no es fácil. Puede que conozcas a una persona desde hace años y nunca dejará de sorprenderte. Sorprenderte y aterrorizarte. No poder utilizar un tendedero durante semanas porque tus compañeros de piso han decidido colgar su ropa y dejarla ahí durante días puede parecer algo cotidiano en los pisos de estudiante. Cuando tu ropa blanca se convierte en una serie de conjuntos entre beige y verde oliva debido a la humedad, porque no puede secarse al aire, o cuando acaba oliendo a fritanga porque no hay sitio donde colgarla en el interior; siempre debido al atasco de ropa perenne en el tendedero, comprendes que ha llegado la hora de madurar, de crecer. De asumir responsabilidades, de pagar la hipoteca... y sobretodo de buscarse una casa donde no estén ese par de guarros.
Quiero centrarme en la ropa de sólo uno de ellos. De la ropa de quien tiene una sección en este blog para él sólo. Se trata del único hombre del mundo cuyos calzoncillos pueden colgar HACIA ARRIBA. Se trata de una sofisticada técnica anti-gravedad por la cual, la ropa queda tan acartonada que es capaz de desafiar al viento e incluso a la gravedad. Hablo de Murci y sus calzoncillos de combate.
No me malentendáis, el chico también cuenta con unos calcetines-boomerang, con camisas antibala (si se pudiese entrar dentro porque se trata de un blindaje realmente rígido) y hasta una manta de destrucción masiva. Si Saddam hubiese levantado la cabeza habría pensado que fue una estupidez fabricar gas mostaza e intentar tener La Bomba. Bastaba con contratar a Murci para hacerle la colada y ¡Pobres norteamericanos!
Tanto me cansé de ver esas piedras con forma de prenda colgadas de mi tendedero que pensé en quitar las pinzas y dejar que cayesen grácilmente al patio interior. Claro que mi sentido cívico me hizo pensar en los daños colaterales: En la pobre limpiadora de la comunidad que podría resultar herida, en el carrito de niño del vecino, que quedaría siniestro total, en una bicicleta que quedaría como si hubiese recorrido la autopista de la muerte. No fui capaz de descolgarlas... y Murci fue tan cabrón que retiró su ropa antes de que pudiese hacer una foto que compartir con vosotros.

Estaba hace un par de días tirado en mi sofá, caliente cerveza ante mis ojos soñolientos, tras quedarme transpuesto viendo 007 contra el Dr. No, cuando descubrí la verdad de una de las Murcianécdotas más gloriosas de la Historia: Una película en la que salía su pueblo (o pedanía... o lo que sea el lugar de donde salió tan singular personaje que inspira estas líneas).
La Historia comienza cuando, viviendo él en una especie de comuna hippie en el centro de Madrid, una noche de pedo (es decir una noche cualquiera) en la tele apareció un avión que trataba de parecer un MIG (en realidad el típico F5 Tiger salido de planos sobrantes de Top Gun... ese negro con una estrella roja en la cola) volando un edificio que resultaba familiar a la memoria de pez de nuestro niño de madera preferido. El reactor lanzaba un misil que volaba en pedazos una presunta fábrica de armas químicas poblada por extraños cubano-mejicanos liderados por un tipo gordo y con perilla, y que recibía la visita de una especie de General de las Tropas Navales del Imperio Galáctico (rebuscada referencia para mayor gozo de los freaks de Star Wars) y que decía venir de China, o Corea del Norte o de otro malvado país comunista. La clave era la localización del malvado edificio: LORCA, ESPAÑA.
El prota de la peli pierde a su hermano en una incursión de comandos para señalar el blanco al avioncito (que digo yo ¿Cómo coño llegó hasta ahí?) y resultaba ser un soldado ruso. Ver esta peli junto a Murci es toda una experiencia. Sobretodo por tratarse él de alguien que se aprende los títulos de los telefilmes que Antena 3 emite por las tardes (lo que Baby denomina Dramones-Dramones) para luego colarlos como referencia culta en sus conversaciones sobre cine. Así, traté a duras penas de quedarme con el argumento mientras oía murcifrases alienantes.
Chico conoce chica
- ¿Qué habrán volao? ¿La cementera?
Chico pierde a chica en favor de supercamarada del partido con influencia
- No me extraña que hayan cogío Murcia... seguro quel produttó pasó por allí, olió los vertíos de curtíos del Segura y...
Chico se alista en los Spetznac y visita el Levante Español para joder el proyecto de armas químicas de Kim Jong Il que resulta estar en Murcia.
Chico pierde a hermano en tiroteo.
- Po podían habé zacao argo má de la pedanía que bien bonita que éh
Chico emigra a California y diez años después es un hombre de negocios respetable que vive con dos pibones y con una hija.
Chico sufre el intento de secuestro de su hija por dos punkies que tratan de robarle el coche.
- ¡Jua! A Califonnia no me iba yo ni jarto vino agrio. Mejó quearse en Lorca, que ze pué viví mu bien recogiendo fruta y jodiendo lah fiehtah de loh puebloh vecinoh.
Chico da una tunda espectacular a los dos punkies.
Chico sale en la tele y recibe llamada telefónica.
- Buah, que niña má fea. Yo dejaría que ze la llevaran lo punkis
Chico descubre que sus excamaradas están organizando supermisiones en territorio americano.
Chico recuerda que sigue siendo ruso y confiesa a su mujer que aprendió a pelear en el ejército, pero no en el americano.
Mujer de chico piensa ¡Coño! ¡Ya decía yo que me sonaba raro lo de que te llamases Georgi!
- Ezo zí que é una vecina y no la vieja que nozotroh tenemo ar lao.
Chico mata a mogollón de gente a hostias.
Luego descubre extraña trama inmobiliaria:
Supercamaradas resultan poseer equipo de futbol y quieren derruir un parque infantil para construir un estadio.
Chico descubre que el apellido del alcalde de Los Ángeles es
Gallardón.
- ¿Vé poqué cogieron Lorca? ¡Trama inmobiliaria! ¡Zolo fartan loh campoh de Golf!
Chico mata a todo el mundo de nuevo, que para eso es karateka.
Lo más cachondo es que la película, titulada en español Viejos Camaradas, tiene por título original Running Red... algo que da que pensar...
- ¿Corriendo rojo? Zerá del caló poque lo único que corríamo a gorrazo en mi pueblo era a loh curah... en la Guerra Civí loh tirábamoh a un pozo y luego bajaban loh zagale a rematal-loh. Magínate que me contó mi agüelo que una vé un aviadó nacioná se quedó zin balah ametralléndole, y viendo que no le daba le lanzó una llave inglesa que le dió en tol coco...
Tiemblo sólo de pensar que, como en Blade Runner, algún día todos estos recuerdos se pierdan como lágrimas en la lluvia.

Disculpad mi brevedad. Se debe, principalmente, a que ya estoy trabajando en mi tesina, a los gloriosos Proseturnos y a mi adicción al X3 Reunión. Pese a todo ello, no podía dejar de comunicar al mundo este momento vivido hace tan sólo un par de horas.
Estábamos tirados en el salón Murci y yo, cuando recordé comunicarle una gran noticia:
¡Tío! ¡Ya está en Internet el trailer de Rambo IV!
No habría pasado de eso si Murci, con toda su murciana inocencia, no hubiese contestado:
¿En serio? ¿De qué va?
Luego ha tratado de arreglarlo, visto mi ataque de risa, preguntando que cuál es la excusa que tiene ahora el super excombatiente para diezmar la población de un país comunista, pero le he dejado claro que se trata de Rambo, un hombre que no necesita excusas para matar.

