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Me Cago En Mi Vida

SOBRE COMPAÑEROS: 1- EL SEÑOR LOBO

SOBRE COMPAÑEROS: 1- EL SEÑOR LOBO  

Tengo que comenzar a hablar de mis compis en Las Dos Torres dando un homenaje al Señor Lobo, cuya primera impresión es la que recordaré toda la vida. Podríamos dividir en dos el tipo de vigilante de servicio en Las Dos Torres: Los defensores a ultranza del servicio, la empresa y las buenas prácticas...

Y los normales. Los que comprendemos que cobraremos lo mismo nos esforcemos o no, los que tratamos de escaquearnos lo máximo posible... los que creemos que tanto el cliente como la empresa son una panda de hematófagos que nunca nos agradecerán lo de hacer turnos de doce horas y poner en peligro nuestras relaciones personales y familiares por culpa de un estúpido trabajo.

En realidad yo hago una triple clasificación:

  • Están los que, por alguna razón aman su trabajo. Ya sea por un trauma infantil o por un golpe en la cabeza (aunque en el caso de Rotenmeyer se trata de la más absoluta taradez)
  • Están los que tienen miedo a lo desconocido, o a lo conocido. Miedo a un destino peor (que los hay): Al metro, a RENFE, a los centros comerciales...
  • Finalmente estoy yo: Mi motivación es ver cómo acaba. Y si se me deja elegir, quiero ver cómo arden las dos torres en un infierno de gases tóxicos y altas temperaturas. El Windsor hizo mucho daño.

Os recuerdo mi experiencia con El Señor Lobo:

Con toda esta tensión, una noche se me derramó café sobre el puesto (teclado de ordenador incluido) de una azafata. Nada como un océano marrón y humeante para dar a la situación el toque que le faltaba. Es en esos momentos cuando un compañero con algo de experiencia viene de perlas.

 

El Señor Lobo y yo

 

Cálmate chico, tiene solución. Aunque yo suelo limpiar los teclados desmontándolos no te veo en condiciones de operar, así que sigue mis pasos:

  • 0) Toma estas servilletas y que absorban todo el café
  • 1) Ahora moja un poco de este limpia-hogar que tenemos aquí abajo para situaciones de emergencia en otra servilleta. Huele a limón, pero las bellezas que te harán el relevo perdieron el sentido del olfato debido a fumar tanto en su tiempo de descanso.
  • 2) No nos chupemos las pollas todavía... ahora humedece la punta de estos palillos de oídos (de emergencia) con el limpiador y pásalo entre esas teclas que parecen flotar en café
  • 3) Finalmente coge unas servilletas secas y pásalas sobre la zona humedecida con limpiador. ¿Ves? Como si no hubiera pasado nada.
  • 4) Finalmente, coge todo ese papel que parece haber aplastado a un millón de cucarachas puestas de cafeína y tíralos a esta papelera, coge otra bolsa de basura, cámbiala y tírala en el contenedor que hay fuera
  • 5) Lo has hecho muy bien, ni se mueve ni se nota. Ya estás preparado para anunciar compresas

Tremendo ¿No? Nunca olvidaré ese gran corazón gallego, ni la pasada Navidad, cuando tuvimos que tirarnos todo el turno de noche... y por alguna razón la llamaban Nochebuena. No pudo ayudarme a acabarme el famoso pavo, pero la sesión de cine de doce horas que nos metimos fue apoteósica (casi tanto como nuestro informe: Se suspenden rondas debido a afluencia masiva de personal en estado de embriaguez procedente de los bares y discotecas de la zona... un Iraq de borrachos, vamos).

Recuerdo que le enganché a la serie Galáctica-2003, tanto que su capacidad para hacer una ronda por un edificio y dos parking en veinte minutos (se suele hacer en una hora) se convirtió en la supercapacidad de salir de ronda a y media, y no a en punto, para no interrumpir un episodio.

El final del Señor Lobo estuvo rodeado de misterio durante un tiempo: Un tipo enorme y musculoso, capaz de doblar turno (eso supone hacer 24 horas de pie ¡Y moviéndose!) y de tomar el mando cuando le toca hacer de niñera (esto es aguantar a un novato... de hecho aguantarme a mí) debió estallar ante las exigencias de orden, uniformidad y respeto de un recién ascendido Cara-cortada (tengo que hablar de él más adelante... os juro que es sorprendente).

Claro que no se debe cabrear a Scarface... de hecho cuando pone su cara de jefe te das cuenta de que es hora de recular, de hacerse caquita encima; porque es una cara muy particular. Todos conocemos la cara de póquer, una cara que no expresa sentimiento alguno... un control total de los músculos faciales que impide al resto de jugadores prever cuáles son tus cartas. Ahora imaginad a un tipo de estatura media, con el pelo rapado, la cara cubierta de cicatrices y unas ojeras impropias de hacer turno de día que está jugando al póquer... y que va perdiendo la casa, el coche, a su mujer y a su hija... ¡Esa es la cara de Scarface cuando se cabrea!

Aunque, claro, esa es otra gloriosa historia.

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