La vida de Murci ha cambiado desde que se ha integrado en el mundo de la seguridad privada. A parte de tener que hacer un mogollón de rondas, de guardias en obras vacías y, por alguna desconocida razón, custodiar unos valiosísimos cuadros antes de una subasta (¡Con dos cojones! Respondió un compañero al que se lo comenté), hace poco descubrió su servicio predilecto: Acompañar al técnico que repara cajeros automáticos. Durante unas horas, nuestro amigo se sentó en el asiento del acompañante del coche del técnico, unos minutos de pie junto a él, y varias horas más en un bar hinchándose a cerveza... conociendo al personal con el que trabaja... haciendo amigos. Mientras me contaba estas andanzas, me confesó esta nueva historia, que pasará a los anales de este blog como nueva Crónica Murciana:
Quien más y quien menos recordará aquella crónica murciana en la que nuestro insigne protagonista suspiraba por la esposa de un mafiosete (digamos el dueño de varias discotecas). Esa amiga que se acostaba sobre el lecho de Murci (de hecho sobre el propio Murci) con el sencillo objetivo de echarse unas risas y comprobar la capacidad de nuestro niño de verdad para controlar sus erecciones.
Pues resulta que esta chica, toda una inversión en silicona por parte de su señora madre, mantenida al parecer en su Venezuela natal por las remesas de divisas que la chica sacaba a su marido, ha cambiado al mafioso de tres al cuarto por un borjamari más normalito... al fin y al cabo, seguirá teniendo acceso a coches de alta cilindrada y la relación le permitirá mantener su alto nivel de vida. Sin embargo, tanto la chica como su retorcido sentido del humor, decidieron invitar a su casa[1] al bueno del murciano con la excusa de “arreglar su ordenador”. Algo que nuestro Murci debió interpretar como “Arreglarle el ordenador y luego desatascarle las cañerías”.
Le dejó la rubia caribeña en el salón mientras hacía como que limpiaba la casa (y nadie explicó al chico qué herramienta de limpieza doméstica emite un característico zumbido), y le propuso que viese la televisión en su ausencia. ¡Pobrecillo! Nada más apretar el botón del mando a distancia vio ante sus ojos cómo se desarrollaba una secuencia de una película porno con el volumen a toda hostia (¿Qué herramienta de limpieza doméstica emite un sonido parecido a una carcajada?). En defensa de una imagen pública compuesta de decencia y honor, el bueno de Murci cambió de canal...
PORNO
Varias veces...
PORNO
PORNO
PORNO
¿Es que esta chica no ve telenovelas o qué? Cualquiera que fuese el canal seleccionado, lo único que parecía sintonizar la televisión eran programas culturales para adultos. Andaba el pobre apurado, sin saber exactamente en qué mano tenía el mando del televisor y en cuál su “otro mando a distancia” cuando sonó el timbre. ¡Toma ya!
Resultó que no era el “Borjamari”, sino dos amigas de la buena (la buenorra) de la chica con uno de esos amigos “tan especiales” que suelen tener este tipo de chicas. Uno de estos hombres sensibles, apuestos y bien vestidos, de los que bailan bien y tienen una perfecta relación con sus madres... vamos que era un gay.
¿Y ahora qué? Se preguntó nuestro hijo predilecto de la huerta de España. ¿Me tocará hacer un “Trenecito”? Pues es un pequeño precio a pagar por “acceder al conocimiento interior” de tan notable rubia, por “afilar el lápiz”, por “matar topos”, por cumplir su fantasía de echarle un casquete de proporciones cósmicas a la rubia de sus sueños. Claro que la rubia tenía otros planes… o eso le pareció percibir por su lenguaje corporal. Sobra decir que sus amigas y su amigo “sensible” tampoco estaban por la labor.

[1] Es una forma de hablar. Esta “Barby” (sé que se escribe Barbie) viene con los complementos habituales de la “Barbie Divorciada”: El coche de Ken, la casa de Ken, la tarjeta de crédito de Ken...

El fútbol y las apuestas, cuando se combinan, dan unos resultados realmente curiosos. Es como la Matemática no lineal y la Teoría del Caos, el margen de error de las ecuaciones es tan alto que el resultado de la misma es imprevisible... o raro... o qué sé yo, al fin y al cabo estudié Letras Puras. Estaba eligiendo el camino de mi educación, y mi previsible futuro laboral en la secretaría del instituto al que iba cuando, como si se tratase de un bar, un tipo muy parecido al Moe Sislack (el de Los Simpsons... vamos) me preguntó, como si hubiese pedido un sándwich “¡Las Letras las quieres Puras o Mixtas!”.
El hecho es que estábamos en el bar del Miguel viendo el Barça-Chelsea, y a los cuatro minutos había perdido mi apuesta en la porra... siempre me pasa lo mismo. Había bote desde el partido del Madrid contra el Barcelona: Todo iba de puta madre desde los primeros minutos (yo es que aposté por un 1-0 y un partido aburrido... cuando noté el pedazo de chaparrón que caía sobre Madrid me empecé a frotar las manos) pero tuvo que llegar el HIJO DE PUTA de Van Nistelrooy a joderme la porra. En realidad el resultado me importa un rábano, pero eran mis 50 céntimos...
Para variar, aposté por un resultado corto, realista... y por un partido aburrido. 0-1 para los ingleses. A los cuatro minutos todo a la mierda. Ya en la segunda parte, Baby había perdido toda esperanza de llevarse el bote de 37,50 eurillos, pero como participaban sus compañeras y compañeros de la Biblioteca, empezó a apoyar una opción de que todo quedase en casa... y casi se la llevan El Gurú y el novio de no sé quién de la Biblio (un 2-1) peor no. De todas las posibles apuestas, de todos los posibles resultados, tuvo que ganar Murci.
A la mañana siguiente, en el tablón de anuncios, apareció la lista de los premiados... o mejor del premiado que un día se convirtió en un niño de verdad... subrayado cincuenta mil veces y con anotaciones como:
“Queremos saber quiénes ese Murci” “Exigimos que el tal Murci se pase por aquí e invite a algo”Y la más divertida:
“Baby, sabemos que te has inventado un personaje ficticio para largarte a Méjico con el dinero de la Porra”Bueno, creo que el coste de la vida en Suiza no permitiría a una hipotéticamente corrupta Baby sobrevivir más de veinte minutos... quizá en Uganda[1]...
Pero ¿Quieren saber quién es Murci? Seguid este enlace y lo descubriréis... vamos, que ya sé que en la Biblioteca, más que trabajar, leéis este blog. Si recojo los suficientes comentarios se procederá a facilitar la dirección del interfecto a los apostantes más cabreados.[1] Mis disculpas al noble pueblo ugandés, que tanto ha sufrido a lo largo de la Historia y... ¡Joder! ¡Utilizad el formulario Standard!

La incursión de Murci en la jungla de las relaciones laborales, Telepizza a parte, vino de la mano de un familiar que poseía (a pachas) una modesta empresa de construcción. Porque la construcción fue, como si dijéramos (o mejor como si lo dijera Bush) su primer trabajo “de verdad”. Las relaciones lésbico-rasta-fraternales que se dan en el mundo del reparto de pizza a domicilio, o la recogida estival de hortalizas y frutas (del bosque o no) no eran lo que nuestro “niño de verdad” esperaba del mercado laboral, lo que alguien con muchísimo sarcasmo, o bien con un pésimo sentido del humor, llamaría un “trabajo de hombre blanco”. Claro que en la construcción tampoco abundan quienes, al parecer, dan ese nombre tan raro al contrato indefinido y los sueldos por encima de los mil eurillos.
La construcción es una jungla de acero y hormigón, de mortero, de sudores, de camisetas tipo imperio, de accidentes laborales y de fiambreras con bocatas y cartones de vino barato. Pero topicazos a parte, es un mundo de gente con mucha mala leche. Sobre todo en verano. Cuando el calor aprieta, casi no hay lugares con sombra, y sólo uno de la cuadrilla (curiosamente el enchufado del jefe) tiene la única solución (a la que llamaremos botijo) es cuando se despierta la necesidad de solidaridad, de hermandad entre colegas de currelo, el instinto de manada. Es cuando el calor y la sed aprietan cuando nunca, pero nunca, nunca; debe aparecer el cáncer de la cuadrilla, el individuo que no juega en equipo y que merece que un engordado Robert de Niro le cosa a batazos, un individuo de actitud insolidaria y anti-fraternal (al que podríamos llamar hijo de la grandísima puta)
El botijo es mío y bebe de aquí quien yo digo, habría dicho el infantiloide currela ante el justo requerimiento de sus compañeros, de sus hermanos de andamio. Algo que, como en toda camada de gatitos, como en toda manada, debe ser corregido. Veamos cómo se las arregló la cuadrilla.
Vengo de la farmacia. Esto es “Desatrancamulas” y sé quién se lo va a beber todito. El problema es que deja cierto regusto, e inutilizaría nuestro objetivo durante semanas (nadie quiere perder tiempo de hacer mezclas, de cargar y colocar ladrillos por estar “cagamurciándose” todo el día) así que atacaremos durante la comida, que hoy el jefe y enchufador se va a estirar un poco en un restaurante cercano. La selección de objetivos es digna de la USAF: Conociendo los gustos de la víctima, el objetivo primario habría sido la cerveza, dado que el calor apretaba demasiado para el vino, el agua es vital y los refrescos estaban chapados en sus respectivas botellitas de tercio. Es entonces cuando los de Inteligencia hacen la llamada de un “pájaro blanco” (que dirían algunos taxistas) cuando se pudo divisar una jarra de tinto de verano. Existía la posibilidad de crear daños colaterales., pero como dijo “el envenenador de Águilas”: “Yo no hi comprao etta mierda pa tiral-la”. Así que:
- ¡Eh! ¡Qué es eso! ¡Jefe! ¡Su coche!
- Ése no es mi coche
- Ah, celebremos que el coche que acaban de robar no es el suyo con una buena ronda de tinto de verano
El vengador del andamio olvidó avisar a gran parte de la cuadrilla de los peligros de tan refrescante bebida (no iba a renunciar a su revancha por un quítame allá ese agua marrón) y al bueno de Murci le salvó que a los “niños de verdad” no les gusta el vino. Prácticamente el resto de la cuadrilla estuvo, literalmente, cagándose en todo durante varios días. ¡Y qué manera de correr!, señaló el murciamigo a la hora de contármelo.
Otro día tendré que contaros la incursión de este Pinocchio del sur de España en el mundo de las relaciones con el sexo opuesto. Tan sólo decir que pasó de venir un día de Murcia presumiendo (“Ya no soy virgen... pagó mi tío”) a una situación de búsqueda de la mujer idónea. Ojo a su frase gloriosa:

“Soy un corcho en busca de botella”

No sé bien si calificar la siguiente historia como Crónica Murciana o como Divagación del Comité de Sabios. Anoche invité al Murci a pizza en casa (un detalle de lo menos significativo) y antes de probar siquiera su cerveza ya estaba “funcionando”. ¿Cómo funciona Murci? Pues lo vais a ver:
Daban en un informativo la noticia de un hotel que, por abaratar costes o, como lo llaman ellos, “innovar en el mercado”, han colocado un coche encima de una plataforma elevada, lo han decorado por dentro, y ahora lo llaman “Habitación de Hotel”. ¡Yuju! Por fin un polvódromo como Dios manda, se dirá el sorprendido lector, hasta que conozca el comentario del murciano:
¿Sabéi que hicieron un estudio sobre en qué coches se podían hacer más posturas y ganó el Clío?
Estuve corto de reflejos. Lo reconozco. Más que nada porque no se me ocurrió otra cosa que decir que “Bueno, cuando echas los asientos para atrás hay bastante espacio...”. Pero lo que no esperaba, lo que me sorprendió de veras, fue que el señor Gurú, el mismísimo “Apoyaré cualquier cosa que trates de calificar como chorrada” Gurú, fue quien, ocupando mi tradicional lugar, encaró el murciargumento de manera poco amable:
¿Un eztudio?
Lento de reflejos, porque no aproveché el momento para apoyar a Murci, como si estuviéramos en el Parlamento, con una frase del tipo “Hay sociólogos con demasiado tiempo libre” o “¿Por qué no se iba a estudiar eso? ¡Puede que le interese a alguien!”, e incluso un incontestable “Si un avión comercial puede sobrevolar cuatro bases aéreas soviéticas como quien baja a por tabaco ¿Por qué coño no iba a financiar alguien un estudio sobre posturitas en coches pequeños e incómodos?”. Si se ha llegado a enviar transbordadores espaciales a la órbita terrestre para estudiar a la mosca del vinagre (supongo que para evaluar su reacción en gravedad cero ante el golpe de un periódico enrollado) ¿Por qué no poner a jóvenes y seniors a echar un caliqueño tras otro en diversas posturitas para descifrar qué coño quieren decir los anunciantes de coches con el concepto “ESPACIO”.
Pero la imagen del día, lo dijo en Onda Cero Fernando Ónega, fue la del jodido contenedor amarillo rodando calle abajo durante el vendaval (joder con la suerte que tienen los gallegos ¡Vaya racha!). Fue en ese momento en el que la murcibombilla se encendió y soltó eso de:
¿Zabéi que yo he hecho eso? Cuando era chico solía meterme en lo bidone vacíoh y echá a rodá cuetta abajo.
El interrogatorio estaba servido. El Gurú apenas podía hablar de tanto que se reía. Inquirí al joven ex-labriego sobre si lo hacía por voluntad propia o se lo hacían otros para reírse, pero él insistía en que entraba por propia decisión en los bidones, y que se partía el pecho de risa. El Gurú logró dejar de llorar por las risas y se atrevió a preguntar:
Pedo lo hazíaz tú zólo u oz lanzábaiz varioz pada ved quién llegaba antez?
Como si se tratase de un cura, o del profesor Najib Abu Warda, Murci logró responder algo que en absoluto tenía que ver con la pregunta:
No llegamo a meté tré en un solo bidón. Mi do hermanoh y yo, lo tre ahí arrumaico. ¡Y cómo rodábamo, macho!
Tremendo. Desde niño, siempre quise emular a Jesús Quintero en las entrevistas. Por fin tengo algo parecido al Cuñao.

Con la llegada del verano nuestro murciano favorito percibió, desde bien entrado junio, la llegada del calor, de los sudores y de un mal olor superior al normal (probablemente porque la nevera no funcionaba desde los tiempos de Aznar), por lo que en una ciudad que tiene de todo, excepto playa, decidió organizarse con sus compañeros de piso para disfrutar de una de las innumerables e inseguras piscinas públicas de la capital.
Tan sólo decir sobre los compañeros de piso de Murci que están acostumbrados a todo. En Livorno, en Europa del Este y en Albacete la gente es más dura de lo normal. Así que todos ellos cogieron sus rastas y sus ropas (Murci su calva y su chandal) y se encaminaron a la piscina publica más cercana, aderezada ésta con su jardincito y terracitas. La llegada a la misma despertó su espíritu solidario con su tierra añorada, seca y polvorienta. El lema Agua para todos llenó sus pensamientos nada más saber que tenían que pagar por entrar en la piscina pública. ¿Acaso no lo sabían de antemano? ¿Y qué más da? Alguien capaz de reventar unas fiestas de pueblo por el placer decorrer a lo Benny Hill con una perola llena de papas con ajos no se para a pensar en las consecuencias legales, morales o penales de saltar una concertina.
El grupo de incursión para lograr el derecho al baño gratuito saltó la valla del jardincillo y procedió a instalarse cómodamente en las cercanías de la piscina para una ablución solidaria, contestataria y alternativa. Eso seguro, sin llamar la atención, dado que un grupo de veinte personas con rastas y aspecto de vivir una mala vida no llama la atención de los sufridos ciudadanos, de las madres de familia atentas a los críos y de los... sí, de los vigilantes de seguridad[1]. ¿Cómo lograrlo? Pues resulta que la idea se les ocurrió a las doce de la noche. Y la incursión se llevó a cabo sobre las cuatro. Vamos que... ciudadanos modelo.
EL PROCESO DEDUCTIVO Y TÚ
Puso nuestro amigo sus huevos en remojo perfectamente ataviado: Ropa corta de sospechoso parecido a un bañador (he dicho sólo “sospechoso parecido”), lo marrón hacia atrás y lo amarillo hacia delante, y se recostó sobre el muro que bordea la piscina cuando un grito inhumano, de los que expresan indignación por una falta de respeto, de joder lo que tengo ahí, interrumpió sus ensoñaciones.
¡Me cago en vuestra puta madreeeeee!
Abrió este “niño de verdad” sus ojillos torturados por el cloro y por la ausencia de sus gafas, y observó una figura que corría hacia ellos a toda velocidad hacia donde se encontraban su pandilla y él chapoteando inocentemente, disfrutando de un día de agua para todos. En ese momento, su complejo sistema nervioso -generalmente ocupado tratando de recordar el nombre de generales alemanes que dirigieron ejércitos coloniales en la Primera Guerra Mundial, o el año en el que un avión comercial logró sobrevolar cuatro (no tres ni cinco... ¡Cuatro!) bases aéreas soviéticas- logró emitir una señal, pero no de alarma, sino de duda.
- El Joshua ha ido a por cerveza. ¿Será ése el Joshua? Y de ser él... ¿Por qué corre? ¿Por qué se caga en nuestras putas madres? ¿Y por qué viste de...? ¿Marrón?
Efectivamente, en la peor operación de comandos de la Historia, el grupo operativo “Agua para todos, ¡Pero gratis! ¡Coño!” había llamado la atención de un señor con tendencia a enfadarse, a vestirse de uniforme y a pasar de ocho a doce horas diarias de pie en aquella piscina. Ya estaba a un paso de caer sobre ellos cuando se dio cuenta de que era el vigilante.
En ocasiones salir de una piscina, máxime cuando se está a gusto, cuesta mucho. Salir rápido cuesta más. Salir y que el agua no se mueva ni para hacer esas ondas tan típicas que produce el movimiento de una masa líquida es algo para grabar en vídeo.
¡Venid aquí hijos de putaaaaaa!
No entiendo qué le ocurre a determinado tipo de gente. Los agentes de la UIP les cosen a gomazos y a pelotazos y vuelven, pero un vigilante corre tras ellos cagándose, mártir por mártir, en todo el santoral y salen por pies. El grupo se dirigió instantáneamente a la ruta de escape previamente establecida (no serán chicos modelo, pero gente seria seguro que sí), y subrayo lo de ipso facto porque, el que no se olvidó de los calzoncillos era porque los tenía puestos. Así que pido al lector que trate de imaginar a un grupo, como el anteriormente descrito, que corren, en ropa interior y mojados como pollos, perseguidos por un vigilante que se estaba dejando los pulmones en la persecución.
¡Hijos de putaaaaaaaaa!
Joder, ni que la piscina fuese suya. Ya estaban logrando bajar de la valla cuando, mirando hacia atrás –típico fallo de los adolescentes en las películas de zombis- se percataron de que una de sus amigas tenía un problema con la valla, con la gravedad y con el perímetro de su gordo, gordo culo. Una risa demoníaca partió en dos el silencio de la noche, estaban esperando escuchar el lema de los Berserkers de Khorne ¡¡¡SANGRE PARA EL DIOS DE LA SANGRE!!! Cuando contemplaron atónitos al de seguridad echar una mano a la pobre culo gordo (que no pudo saltar la valla) mientras le aclaraba: “Si fueras un tío te partiría la cabeza...” le echaba una mano para saltar, es decir, la empujó al otro lado. Y tanto la empujó que la pobrecilla (y su pobrecillo culo) cayeron a plomo sobre un camino de dura tierra y pedruscos que alguien con muy mala uva tuvo que poner allí. Además trató de bajar deslizándose por el muro exterior hacia la calle, y no se le ocurrió usar nada mejor para frenar que su culo ya desollado. Dios es misógino.
Otro del grupo, curiosamente su novio, se había olvidado la ropa y la documentación dentro. Lo dicho, no se dejó los gayumbos porque los tenía pegados al cuerpo. Así que vistas las bajas, y las pérdidas, el comando agua para todos no tuvo mejor ocurrencia que volver a entrar para pedirle al amable vigilante que les devolviese los objetos perdidos. Un tipo majo, también meón de piscinas ajenas en su juventud.
Con lo que se han reído, seguro que vuelven a hacerlo.
[1] Presento una nueva pesadilla, que me toque estar de plantón en una piscina pública y tener que correr detrás de Murci... ¡Ese cabrón estaba en el equipo de atletismo de la Región de Murcia!
Murci ha estado a punto de vivir una nueva experiencia de estimulación sensorial, de derribar otra frontera que limitaba la extensión de su conocimiento interior. Vamos, que casi le dan por... y es que, por esas vueltas raras que da la vida, le ha pasado lo que a muchos, por jugar a tolerante sin saber dónde se metía (o más bien, dónde estuvieron a punto de metérsele). Gurú dijo a propósito de esta historia: “Una vez cazi me paza lo mizmo a mí, pedo no tan a lo bduto”. El caso: Quedo con Murci para dar una muestra a unos compañeros latinoamericanos de lo que es irse de cañas y tapas por Madrid... la inclusión de nuestro querido niño de verdad aportaría un detalle de color a la situación... y el que nos acompañase una compañera de curso, que a parte de estar muy güena ha estado en “Choooooorstaun”, terminaba por darle un toque de distinción y conversación elevada, por no hablar de una perfecta excusa: No, señor policía, sólo tratábamos de seducirla entre los tres... sólo educación y galantería... los litros y litros de cerveza que la chica ha volcado sobre su coche patrulla y su uniforme son circunstanciales. ¡Es más! ¡Ni siquiera están ahí, oliendo y goteando!
El caso es que Murci, ejemplo multinacional de que la multiculturalidad es posible (máxime cuando se convive con gente que viene de toda Europa y parte de Latinoamérica... en una casa en la que el corte de pelo más común –y unisex- incluye rastas y pinchos, acompañó a sus compañeras y compañeros (hay hombres a los que les atraen irremediablemente las lesbianas... y hay Murcis a los que también) a la fiesta del Orgullo Gay. Lo que allí ocurrió tiene muy poco que ver con lo que cuentan los gays sobre su movimiento.
Los sesudos investigadores de asuntos sucios (desde cambiar el pañal a mis sobrinos a investigar sobre terrorismo) conocemos de sobra el concepto de operación de ganancia política. Léase, un acto de barbarie pública (o interpretado como tal) que un bando comete para culpar del mismo a su adversario o enemigo. Generalmente se trata de teorías de la conspiración, como cuando se acusa a Israel de estar detrás de los atentados del 11 de Septiembre de 2001, pero antes de que alguien saque el tema a colación y lleguen decenas (sí... seguro) de comentarios que tratan de demostrar la culpabilidad de los hebreos en este hecho, no quiero separarme de Murci y de su culo[1]...
Resulta que el chico disfruta del ambiente festivo, tolerante y multicultural de la fiesta de la diversidad, hasta que, posiblemente hipnotizado por unas piernas de esas que engañan (sobre el género de la persona a la que van unidas), nuestro agreste amigo perdió la referencia de su grupo de acompañantes... sólo, desorientado... envuelto en un tsunami de embriaguez y ambigüedad sexual... es entonces cuando unas manos sujetan sus tobillos.
Murci se gira creyendo que se trata de uno de sus amigos italianos con un pedo descomunal, cuando ve a un tipo raro, al que no conoce... un tipo que coge sus gafas y se las prueba. Bonitas gafas, chico. Ligeras, modernas... (¿Modernannng? –pensaría Murci-) El desconocido (cada vez que lo mira resulta más grande) se gira y llama a su banda: ¡Eh chicos! ¡Mirad qué gafas más cojonudas!. Reconozco en este punto, que el entorno machista en el que nos criamos nos hace tener unos extraños prejuicios: A veces percibimos el ligoteo como una especie de cacería. Nosotros leones, ellas gacelas[2]. Claro, que cuando el león ve que quien tiene hambre es un león más grande que le mira con cara de libido, más que en león nos quedamos en gatito doméstico. Por eso sólo hay algo que me de más miedo que un payaso: Un culturista. Sobretodo un culturista gay[3]. Supongo que si Murci no compartía conmigo este temor, ahora sí que lo hace.
La pandilla se le acerca, examina las gafas, le dan palmaditas en la espalda (más bien en esa parte de la espalda donde la misma pierde su nombre) y le devuelven las gafas. No sé qué tendrán unas gafas con lentes tipo Hubble que pueda poner a un grupo de varones borrachos más cachondos que una manada de ciervos en celo con cuernos de doce puntas, pero empezaron a compartir su bebida con nuestro amigo en un ambiente de sana tolerancia y respeto, todo abrazos (entre los cinco) y compadreo (entre los cinco)... cuando el Tayikonauta observó que la cosa giraba a una andanada de besos (entre los cuatro)... y el que faltaba por besarle se estaba bajando el pantalón, decidió demostrar al mundo gay lo que vale un atleta murciano especializado en carreras de cross y media maratón. Yo he llegado a correr muy rápido. Comparado con Murci, Flash y Supermán se mueven con la ayuda de un andador[4]...
Tanto Murci como un servidor seguimos respetando a los homosexuales... pero tras esta experiencia, el respeto se puede tornar en distanciamiento (a gran velocidad y ritmo constante a propósito) cuando hay alcohol de por medio. “Y yo que creía que me zarvaba el zé feo” –añadió nuestro querido personaje- nunca mannng ¿ein? ¡Nunca mannng![1] Para colar frases como ésta mejor lo dejábamos en el 11 de Septiembre
[4] También conocido como taca-taca en honor a esa gloriosa época en la que no llevaban ruedas, sino cuatro patas acabadas en un tope de caucho, que si bien amortiguaba el ruido que hacían al golpear contra el suelo, no lograban una sensación de felino silencio al desplazarse... más bien un siniestro ¡taca!... ¡taca! (Del Jubidiccionario 2006 sobre tecnología senior)

Muchos creyeron que la vieja y lluviosa Inglaterra, ese maravilloso país lleno de exóticos olores, variedad cultural y vida, estaba a salvo. Se equivocaron. Ni las insalvables costas del Canal, ni la Royal Navy, ni la RAF pudieron evitar que culminase con éxito una operación que ni el Dr. No pudo jamás imaginar para dañar a sus archienemigos británicos. Su Graciosa Majestad era, en realidad, una jovencita alegre y llena de vida, con la piel tersa y suave hasta que le comunicaron la amenaza que se cernía sobre sus amadas islas. ¿A que no sabéis qué ocurrió en el Reino Unido hace diez años? Todos temían a los rusos, a los marcianos, a los hippies... ¿Quién desembarcó en Heathrow hace ya más de una década para pasar unos meses? ¿Qué llegada a la Gran Bretaña fue más temida que las trece divisiones alemanas de 1940?...
HI! I´M MURZZY!
El bueno de Murci, cuando contaba al rededor de quince añitos, ganó el privilegio de pasar un verano británico y conocer algo que había visto muy poco (y de hecho sigue sin ver demasiado): El agua. Es más: El agua de lluvia. De tal manera, nuestro agreste amigo, pudo pasar unos meses alojado en la casa de una entrañable abuelita británica, toda una dama seguro, con la intención de perfeccionar su dominio del idioma de Paul Gascoine (el del eructo digo yo), y confraternizar con esa panda de saqueadores de Gibralt... de excelentes vecinos y socios británicos.
Sí, durante unos meses, Murci se convirtió en ese peludo y gigantesco peluche verde de los dibujos animados dispuesto siempre a enseñar idiomas a los niños de todo el mundo... supongo que en su caso sería el panocho, peor no me hagáis demasiado caso.
¿Y como sobrevivió nuestro sencillo amigo en la tierra de las pintas de cerveza tibia y el fish&chips? Fuentes consultadas por Me Cago en Mi Vida, lograron arrancarle esta declaración al elemento sudlevantino tras emborracharle en el bar del Miguel: “Po mú má. La puta vieja me mataba d´hambre y tuví que comé ná má que cereale de desayuno y los menús pa´niño del Mar´Dona”.
Respecto a la particularmente exquisita gastronomía de las islas, nuestro amigo y confidente fue muy claro: “Era nna miiiierda, na má que cosa rara mal combiná. Y´ncima me miraban má por echarle zarza ´la comía”.
Murci, como buen embajador de nuestro país y nuestras costumbres, estrechó lazos con los nativos en lo que califica de una grata experiencia, a la hora de compartir los ratos de ocio y cultura con sus amiguitos ingleses: “Tós unos jalipolla, panda de estreñíos paliduchos que no zabían jugá ar furbo sin quejarse de las patás. A estos los cojen en Murcia y los matan a palo. Arremá no paraba llové y cuando zalí a corré me perzeguían lo poli eso del casquito”. Algún que otro recuerdo cariñoso se trajo nuestro querido Murci-amigo de su estancia en Inglaterra. Quizá una amiguita, algún ligue de viaje de estudios, de esos a los que invitas a visitar tu ciudad o pueblo natal: “Toas una panda-estrecha de miiiierda, que no ze dejaban ni tocá el culo sin soplá unaspecie silbato que llevaban ¡Y depué a corré otra vé delante la poli. Menomá que yo soi corredó de Cró, que zi no a ve dónde acabo. A lo último día la puta vieja fue al Ropuerto a deppedimme. No paraba di gritá Fak-of, fak-of! La mu japuta. ¡A zabé coñño quería dezí!”.
Lo de Murci va mejorando por momentos... ¡Hay que ver a la tía que cree que se está trabajando! La chica en cuestión fue citada hace ya tiempo en cierto episodio “Anti-Butrageño”, cuando tras hacerle una especial “Llamada de atención” al bulgarísimo Emil (un bailecito restriega-culos sin avisar) provocó en el joven campesino balcánico un grito ininteligible (digamos que fonéticamente cirílico) de “¡Me la voy a cascar seis meses recordando esto!”.
Sí, Murci va detrás de tan Bárbara mujer... aunque lo que cuenta es que tan bárbara mujer va detrás de él (algo incomprensible salvo que además porte un spray de autodefensa o algo similar). Pero, ciertamente, resulta que lleva semanas hablando de sus aventuras carnales (bueno, carnales... lo que se dice carnales) con la rubia venezolana, y se notan en él los cambios físicos del varón enamorado: Brazo derecho musculoso, brazo izquierdo tan flaco como antes.
Relata este niño de verdad que la otra le va buscando, que se le cuela en la habitación, cual súcubo caribeño, en ropa interior y se le echa encima (por alguna razón dice ser salvado por su gata... por lo menos no le salva una gallina o una oveja), que la chica lleva un tiempo luciendo sus encantos tipo Victoria Secret en sus narices, preguntándole qué talle quedan los piercings... (el del ombligo tiene un pase pero ¿El del pezón izquierdo?) y que, el otro día, se dejó incluso meter mano: Tocó el Murci teta y... y coño con lo que dice que llegó a tocar, porque lo cuenta como cuando Guderian llegó a Dunkerke y llamó a Berlín para saber qué querían que hiciese. Claro que si a ella le preguntas por el tal Guderian te responde que es un diseñador de abrigos de piel.
Problema: Nuestros tópicos particulares señalan a todo el dueño o regente de bares de copas y discotecas como mafioso... digamos que la chica habla con total naturalidad de que tiene en casa más de tres mil euritos en cosméticos... de sus pechos operados... e que le encantan los Ferraris y que su señor esposo (toda una inversión por parte de su mami) no entiende por qué a ella le da vergüenza subirse al Lamborghini conyugal. Vamos que un encanto de mujer, de esas que lo tienen todo... excepto conversación. Una de estas tías a las que Bren Easton Ellis le preguntaría el nombre de tres planetas, pero que conoce a todos los diseñadores de lencería y todas las marcas de cosméticos.
Echarle las redes a la mujercita de un mafioso tiene sus problemas... que la mujer de un mafioso te eche las redes debe tener algo que ver con la posición de los planetas, con el contenido de LSD de nuestro suministro de agua, o con... ¡a saber con qué! ¡Quizá la emisión de Pasión de Gavilanes ha hecho que ella desee a alguien que huela a campo! ¡Y no me refiero a alguien que lleve consigo el fresco aroma del trigo! Murci puede acabar como poco con sus piernecitas rotas, o con la cabeza alejada de los hombros (literalmente... vía cuchillas afiladas), o en la puta cárcel.
Imagino a la rubia de diseño declarando: Señoría, yo siempre he sido fiel a mi santo esposo, pero el malvado chico agreste me atacó con sus manos de recoger hortalizas en verano, con la pasión desenfrenada de quien no conoce mujer que no sea de látex o de papel couché... exagero. Ella usaría quizá no usaría exclusivamente infinitivos, pero no sabría qué coño es el papel couché. He recomendado al Murciamigo que se ande con ojo, sobretodo con las pastillas de jabón. Jugar con fuego pede hacer que le toquen unas vacaciones con los gastos pagados en Soto del Real... o en el camposanto. Al fin y al cabo siempre puede apuntar más bajo, o al menos anotarse a bolígrafo en la mano no recoger pastillas de jabón.


Dicen que dejar de fumar es horrorosamente difícil. En mi caso no lo creo así: Me parece algo muy fácil... lo he logrado varias veces. Escapar de un linchamiento por parte de una horda de labriegos enfurecidos del sur de la Península Ibérica es terriblemente difícil, sin embargo para Murci debe haberse convertido en una especie de hobby.
La primera experiencia de agresión por parte de los profesionales del sector agropecuario se dio durante una de las denominadas épocas de robos. No me queda claro si en la pedanía de La Escucha tienen por costumbre destinar algunas semanas de cierto mes al saqueo de las propiedades vecinas, pero el caso es que Murci y sus hermanos tienen en común el amor al atletismo. Los tres son corredores de cross. A los chicos les gustaba salir a correr por los alrededores de su casa, lo que inevitablemente conlleva atravesar las tierras de los vecinos... expongamos la ecuación:
Murci y sus dos hermanos + chandall y zapatillas deportivas + infiltración sin avisar en las propiedades de sus vecinos, armados con sus escopetas de caza y mogollón de cajas con cartuchos durante la Temporada del Saqueo
No hay que echarle demasiada imaginación a la cosa como para imaginar alguna que otra detonación acompañada de un sprint por parte de los tres corredores.Resulta que uno de los hermanos de Murci (digamos que como él, pero algo más espabilado y joven) formaba parte de un conjunto musical. Sólo Alá (... y ellos) saben qué demonios trataban de cantar, pero por la zona se les conoce como los Tres Andaluces y su guitarra. El nombre lo dice todo. Pues resulta que el trío musical decidió ir, acompañado de los dos simpáticos hermanos, su tío (pequeño empresario de la construcción él) y varios de sus compañeros de trabajo, a las fiestas de Los Gazquez (Almería). Por problemas de presupuesto no había para un arroz, así que las fiestas iban a ser amenizadas por las viandas ofrecidas por un par de vecinos ricos del lugar: Dos perolas (de estas de matanza) llena de patatas cocidas y una morterada de ajo machacado (las papas con ajo parecen ser le plato preferido del lugar... o al menos de Murci).
Todo salía a pedir de boca para la organización hasta que uno de los arquitectos tuvo un momento de inspiración, probablemente provocado por demasiados whiskis con naranja (me niego a llamarles cubatas... ¡El Cuba Libre se hace con ron o no es Cuba ni Libre!). La idea iluminadora fue: ¿Y si secuestramos las papas con ajo?... dicho y hecho, mientras Los Andaluces y su guitarra cantaban en la plaza mayor para divertimento (y distracción) de la masa, los tres arquitectos y los dos corredores de cross (hartos de recibir plomazos) agarraban una de las ollas (una que tenía una tranca de madera atravesada... como para que la llevasen entre dos) llenas de patatas y un mejunje pastoso a base de sal, aceite de oliva y ajo aplastado. Mientas, un hermano de Murci iba a buscar al más fraternal de los andaluces y la guitarra, y su tío esperaba en el coche.
Por el camino, uno de los paisanos (llamarles nativos suena al África Colonial) paró a los hermanos de Murci... ¡Les había tocado un jamón en la rifa local!... les preguntó si iban a disfrutar el jamón, y no se le ocurrió responder otra cosa que Sí, bien acompañado por patatas con ajo.Todo iba bien hasta que una sombra con boina recortaba la esfera brillante que era la luna llena por el borde de un barranco (dado que no se les ocurrió correr hacia sus coches): Soltar eso u sus pego un trancazo que sus reviento los sesos... en momentos así ni Terminator da tanto miedo.
Podrían haberlas soltado, pero, aprovechando su superioridad numérica, saltaron un caballón (una especie de escalón de tierra) de metro y medio de altura con la olla a cuesta, cuando un grito entrecortó los latidos (ya demasiado ruidosos) de sus corazones:
¡HEEEEEEEEEEJEJEEEEEEEEEEEEEEEYYYYYYYYY!Segundos después medio pueblo les perseguía. Sólo faltaba música de banjo, de estas de persecuciones... o mejor, la del final de los programas de Benny Hill, peor el caso es que tuvieron que soltar la perola, que cayó rodando barranco abajo desperdigando de patatas toda la zona: Patatas de la tierra (con sabor a tierra).Así, muertos de risa, y con dos andaluces sin guitarra abandonados a su puta suerte en medio de un pueblo cabreado (creo que al final le echaron la culpa a unos moros que iban en un Renault Laguna último modelo... justo el modelo de coche que tiene el tío de Murci), la Familia Manson murciana regresó a La Escucha a disfrutar de su jamón ganado en una rifa.

Cuesta un poco sacarle esta historia a Murci. Más o menos cuesta unas seis cervezas (unas cuatro si se trata de Voll-Damm), pero es una de esas narraciones extraordinarias tipo Madre de Makinavaja, que decía haberse trabajado a gente de la realeza y a generales de la Guerra Civil.
No. Su Majestad no ha degustado ninguna pizza entregada por nuestro encantador niño de verdad. Su Majestad no, pero puede que en un paseo, ZP viese una triangular porción de cartón frío y aceitoso con queso y anchoas encima y... ne! Este gobierno puede tener tantos trapos sucios como cualquiera de los anteriores pero ese acto de mal gusto es impensable. Sin embargo un día...
Un día era Murci el único motopizzero libre cuando su central recibió una llamada. Una familiar para el Palacio de la Moncloa... ¿ein? diría el Murciamigo, ¿Eso no está fuera de zona? ... Y probablemente con razón. Creo que no hay telepizzas cerca de la residencia oficial del Presidente del Gobierno, así que supongo que les cargaron el marrón por estar en un distrito de Madrid que se llama igual. ¿Y a quién si no le iba a tocar resolver esta paradoja? Pues al único repartidor que logra ponerse las gafas sin quitarse el casco de la moto.
Sólo de moto (no de batería sino de moto algo cascada): güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg ...
Todos habremos visto “Perdidos en el espacio”. Pues Murci estaba Perdido en Ciudad Universitaria, justo al lado del Palacio... se mete por al Carretera de Galicia, y casi que se cae al mar. Logra ver el Palacio, pero lo que no ve es el camino de entrada...
Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg
Una y mil vueltas y la entrada que no aparece. Nuestro pequeño Dani Pedrosa (en realidad Pedrosa s suficientemente pequeño... y Murci ronda el 1,90 de estatura... 1,90 de motociclista vestido de rojo con un casco tipo hormiga atómica y unas enormes gafas justo debajo de la visera de plástico) empieza a impacientarse: Le han mandado fuera de zona, tarda demasiado, tendrá que volver con la pizza fría porque el cliente no la querrá (ha pasado cosa de media hora) y encima la tirarán a la basura, porque hay encargados que no piensan en los niños que mueren de hambre en el tercer mundo. Tampoco piensan en que a los empleados puede entrarles hambre.
Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg ... güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...
¡Milagro! Como una especie de bache en el camino, como algún tipo de error de programación en Matrix, aparece un pequeño pasadizo que caracolea hasta la verja de entrada del Palacio. Murci le echa valor y acelera la moto, que ruge furiosa y desafiante contra el viento: ¡Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg! ¡ güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg!
Un par de guardias civiles le miran pasmados. Uno de ellos niega con la cabeza. En un día normal montarían sus armas (nunca se sabe qué tiene un repartidor de pizzas contra el actual gobierno), pero la imagen de un motero sobre un esqueleto de moto de color rojo, con dos ruedas más flacas que el perro de Don Quijote y un enorme cajón porta-pizzas debe ser una de esas cosas que te sacan de la monotonía del control de accesos. Un tipo con enorme anorak rojo y un casco tipo Hormiga Atómica a juego, tras cuya visera sobresalen un par de enormes lentes es una de esas visiones que no te esperas en un turno de vigilancia. El objeto no identificado (bueno... identificado como repartidor de Telepizza pero...) se acerca decelerando a la garita de control...
- ¿...?
Al pobre guardia no le salen las palabras. Algo evita que el abonado tópico ¿Usted a dónde va? O ¿A dónde coño crees que vas? O ¿Ha llegado el Carnaval? No florezca de su boca... es más, duda si dejarle entrar, pero el desconocido (desconocido si no lee este blog) se levanta la visera como si eso permitiese que le escuchasen mejor...
- Perdón, ¿saben dónde está...?
La moto rugía cabreada. Probablemente tan cabreada como Murci. Lo cierto es que podrían haber especificado mejor la dirección... el cliente, o la compañera que cogió el recado... o su cerebro. Todos en su contra. Incluso el viento.
Güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg- güeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerg...
Finalmente llega a su destino. Algún tipo de oficina que forma parte de la institución Palacio de La Moncloa pero que, por alguna razón, NO ESTÁ EN el Palacio de la Moncloa. Más de cuarenta y cinco minutos tarde... la pizza ya era cartón piedra con plástico amarillo (anteriormente conocido como queso) por encima, y restos de aceite y caja que forman una curiosa mezcla de lubricante nutritivo y envoltorio protector contra las inclemencias del tiempo. Para su sorpresa (casi se le caen las gafas) los funcionarios aceptan el pedido y pagan gustosamente... a la empresa, porque a él le dejan quince sustanciosos céntimos de propina tras casi una hora de búsqueda, extravío y colaboración con la Benemérita. Y encima le quedaban un par de horas de turno antes de poder volver a casa, así que se resignó y la moto volvió a rugir indignada camino del Telepi.

Me parto de risa cada vez que recuerdo esta anécdota: Personalmente he de reconocer que fracasé en mi intento de convertir a Murci en un niño de verdad, no salía de juerga, no tomaba alcohol, no fumaba y reconocía con pesar ser… inmaculado (ya sabéis a qué me refiero). ¡Claro! Me cambio de piso y resulta que el señorito decide obrar su metamorfosis y empezar a ir de juerga y a beber cerveza. Resulta que con el tiempo se fue a compartir un ático en Argüelles con una pandilla que asumió la responsabilidad de espabilarle… ¡Y lo lograron! (bueno… entre siete es más fácil… servidor actuaba sólo).
Uno de esa pandilla es actor y… pse, recibe ofertas. Ofertas como aparecer de extra con frase en programas de televisión: He aquí una primicia, la gente que aparecía en los programas de televisión de Lorena Berdún en Telemadrid y TVE eran actores… por internet circula un vídeo de una pareja con problemas con el sexo oral que es la monda (sobretodo al ver los piños de la chica) y que sirve de evidencia para reforzar esta leyenda urbana. Hay otra evidencia… ¿Sabéis a qué bocazas le ofrecieron salir en el programa de la Berdún diciendo que era eyaculador precoz?
No es coña, le ofrecieron 300€ por salir diciéndole a España (me parece que entonces Lorena Berdún estaba en Telemadrid) que era una fuentecilla feliz (y cientos de miles de perdones por esta expresión). En realidad la oferta era para su amigo actor, pero éste fue tan buen colega que se la pasó a Murci… ¡Pobre! Por un lado tenía la opción de ganar 300 eurillos fácilmente invertibles en dulces y cerveza (o en un sablazo de su golfo amigo), pero por el otro le aterrorizaba que alguien pudiese verlo en su pueblo: Imaginad que vuelve a casa por un puente y en la tasca gritan ¡Eh! ¡Ahí viene la fuentecilla! ¡Chico no te empalmes al verme que acabo de pasar la fregona! ¡Vergüenza para él y para la casa de su padre! Vamos, que le daba corte salir en la tele diciendo que eyacula antes de tiempo y se siente orgulloso… el Far West pasó de moda, ya no mola ser el pistolero más rápido del Oeste.
No sé a ciencia cierta si Murci es o no eyaculador precoz, de hecho puede que algún día cuente cómo me vino a contar que había perdido su virginidad, pero estamos hablando de una oferta que recibió y (para mal de los programas de zapping) rechazó. Todo un pasaje de este Pinoccio del siglo XXI.

Lo de Murci mejora por momentos. Ayer (tomando cerveza para variar) me ha contado lo de su última indemnización. Las indemnizaciones y Murci van necesariamente unidos, es una especie de matrimonio histórico… una nueva forma de vida. Con lo que ganan los repartidores de pizza ¿Os extraña?
¿Qué hace usted para ganarse el pan? Pues ná, reparto pizzas y espero a que me indemnicen. Accidentes de tráfico, atracos… Recuerdo un ejercicio para Redacción Periodística, en 3º de carrera, en el que me pedían una entrevista a alguien que hubiese aparecido en un medio de comunicación. Como no valía entrevistar a mi tío (y eso que una compañera vistió a su padre con una camisa a cuadros y un fajín y dijo que era concejal de no sé qué pueblo), me decidí por entrevistar a Murci… resulta que había sufrido el típico atraco a repartidores de pizza: Recibe un encargo, y el cliente pide que el repartidor lleve cambio de 10000 pelas (en esa época no había euros en circulación). Cuando llaman para comprobar el pedido se encuentran la señal de un fax, así que (importándoles una mierda) envían a nuestro simpático personaje a llevar la pizza de las narices con 10000 pelas en su riñonera y… ¡Hombre! ¡Otro atraco! Un yonqui con un destornillador hirió al pobre murciano que, encima, fue tan tonto como para defenderse. ¿He dicho tonto? ¡No! Se trataba de una estrategia: A cambio de un par de arañazos con un destornillador, nuestro simpático pizzero recibió una indemnización de 150000 pesetillas. ¿El titular de mi entrevista? Con un atraco gané más que con un mes de trabajo. Ni William Randolph Hearst con la Guerra de Cuba.
Pues hace poco nuestro simpático niño de verdad ha sido indemnizado oficiosamente por un amigo suyo. El malvado amigo logró montárselo con una chica de esas que le hacen tilín a nuestro sufrido ingeniero técnico aeronáutico (una estudiante alemana que está en Madrid de Orgasmus) y, conmovido por la carita de frustración de nuestro amigo, decidió darle algo a cambio: Un cómic de Superlópez, dos de Mortadelo, y ¡Un tanque! Bueno en realidad se trataba de una de esas maquetillas de la colección que todos podemos ver en los quioscos. Me pregunto cómo titular esto… Cambié una mujer por tres cómics y un carro de combate. Como para que lo lea cualquiera y se pregunte ¿Dónde vive este tipo? ¿En Afganistán?
Lo más divertido es que Baby ha intervenido en la conversación… y como buena mujer ha preguntado cómo es posible que cambie a la chica de sus sueños por tres cómics y la maqueta de un blindado. Hasta ahí lo de buena mujer. Iba tan bien como para sacarla por la tele (ahora luce nuevo bronceado… un bronceado sospechoso para los que vivimos en pleno invierno haciendo turnos de noche) hasta que continuó la frase con un terrible ¡Tenías que haber pedido más! ¡Por ejemplo cinco kilos de embutido!
Sigo sin convertirme del todo en segurata, porque me vino a la cabeza un nuevo titular (deformación profesional digo yo) Una amiga del talibán murciano le recomendó cambiar a su mujer por cinco kilos de chorizo. ¿Cuánto coño vale una mujer? Los romanos lo tenían claro, los vikingos también… una cifra variable entre dos cabras y un talento de oro. Pero cinco kilos de embutido… no sé, hay de muchos tipos: Ésta es mi mujer, "una auténtica cinco kilos de chopped"… ¡Pues la mía es mejor! Sólo tres y medio pero ¡De mortadela! ¡De esa con aceitunas! ... ¡Chicos! ¡Moríos de envidia! ¡En casa tengo "una seis kilos de Combinado de Ibéricos"!
Ando hecho un lío: No sé si tengo en casa una mujer encantadora o una cesta de Navidad, pero prefiero alejar estas alegorías de mi mente… creo que no volveré a ver igual las tapas del Tres Columnas.
Contar todo lo que he vivido con este elemento al lado requeriría de una sección independiente... de hecho requeriría un blog a parte, algo así como Murci y Yo.
Esta es una historia que tiene algunos años, tantos al menos como la foto, en la que mi amigo Murci, el Tadjikonauta, me arrea probablemente por volver a contarla en público (no puedo evitarlo). El caso que nos atañe comenzó en la selecta cervecería Rubí, (en la C/Bravo Murillo, Madrid), donde Murci y yo disfrutábamos de nuestras enormes hamburguesas completas y unas jarras e helada Mahou de barril, cuando de repente observé sus enormes manos y dedos marcados por sucias cicatrices negras, como de arañazos.
- ¿Y eso? ¿Quién te ha hecho esas heridas?
- Si te lo digo no lo creerías
- Me preocupas, Murciamigo, dime enseguida quién ha sido y yo en persona iré a Lorca a ajustarle las cuentas...
- En realidad la historia es más compleja, resulta que...
- Bueno, ¿Y por qué no te has lavado la herida?
-Ahí quería yo llegar, resulta que...
LOS GATITOS SON VENENOSOS:
Es por todos sabido que cuando un gato muerde a una presa, debido a su pequeño tamaño, no siempre la mata; sin embargo a la presa acaba muriendo a la larga...
(Personalmente yo defino las mordeduras de gatitos en dos tipos: Letales -que matan- y no letales -que no matan, pero Murci me ha descubierto una tercera modalidad de mordedura de gatito: Las que no son letales pero acaban matando a la larga)
Esto ocurre porque en la saliva del gato existen componentes tóxicos que, al entrar en contacto con la sangre, producen una muerte lenta por envenenamiento, permitiendo al gato huir de un ataque, o librarse de un combate peligroso y prolongado que podría ponerle en peligro.
Pues bien, también sabes que en casa (en La Escucha, pedanía cercana a Lorca... en la Murcia interior) yo tengo gatos... mogollón de gatos: Unos veintiséis. De hecho no podemos reducir la población pese a que ejecutamos a las crías que no podemos mantener estrellando sus cabezas contra una pared o metiéndolos en un saco y arrojándolo al pilón...
- Perdona, Murci ¿No habéis probado a disolver una aspirina en un cuenquecito de agua y que los gatitos beban de ahí... sufrirían menos y no os mancharías y de sangr...
- Eso es caro... y no interrumpas.
- El ácido cítrico también les es tóxico ¿Podríais...?
Te he dicho que no me interrumpas, por favor. Bueno, el caso es que las crías supervivientes (las que nos parecen más bonitas) lo llevan crudo en su primer año de vida, compramos su comida por sacos de 50 kilos, imagínate su impacto en nuestra economía doméstica; y claro, aunque la comida es abundante los cuencos (comederos) son limitados: He ahí el problema. Al escuchar el ruido de los Friskies caer sobre las superficies de plástico, dos decenas y media de gatos (algunos de más de cinco quilos) se lanzan como locos a comer, y meten sus cabezas entre las de los demás. De hecho es normal que se produzcan peleas y algún que otro zarpazo. Ahí vi yo un día a uno de los pequeños desplazado, esquelético... imposibilitado para llegar a la comida, al borde de la inanición.
Tú me conoces, sabes que en el fondo soy como un caballero andante que no se puede estar quieto ante la injusticia, así que cogí al gatito con una mano y un puñado de friskies con la otra para darle de comer...
Pero se asustó, juro que sólo trataba de darle algo de comida para que no muriera, pero el gatito fue presa del pánico y comenzó a arañarme las manos y los dedos. Yo, claro, traté de resistir por su bien, de aguantar el dolor... pero me fue imposible, mira que me puse de pie, pero en un acto reflejo mis brazos empezaron a moverse solos, mi cerebro lo único que quería era que el minino se soltase y dejara de hacerme daño, pero él no notaba mi lucha interior, y de hecho cuanto más bruscamente me movía, más profundamente clavaba sus pequeñas garras, hasta que de repente, se soltó...
(Primer ataque de risa. Imaginaos a todo el bar callado, mirándome como desde el suelo no podía dejar de reír, colorado, casi sin respiración: Uno de esos ataques de risa que sólo se pueden cortar con un ataque de hipo)
El gatito salió volando, dando vueltas en el aire como una bolsa de plástico vacía hasta darse contra una pared con un sonoro ¡Crock! que sonó en mi cabeza como un cañonazo (unas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos) Me acerqué a él y no se movía, permanecía inerte con su pequeño cuerpecito perdiendo calor... te lo juro, lloré como una Magdalena, así que me agache, lo recogí con mis manazas y fui a pedir consejo a la persona más sabia de la casa.
Entré en la cocina para que mi madre me aconsejara qué hacer: Había acabado con una vida inocente, llena de futuro... con un gatito de apenas un par de meses. Mi madre, lo miró de reojo, y sin sacarse el Ducados de la boca dijo aun vive, pero no dejes que sufra...
¡Estaba vivo! Todo mi ser quería salvarlo, pero algo tienen las madres, que cuando mandan algo obedecemos sin pensar, automáticamente... como terminators (la sola idea de un Murciator casi me provoca otro ataque de risa como el anterior) por lo tanto, cogí al gatito en una mano y ¡PLAF! lo estrellé contra el suelo. No se movía, así que me agaché para comprobar si todavía respiraba y... como en una película de miedo el gatito giró antinaturalmente su cabecita, me miró con los ojos medio cerrados, abrió su hociquito y emitió un fantasmal ¡Eeerk! que me perseguirá toda la vida. ¡No podía creerlo, iba a ser verdad lo de las siete vidas!, así que ahora, cabreado, volví a cogerlo con mi manaza buena (la derecha), y lo levanté por encima de mi cabeza para lanzarlo de nuevo contra el suelo ¡CRACK!...
¡Eeerk!
Esto ya parecía cachondeo... (Aquí imaginad que me había caído de la silla por tanto reírme), así que furioso volví a levantar al gatito por encima de mi cabeza y esta vez cerré los ojos para lanzarlo hacia el infinito y más allá... ¡PLAMM!...
¡Eeerk!
(Aquí Murci lloraba como una Magdalena mientras yo casi me arranco la lengua a mordiscos para no reír)
Tengo la sensación de que ese sonido me perseguirá toda mi vida... así que recogí de nuevo el cuerpecito de ese cachorrillo que se empecinaba en no morir, en no dejar este mundo, y se lo llevé a mi padre. Mi padre estaba apoltronado en el sofá viendo la tele y bebiéndose un vino cuando llegué con el inmortal en las manos... Mira papá, mamá me ha dicho que lo remate para que no sufra, pero ya van tres intentos y no lo consigo... Mi padre no apartó la mirada de la tele antes de decir: Pus sácalo al patio a que le de el aire... mañana estará bien.
- Espera Murci... ¿Un tío de 1,90 como tú no ha podido matar a un gatito de menos de un kilo después de tres intentos?
- ¡Y tú! ¡Tú eres un cabrón que se está riendo de mi suceso! ¡Pues me dolió coño! ¡Me jodió mucho creer que había matado a un gatito pequeño!
- A todo esto... ¿Por qué coño no te has lavado la herida?
- Por miedo a morir, joder, ¿No ves que puede llevar el veneno del gatito todavía?...
Sí, soy un cabronazo, la verdad. Mi amigo, con lágrimas en los ojos, sólo pedía comprensión y otra cerveza, pero yo, cerdo de mí, me partía de la risa en su cara sollozante. Además esta debería ser una de esas historias que quedan entre amigos, pero cada vez que presento a Murci a alguien nuevo le acabo contando la historia del gatito venenoso... y a propósito: Aun no me queda claro por qué coño no se desinfectó la herida...
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